miércoles, 3 de septiembre de 2008

La Gata Roma en Roma

AVISO LEGAL

Esta entrada es muy, muy larga. Lo es porque no podría ser de otra manera. Podría fraccionarla en partes, pero sinceramente, no me veo capaz. He echado de menos el ordenador, no tanto por Internet sino porque me he acostumbrado a escribir en él, y ahora tengo miedo de que todo se me olvide, de que este disco duro que traigo a tope, se me borre de un momento a otro.
Esta entrada tampoco sigue un orden, al menos uno sistémico; no hay secuencia cronológica, artística o histórica. El orden es el del impulso de la que escribe; a veces coincide con la lógica, y otras se aleja de ella.
Algunas cosas se me pasarán, y seguro que me quedan en el tintero cuestiones importantes. En otras ocasiones reflexiono y divago en nimiedades, cosa a la que muchos ya estarán acostumbrados. Por todo esto, y por lo que ahora obvio, pido perdón.
Sea como fuere, esta entrada será el intento de describir ocho dias que en muchos aspectos son indescriptibles por falta de imágenes y palabras. Me daría por satisfecha si fuera capaz de haceros llegar la mitad de la mitad de lo que he vivido en estos días.

EN EL AIRE

“Mata mas gente el tabaco que los aviones, y he perdido el miedo a volar”. La Cabra Mecánica empezaba así una canción, y aunque nunca me han dado miedo los aviones, me gusta recordarla de vez en cuando, para contagiar optimismo. A mí los aviones nunca me dieron miedo, como acabo de decir; a mi me da pánico la parafernalia circundante. Tengo pánico a los controles previos, a los cacheos (esta vez me he librado), a tener que llevar el brillo de labios y el corrector de ojeras en una bolsa transparente, lo cual no deja de ser humillante, porque digo yo ¿no me ven? No soy una terrorista, soy alguien que duerme poco y mal…



Me encanta aquello de que es por mi propia seguridad, y que por ella no puedo llevarme una botellita de agua, por mi propia seguridad y mi hidratación la debo pagar a precio de Rioja… Y luego están los compañeros de travesía… A la vuelta me parece que nos han metido en el avión del “Baby boom” porque nunca había viajado con tantos niños histéricos en un mismo aeroplano. En el recuerdo para siempre ya, Daniella y Lorenzo, los dos niños mas insolentes y mal criados que han abandonado la ciudad eterna; que tengan tanta salud como descanso han dejado al perderlos de vista… Pero no ha sido sólo eso. Volvía triste, nostálgica, adormecida, contenta por lo vivido, en definitiva, algo rara.



Despertando sobre la isla de Cerdeña, he pensado en que otra vez pasaba aquello que conté de la taza de café, tal vez me la había bebido pronto, pero fue intensa… La ida fue totalmente diferente. Demasiado temprano quizás, pero llena de ilusión, cargada de ganas ante la perspectiva de una semana llena de proyectos, de sorpresas, de viejos encuentros y de deudas pendientes.


DEUDAS SALDADAS Y REENCUENTROS

El primer reencuentro para mí era importante, y no se hizo esperar… El primer capuchino llegó como postre al primer almuerzo.

Han sido más de una quincena de estos, que he disfrutado, que me han revitalizado y que voy a extrañar mucho. El último fue en Fumicino, en un vaso de usar y tirar, y a pesar de eso, aún si me concentro guardo su sabor hasta el próximo que tome en esa tierra…


La última vez que estuve allí era un día lluvioso de Diciembre, cuando el tiempo nos dio una tregua justita para disfrutarla, echar un par de monedas y hacer algunas fotos. Esta vez era verano, no llovía y era de noche. Volví a echar alguna moneda, sé que se porta bien conmigo y no me va a fallar. Esa primera noche en Roma recordé la otra vez que había estado allí, en la Fontana de Trevi. Mi situación era muy diferente, en todos los sentidos, académica, personal, emocional… y hasta mi pelo y mi ropa eran diferentes. Evidentemente sigo siendo yo pero en aquél momento me di cuenta de cuantas cosas habían pasado desde las últimas monedas. Me habría encantado seguir la idea de Juan, y hacerme la foto dentro de la fuente como Audrey, pero teniendo en cuenta que los Caravinieri tienen “tomada” la ciudad, me habría metido en un lío. Me conformé con meter la mano, que también es estar dentro, y quien sabe, algún día lo mismo entro más…


Por lo pronto, me quedé con su agua en el vuelo del vestido, será cuestión de seguirse mojando.

El síndrome de querer verlo todo tiene una consecuencia brutal cuando llega al extremo, y el jueves estaba febril (como la carta de amor de un preso, que cantaba el flaco), pero tenía que reponerme, el viernes tocaba escapada a Florencia, y allí tenía una de las deudas mayores. También un reencuentro con aquella ciudad, su estación y sus calles; pero había algo, aquella calle con soportales y esa puerta que una vez encontré cerrada… Los Uffizi, aún mejor de lo que me imaginaba. Todos aquellos cuadros que sólo había visto en libros, las esculturas, Venus, el techo, todo el esplendor florentino… Tengo a mi lado el catálogo, casi con miedo de que se me escape, de que se me vaya a escapar la luz de Caravaggio, el genio de Botticelli… Soy incapaz de describir aquellas horas bajo esos techos impresionantes.
En este paréntesis que le hicimos a la ciudad eterna, también se produjo otro reencuentro con mi siempre presente Trenitalia, y si, pasó algo; bueno, varias cosas pero la mas destacable fue que se fue el aire acondicionado a la vuelta. Al final nos cambiaron de vagón y por cuestiones de espacio nos pasamos a primera clase, pero ya llevábamos más de una hora medio asfixiados. Mer quería reclamar, y no la culpo. Eso en España sería lo normal, pero quienes hayan seguido mis anteriores correrías italianas sabrán como se las gastan allí los ferrocarriles, y nos podíamos dar con un canto en los dientes de cómo nos había ido. La verdad es que me lo tomé como una cortesía, un guiño del tiempo para que me dé cuenta, de que aunque yo creo que he cambiado, hay cosas que siguen siendo iguales, para bien y para mal.

Sobre el Estadio de Domiciano se construyó la Piazza Navona; aún quedan algunas ruinas romanas en un extremo de esta, mientras el resto es un entorno maravilloso, aunque la fuente central está en restauración. Allí se solventó otra deuda, el Tartufo. Sin palabras.



LAS TRIPAS

Creo que por mas años que viva no podré olvidar el olor de Roma, el de la antigua Roma, esa que hoy esta debajo, a otro nivel del suelo, en las mismas tripas de la ciudad eterna.
La Iglesia de San Clemente es casi un corte estratigráfico de esto. Cruzando el patio se llega a la Iglesia actual, de influencia constantiniana, con unos mosaicos preciosos. Debajo de esto, en piedra, algo de mármol y restos de mosaicos, el primer templo cristiano que allí se ubicó. Es impresionante el frescor de sus muros, el olor, mezcla de humedad y de historia contenida a través de los siglos. Hay un sonido muy particular, el agua, por algún lado se escucha correr el agua; viene de algún lado y no deja de correr, lleva corriendo tanto tiempo que ha sido testigo de lo que ahora pisas. Hay más, otro nivel, debajo. Es más oscuro, más húmedo y el ruido del agua es mucho más fuerte. No hay signos cristianos, es un templo pagano, o más bien lo era. Es increíble, es tocar el pasado con las manos. Esta última visita fue algo mas corta, iba a cerrar aquello y casi nos quedamos encerrados allí abajo, junto a las cataratas subterráneas, aunque habría tenido su encanto quedarse allí.

Miles de personas van cada día a la Basílica de San Pedro, yo misma había ido antes, pero esta vez ha sido una visita totalmente diferente. Sólo queda un testigo de aquello, un testigo mudo que cambió de lugar y sabe la verdad, el Obelisco que esta situado en el centro de la plaza. En aquella colina se encontraba el circo de Calígula, que luego fue de Nerón. En el centro de este se encontraba el monumento egipcio, que luego fue reubicado. Según dicen allí murió Pedro. Fue enterrado allí mismo, cerca del circo. Aquel lugar se convirtió en un cementerio tanto de paganos como de cristianos. Sobre la tumba del apóstol se situó un monumento, un pilar de no más de metro y medio. Constantino construyó una Basílica, tomando como referencia este pilar, pero para hacerlo sepultó el cementerio romano, ya que el terreno era complejo al tratarse de una colina. Muchos siglos después comenzó la construcción del templo que vemos hoy día. El antiguo cementerio, tumba de Pedro incluida, quedó sepultado por la tierra, el mármol, los años… hasta principios del siglo XX que se recuperó parte del cementerio y hoy en día, tras muchos trámites, se puede visitar. La sensación es indescriptible. Caminar por esas calles inclinadas, ya que están sobre la colina original, los muros, las tumbas, los mosaicos recuperados, ese olor, la humedad y en ocasiones ver como hasta allí llegan algunos de los pilares del baldaquino de Bernini de la Basílica actual. Se aprecia la conversión del pueblo romano, intercalando símbolos paganos y cristianos, y la tumba de Pedro, dónde se hace literal la frase que reza en la basílica. La historia, las tradiciones, las diferentes culturas, todo esta allí, en las mismísimas tripas de aquella ciudad. En el “Muro de grafito” se pueden ver muchísimas inscripciones, en caracteres casi indescifrables, escritas entre los siglos I y V. Al recordar cosas como estas me sigo sobrecogiendo de la visita a los Escavi.


POR LOS TEJADOS

Estando en la Cúpula de San Pedro creí haber llegado al techo del mundo. La ciudad se despliega ante ti, el Coliseo, el Palatino, el río Tévere… Todo está tan cerca que crees poder tocarlo, y casi te da miedo, quizás es un sueño, tal vez te vas a despertar de un momento a otro; o es algo parecido a una burbuja de jabón, y se quebrará al tocarla. Por eso, cuando estás allí arriba se te olvidan las escaleras y el cansancio, porque con el viento en la cara te das cuenta de que merece
la pena.
Tizziano pinta de una forma tan compleja que parece sencilla, Miguel Ángel es un reflejo de su genialidad, y entre admirarlos, como a tantos más, la galería Uffizi no sólo te ofrece eso, sino que algunas obras están tras las ventanas, como es admirar desde allí Il Ponte Vechio. Y es que una felina, por muy romana que sea, no se resiste a la belleza de los tejados florentinos.




Un sueño, una premonición, un día, el cinco de agosto, ese día nevaría. Suena a locura, pero por lo visto sucedió. En el perímetro nevado se construyó una iglesia, Santa María la Mayor. Es un lugar increíble, del suelo al techo. Desde este, otra vista privilegiada de Roma.


El Coliseo no tiene tejados propiamente dichos, pero quien fuera gato allí. Tal vez porque estaba tan cansada, que al encontrar a aquel felino allí, durmiendo a sus anchas, me dio envidia. Debo de decir que fue de los primeros y últimos gatos que ví por la ciudad, lo cual se me hace raro. No sé si porque ha habido alguna limpieza, o porque han abierto demasiados restaurantes chinos… Y por cierto, por lo visto a los gatos callejeros allí los llaman gatos Sorianos, así que para ellos la Gata Roma no tiene mucho sentido. De Soria o de donde sea, ser allí un felino, entre galerías, gradas, mármoles milenarios donde poner tus pies, donde miles de personas los pusieron siglos atrás, observando el foro y el Palatino, tiene que ser una auténtica maravilla.


Casi era otra deuda pendiente, ir al castillo de San Ángelo, el mausoleo de Adriano, la fortaleza, el escenario de Tosca… Y allí, entre tantas otras maravillas, la ciudad vuelve a abrirse en una terraza. Maravillosa, llena de historia, de luz, y a lo lejos, otro tejado de excepción, visitado días atrás, y vuelves a pensar que puedes tocarlo, y que casi tienes que hacerlo para sentir que todo eso es de verdad.


TRAS EL RÍO TÉVERE

Por eso el barrio se llama así, Trastévere, por estar tras el río del mismo nombre. Cuando dejas atrás el Templo de Vesta, y cruzas el puente, es una sensación parecida a ir a Triana. El barrio es un sitio de lo mas pintoresco y encantador. Es un hervidero de gente a cualquier hora. La Iglesia que toma el nombre del barrio es una verdadera maravilla, y además tiene uno de esos retablos que para iluminarlos debes echar monedas. Son muy corrientes estos en Roma, y aunque la gente se queja, yo debo ser muy pueril, porque me encantan. Cenar allí fue de lo mejor, la comida italiana mas auténtica, regada con un chianti del que aún guardo el sabor.
Caminando por los adoquines entre la gente, se mezclaban los diferentes espectáculos callejeros. Canciones satíricas con guitarra, nos recordaba a algo, pero no lo queríamos decir, hasta que uno de los intérpretes dijo la palabra mágica, algo parecido a “shirigota”. Resultó que era eso, lo que nos pareció desde un primer momento, y es que será que el arte va por barrios.



DONDE LAS FOTOS NO LLEGAN

Aunque en este viaje llevaba a mi fiel cámara (tal vez tendría que ponerle un nombre) hay sitios y cosas que no se alcanzan con una instantánea. En muchos museos estaba prohibido hacer fotos, aunque fuera sin flash, e incluso, en la Galería Burghese nos hicieron dejar nuestras cosas en el guardarropa. Por eso es fantástico poder al menos atesorar libros. Tal vez el mejor descubrimiento fue aquella librería escondida camino de la Pace. Mer dice que ese hombre era un anticuario de los libros, y realmente así me lo parece a mi también. De hecho la librería se encuentra rodeada de anticuarios y tiendas encantadoras. Allí, entre las lámparas, la madera y las estanterías, con ese perfume que solo tienen los libros viejos, he podido encontrar algunos tesoros; aunque el sitio en si, ya era uno, donde por cierto, el señor librero, amabilísimo, si nos dejó hacer fotos.
Pero no es sólo eso, me habría encantado fotografiar el sonido de mis pasos en el mármol, las campanas al despertar, el olor de las tripas de la ciudad, la luz de todos esos lienzos pintados por maestros, la majestuosidad de la capilla Sixtina… Incluso algunas situaciones han sido merecedoras de ser captadas, como cuando cruzando un semáforo camino de San Juan de Letrán, casi nos atropella una monja que conducía un cochecillo, a lo que mi hermano gritó: “Sor Citroen, ¡que pierde los puntos!” Pero siempre lo he pensado, las mejores fotos a veces son las mentales. Tal vez por eso me gusta conservar todas las entradas, los billetes e incluso las tarjetas de embarque.


EPÍLOGO

Volvíamos de buscar cuadros en San Luis de los Franceses, San Agustín, de rebuscar en los últimos rincones y exprimir las últimas horas. Las ganas de ver por última vez El éxtasis de Santa Teresa (Bernini) se quedaron colgadas en la puerta cerrada de Santa María de la Victoria. Al pasar por Santa María de los Ángeles pensé lo mismo que había pensado hacía ocho días cuando la había contemplado por primera vez. Construida en las Termas de Diocleciano, de las cuales aún se conservan partes, esta iglesia es una perfecta combinación del ayer y el hoy; ya que además del diseño de Miguel Ángel, actualmente cuenta con obras de Igor Mitorag, puerta incluida. Y es que tal vez por eso esta ciudad es la ciudad eterna, porque sabe conservar el pasado, porque no tiene miedo de rescatarlo y porque mira al futuro.
Este tipo de cosas hacen que los viajes te dejen buen sabor de boca. Ya no me pesa el cansancio, a pesar de que estoy convencida de que lo de las Siete Colinas de Roma es una coña, porque nosotros habremos subido unas veinte… Pero lo cantó el Serrano: “ya sólo me queda la vacía pena del viajero que regresa”, Regreso como si hubiese leído treinta libros, como si cada minuto se hubiera multiplicado, y con más ganas aún de volver. Imagino que es cierto eso que escribió alguno de que ni con todas las vidas de un gato se acabaría de conocer y disfrutar a fondo esta ciudad. No son de película, no sé si se me habrá entendido, pero de cualquier manera, estas fueron mis vacaciones en Roma.

domingo, 24 de agosto de 2008

Viaje a Italia VI



Como en otras ocasiones, el día llegó con un despertador único, las campanas de una iglesia cercana. Tras un fantástico desayuno, con otro de esos capuchinos geniales que ese país te regala en cada rincón, salimos a dedicarle a Florencia en cuerpo y alma uno de nuestros últimos días por aquellas tierras.
Según una amiga italiana, Florencia le recordaba mucho a Sevilla. Siempre he pensado que las comparaciones no es que sean odiosas, es que en muchas ocasiones son incomparables; por eso yo no me atrevería a afirmar de manera rotunda aquello (que por otra parte muchos me han dicho) pero si digo que aquella ciudad tiene un “algo” muy especial.
“Florencia es una ciudad peatonal”, me habían repetido eso hasta la saciedad, y yo no estaba del todo segura como era eso, porque en aquél tiempo cogía el bus nocturno para volver a casa en la Plaza Nueva. Estaba haciéndole una foto a Muffin en el Duomo, en medio de una calle de una ciudad peatonal cuando de pronto reparé en algo. Una fila de coches venía por mi derecha… Habría sido graciosísimo morir atropellada en una ciudad peatonal, pero los residentes de allí conducían mejor que los napolitanos. La Santa Croce, la tumba de Galileo, el Ponte Vecchio, cada calle, cada rincón de aquella urbe era maravilloso. Por otra parte, si alguna vez en la vida me he sentido estúpida (bueno, lo he sentido más de una y más de dos) fue allí, en la puerta de la Galería Oficci. El viajar de aquella manera te hace olvidar todo, el espacio, el tiempo, y hasta el día en que vives; y lo del día era literal, porque aquél día era un lunes, pero yo no reparé hasta que no estábamos ante las puertas cerradas de la galería. Evidentemente, como ocurre en todos los lugares del mundo, los museos y galerías cierran los lunes, y para más INRI, yo abandonaba Italia esa madrugada. Intentando no pensar cuanto me había perdido tras mi no visita a aquel lugar, trascurrió la jornada por la ciudad. Comenzó a llover, como el día en que llegué, la verdad es que adoro la lluvia y a veces pienso que es recíproco.
No sé como se nos pudo ocurrir aquello. Tal vez fue por todos los adornos navideños, por los anuncios que habíamos visto alguna noche en la tele, por todo en general, que pensamos que un souvenir ideal era llevar panetone, con su correspondiente caja enorme; y así estábamos, con nuestras maletas, el cansancio de tantos días y nuestras cajas de panetone de chocolate, en la estación de tren. Eso no habría sido tan raro si no fuera porque, mi amadísima compañía ferroviaria italiana, Trenitalia, se había puesto en huelga… Si queridos caóticos míos, no podía ser de otro modo, hasta el último día dando la nota… La cosa fue que entre cancelaciones de trenes, jaleos, quejas y demás, nos dio tiempo a sacar una cancioncilla estúpida al máximo. Lo he estado pensando un rato y no la voy a poner aquí, porque mi imagen ya está muy deteriorada como para sumarle esto… Finalmente conseguimos coger un tren que nos devolvió a Milán. En la propia estación de tren cogíamos el bus que nos llevaba al aeropuerto. Paso por alto las horas esperando al autobús, en aquella sala de espera comiendo sándwiches de mortadela boloñesa, porque aquello era kafkiano.
Aún recuerdo mi último capuchino en tierra italiana, en el aeropuerto de Bergamo. Ese último café supera con creces cualquiera que haya podido tomar en España, porque desde aquí lo digo: ¡ponerle espuma a un café con leche no es un capuchino!
Medio ensoñada, desperté en el avión de una mini-siesta; miré a mi alrededor, nuestras cajas de panetone, los italianos hablando de España, gente dormida… Por las ventanillas de un lado era de día, mientras que por las del otro lado parecía de noche. Aquellos días habían sido tan surreales y maravillosos como ese momento. Tal vez me ocurrió como en esa canción de Ismael Serrano “los viajes que trajeron a otros vistiendo nuestros cuerpos”, pero de cualquier manera, sentí una punzada cuando tomamos tierra. Estaba contenta de volver a casa, pero algo se quedaba atrás, y quería volver.


EPÍLOGO

No sé cuantas monedas eché a aquella maravillosa fuente romana, pero alguna caería dentro… O tal vez fue Júpiter, o simplemente, iba a ser así. La verdad es que siempre lo supe, que volvería, y al fin, el lunes, muy temprano tomo un avión que me devuelve a ese país, y concretamente a Roma. Será maravilloso volver, en una época del año totalmente antagónica a la anterior, con otra gente, en un viaje totalmente diferente pero espero que igual de bueno. Para resarcirme, el destino ha querido que uno de los días visitemos Florencia, Galería Oficci incluida, entre otras cosas. Forma parte de las cuentas que tengo pendientes por allí, como el helado Tartufo y tantas cosas…

Este viaje es el broche de oro de un verano bastante bueno, y como colofón, mirando las predicciones meteorológicas ¡seguramente llueva! Lo dije antes, mi relación de amor con la lluvia es recíproca, aunque todos sabéis que hay una semana al año en que no la quiero ver aparecer…

Una vez dispuestos mis líquidos en la bolsita pertinente, y plenamente segura de que no llevo armas, como una catapulta, (a ver que hago yo sin una de estas en Roma), ya puede dar comienzo el viaje. Y lo de la catapulta no es coña, figura entre otras cosas en las instrucciones de AENA, en las que en todo momento me recuerdan que es por mi seguridad, no vaya a ser que decida asaltar el avión con el rimel en un ataque de histeria, y la liemos…


Sólo será una semana, que yo disfrutaré como si fuera un año y se pasará tan rápido como dos días, y volveré sin palabras suficientes para describirlo, con fotos que no llegarán a recoger lo que querría trasmitir, por eso imagino que cuando tome tierra en la capital hispalense, que ya será Septiembre, mi pensamiento será que debería volver en no mucho tiempo.

Ciao cari.

martes, 19 de agosto de 2008

Entrevista en Punto Radio



Todo fue tan rápido que en realidad no me dio tiempo de agradecer a Fernando y su equipo la entrevista, y sobre todo esas sorpresas que al anunciarlas me dieron algo de “miedo”, le pongo comillas porque es miedo sano, pero como una es dueña de lo que calla y esclava de lo que dice, y yo aquí he dicho de todo… pues podían salir por cualquier lado. Lo bueno es que desde aquí puedo agradecerle a Fernando, a Teresa y a Carlos este ratillo en las ondas.
Me habría gustado hablar de vosotros, de cuanto me aporta cada comentario y de vuestros blogs, pero cuando colgué me dí cuenta de que había acabado y no lo había dicho. Imagino que me volvió a pasar lo de la taza de café, me la tomé tan rápido… De todas formas lo he dicho muchas veces, y sabéis que este tejado sin vosotros no es nada, tal vez una loca hablando sola, pero no mucho más.
Imagino que muchos no me creerán, pero en algunos sentidos soy algo tímida. No me da tanta vergüenza colgarla, me da mucha mas vergüenza escucharme… De todas formas, tras arduos trabajos (complicados para una analfabetilla digital), la ayuda de mi mami para grabar y de Luz de Gas para colgarla, aquí esta. No sé si se oirá bien, pero tal vez la calidad regulera haga que mi voz, algo Sabinera a veces, parezca menos Sabinera…

Muchas gracias a todos, a vosotros, a Punto Radio y a los que con su simple visita han conseguido que un blog sin ninguna temática concreta tenga un sitito en la blogosfera.

Boomp3.com

¡ATENCIÓN!

Si alguien no puede escucharla porque al pinchar sale como un disco rayado o algo así, hay una forma muy facilita de poder oírla. Pincháis en Boomp3 y estando en la página del servidor donde se encuentra la entrevista, pincháis en “Download mp3 file”; se abrirá un cuadro de descarga corriente, y ya seleccionáis “Abrir, Guardar” o lo que sea. Os aseguro que funciona porque yo tampoco la puedo oír y de este modo lo puedo hacer.

domingo, 17 de agosto de 2008

Viaje a Italia V


Llegamos a Florencia pasadas las once de la noche. Eso a priori no tenía que ser un problema, pero recapitulando un poco, nos habíamos ido con un billete de ida y vuelta de una compañía de bajo coste, nuestras maletas y dinero; así que el tema del alojamiento lo íbamos improvisando. Nos ayudaba bastante que en cada estación hubiera una oficina de “Last Minute” que te buscaba hotelitos de todos los precios, pero al llegar aquél día, a esa hora, estaba cerrada. Aquella hora, en aquella ciudad y en Diciembre era complicada. Barajamos algunas opciones, llegando por un tiempo a adoptar una que a mí al principio no me gustaba; quedarnos a dormir en la estación. Yo no quería, aquello ya era tocar fondo, pero Muffin consiguió convencerme. La verdad es que al fin y al cabo mucha gente estaba haciendo lo mismo, y muchos viajeros se estaban acomodando en la sala de espera para pasar allí la noche; aquello estaba cogiendo un matiz acogedor. Después de repetir mil veces mi nueva expresión italiana: che forte… ya estaba dejando de quejarme cuando apareció un caballero que muy amablemente desalojó a la veintena de personas con nuestra misma genial idea, que se acababa de ir a la m… Lo que vino a continuación si que fue tocar fondo. No os contaré el cómo, porque sería largo, pero os diré que llegamos a un extraño lugar, dónde después de contarle al tío una milonga, acabamos pagándole lo que nos dio la gana por dormir en una habitación con cama de matrimonio, y justo al lado de esta una ducha y un lavabo. El WC, como en las películas estaba al final del pasillo; un pasillo oscuro que daba algo de grima. Atrancamos la puerta con una silla, las maletas y todo lo que pudimos porque aquello era de un sórdido… Recuerdo las sirenas de policía, y el jaleo que hubo durante toda la noche… Yo, que había llegado a esa ciudad en la primera clase de un tren, no podía olvidar aquello que decía don Juan: Yo que a las cabañas bajé, yo, que a los palacios subí… Se vé que aquella noche tocaba bajar a las cabañas.
Amaneció, como todos los días, y os podéis imaginar lo rápido que salimos de aquel sitio. Ya de día, Florencia me daba menos miedo, y aquella genial oficinita volvió a estar abierta. Y a los palacios subí, porque recuerdo con gran cariño aquel hotel precioso que en el pasillo tenía una casa de muñecas. Cierto es que me decepcioné un poco cuando me lancé sobre ella (siempre quise tener una) y descubrí que era el mueble dónde guardaban las toallas y la ropa de cama, pero mejoraba en demasía el sitio de la noche anterior. Dejamos las maletas y nos fuimos a Pisa. Entiendo que lo más famoso es la torre, pero quien ha estado allí sabe que es una ciudad maravillosa. Recuerdo que al llegar a la Piazza dei Cavalieri, un grupo de personas salía de misa, con trajes y abrigos; era como una película de los años cuarenta. A pesar de todo, no os decepciono, y me hice la típica foto de guiri sujetando la torre, porque si no haces estas chorradas cuando estás fuera de tu país, no tiene gracia.
El día anterior, en la primera clase del tren que cogí en Nápoles, nos habían dado un paquetito de algo que ponía “Pizza Snack”. Me pareció que era algo muy original, genuino de Italia, y decidí guardarlo para otro momento. Aquella tarde de Domingo, cuando paseábamos por Florencia después de haber pasado el día en Pisa, saqué el paquetito y lo abrí con cierta ilusión. No lo podía creer, se parecía mucho pero lo mordí para confirmarlo… la pizza snack, aquél genial invento italiano y único era una simple regañá… No sé como será en otros sitios pero aquí en Sevilla se llaman así. Cierto es que tenía un regusto a orégano o algo así, pero fue un invento decepcionante. Sin dejar de reirnos de nuestra ingenuidad, sólo podíamos decir una cosa: che forte…

sábado, 16 de agosto de 2008

Premio Safiro y Premio Cadena

Queridos hermanos, estamos aquí reunidos… anda no, perdón, perdón, se ha traspapelado el discurso… Bueno, nada, sin papeles mejor. Resulta que otra vez en este tejado se despliega la alfombra roja. Nunca estaré lo suficientemente agradecida a Eres_mi_cruz, que fue quien la obsequió. La verdad es que entre unas cosas y otras estamos todo el día poniéndola y quitándola, así que nuevamente red carpet, sobres, premios, lágrimas y agradecimientos a la Virgen de Guadalupe como hizo el sin par manchego. Últimamente estos premios llegan a pares, o más bien yo los recojo de dos en dos… En esta ocasión se demoró un poco la cosa por aquello del parón tecnológico que sufrí; pero no me puedo resistir… estas parafernalias tienen algo que me gusta… así que ahí vamos
Para empezar, tengo que agradecer el recibir galardones, porque aunque esto es una cosa medio en broma, medio en serio, una nunca se acaba de creer merecedora de algún reconocimiento.
Por otra parte, lo de la entrega puede ser complicado porque muchos se encuentran de baja temporal por vacaciones, y sinceramente… a mí me da lo mismo. Pienso dejar virtuales notificaciones en los blogs que correspondan, mediante las cuales, los premiados tendrán que venir a recogerlos mas tarde o mas temprano…

Premio Safiro

Este premio me llegó de Nani, de La casa encendida. Es un lujo recibirlo de ella, y para quien esté dándole vueltas, no lo he escrito mal, es Safiro, aunque pensé que tal vez era una errata y era Zafiro. En cualquier caso, aquí vamos con el reparto.

A Miguel Andréu. El cree que sólo le doy galardones por afecto y no es cierto. Claro que afecto hay, mucho además, pero le llamo cursi cuando es cursi, le digo abuelo batallitas cuando se pone en ese plan y por esa regla de tres si su blog me gusta y lo considero merecedor de un premio, pues se lo doy y punto.
Al Callejón de los negros, porque sí, porque me encanta, porque Antonio es un crack y es un regalo tenerlo por aquí.
A Sergio de Principio de incertidumbre; porque es un encanto, porque siempre tiene cosas de lo mas curiosas por su blog y porque simplemente tomar esa canción de Ismael Serrano para nombrar su espacio, merece un galardón.
A Orleáns de La sala de los espejos, por tener un lugar tan real como ella misma, divertido y cotidiano, y porque nos hace mirarnos de frente.
A Ainoha, para que cuelgue este y otro que le dí hace tiempo, que entre las obras y las vacaciones… Porque nunca deje el Callejón del Agua, aunque tenga rachas mejores o peores.

Premio Cadena

En fin, se vé que el o la creadora no se quebró la cabeza con este nombre… Y no me parece mal. Al fin y al cabo esto es así, cadenas de gente que se enlaza, cadenas de gente que se premia… ¡Bendita cadena blogosférica!
Este premio llegó desde el Principio de incertidumbre de Sergio, y además del premio en si, tengo que agradecerle sus palabras… Eso de “el detalle en esencia” no sé si es cierto, pero de verdad que me ha encantado. Así que haciendo lo propio el premio va a parar a:

Luz de gas, porque ese si que encadena gente a su blog, si algún día queremos hacer una revolución simplemente con que este hombre haga un llamamiento tenemos a la mitad del personal.
A Nani de La casa encendida, porque como Mario le hizo una estantería reforzada, lo podrá soportar.
A Ego y Andrómeda es gay, porque no hay dos como ella.
A América y su espacio flamenco, por tenernos enganchados con una larga cadena que cruza un océano para llegar a un rincón tan andaluz que parece estar aquí.
A Antonio y Cisco, que escriben Desde la perrera. Bueno, realmente escribe Antonio, pero muchas veces es lo que Cisco le dice. Este duo sin par merece mas de un galardón.

Me gustaría dárselo a muchos más, pero ya sabéis que estas cosas son complicadillas, y como siempre digo, seguramente a muchos les llegarán estos premios por otras manos así que… ¡vamos a la barra libre que es lo que todo el mundo anda esperando!
…Y por cierto, ¿ alguien se ha dado cuenta de que estos dos premios se parecen mucho?

miércoles, 13 de agosto de 2008

Pasando el mono


Nunca me han gustado los maceteros de la calle Tetuán; y tal vez esta sea otra ventaja de la Semana Santa, que los quitan. Pensando en algo tan absurdo como esto, caminaba bajo la sombra de los toldos con una meta, llegar a aquella esquina. Me paré en seco mirando la confluencia de las dos calles, me quité las gafas de sol, nada, no estaba… Aspiré y… ni rastro. Como El Prendimiento retorna a su casa las noches de Miércoles Santo (aunque este año no pudo ser), yo continué por esa calle. Me quedaba una última esperanza en la Plaza del Duque; la esperanza de una dosis, que diría una adicta. Tampoco allí. Parecía que se habían confabulado contra mí, conocedores del mono que arrastro en estos días. Cogí el autobús para volver a casa. Mi desaliento encontró un apoyo en alguna marcha que se coló en el aleatorio del mp3, entre Sinatra y Sabina… La Semana Santa de este año llegó muy pronto, y más pronto se fue… Tal vez me sucedió lo mismo que con el primer café de por la mañana. Cada día me lo bebo de un tirón, y cuando me quedo con mi taza vacía en la mano, pienso que quizás lo tenía que haber demorado más, saboreado más… Es absurdo, porque cada mañana lo pienso y al día siguiente vuelvo a hacer lo mismo, y me lo bebo de un trago. Recuerdo que tras el cierre de las puertas en San Lorenzo, arrastrando mi pena, miraba el rojo de mi Sangre de Cristo en el Garlochí, y en mi cabeza danzaban fechas de exámenes, plazos de entrega… Aquel agobio junto con la perspectiva de la Feria hacían de bálsamo. Al fin y al cabo, como dijo un comentarista caótico, los sevillanos nos reunimos en la Feria para hablar de Semana Santa. Sonaba copla, haciendo de consuelo para el alma, e incluso me hacía gracia pensar en todo esto escuchando aquello de “María de las Mercedes, mi rosa mas sevillana…” Y hoy día, en medio de un verano tremendamente libre para mí, a toro pasado, tengo una nostalgia increíble de aquella semana. Por lo visto no soy la única, ya que por aquí, en algún comentario se han deslizado elementos como traseras de palio…
Imagino que quien me lea fuera de esta ciudad (e incluso muchos que me leen dentro de ella) pensarán que como poco, ando mal de la cabeza, y no los culpo. Esto es como lo que decía Lope de Vega sobre el amor, “Quien lo probó, lo sabe” . Y por eso, quien lo sepa, no pensará que estoy loca si digo que a veces me paro en el pasillo, y destapo el incensario, ese que esta ahí esperando su protagonismo cuaresmal; cierro los ojos y aspiro los aromas de palio que conserva para mí, y con cositas de estas, vamos pasando el mono…
Para concluir, dedico esto a todos los jartibles que andan igual que yo, y de paso me autoregalo aquí una de mis fotos favoritas, producto de la dualidad de Sevilla y de la historia. De un lado, la Virgen de los Desamparados, de otro, ese cartel.

Imágen gracias a la galería de ABC

viernes, 8 de agosto de 2008

Juegos Olímpicos vs Olimpíadas



En este preciso momento, a las ocho y ocho minutos (hora pekinesa) el ocho del ocho del dos mil ocho, dan comienzo los Juegos Olímpicos mas polémicos de los últimos tiempos, al menos que servidora recuerde en su breve existencia.
Se han vertido ríos de tinta al respecto, por profanos y por personas mucho más conocedoras en la materia, que esta que escribe, pero a pesar todo, con lo bueno y lo malo, comienza lo que muchos dan en llamar “La fiesta del deporte” .
Imagino que el mismo que dijo aquello tan manido de “lo importante es participar”, también pensaría que el deporte no es sólo esfuerzo físico y el hecho de competir. El deporte es entrega y a la vez compañerismo; en caso de acontecimientos como el que ahora se celebra, es multiculturalidad; y ahora podría hablar de la unión de los pueblos y ponerme más cursi que el señor Andréu en sus mejores momentos, pero no lo haré porque esto en Beijing a mi gusto está algo desmitificado. Increíble es el hecho de que por ejemplo, este insignificante rincón cybernético no se pueda leer allí. Increíble es que se respeten en esa potencia mundial que es China, tan poco los Derechos Humanos, increíble es que en sociedades desarrolladas exista la pena de muerte, como increíble me parece que cuatro estadounidenses pongan pancartas de Tibet Libre, que ojo, totalmente de acuerdo con la reivindicación, pero tras la ejecución de un mexicano, por poner un ejemplo, los amigos de las barras y estrellas no sean los más indicados para darle a nadie lecciones de nada. Y hablando de la tierra de Bush, me reí en cantidad cuando vi aparecer a los Yankees con sus mascarillas, ante la indignación de los chinos. Cierto es que la contaminación allí es alarmante pero ya sabemos que a los comedores compulsivos de pollo Kentuky no les hace falta mucho para desarrollar una psicosis.
Y en medio de todo esto comienza el espectáculo deportivo, que realmente debería ser lo más importante, aunque muchos deportistas estén mas preocupados ahora en no decir algo inconveniente; cosa que comprendo e incluso comparto. Todos los que hemos nacido “en libertad” no nos hacemos una idea de lo complicado que debe ser no hablar de ciertas cosas o autocensurarnos en algo. Si Dios me hubiera llamado por el camino del deporte de élite imagino que a estas horas andaría como loca llamando a la embajada desde un calabozo pekinés, porque seguro que sin querer, habría soltado alguna de las mías.
A la espera de ver competiciones, metales y demás, sigo con la duda que titula la entrada, y no sé si alguien me la podrá resolver ¿por qué ya nadie dice Olimpíadas y todos los comunicadores hablan de Juegos Olímpicos? ¿es más correcto? ¿es políticamente correcto? ¿es otro nuevo signo de modernidad? Hablando de esto último, actualizo desde un ordenador tan poco moderno que le falta funcionar a manivela; el martes seguramente ya tendré a mi bichito y me pondré al día en todo, así que ya sabéis, perdonad mi ausencia aunque tal vez cuando vuelva, la echéis de menos.

martes, 29 de julio de 2008

Problemas de geografía personal


Las noches de verano no son siempre sueños como el de Shackespeare; siendo realista, y por desgracia, no todas las noches puedes adentrarte en el bosque al encuentro con Titania… Por eso, entre unos y otros buscamos alternativas, y así, pasada la media noche estás tomando un té con una antología poética de Luís García Montero sacada de la biblioteca. A la luz de una vela, esa amiga que comparte conmigo tantas cosas, empezando por las iniciales, me regaló un poema, con la voz prestada de Jesús (Coko) diciéndome que me iba a gustar, porque a ella le recordó a mi. Cuando escuché el primer verso estallé en una carcajada, cierto y certero, como una estocada. Era un verso viejo en un poema nuevo para mí; verso viejo porque ella pensó que dibujaba un tiempo pasado, en el que yo tropezaba en cada despedida y casi en cualquier nuevo saludo; poema nuevo porque no lo conocía. Lo mejor es que aunque todo ese pasado, ya ha pasado, perdón por el pleonasmo, sigo teniendo cierto problema con el tema de las despedidas, como alguna vez he contado… Y tal vez Luís García Montero es igual que yo, o yo igual que él, o él y yo somos igual que muchos, que encuentran en versos refugio de alguna carencia, como el frío de las palabras que te quedan dentro, con la torpe inexistencia de los malentendidos, y con todo ese cúmulo de cosas que como dice el título, serán geografía personal.
En la poesía de mis cajones se encuentran poemas de todo tipo, la de hoy sería poesía regalada, que yo a mi vez le devuelvo a ella, dedicándosela por haber sacado aquel libro de la biblioteca, por el poema y por esas noches de verano en las que no encontramos a Titania.

PROBLEMAS DE GEOGRAFÍA PERSONAL

Nunca sé despedirme de tí, siempre me quedo

con el frío de alguna palabra que no he dicho,

con un malentendido que temer,

ese hueco de torpe inexistencia

que a veces, gota a gota, se convierte

en desesperación.


Nunca se despedirme de tí, porque no soy

el viajero que cruza por la gente,

el que va de aeropuerto en aeropuerto

o el que mira los coches, en dirección contraria,

corriendo a la ciudad

en la que acabas de quedarte.


Nunca sé despedirme, porque soy

un ciego que tantea por el túnel

de tu mano y tus labios cuando dicen adiós,

un ciego que tropieza con los malentendidos

y con esas palabras

que no saben pronunciar.


Extrañado de amor,

nunca puedo alejarme de todo lo que eres.

En un hueco de torpe inexistencia,

me voy de mí

camino a la nada.

Luís García Montero
Imagen: A Despedida -Lucemar de Sousa-

jueves, 24 de julio de 2008

La vida es una tómbola



Pues si, el título hace referencia a la canción y a la película, porque yo, como muchas niñas, veía películas de Marisol, y ¿por qué no? Me gustaban, las veía una y mil veces en ese video VHS que aprendí a manejar con tres años porque no quería dormir la siesta…
Ella se parecía a Marisol, rubia, con su trenza y los ojos claros, y aquella forma de cantar. Desde pequeña ya destacaba entre las demás niñas, cosa que no era fácil en aquel colegio. En el monocromatismo del uniforme y el babi, ella ya era diferente porque en contraste con el resto, que usábamos lazos o diademas (blancos en verano, azul marino en invierno) ella llevaba un coletero de flores. Y es que cualquiera que no la conociera podría encajarla en lo que se considera “una cani”, pero yo nunca la he visto así. En su caso no era un estilismo de tribu urbana, pandilla de barrio o seguir algún tipo de moda; a ella le nacía de dentro, como de Audrey Hepburn nacía esa elegancia natural. Y al igual que Pepa Flores en Tómbola, la recuerdo cantando en el autobús del colegio, camino de la calle Dueñas, en todas las fiestas, en cualquier ratillo que la dejaran… Ya desde pequeña tenía una voz maravillosa, alejada de lo esperable de una niña del Espíritu Santo, y es que a pesar de que no soltábamos El Cantoral Litúrgico Nacional (aún conservo el mío) por sus venas corría el flamenco. Desde luego se aplicaba más a este que a las clases, que no iban tanto con ella. Imagino que sus padres querían para ella mil cosas buenas, y por eso iba a ese colegio, dónde a menudo estaba castigada, por indisciplina, por no ser tan aplicada como el resto… y a pesar de eso, tenía el cariño de muchas profesoras. Pero siempre se ha dicho, la cabra tira al monte, y ella pronto empezó a aplicarse esa máxima que queda bien en las canciones de Sabina, y que tan dura puede resultar en la realidad, y para ella las malas compañías eran las mejores. Así empezó a fumar, tiñó su pelo de negro azabache, borrando su imagen de Marisol angelical… Recuerdo nuestro asombro ante esos novios que venían a recogerla en moto, con aquellas pintas que escandalizaban a las niñas bien…
Y aquel colegio de monjas de clausura, sólo de niñas, no era algo del nuevo siglo, y al cerrar un grupo nos cambiamos, esta vez tiramos más a San Marcos, y en la calle Socorro ella volvió a escandalizar a nuevas monjas, a saltarse todas las reglas, a seguir castigada, a tener los temidos “Partes”, a los días de expulsión… Las malas compañías empezaron a ser las peores, novios que tenían que ir a firmar los días quince, ex novios en la cárcel, amigos que morían por temas de drogas… Pese a todo, a que la adolescencia y nuestros mundos nos alejaban, yo la conocía desde los cuatro años, y ella a mí… Puede que la última vez que nos viéramos fuera al acabar cuarto, en la fiesta de graduación, aunque ella no se graduó, pero tenía que venir a cantar aquello de “y en un charquito de agua yo me mojo el pelo, me mojo el pelo… y el mismo charquito de agua me sirve de espejo, me sirve de espejo” en aquella fiesta flamenca que Sor Nieves nos dejó hacer en el patio, para despedirnos de aquella etapa de nuestras vidas… Y ahí nuestra última foto, con el músico más guapo de la Banda del Sol tocando la caja…
De vez en cuando me acordaba de ella, y por cosas de la vida no sabía que pensar, lo mismo andaba mal, lo mismo ya ni andaba… Casualmente hace unas semanas lo comentaba con Bárbara, en esas conversaciones que tenemos en el coche, que pueden llegar a cualquier lado, y ella pensaba igual que yo.
Por eso aún me da vueltas lo que pasó el martes en Carrefour. Me llamó, y yo no lo podía creer. Al acercarme hice alguna pregunta que no recuerdo, tipo “¿Qué es de tu vida?” No la recuerdo porque estaba mas pendiente de la respuesta, que según una corazonada, tenía que ver con lo que andaba correteando a su alrededor. La cogió en brazos, era rubia, como ella lo había sido; se parecía tanto a ella, y eso que sólo tenía dos años. La niña escondía la cara tímidamente y ella mientras sonreía le decía “Mira, es una amiga de mamá, de cuando iba al cole” Una amiga de mamá, esa era yo, porque ella ya no era Marisol, y ahora era “Mamá”. Me alegré mucho por ella, de corazón que lo hice, había pensado tantas veces que sería de su vida que lo que ví me pareció fantástico; y es que lo cantaban en esa película que yo veía las tardes de no siesta, la vida es una tómbola…

lunes, 21 de julio de 2008

Por Málaga


Ya lo dije, seguro que nos pasaba de todo. Para empezar, íbamos con el tiempo para comprar los billetes, en un tren regional, baratito… Pues nada, mucha gente había pensado lo mismo que nosotras, así que no había plazas. Podíamos quedarnos esperando y coger uno que saldría en dos o tres horas, o irnos en un Avant, que es una lanzadera parecida al AVE, mas rápida y mas cara. Pues en esta nos fuimos, pero cosas de la vida, el viaje que parecía más confortable no lo fue. Resultó que el aire acondicionado del tren super moderno no funcionaba, y contando con la gran concentración humana que allí había y que no se puede abrir ni una ventana en un tren, decir que el ambiente estaba cargado es dar una pincelada. Además, el tren comenzó a pararse, porque si; nadie nos daba una explicación y la falta de oxígeno hacia que la gente se pusiera en tensión. Yo intentaba mantener la calma y trasmitirla… Llegamos a la estación de Córdoba (ir de Sevilla a Málaga pasando por Córdoba es otra modernez) la luz del tren se fue. Ya era completo, con calor, a oscuras… La gente que subió no nos animó en nada, ya que se quejaban del retraso y del calor, como hacíamos los que estábamos dentro, con la diferencia de que nosotros llevábamos una hora padeciendo. Al menos la luz volvió para que la gente pudiera quejarse viéndose las caras los unos a los otros. Para aplacar los ánimos nos fuimos a la cafetería, y cuando la chica me dijo que no quedaba agua, ahí casi me vengo abajo. Pero bueno, con un café empezamos a pensar que tal vez podríamos reclamar. Haciendo cábalas llegaríamos con 20 minutos de retraso, lo que nos daría derecho al 50% del billete. Era una pena porque con media hora nos lo devolvían íntegro. Amotinarnos era otra opción, pero de vez en cuando el aire acondicionado funcionaba, así en modo intermitente, lo cual mantenía la esperanza de llegar con vida. Finalmente, aquella tortura acabó. Era curiosa esa riada de pasajeros, todos en manada, camino de Atención al cliente. Y ahí llegó la sorpresa. Pensé que sería otra lucha reclamar, y conseguir nuestros derechos como viajeras, clientes, ciudadanas y todas esas cosas que una alega cuando se queja… Nada de nada. Una mujer muy amable cogió nuestros billetes y nos puso un sellito. Sin pedirlo nos devolvían el 100% del importe, por demora y por lo del aire… Con esta alegría porque los ferrocarriles españoles aún no atropellan a sus maltrechos pasajeros, casi no nos pesó esperar unos cuarenta números para recuperar nuestro dinero y sacar la vuelta.
Después todo ha sido bastante mejor, como la playa de La Farola, donde ese Mediterráneo fiero casi me lleva a Valencia de una ola, nuestro tremendo dominio de los transportes malagueños (línea 14, en nuestros corazones siempre), las noches en el Sabora, la gente, Rocío, que digo yo que será mi nueva lectora, y claro, mención especial a ese camarero argentino que me preparaba destornilladores con zumo natural. Es casi un motivo para volver eso de que si no quedan irá a Paraguay a buscar naranjas…
El domingo, la calle Larios, más sola que de costumbre por el día y la hora, nos condujo al Museo Picasso. Yo iba con una cierta idea ya de lo que me iba a encontrar, cuando consiguiéramos encontrar el Museo. Al entrar, un hombre muy amable nos pidió que pasáramos por el control, donde me escanearon el bolso. Al pasarlo, aquel caballero se giró y me dijo:
- Señorita, por la seguridad del mundo occidental debo pedirle que esa bomba que hemos detectado… - Bueno, venga, lo cuento bien… ¡pero esta versión era divertida! Nada, me pidieron que dejara allí mi cámara de fotos. Entrando en materia, sobre el Museo podría decir aquello tan manido de que sobre gustos no hay nada escrito. No hay frase mas falsa que esta, sobre gustos hay mucho escrito, ríos de tinta derramados al respecto; luego cada uno elige con lo que se queda claro. Debo admitir que cuestiones como la iluminación, o protectores en puertas y ventanas evitando el indeseable reflejo en los cuadros, están bastante atendidos; y nunca olvidemos que Picasso es Picasso. Dicho esto, este museo es relativamente reciente, y es el último que sobre este pintor se ha creado, así que en cuanto a obras es muy inferior a otros. Hay muchos dibujos y bocetos, algunas litografías, piezas de escultura y una colección de fotos bastante curiosa, el edificio y los jardines son preciosos, y aunque las pinturas son las menos, a mi me gustaron; pero la verdad es que sabe a poco… De todas formas yo en estos casos siempre recomiendo que la gente visite estos sitios y así se pueden hacer una opinión mas cercana que la mía, que al fin y al cabo solo es eso, la mía.



Esta mañana regresé en el regional, más barato, más lento, y con el aire desacondicionador a todo trapo.

viernes, 18 de julio de 2008

Escapada a Málaga


Viaje relámpago; esta vez me voy al Mediterráneo, pero no os pongáis a saltar que vais a descansar poco de mi; el lunes por la tarde ya estaré de vuelta. Mi visita a Málaga es algo fugaz, lo justo para no perder el moreno y para mantener un pequeño encuentro con Pablo Picasso (Dani, me llevo tus premisas en la maleta, que como artista que eres, tienen su hueco). En esta ocasión me voy sin portátil, así que el caos se queda solito, cuando vuelva me pondré al día con vuestros tejados y con el mío. Mientras echadle un ojito a esto para que la fuerza entrópica no lo desmadre todo demasiado.
Esta vez me voy con Muffin, y como siempre, seguro que nos pasa de todo, aunque después de nuestras correrías italianas, ir a Málaga se asemeja mucho a ir a la esquina de la calle, solo que vamos en tren. Y éste me espera.

martes, 15 de julio de 2008

Y eres como un pretexto


Una vez escuché decir que Félix Grande era un poeta inteligente; es un halago algo raro para un poeta, o eso me pareció a mí, pero la verdad es que quien tiene esa destreza para dibujar sentimientos, debe ser bastante inteligente, si.
Todos tenemos pequeñas leyendas atrás, que componen esas músicas muertas, que él dice que son la vida; personalmente añadiría las músicas vivas, para no perder de vista al presente, quizás las oiga, porque tal vez sean ciertas, como las tristezas necesarias que la vida nos permite. Mi reflexión es torpe, o incomprensible para quien esté fuera de mi cabeza, será que como dice el poema, este mismo en si es un pretexto para meditar. Con este soneto he meditado hasta en sueños (no es una metáfora, soñé con el poema), así que os lo dejo, esperando que al menos os guste la mitad que a mí.


Y ERES COMO UN PRETEXTO

Y eres como un pretexto para que yo medite

y yo soy un pretexto de pena que te infieres,

y en medio esa tristeza de hombres y de mujeres

que es casi todo cuanto la vida nos permite;


pero tú y yo sabemos que cuando el mar se irrite,

de toda esta comedia poblada de alfileres

quedará la leyenda pequeña de dos seres

que se amaron, aunque ello jamás nos resucite;


ahora estamos logrando la imperfección, mañana

seremos el perfecto sollozo planetario,

el no ser y el no amar y el no temer, hermana;


vivir es componer una música muerta,

pero llevarle flores, rezarle así, a diario,

quizá equivalga a oírla, como si fuera cierta.


Félix Grande

Imágen: "Music Notes" Susan Osborne

sábado, 12 de julio de 2008

Películas que nos hicieron llorar

“A mi me sigue gustando Dumbo, al fin y al cabo es la única película que me ha hecho llorar.” Dijo esto tan tranquilo y yo me lo quedé mirando; con su cerca de metro noventa y sus trazas de rapero, acariciando la llegada de su mayoría de edad, a mi hermano solo le ha hecho llorar ese elefantito de grandes orejas. Rápidamente quise hacer un repaso cinematográfico sobre películas de llorar, a grandes rasgos al menos. A mi mente llegó aquella tarde de cine con mi madre , aquel tanque… La vida es bella me hizo llorar mucho; ese momento cuando el niño piensa que consiguieron el premio, que ganaron el concurso…
Por otra parte, casi sería incontable el número de veces que lloré con el final de Lo que el viento se llevó. Será esa mezcla de la equivocación de Escarlata a través de los años, el miedo a la equivocación propia, o yo que sé… Esa frase demoledora cuando Escarlata le dice que ella solo sabe que lo quiere, a lo que Butler responde: Esa es tu desgracia. Incontables decía, aunque para destacar, aún me recuerdo en aquella casa de Las Alpujarras viendo la película en una tele pequeña, llorando por la escena y porque aquella maldita chimenea no tiraba bien y el humo me estaba asfixiando…
Y en la adolescencia, que es esa etapa cruel, no porque sea dura en si, que también, sino porque al mirarte desde lejos hace que te muerdas el labio, y casi me cuesta reconocer lo que lloré con Titanic las numerosas veces que la vi en el cine.
Hace bastante que no lloro con una película, tanto que no logro recordar cuando fue la última vez que lo hice; pero si recuerdo cuando fue la primera vez que no lo hice. Ramón Sampedro estaba diciendo sus últimas palabras, y en aquella sala de Nervión Plaza el aire cortaba el silencio. Miré a mi derecha, mi amiga Muffin lloraba como la Magdalena que es… Miré a mi izquierda, la chica que estaba a mi lado también, y su novio, y todos los de mi fila, y los de la fila de delante, y los de la fila de detrás… Creo que puedo afirmar que yo era la única persona en esa sala que no lloraba…
Me parece que habré llorado más veces de las que he comentado aquí, pero no las consigo recordar; sea como fuere, esto de llorar o de no llorar imagino que formará parte de la magia del cine.

martes, 8 de julio de 2008

Me río del chuloputas



Antes de nada, me veo casi en la obligación de decir que esta entrada está dedicada especialmente a Paços de Audiência; porque él ha defendido mil veces esta teoría.

Dejándome querer por el Sol, a la orilla del Atlántico, custodiada por el Faro Trafalgar y el Parque de la Breña, en la bolsa de playa de mi madre apareció un suplemento dominical que estaba allí desde el verano pasado. En él había un artículo de Lucía Etxebarría, de título cuanto menos llamativo. Siendo sincera, esta mujer no era santo de mi devoción, mas que nada porque desconfío de las etiquetas, incluso de quien se pone la de feminista, pero la verdad es que cada vez que leo un artículo de esta mujer resulta de una coherencia tan fabulosa que poco a poco la voy dejando entrar. Este artículo en cuestión tenía cerca de un año, pero hay cuestiones que son anacrónicas así que aquí lo expongo.


El chuloputas simpático


Recientemente hice una encuesta en mi blog con la siguiente pregunta dirigida a mujeres heterosexuales: ¿qué es lo que más te atrae en un hombre? Me sorprendió un rasgo recurrente que se repitió en una gran mayoría de las respuestas: “un puntito canalla”, decían. Pues sí, a las mujeres nos gustan los canallas. Muy probablemente porque según Freud todas buscamos inconscientemente a nuestro padre, y en esta sociedad machista la mayoría hemos vivido en unos hogares en los que nuestro padre casi no se ocupaba de nosotras. De ahí, me temo, el éxito fulminante de una tipología lamentablemente muy extendida y que los lectores, y sobre todo las lectoras, reconocerán inmediatamente: el chuloputas simpático.
En Cosmofobia, el chuloputas simpático se llama David y es muy guapo, como lo suelen ser estos tipos. Aunque el atractivo no es imprescindible: muchos compensan su carencia con mucha labia. El chuloputas suele haber sido hijo único o el único hijo varón. En otros casos, ha sido el hijo varón mas guapo en contraste con otro hermano muy feo pero muy estudioso. Su madre ha vivido fervientemente dedicada él, quizás porque el chico se parecía a su padre, otro chuloputas simpático que no paraba por casa, y como la señora no podía tener amarrado al original, se volcó en la copia con devoción de conversa.
Con una mamá que le hacía la cama, le preparaba el desayuno, le recogía la ropa que dejaba desparramada por la casa, le vaciaba los ceniceros y le esperaba hasta las tantas porque ” no podía dormir tranquila hasta que no estuviera segura de el chico había llegado sano y salvo a casa, que no se sabe lo que hay por ahí”, no es extraño que el chuloputas, de mayor, desarollara un esquema clásico: de un lado su novia oficial, que por supuesto hace su cama, le recoge la ropa y le espera abnegada en el hogar sin querer enterarse de lo que de verdad sucede en las salidas de su novio, y del otro sus innumerables conquistas, a las que el niñato, por supuesto, no piensa renunciar, porque el es de ésos que viajan bar adentro y se quedan con una novia en cada puerto Más nunca sopla viento favorable para el marino que no sabe en qué puerto fondear, y por eso al niñato casi le da un pasmo el día en que se entera de que la oficial y legítima también le ha sido infiel.
Y es que engañarse es humano, pero es de imbéciles persistir en el error, de ahí que alguna vez la novia-mamá (es el caso de Diana en Cosmofobia) le pague al niñato con la misma moneda, no tanto porque ha descubierto el engaño de su amor (que en el fondo ya conocía) como porque se ha desengañado de él. Entre los chuloputas clásicos están los músicos roquistas, porque las giras dan para mucho, como sabrá cualquiera que se sepa las letras de Sabina (cuyo éxito entre varones y hembras demuestra mi teorÍa de que el chuloputas simpático nunca pasa de moda).
También son ocupaciones propensas al chuloputismo las de encargado de bar, fotógrafo de moda, escritor o poetastro , y demás profesiones en las que se viaja mucho y en las que es fácil conocer ingenuas que le admiren a uno por su supuesta creatividad. La frase de Campoamor tantas veces citada, y tan acertada, cierra cual llave de oro este artículo: No engaña a las mujeres ningún hombre, por regla general, se engañan ellas. O como dicen los marroquíes: La primera vez que tú me engañes, la culpa es tuya; pero la segunda vez la culpa es mía.

Dicho esto, que se puede hacer mas alto, pero no mas claro, servidora no niega este arquetipo masculino, de exitosa trayectoria a través de los años. Existe, te lo cruzas, y si, tiene su punto, no lo niego. Pero no le doy totalmente la razón a su Señoría, ni a Lucía Etxebarría, aunque intuyo que la segunda está mas cerca de mi postura. Este tipejo es gracioso al principio, pero ¿y después? Una vez visto lo visto, la gracia se va, porque como nos decía sabiamente Sor Trini en el colegio, lo poco agrada y lo mucho enfada. Lo mejor de todo, es que una vez enfadada por el exceso de crapulismo y egocentrismo que rodea a este especimen, una ya está cuasi preparada para distinguirlo entre la masa, apartarlo, separarlo y tomarlo como lo que es: un chaval que no es tan interesante como arrogante, con el que te puedes reír un rato de sus chistes y luego pajarito vuela vuela que aquí para crápulas tenemos a Sabina y con eso estamos servidas. Por eso entiendo que muchas respondieran así a la encuesta que la escritora hizo en su blog, pero luego, el día a día, es otra cosa.

sábado, 5 de julio de 2008

Premio Unidad


Pues bueno, otro premio llega a este tejado, esta vez desde Córdoba, de la mano de una blogera reciente, Gema L. desde su rincón Somos solo personas. Se lo agradezco aunque siempre que recibo algo así se me queda una cara tan absurda como la de cuando me cantan cumpleaños feliz, no lo puedo evitar. En esta ocasión se trata del premio Unidad, aunque si soy sincera no tengo claro del todo que se premia, ya que no lo especifica. Y con ese nombre, Unidad, da que pensar ¿unión? ¿de qué? ¿de quién? Bueno, al fin y al cabo casi todos los rincones que yo visito son un punto de unión entre personas, más parecidas o más diferentes, que al final se unen con un lenguaje que va mas allá de los ceros y los unos… por algo será… Ahora yo debo repartírselo a siete blogs más, y teniendo en cuenta la limitación, los amigos que ya andan de vacaciones y demás, mis premiados son:

Luz de gas; su blog es un gran sitio de unión, se puede ver en las visitas, los comentarios, y todo lo que se reúne entorno a alguien tan genial como Juan.

A Ainoha, que reúne a personas que paseamos por un mismo rinconcito sevillano, el Callejón del Agua.

Miguel Andréu, que nos aúna y une entorno a una mesa de camilla para ver y oír.

Du Guesclin de Sevillanadas, que tanto nos enseña y aporta, punto de unión indispensable para todo aquél que tenga perspectiva histórica y crítica de la ciudad.

Antonio y el Callejón de los Negros, punto de unión de lo divino y lo humano, costumbrismo desacostumbrado en adoquines.

A Zapateiro, que consigue que todos nos unamos ante la esperanza de que algún día lloverán croquetas…

Al Aguador de Sevilla, que no se moja, no lo va a repartir, pero tiene a tantos unidos por el vínculo de un cántaro que no se lo puedo negar. Por cierto, paradójico que un Aguaó no se moje…

Bueno, hay muchos más a los que me gustaría entregárselo, pero confío que les llegará por otro lado, que es lo bueno que tienen estas cosas.
Como siempre en estos solemnes actos, se servirá un pequeño cóctel a cargo de la distinguida Tasca de Moe de Triana, así que ya saben, no es necesaria etiqueta.

martes, 1 de julio de 2008

El día que nací yo


En su último y fantástico disco, el Cigala canta esta canción, la que titula la entrada, y continúa con aquello de: ¿qué planeta reinaría? Pero como la bruja postmoderna de cabecera me hizo una carta astral, pues esa parte anda cubierta.

Corría el año 1985, España había cogido impulso y carrera a la “modernización” y a Europa, que estaba dejando de ser una denominación meramente geográfica; OTAN si, bases ¿dentro? Moría Orson Welles, Gorbachov llegó a la presidencia, Sabina lanzó Juez y parte, mientras Serrat lo hacía con El Sur también existe; por primera vez se permitía el ingreso de mujeres en la Policía y Woody Allen estrenaba La rosa púrpura de El Cairo.
El mes de Junio había sido caluroso, y estaba casi extinguido ya. Ese último día del mes, una mujer leía en su cama los suplementos de aquel domingo. Luego, con los años, esa imagen es de las que más he visto, esa mujer leyendo en su cama. No durmió, entre la lectura y las contracciones, tuvo una noche ocupada. Llevaba unos dieciocho días fuera de cuentas, así que andaba algo desesperada; pero muchas mujeres se lo habían dicho ya: Parirás cuando llegue la Luna llena. Sin ser creyente férrea de estas cosas me hace gracia esa afirmación, que se cumplió, coincidiendo además en que el día fue un Lunes (luna) y bajo el signo de Cáncer, regido por este astro. La personalidad lunática de la abajo firmante podría tener esa justificación en cierto modo. Llegaron los primeros rayos y llegó la hora de la verdad, el camino al hospital… Antes de partir, había una misión que cumplir para esa mujer; tirar la basura. Se justifica alegando que aquella noche cenaron pescado, y claro… En fin, también creo que esto justificaría la relación que luego yo he tenido con la basura, pero eso es otra historia.
El dolor es una cuestión muy subjetiva, y lo que para algunos es un dolor mortal para otros es algo muy soportable. Esta cuestión se agrava si eres primeriza y nunca has sentido un dolor similar. Por eso cuando llegó una enfermera se escandalizó: ¿Qué hace esta mujer aquí? ¡La cabeza está saliendo! Faltó poco para que naciera en un pasillo, por eso siempre he comprendido al gran Gila con aquello de que había nacido solo; yo casi lo hago. Pesé unos tres kilos y medio, con una altura de 50 centímetros. Hasta ese momento mis padres no sabían que yo era una niña, nunca di la cara en las ecografías, cosas del pudor, o de querer hacerme la interesante, quien sabe. Y bueno, el resto ya es algo mas conocido, después de arduos meses en los que los padres realizan listas de nombres, a mí me pusieron el de mi madre, muy meditado todo. Ese uno de Julio comenzaron nuevamente las Rebajas, y como en aquel chiste de Mafalda, mi madre y yo nos graduamos el mismo día, yo fui hija, y la hice a ella madre.
No me gusta cumplir años, la cronología no va conmigo. El aprendizaje, las experiencias, lo vivido, eso es lo que conforma una edad, una cuestión que no es tan cuantitativa como pone en mi DNI. pero bueno, cosas del sistema, así que hasta aquí hemos llegado de momento, 23; mayor para algunas cosas y joven para otras tantas.
Por lo demás, el resto está por venir, ya que el ser humano tiene estas cosas, o la cultura las tiene, y por lo visto hay que celebrar todo esto. Me gusta la tarta que ha hecho mi madre, y odio la cara de imbécil que se me pone cuando la gente canta el “Cumpleaños feliz” ¿nadie se ha dado cuenta de que es una canción muy absurda? Pero bueno, se soporta, por suerte, sólo es un día al año.

viernes, 27 de junio de 2008

Trafalgar

Pues como ya anticipé, nos pusimos en camino, Mer, Javier Ruibal y yo. Por un lado me parece que eso fue hace un mes y por otra parte se me hace que fue ayer. Los Caños como los recordaba. Un lugar libre, casi salvaje aún. El Faro vigila toda aquella costa, y esas aguas donde según los romanos descansa para siempre el Dios Juno. Las crónicas históricas dicen que el espíritu que descansa ahí es el del perro luterano de Nelson. Lo mismo el tiene la culpa de la paliza que me pegó el último día el mar… Claro que el levante y el poniente también tienen su participación en esto. Pero vengo encantada y deseando repetir, ya no solo por la playa sino por el ambiente. Imagino que al no ser temporada alta he encontrado allí más tranquilidad de la que habrá en unos meses, pero es una gozada, y algo casi inexplicable. Tal vez el ejemplo esté en que la primera noche, íbamos mi madre yo andando para cenar y nos cruzamos con varios grupos de personas. Me dio por pensar que caminaban muy despacio, y a los dos segundos me planteé el porqué de nuestro caminar acelerado… No teníamos prisa, no íbamos tarde a ningún lado, nadie nos esperaba… En fin, ha sido genial estar así un tiempo, simplemente eligiendo en que trozo de arena te ibas a dejar caer…
Poco os podría contar de los días ociosos, y sin embargo me podría pasar horas escribiendo del verde horizonte que si tiene un fin, a veces en Tarifa, a veces en la vecina África, tan cercana que me ha costado la misma vida sintonizar una emisora de radio en la que se hablara castellano. Aquel rincón es un paraíso que aún los especuladores inmobiliarios están dejando respirar; y me da miedo pensar si eso no tendrá un fin, pero de momento se trata de disfrutarlo, bien asomándote a esos acantilados incomparables, mirando la vegetación del Parque de la Breña, bañándote en el Atlántico…


Me traigo un cóctel nuevo para mi repertorio, Tekila Sunrise de la pequeña Lulú, y muchas horas de sueño repuestas, de esas que le debía a Morfeo, y que le adeudaba desde…

Saliendo de la costa de Trafalgar, hicimos visita a Baelo Claudia. Los romanos eran tipos que sabían vivir, y escoger lugares desde luego. Claudio sería tartamudo y mil cosas más, pero supo que aquél lugar tenía su cosa. Evidentemente era por cuestiones comerciales y de otras índoles, pero hoy en día es otro paraíso, por suerte tampoco del todo conocido para las masas turísticas, dónde te bañas en aguas cristalinas, pensando si tus hijos conocerán aquello igual que lo conociste tú.



Mientras escribo, todo lo inunda el perfume de un incienso hindú que me ha regalado el hippie más artista de aquella playa, y me dan ganas tremendas de volver.

Pero no soy tan radical, y a pesar del calor inmenso que he notado al llegar a Híspalis, también es bueno volver a casa.

EPÍLOGO

De tener talento e ingenio dedicaría una elegía a quien nos abandonó en esta empresa, ya para siempre, porque en estas cosas siempre hay alguna baja, por vencedor que resultes, y en nuestra última batalla, pereció la que ha sido nuestra sombrilla durante… ya ni recuerdo los años. Era una genuina sombrilla de Casa Pastora, una sanluqueña de pura cepa que ha resistido levantes, ponientes, revolcones del viento, maleteros más grandes y más chicos… Andaba ya maltrecha, pero seguía aguantando el tirón. Pero ha hecho mucho viento y tras haber pasado con nosotras los últimos días, un golpe de viento la volvió del revés, torciendo sus varillas para siempre. Se ha quedado allí, en Bolonia, y a mí me parece que es un buen final para una guerrera como ella; una sombrilla que estará siempre en nuestro recuerdo.

lunes, 23 de junio de 2008

Caños de Meca


Tal vez ya sea el top de la ociosidad, pero Mer sabe que quería cambiar de aires, aunque no sea mucho tiempo, y por eso me saca de aquí y nos vamos cerca de Trafalgar; no la plaza londinense, que también me gustaría, sino el Cabo, donde perdimos, una vez más.
Me voy a pensar, o a no pensar, mírese como se quiera. Lo mismo en un arrebato me dá por tirar el móvil al mar, aunque sé que no lo haré… ya lo dicen, perro ladrador… además, sería antiecológico en estos tiempos de acecho del cambio climático.
Volveré el viernes, algo mas morena e imagino que con pilas cargadas, que me vendrán bien para el día D que se avecina; y aviso a navegantes de esos que leen y no escriben, ojito con las sorpresas, que me dáis miedo…
Por lo demás, descansaréis de mí unos días, y yo descansaré de todos esos días que a veces son un lastre, mirando el verde de un mar que no se acaba; con brisa de esa que arranca el gris de la ciudad, y quien sabe, lo mismo con algo de suerte y ruido de olas, duermo en condiciones unos días, y tal vez, pueda soltar lastre en aquellas arenas. Lo bueno de no ir a una batalla es que no perderé contra aquellos perros luteranos, y sólo puedo ganarme a mí misma.
Mañana, tras la noche mas corta del año, cuando algunos bajen la cuesta, y la rica vuelva al rosal y la pobre al portal, nosotras pondremos rumbo a Gades. Mas descafeinada y menos prosaica, me marcho como un personaje de mi querida Lady reinventada Valkiria, aunque lo dicho, no serán muchos días, espero encontraros a mi vuelta, y que en mi ausencia me cuidéis un poquito el caos, para que la locura y entropía necesarias no se apaguen del todo.

viernes, 20 de junio de 2008

Sinsentidos varios


Le echo la culpa de todo al calor, o a la locura colectiva; a veces a la locura individual, o simplemente es ese surrealismo que a veces me rodea, a veces aparece, otras lo busco… Como no doy más de mí, esto es un fragmento de absurdeces varias de estos días.

COMER TARTA

Aparece mi madre con una carta en la mano, está dirigida a ella pero se me planta delante y la lee, comienza diciendo algo tipo: Recuerde que pronto comerá tarta… Ojiplática me quedo, y empiezo a imaginarme algo pero no lo puedo creer; y sigue la cosa: alguien muy cercano a usted cumplirá años dentro de poco. Le recordamos que en nuestros centros comerciales en perfumería, librería, discos (y sigue una retahíla de departamentos) encontrará gran variedad de ideas para este día… El remitente ya os lo podéis imaginar… Acaba de leer y me dice: Bueno, tendrás que invitarnos a tarta. Y se va tan digna, porque a mi madre el marketing de esta gente le resbala y se queda con la parte que a ella le interesa. Lo de mi madre pase, pero lo de esta gente es increíble, no por la técnica marketinista, sino por la cara que le echan al asunto. Encima, con lo que odio cumplir años, maldita la gracia.


ALBIOL, UN TÍO DE MUNDO

A mi hermano le gusta ver el informativo de Cuatro. No por su calidad como noticiero, ni su calidad periodística, sino porque los deportes duran mas que la información general, y por deportes entendamos fútbol, porque se habla poco de otras cosas, máxime en estos días de “Mareas Rojas”. Estaban haciendo una entrevista rápida, tipo cuestionario, a un jugador de nuestro equipo patrio y bueno, sin caer en tópicos, cierto es que muchos futbolistas no son muy interesantes a la hora de ser entrevistados pero lo de Raúl Albiol me marcó. Me quedo con las tres preguntas que más me han impactado, y las pongo por orden de menos a más:
“ ¿Cuál es el último libro que has leido?
Eh… Ahmm… Ups… este… yo… eh… Si, ninguno”.
No voy a entrar a valorar lo tremendo del tema, porque ya me lo iba imaginando, pero es fuerte…
“¿Qué música te gusta escuchar? Bueno, no escucho música”
Esto pensé que no existía; algo que para tanta y tanta gente es imprescindible…
“Si no vinieras a Austria para la Eurocopa ¿para que te gustaría venir? Para ver los canguros”
En un primer momento juro que lo interpreté como una broma, pero al decirlo tan serio, me dí cuenta de que no lo era… No comment. Desde luego no es difícil trabajar en un programa tipo “Zapping” o incluso “Sé lo que hicisteis”, el material está servido con gente así.




LA ESPERA

No todo es malo; mi primo Pepe ha hecho Selectividad, y aunque aún le queda saber la nota, seguro que aprueba. Recientemente me lee y dice que se está enganchando a mi blog, así que se lo agradezco desde aquí y le deseo todo lo bueno que ya le he dicho en estos días. Cuando sepamos la nota ya celebraremos esto de alguna manera.

domingo, 15 de junio de 2008

El Café de la Prensa


Lo conocí un día de lluvia, siempre la lluvia. Como tantas cosas buenas, lo descubrí gracias a cierto amigo.
En aquel tiempo las paredes estaban cubiertas por periódicos, y alguno había querido pasar a la posteridad efímera firmando en ellos. Fue un flechazo, amor a primera vista de ese que nadie sabe a ciencia cierta si existe; y que yo sentí en aquél momento. A un lado estaba el río, el Puente, Sevilla a lo lejos… Al otro, por una pequeña puerta que muchos no conocen, la calle Pureza, Triana pura…
Sobra decir que volví. Volví muchas tardes, muchas noches y más de una mañana. Mi asiduidad hoy en día es algo más intermitente, pero mi fidelidad es inquebrantable. Entre aquellas paredes, ahora mas desnudas de periódicos, se quedó para siempre parte de una juventud que empieza a alejarse. Allí he pasado mil horas riendo, he tenido conversaciones y recuerdos que me han arrancado mas de una lágrima, “cumpleaños feliz” que he cantado y me han cantado, azúcar en terrones para capuchinos nocturnos, lectura de prensa compartida, combinar las bebidas con mi ropa, juegos de cartas en los que entre risas y ginebra, pretendíamos ver mi futuro en una sota de bastos que siempre estaba al revés; pero claro, no te puedes fiar de un tipo que viste tan raro…
Ha sido un refugio para el alma y el cuerpo, el paso obligado antes de ir a cualquier sitio, lugar donde ir si todo se ponía feo, como cuando la lluvia (otra vez ella) me sorprendió en el Puente viendo San Gonzalo.
Anoche pensaba en todas estas cosas mientras miraba los periódicos de la pared, con una jarra de “Agua de Sevilla” y una amiga de las de toda la vida. Mi vida ha cambiado mucho desde aquella tarde de lluvia, yo he cambiado mucho, al igual que los camareros. Echo de menos a ese tan simpático que nos hacía rebajillas o me rellenaba el Legendario sin pedirlo y sin pagarlo; pero esos son los derroteros de la vida, y luego le das otro trago a la copa y piensas que quizás todo está menos cambiado de lo que creías, y lo vuelves a pensar cuando, como tantas veces, casi cierran aquello conmigo dentro.



Dedicado especialmente a todos aquellos que han compartido mesas, bebidas, sueños y desvaríos conmigo en aquel lugar. Podría poner una ristra interminable de nombres, pero ellos saben quienes son.

miércoles, 11 de junio de 2008

Viaje a Italia IV



Reconozco que después de todo lo pasado a esas alturas de viaje, algo de respeto le tenía a Nápoles. Por eso mismo no fue exactamente una locura bajar, dudo que a mi se me hubiese ocurrido semejante cosa, pero teníamos dos amigas allí que querían enseñarnos la ciudad. Eso era tranquilizador.
Todo lo vivido hasta entonces se magnificó en Nápoles. El caótico tráfico italiano era el triple de caótico allí. Esa linda costumbre de no pagar en los autobuses allí era cotidiana, como la de subir y bajar por cualquier puerta. Casi recordaba más a una ciudad sudamericana en el ajetreo y el carácter ciudadano. Recuerdo que nuestras amigas se reían de mí cariñosamente con preguntas y sugerencias que allí resultaban absurdas tipo: ¿Por qué no paran si el semáforo esta rojo? o ¿podemos subir al bus por la puerta de atrás? Pero en un día te puedes acostumbrar. Solo hay que buscar la técnica para cruzar, como que una amiga se adelantaba, y ante el atropello inminente algunos piadosos napolitanos deceleraban un poco (frenar nunca) para que corriésemos al otro lado de la calle.
La influencia española se deja ver aún, ya no solo en la picaresca, sino en nombres como la famosa calle Vía Medina, que además, allí Medina también es un apellido. Casi tuve un espejismo, cuando después de comer el calzzone más bueno que jamás probé en la típica trattoria con mantelitos de cuadros rojos, mis amigas dijeron que nos iban a llevar a Gambrinus. En aquel tiempo no era yo muy cervecera, pero me hacía ilusión tomar una Cruzcampo, aunque se me hacía raro que fuera después de comer. Evidentemente me estaba equivocando. Allí Gambrinus es una pastelería que podría ser un poco La Campana de aquí. Y para todo el que alguna vez leyendo esto lo pensó, llegados a este punto me veo en la obligación de revelarle algo; ese gran dulce que es la napolitana, no existe en Nápoles. Allí como mucho te darían una pizza típica napolitana con mucho salami… De todas formas, aún sin napolitanas, allí la repostería me ganó totalmente con un dulce que siempre recordaré, el baba. El baba es un bizcocho de chocolate bañado en ron. Para cualquiera que me conozca habrá observado que en este dulce típico navideño se unen varias de mis grandes pasiones. Además, podríamos pensar que de ron tenía el regusto… para nada, aquello no estaba rebajado lo más mínimo; mas que nada porque después de comérnoslo nos dio una risa tonta que nos duró hasta subir al tren. Si, aquél mismo día subimos al tren, por la tarde-noche, rumbo a Florencia. Tras unos cuantos viajes sin pernotar un maldito asiento, incluyendo la fatídica noche camino de Roma, andábamos algo mosqueadas ya con Trenitalia, que para nuestro destino florentino sólo nos dejaban dos opciones, pasillo o primera clase. Mi amiga y yo nos miramos una micra de segundo, ambas recordábamos esos trayectos sentadas en la maleta… Primera clase, asientos inmensos de terciopelo rojo, camareras repartiéndote tontadas todo el rato, periódicos a elegir… Entre aquello y el baba la cosa se estaba poniendo buena; pero tampoco por mucho tiempo, una de cal y una de arena… Claro que yo en aquél momento no lo sabía. Mientras hojeaba distraídamente “La Repubblica” recordaba aquél momentazo dentro de un autobús naranja, cuando unos músicos callejeros que subieron a él nos regalaron una versión de My way con sones de tarantella.

sábado, 7 de junio de 2008

Lo que el viento se llevó: tercer matrimonio


Una flor tirada en el suelo nos indica que no hace mucho se han llevado el féretro del segundo marido de Escarlata O´Hara. Rhett, socarrón y práctico, resuelve ponerse la flor en la solapa mientras la espera. Aparece ella enlutada, guapísima, borracha y en plena crisis de llanto. A pesar de la situación, él continúa con el propósito que le ha llevado hasta allí; casarse con ella. Genial el asombro de Escarlata ante aquella situación, le está pidiendo matrimonio con su difunto esposo recién enterrado, a lo que él explica: “Escarlata, no puedo pasarme toda la vida esperando la oportunidad de cazarla entre dos maridos” (si no recuerdo mal, la traducción de la película difiere en algo)
Tal vez por estas muestras de humor (a mi entender podría encajar en el llamado “humor inteligente” y en este caso casi negro) nunca he visto esta película como una cinta larga y cursi, en contra de lo que muchos dicen o intentan vender.
Evidentemente ella se casó con él, nadie puede negarse ante una proposición así.

La foto podría ser mejor pero pongo esta porque está sacada de un libro que… como dicen por ahí, es otra historia.

martes, 3 de junio de 2008

Inspiración y presión


Hace un tiempo ya, descubrí, no recuerdo como, el blog de Pedro Almodóvar. Es un lugar realmente increíble y recomendable. Ya alguna vez había leído cosas de este director en dominicales de El País, en especiales para los Óscars y cosas así, pero en su blog se le disfruta más, nada encorsetado, fresco, inteligente y sobre todo, malicioso…
En una de las últimas entradas, entre muchas otras cosas, cuenta como se le ocurrió la idea para su última película “Los abrazos rotos” En realidad no es como se le ocurrió la idea. Narra que desde un avión hizo la espectacular foto que figura en esta entrada. En principio la hizo por lo increíble de la imagen, el lago verde, el rojo de las piedras, el perfil volcánico… Luego, con las fotos en la mano, advirtió la presencia de esa pareja que se abraza en la instantánea. Sabía que aquella pareja en aquel escenario de la isla de Lanzarote era algo más, que iba a tener una repercusión en él… Pero al no estar muy seguro, se quedó con las fotos y dejó que la idea madurase, que creciera sola.

Ahora que las musas pasan de mí, me sirvo de la inspiración del manchego. Me parece interesante, filosófico y casi mágico ese concepto de que el tiempo, por el simple hecho de pasar, sea capaz de trasformar así las cosas; y de unas fotos finalmente hoy en día hay un rodaje en marcha… Esto me admira porque en cierto modo me cuesta hasta creerlo. Tal vez porque yo, entre otros defectos, según me dijeron una vez, tengo el de la inmediatez. Trabajo bien bajo una cierta presión, con fechas límite que yo hago más límite aún, disfrutando de ese filo peligroso y ese vértigo de cosas simultaneas que intento hacer a la vez… Y tal vez por eso, por la ociosidad que ahora me invade, por ese tiempo infinito que puedo dedicar a cosas banales, las musas se me van. Es cuestión simple esta, sé que en breve me habré estructurado un nuevo “estrés” para poder sentir algo de vértigo, y que viéndome así, las musas vuelvan conmigo… Y hasta entonces, para que negarlo, tampoco se me da mal ser una ociosa…
Para quien se pueda sentir igual, siempre nos queda esa picassiana frase de: Si las musas vuelven, que me encuentren pintando.

Foto: Pedro Almodóvar
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