martes, 3 de agosto de 2010

El límite de la tolerancia


Me da pena haber hecho lo que he hecho, pero sinceramente, no había necesidad y a fin de cuentas el blog es mío.

Creo que en los cerca de tres años que llevo de andanzas blogueras sólo he borrado dos comentarios, y porque su contenido, además de no tener nada que ver con el tema del que se trataba, excedía los límites de la educación y el saber estar que se supone, debe tener alguien a la hora de participar en algo así; y de todas formas, siempre expliqué el porqué de la eliminación, incluso más de una vez he tenido el impulso de borrar algunos más, pero no lo hice, me considero bastante tolerante y en ocasiones estiro el límite. Al fin y al cabo, lo mejor de un blog generalmente son los comentarios, y de todos se saca algo. Puede que por esto mismo me animé a poner un contador de reacciones, y lo hice del modo que muchos habrán visto, incluyendo tres opciones: Me gusta, Interesante y Patético. Evidentemente, todo el mundo es libre de pulsar la que quiera, la que más conveniente le resulte en base a lo leído. Y por supuesto, sabía que algún Patético me podía llevar, pero no me importaba, me gusta la crítica constructiva y argumentada, y pensé que me ayudaría esta calificación a escribir mejor, a saber lo que gusta y lo que no. Pero sinceramente, lo que no estoy dispuesta a tolerar es lo ocurrido, pues alguien, o más de una persona, lejos de contribuir, imagino que pretenden molestar o algo pues tienen el entretenimiento de entrar y clicar en “Patético” en todas las entradas de la página principal, casi a diario. El fallo en parte es mío, no era el mejor sistema pues evidentemente eso no es crítica constructiva, más bien parece otra cosa, no sé si una cuestión personal o aburrimiento puro y duro. No hay argumentación en un simple clic, pero creí que sería orientativo; sin embargo ha resultado que se trataba de una de esas cosas buenas, de las que el personal hace mal uso.
Siento si he mutilado el pasatiempo veraniego de alguna persona, pero a partir de ahora, las opiniones volverán a ser a la vieja usanza, con un comentario. De todas formas, a modo de consejo, quien considere tan patético este blog no tiene porqué pasarlo mal entrando aquí con esa frecuencia, puede dedicarse a otros menesteres, y si quiere bloguear en condiciones, en la columna de la derecha hay un puñado de sitios que podrían gustarle más que este.
Ya lo dije al comienzo, me da pena, pero hasta mi tolerancia tenía un límite.

sábado, 31 de julio de 2010

Toy Story 3



Los niños estaban locos por ver esta película, niños de veinte años o más, pero niños que eran más niños cuando se estrenó la primera, e incluso la segunda. Quizás ha merecido tener que esperar tanto tiempo para poder ver una secuela tan maravillosa y divertida como las anteriores. Se conservan intactas la frescura y el humor de Woody y sus amigos, incluso la ternura se mantiene; sobre todo al final de la película, antes de los geniales títulos de crédito, (canción de los Gipsy Kings incluida)… Y ya contamos con un cuarto de siglo en la espalda, pero te da por pensar qué fue de tus juguetes, recuerdas el destino que les diste, y puerilmente imaginas que tu decena de muñecas Barbies estarían bien, pues se las diste a tu prima, que sí jugaba con ellas, mientras tú, según decían, te estabas convirtiendo en una mujer, y preferías llenar tus estanterías con otras cosas.

Totalmente recomendable esta tercera entrega, y es que Toy Story, pertenece a ese selecto grupo de películas que desafían al refrán de “Segundas partes nunca fueron buenas”, y la tercera sigue en esa línea. Y es que es triste, no sigo para nada la saga de Crepúsculo, me costó mucho ver El Señor de los Anillos y lo hice más por casualidad que por interés, pero sin embargo, recomiendo que niños de todas las edades no se pierdan las aventuras de estos juguetes; eso sí, es recomendable que primero se les pongan a los niños más pequeños las dos primeras, que se estrenaron mucho antes de que la mayoría naciera, y así no se aburrirán, al contrario que los niños que había en mi sala, pues lo dije antes, los niños incondicionales que no pestañeábamos éramos los que teníamos ya la mayoría de edad sobrepasada.

miércoles, 21 de julio de 2010

El Moisés




Cuando Julio II encargó a Miguel Ángel su mausoleo se trataba de una composición magnánima, de más de cuarenta esculturas. De hecho, Miguel Ángel pasó más de medio año en Carrara, escogiendo enormes y magníficos bloques de mármol. Una obra sepulcral grandiosa, un edificio libre situado en el mayor templo de la cristiandad, de compleja iconografía, con relieves de bronce, todo coronado con el enorme sarcófago que albergaría los restos mortales del Santo Padre. Una obra escultórica y arquitectónica que habría asombrado al mundo.
Pero el “Papa Guerrero” dicen que convencido por Bramante, el arquitecto de San Pedro poseído por la envidia, cambió de parecer y dedicó sus esfuerzos y sus fondos a la remodelación de San Pedro, se desveló con la Basílica y desterró su mausoleo a San Pietro in Vincoli. Cuentan que Miguel Ángel se sintió traicionado y aunque como desagravio le encargaron pintar la Capilla Sixtina, nunca se repuso de aquél episodio. Su proyecto, aquél que se podía haber convertido en el cénit de su carrera, fue considerado por el artista como el fracaso de su vida. De hecho, el fracaso se ligó con la obsesión, y desde 1505 hasta 1542 Miguel ángel fraguó seis proyectos diferentes. Cada uno de ellos era más reducido que el anterior, cada concepción simplificaba más aún el monumento funerario de Julio II, pues los sucesores de este renovaban el contrato cada vez con fondos más escasos.


Quizás, en un primer golpe de vista, lo que capta la atención de quien entra en San Pietro in Vincoli sea esa hilera de columnas que pertenecieron a Pilato. Al fondo, a la derecha puede verse una estructura de dos pisos donde descansa Julio II; y ahí está él, el Moisés de Miguel Ángel.
Su faz marmórea rebosa expresividad. Conserva en su cerviz la grandeza de quien lideró al pueblo elegido contra los Egipcios y los condujo a través del desierto. En su rostro se contiene rabia, cierta ira, pero también una expresión resignada, el intento de dominarse a sí mismo. Dicen que representa el momento en que Dios, tras darle las Tablas de la Ley, le anuncia que no verá la Tierra prometida. Otras teorías afirman que capta el instante en que ve a su pueblo adorando al becerro de oro. Sin embargo, hace poco leí que es un autorretrato, en cierto modo, del propio Miguel Ángel. Su frustración ante su mecenas, el dolor por sentirse menospreciado, la rabia que sintió al arrastrar durante años un encargo que nunca cumplió sus expectativas. Personalmente, habiendo visto su portentoso David, o la magnífica serenidad de su Piedad, yo siempre me he quedado con el Moisés, tal vez por su sencillez, por el delicado trabajo que entraña algo a simple vista sencillo. Tal vez, el artista florentino no imaginaría que la obra que para él era el recuerdo de un fracaso, para muchas personas, como yo, sería la síntesis de su arte.


A veces, como el propio Buonarrotti, nuestras expectativas son muy altas, demasiado altas. A veces, no cumplirlas nos decepciona y en cierto modo nos frustra. A veces, ni tan siquiera tenemos un Papa irascible como era Julio II, que llegó a atizar con un bastón a Miguel Ángel, a veces somos nosotros mismos los que nos damos bastonazos y no nos permitimos disfrutar de nuestros logros, pues no son tan buenos como creíamos que iban a serlo.


Esta entrada está dedicada a quien por mucho tiempo ha sido el profesor sin pretenderlo, de Historia del Arte de cierto sector de la blogosfera hispalense.
Espero que su reflexión veraniega no le lleve a cerrar su puesto de agua; espero que se convenza de que a pesar de no haber realizado el que podía haber sido el mayor monumento funerario del Renacimiento, sea capaz de valorar que sin cumplir todas sus expectativas, puede crear un Moisés elegante y bello, y un puesto de agua, que con más o menos frecuencia en su actualización, a muchos nos gusta visitar.

viernes, 9 de julio de 2010

Consejos veraniegos





El verano, tal vez por su naturaleza relajada o por la espiritual experiencia de la siesta, que se fomenta más que en otras épocas del año, es un periodo estupendo para la reflexión, la meditación, la conversación, la tertulia y ¿por qué no? La filosofía.
Mi hermano y yo, que nos retrotraemos en momentos del día a tiempos de la infancia ya pasados, en los que sólo hablas de chorradas cargadas de verdad, andábamos el otro día disertando sobre temas marítimos, más concretamente del baño playero, otro momento para mí de alto contenido disertativo. Atendiendo a la máxima de “al mar hay que tenerle respeto, no miedo” pues él y yo siempre fuimos de esos que dicen “hasta la boya y me vuelvo”, concluimos que todo se reduce a dos reglas básicas: No te bañes borracho, y es mejor estar donde no haces pie, pues nunca sabes que podrías pisar. Mucha gente no está de acuerdo con esto último…. ¡ay! ¡Que equivocados están! He comprobado en mis propias carnes cuanto de cierto hay en eso de no tocar fondo, y no fue queriendo; es decir, no es que por mi afán investigador y empírico dedique mis escasos y salteados días de playa a demostrar esa teoría. Lo recuerdo y me entran escalofríos… estando en animada conversación con mi madre dentro del mar, de pié, con ambos pies en el fondo, noté como algo mordía mi pie derecho… No me dolió, lo que fuera no tenía unos dientes muy allá pero… ¡Buaaaa! Lo dicho, escalofríos al recordarlo… Una sensación desagradable, un repeluco… Menos mal que ese amor que hay en mi familia por las playas semi-desiertas hizo que mis chillidos de histérica tampoco formaran el jaleo que podían haber causado en alguna que otra playa que se me viene a la mente…

Así que como cada uno aporta lo que sabe, este es mi consejo veraniego, el fondo del mar no es lo que parece…

jueves, 1 de julio de 2010

El cuarto


Le he dado muchas vueltas a cómo afrontar esta entrada por tercera vez… incluso pensé no poner nada. Este año parece que mi desgana al pasar la barrera del 1 de Julio aumentó… La edad, las manías, o simplemente que no es mi momento imagino que se han sumado este año que alcanzo el cuarto de siglo.
Quisiera que fuera cierto eso de que cada año se es más sabia y no más vieja, creo que ya lo dije alguna vez, pero es que cada vez siento que sé menos; o puede que últimamente esté aprendiendo tanto que el contraste es muy grande.

Siempre cumplí años cuando concluía el curso, y en cierto modo mi calendario se ajusta más a cursos que a años naturales. Esta nueva etapa traerá muchos cambios, nuevas aulas, nuevos compañeros, libros… e incluso al fin seré usuaria del metro sevillano, el cual aún ni he probado.
Espero al fin centrarme dentro de mi desorden natural, no olvidar como he llegado hasta aquí (aunque no esté muy lejos), renovar el DNI, que el hígado me acompañe, que las personas vayan, vengan y se queden, según sea mejor para ellas y para mí.

De todas formas, por poco que me guste esto, siempre me agrada seguir cumpliendo con vosotros.

El año pasado Ludwig me dijo que lo peor era a los veintiséis, cuando te das cuenta de que los treinta están cercanos… vaya tela como tenga razón….

viernes, 25 de junio de 2010

El día que no le conocí…


Azares de la vida, hoy podría haber conocido a ese singular personaje, a ese ser irónico y mordaz que a mí me despierta admiración y ternura… Pero no ha podido ser. Puede que me haga mayor, puede que tomara conciencia de que no lo puedo llevar todo a la vez para adelante… He decidido quedarme y hacer algo burocrático que me abre la puerta a seguir mi camino, tal vez esté iniciando una nueva vida con esto.
Me entretengo pensando que tal vez todo habría sido en vano, y a pesar de haber ido, finalmente solo lo hubiera conocido de vista, o con un saludo muy escueto. También fantaseo con que un breve comentario, un chiste oportuno o cualquier casualidad podría haber despertado la exquisita atención de mi admirado caballero. Una conversación con él bien vale un Imperio, pero parece que no el mío, o simplemente como he dicho antes, a veces hay que pensar con la cabeza. Por eso aunque me ronde todo el tiempo la mente el pensar “Que habría pasado si…” no me arrepiento, sé que estoy haciendo lo correcto y que voy a andar sobre seguro, aunque no sea siempre ésta mi tendencia.

Agradezco a quien se preocupó de llevarme a cumplir uno de mis sueños, pero puede que sea mejor así, y quien sabe, tal vez algún día sí conoceré a este señor, y entonces pueda contarle que existió el día en que no le conocí…

viernes, 18 de junio de 2010

Mi amigo Sergio…


Mucha gente dice que un blog es un espacio personal, de intimidad compartida. Muchos otros dicen que es un gesto egocentrista, al considerar que lo que uno escribe le puede interesar a alguien, y puede que también esto sea cierto. Mi amigo Sergio dice que un blog es lo que antiguamente era un diario. Si esto es cierto, el diario de Sergio sería de lo más extraño, un niño empeñado en llenar páginas con calles, edificios, plazas… Eso sí, el bloguero del que hablo no es un egocentrista, él realmente tiene muchas cosas y muy interesantes que contar en su ventana.
Sobre Sergio podría decir muchas cosas más, aunque no lo conocí de niño para saber cómo era su diario. Hará más de dos años que apareció una tarde lluviosa en Vizcaíno. Antes de eso, como a muchos otros, ya lo conocía en cierta manera a través de sus Sevillanadas. Es curioso la polisemia de la palabra blog, pues además de todo lo referido antes, también ha sido para mí, sin proponérmelo, una herramienta para conocer a gente fantástica, como es el caso del General.
Podría seguir cronológicamente diciendo cosas, pero no me salen, se me disparan los recuerdos desordenados a noches de Miércoles Santo y contenedores, a muchas llamadas para preguntar simplemente “¿cómo estás?”, a frases o anécdotas que cuenta con gesto serio y que son para morir de risa. Con ese batiburrillo de cosas es difícil definir o hablar de alguien. También podría tomar prestado el concepto que un día soltó mi hermano al preguntar: “¿Ese quién es? ¿tu amigo el grandullón con pinta de noblote?” Ese también es Sergio, que ojo, esta peregrina descripción fue constatada por Ester (ella es así, sin “h”) y si ella lo dice, ya no hace falta más, así es.
El tres de Julio Sergio dejará de ser un bloguero soltero, aunque tras tantos años con la chica que no tiene “h” muy soltero tampoco estaba. Será en Los Gitanos, no podía ser de otra forma, y espero que el calor de ese día no sea del todo letal.
Es complicado hacer esto, cuando hago algo así suelo ponerme cursi o soltar algún chiste malo para aflojar la tensión; así que es mejor ir cortando ya, y no deseando suerte. No la deseo porque a Sergio y Ester no les hace falta, además, a veces creo que desearla atrae lo contrario, y ya a mi edad no puedo luchar contra mi propia superchería.

Sea muy feliz General, disfrute de su día y de los años que le quedan por delante, no se cabree demasiado, y lo más importante haga un buen ramo de anécdotas para el futuro.

domingo, 13 de junio de 2010

Prevención para la vida y para la muerte


Venimos al mundo desnudos, llorando, débiles, sin manual de instrucciones y sin ninguna prebenda que nos ayude.
Venimos tal cual, nos visten y alimentan, comenzamos a equivocarnos repetitivamente, y esa sucesión de ensayo y error es aprender, que en definitiva es vivir.
Algunos nos intentan ayudar, nos enseñan lo que saben, nos ponen obstáculos para que aprendamos a saltar. A veces nos creemos en una falsa sabiduría, en un dominio inexistente de algo, en un control que no es más que un espejismo. Puede que eso sea lo que provoca un vuelco en el corazón a cada poco, unas cuantas noches de insomnio, miles de cavilaciones y preguntas.
Estas líneas, este rollo macabeo, son las divagaciones de quien ni por asomo se acerca a una idea de lo que le rodea, lo que le depara la vida, su destino. Este variado de palabras torpes son un intento de clarificar lo que no es claro. Estos rodeos plasmados y traducidos a ceros y unos, puede que estén provocados por acercarse al cuarto de siglo de forma fatídica e irremediable, por sentirse tan ignorante como con su primer pañal, insegura como cuando aprendió a andar agarrada a un bote de toallitas, con una incertidumbre que a veces incita, a veces asusta.

Por suerte para mí, hay quien sí supo sintetizar una breve idea de lo que se debe saber a cierta edad, de lo que debe tenerse en cuenta, de lo sustancial e indispensable. Al fin y al cabo, don Francisco tuvo tiempo sobrado para pensar, reflexionar y escribir con maestría. La muerte, como parte inseparable de la vida, la fortuna caprichosa que nos maneja o el paso del tiempo, imparable y justo, son cosas que pude aprender de Quevedo, y es que a veces los conceptos barrocos son más actuales de lo que parecen.



PREVENCIÓN PARA LA VIDA Y PARA LA MUERTE



Si no temo perder lo que poseo,

ni deseo tener lo que no gozo,

poco de la Fortuna en mí el destrozo

valdrá, cuando me elija actor o reo.


Ya su familia reformó el deseo;

no palidez al susto, o risa al gozo

le debe de mi edad el postrer trozo,

ni anhelar a la Parca su rodeo.


Sólo ya el no querer es lo que quiero;

prendas de la alma son las prendas mías;

cobre el puesto la muerte, y el dinero.


A las promesas miro como a espías;

morir al paso de la edad espero:

pues me trujeron, llévenme los días.




Francisco de Quevedo y Villegas

Foto: Por cortesía de Moe de Triana

jueves, 27 de mayo de 2010

Volver


Soy un animalito de costumbres para muchas cosas. Suelo hacer siempre unos recorridos fijos, por determinadas aceras y caminos. Por las noches, cuando escapo de los amaneceres que parecen perseguirme, paso siempre junto a las mismas ventanas, me reencuentro con el olor a suavizante de esa vecina que adora poner la secadora por las noches, y esquivo algún que otro seto que ha crecido más de la cuenta y pretende interrumpir mi camino. Dentro de poco, en esta recta final, me detendré junto a una dama de noche, y aspirando su perfume, intentaré retenerlo hasta entrar en el portal; allí desaparezco como el sonido de mis pasos que por unos instantes perturbaron el silencio de la calle.
Últimamente reparo en estas cosas, y en los regresos en sí. Todos los caminos de vuelta, ya sean de tomar un café, de un viaje a Praga o de una hermandad de Penitencia que abandona la Catedral, tienen en común lo agridulce de su sabor. Se entremezclan los recuerdos mejores y peores, la alegría de lo vivido, la pena de que termine todo, los pensamientos, las reflexiones de todo lo ocurrido, conclusiones… En ocasiones cansancio en la espalda, y en otras ocasiones cosas peores; pero todo parece formar parte del proceso de volver.
He vivido nuevos caminos de vuelta últimamente, además, he cambiado el romanticismo de los ferrocarriles por el autobús, otro diverso mundo digno de estudio, y me reafirmo en lo que siempre pensé. A veces da alegría volver a casa, pero suele quedar la sensación de aquella sevillana rociera que decía “¡Ay qué triste es el camino cuando se viene de vuelta!”

martes, 27 de abril de 2010

De perfume, albero y manzanilla


Desde una radio María del Monte cantaba aquella sevillana que fue de las primeras que de pequeña me aprendí; “yo iba de peregrina y me cogiste de la mano…” Eran cerca de las ocho de la mañana del Domingo de los Fuegos, y aquello parecía ser la despedida de una semana de Feria. El resto de la clientela eran parroquianos, madrugadores, trabajadores, paseadores de perros… Nadie parecía tener los zapatos tan llenos de albero como nosotros, nadie lucía esa cara de felicidad y cansancio.
Ha sido una feria muy fugaz, se me ha pasado volando. Ha sido una feria diferente, como lo suelen ser todas, ha sido divertida, cansada, completa… Todos los años me propongo que esta sea mejor que la anterior, y creo que todos los años lo voy consiguiendo.
Como en las entradas anteriores, me vuelve a quedar esa resaca nostálgica, esa sensación de las cosas que faltaron y las que no; aunque no lo quiero pensar mucho…
Me gustaba pasar cerca de los trajes que aún no habían pasado por la lavadora, ese aroma que desprendían, mezcla de mi perfume, albero, manzanilla. Esa síntesis sensorial me resume la semana de una forma que no sería capaz de expresar con palabras, por más que usara. Es un resumen de días y noches, de risas, bailes, conversaciones más o menos formales, cosas que se dicen y se callan porque en cualquier caso, es mejor así… Y es que esta semana para mí supera con creces la Navidad, es tiempo familiar, de buenos sentimientos y compartir, pese a esa figura tan sevillana como es el “gañotero” y su versión femenina, que también existe evidentemente.
Me ha dado una pereza increíble recoger todos los avíos que tenía desparramados por el salón aunque he tenido que hacerlo, para cerrar este ciclo, para que mi madre no me chille…
Y como en todo, ya sólo queda esperar al año que viene, a pensar en el próximo traje, a esperar a ponerme el nuevo de este año, hoy por hoy mi favorito…
Vendrá la Feria otra vez y no será la misma, y eso será lo bueno. Este año ha habido cumpleaños, verdades humanas que han salido a flote con gestos, estrellas a los que han agasajado los camareros, controles de alcoholemia milagrosamente superados por la bondad de la benemérita, actuación de los “del vaso” y ratos que conservaremos para siempre, igual que a veces me da por guardar claveles secos…
Pensando en todo esto, me acababa la tostada, y esa sevillana de María del monte que había sonado por casualidad se acababa, reparé que yo nunca había entrado en ese bar, que está muy cerca de mi casa pero que en la vida lo había pisado; y quizás es otro milagro de Feria, acabar descubriendo que ese rincón de nombre rociero no está tan mal, ni es tan cutre como parecía…

martes, 13 de abril de 2010

Primavera, esa surreal rutina




Hay un Niño Jesús vestido de turco que da vueltas en mi mente… Hay un vestido de flamenca un puñado de tallas menor que su dueña, que mal rato he pasado hasta que todo se arregló… Queda cera en el asfalto y eso me pone feliz a la vez que triste… He vuelto a usar mi amuleto de la suerte, no me puedo librar de mis supercherías. Tengo un resfriado desde hace más de dos semanas y no me deja… quiero estar bien para Feria, lo necesito, pero parece que eso no va a ocurrir… He hecho como cuando era pequeña, vapor, eucalipto y nada… Tengo los labios quemados porque aunque la gente vaya en manga corta y las guiris en chanclas, no, no estamos en verano. Los marmolillos, separadores urbanos o como se llamen de la Alameda han resultado ser perfectos al fin… El viernes acabé cenando una pizza en la calle pasada la medianoche y resultó que estos cimborrios tienen la forma perfecta para apoyar la caja. Tengo hambre y sueño a horas extrañas, aún no me acoplo al horario normal, sigo con el de Semana Santa…
Y usar pañuelos de tela como las mujeres antiguas tiene su parte negativa, si te quedas sin reservas hasta la siguiente lavadora, es un tema…


No sé si es astenia primaveral o sólo surrealismo diario pero estos días son algo raros para mí…

martes, 6 de abril de 2010

Una semana, mil detalles…


Cerraba al fin los ojos, había sido un día muy largo… Entonces sentí aquella sensación, ya ni me acordaba… Siempre que acabo una Estación de Penitencia me ocurre lo mismo; cuando estoy en la cama siento la sensación del antifaz en mi cara. Era raro, no me acordaba de aquella tontería, pero me gustó sentirlo. Quizás ha sido esa, la Semana Santa de “la tontería”, las pequeñas cosas, el detalle milimétrico o a veces grande que ha ido hilando cada momento, cada día… Con miles de pinceladas como la del final de ese Martes Santo, podría contar la semana, del derecho y del revés, con orden, sin él… Podría empezar por el Domingo de Ramos, día que comenzó trianero y acabó amargurista…
Detenerme en Bárbara que ponía sellitos en la puerta de la Estrella, en ese trozo de calle Feria que llegó al Altozano con chicharrones incluidos… Podría saltar al Jueves, que fue día de sagrarios, mantilla por supuesto, y monaguillitos del Valle que me agasajaron de caramelos por aquello, por llevar mantilla… Recuerdo a uno que tendría no más de cuatro años y me decía: ¿Sabes que estas cartas se llaman estampitas? El Miércoles con ellos, que de risas, que de incienso… Me viene a la mente la imagen de cierta persona con la cabeza casi dentro de una tuba de Tejera y me tengo que reír recordando esa tarde-noche, con alegría, con nostalgia… Firmaría para los años venideros una Estación de Penitencia como esta, la firmaría en cuanto a lo personal, al camino, al tiempo, a la proximidad con el palio, el discurrir de la cofradía en general ya sería para analizarlo en otro lado… se me partía el alma el Lunes comprando el pan, con la radio puesta, sabiendo que tras un antifaz de San Pablo yo conocía uno de esos rostros que no paraba de llorar… Y la Madrugá… muy corta para mí este año, pero no se puede estar a todo… A veces la Semana Santa son ritos cambiantes, unos se incorporan, otros se aplazan, y benditos sean, benditas incorporaciones como esa foto con mi Virgen de los Desamparados el Jueves Santo, acompañada de más mantillas, más mantillas como las que me crucé en la calle Gerona entre las cuales no estaba Reyes, pero lo dicho, en años venideros…

El milagro de un Viernes sin lluvia era el regalo para ese muñidor que se retira, una pena, nunca conocí otro rostro que no fuera el de ese hombre portando la campana y ahora… El Sábado hubo un estreno, en mi opinión merecido, méritos propios hizo una hermandad con más empeño en recuperar que en crear algo que bajo mi punto de vista aporta poco, y sólo es mi opinión, pero el catálogo de misterios grandes y dolorosas guapas de ojos claros ya estaba saturado… Y tras eso, la Soledad, la plaza, las saetas reducidas… Algunas ausencias, algunos nuevos y algo que no cambia, el cierre de la puerta, un año más… Me encanta ese momento, y desearía que no llegara nunca…
Me habría quedado en la sacristía el Martes Santo departiendo y reponiéndome con mis hermanos, en una oración silente el Jueves en el convento de las Clarisas, me habría quedado frente al Jano viendo La Mortaja, en la primera trasera revirando que nos regalaba la Virgen de la Paz o admirándome mil veces en el genial cortejo Servita… incluso antes, en el eco que me llegaba de una saeta, o mucho, mucho antes, en el traslado de el hijo de Dios que lloraba como hombre el Viernes de Dolores… pero no pudo ser, las cosas pasan, la Semana Santa tiene que durar lo que dura, con sus excesos, sus defectos, sus infinitas cosas buenas, y tiene que empezar, y acabarse para echarla de menos, para volver a esperarla, para que mi bolso mantillero repleto de estampas montesioneras duerma el sueño de los justos, para que la Madrugá de aguardiente vuelva a saber a gloria… al fin y al cabo lo decía Sergio, ya ha empezado la Semana Santa 2011.

domingo, 28 de marzo de 2010

Carta a Lucía


Querida Lucía:




Sé por tu padre que ya el año pasado empezaste a pedir cera, y vaya mundo es ese…



¿Sabes? Yo también tuve una bola, una que empecé un Viernes Santo con el papel de plata de un sándwich que merendé… A tu padre le gustó aquella historia, porque ahora que no nos lee nadie te contaré un secreto, a los mayores nos da pena no tener bola de cera. Yo, cuando veo a algún niño sacar la suya y como un nazareno le ayuda a hacerla grande, de verdad que me da envidia no tener la mía…



Espero que tengas mucha suerte en esta semana, y tu bola crezca mucho, mucho. Hazle caso siempre a tu papá, si te dice que no es buen momento para pedir cera será por algo, y tranquila, hay muchos nazarenos y muchos días para seguir pidiendo. Los que van vestidos de negro no son malos, pero son de hermandades en las que no les dejan dar cera, no te enfades con ellos… Intenta conseguir cera de los nazarenos que tienen cirios de colores, es muy bonito como queda en la bola… No intentes darle en casa con las velas de cumpleaños, la cera rosa es muy cursi y se cae, es de mala calidad. No le tengas miedo a la cera, está muy caliente pero no quema, no te hará daño, aunque siempre hay que tener cuidado; además, sé que tu padre te ayuda, no dejará que ocurran lamentables accidentes. Con el tiempo verás que es hasta divertido quitarse la cera seca de las manos, o al menos a mí me gustaba hacerlo. No pierdas la bola, es un rollo tener que empezar una cada año. Yo solía mirar la mía durante el resto del año, para ver que no la había perdido…



En fin, que ya no te entretengo más, que te tendrás que ir ya. Espero que tú y tu bola paséis una buena semana, y recuerda que dentro de poco tendrás que ayudar a Martín con la suya.



Un beso muy grande






Mercedes

jueves, 25 de marzo de 2010

ESPERANDO SIN ESPERAR


Inesperada, con altibajos, intensa y atípica…

Comencé sin ceniza en la frente, con un virus que pensé que no me dejaría nunca, pero sí que lo hizo… Luego comenzaron los Vía Crucis suspendidos por la lluvia, las citas en los templos, los encuentros en otros templos, los que tienen barra… Comenzaron miles de mensajes (benditas redes sociales), intercambios de opiniones y pareceres… Ritos individuales y comunes, tal vez lo que me hace unirme a ellos es lo poco que coincidimos, aunque claro, estamos tan de acuerdo en lo esencial, que lo otro, lo que no compartimos no es más que abanico de color provocado por el gusto… Además, la Cuaresma siempre es un “volver a casa”, volver al barrio que no es el mío, ni tan siquiera es barrio… Volver a sentir todo más cerca, reafirmarme en lo que pienso, lo que creo, a mi manera claro…
Hubo nuevos compañeros con los que compartir el tiempo de la espera que no se para a esperar, hubo muchas noches en el Garlochí, y mucho, mucho incienso… Zapatos nuevos para el Martes Santo y miles de preparativos lentos y callados.
No dejaban de ensayar las bandas, y la tradición de San Bernardo se reafirmaba en la columna que invisible tiene marcado el tramo y nuestros nombres.
Y con los típicos dimes y diretes, noticias de todo tipo, llegaron los atriles, y los atriles pasaron… Perdón por no detenerme en ello pero ¿hay pregón más bello que el cartel de Capirotes de la calle San Esteban? Para mí no… Y ese naranjo… a menudo lo recuerdo, en una noche de lluvia, ya de retirada, mojado y frío amenazaba su azahar con perfumar Levíes y alrededores; admiré su estoicidad pero en aquellos días me parecía imposible que pudiera producirse el milagro del aroma sevillano por excelencia… No hay verso, ni prosa poética capaz de igualar esa estampa de Febrero; a menudo lo recuerdo… ¡debe estar cuajado ahora!
Y el cambio del barrio, en el que sí vivo… En tiempos este era el lugar menos cofrade de Sevilla… Los niños miraban extrañados a los nazarenos celeste y crema que salían del portal, y nada en estas calles parecía alterarse durante esta semana. Sin embargo, desde hace tiempo la tónica cambió. Desde Septiembre al anochecer resuenan marchas a lo lejos, mejores o peores, pero me encantaba bajarme del autobús a pie de ensayo… Y el incienso ya hasta se desliza por los portales, también lo pone el que vende los periódicos y de las ventanas se escapan sones de filarmónicas, agrupaciones… Es agradable ver como todo el mundo se prepara, como el viento pega fuerte en los cristales mientras escribo y a lo lejos, junto al polideportivo no cesan los tambores…

Ha sido dulce, celérico y acompasado, algo raro, diferente, como cada año… Agradezco a todos los que han compartido algún ratito de estos cuarenta días conmigo, agradezco que el azahar llegara aunque fuera tarde, pido a la lluvia que descargue ahora y no la semana que viene, y espero que todos pasemos una buena semana. Deseo una buena Estación de Penitencia para Ramsés y Sergio en la Madrugá, para el Andréu y Leticia que hacen doblete, cada uno a su manera, para Esther que lleva esperando el Lunes Santo desde hace un Lunes Santo, para Diego, que se ha propuesto batir su record cofrade de tres hermandades, para Luís y Rafael que son compañeros de día en diferentes hermandades igual que Julio… Pero todo el mundo hace estación a su manera, Víctor con su uniforme azul del Sol, Antonio como padre que enseña a las nuevas generaciones todo esto, para que luego elijan y se queden con lo que quieran, y de una forma u otra espero que todos encontremos en esta semana lo que buscamos.

jueves, 4 de marzo de 2010

Carta abierta a un pintor


Las citas o frases retóricas y manidas, en lo referente a la vida o el tiempo vivido siempre aluden al hecho de que vamos acumulando experiencias, vivencias, cosas buenas y malas que conforman lo que para mí es la verdadera edad. Luego está la cronología, la que marca el DNI y a efectos legales es válida. A efectos legales, tú has completado el cuarto de siglo como hacen y harán a lo largo de este año todos los procedentes de la bendita cosecha del 85, servidora incluida.
Puede que en los últimos meses vivieras más que en años anteriores, o puede que no, tal vez yo no te conozca tanto, tal vez yo no sea tan inteligente como a veces parece… Pero si estoy segura de que para bien o para mal, estos meses te han servido. La vida tiene extraños mecanismos para hacer que nos replanteemos las cosas, todo aquello en lo que creemos, nuestra relación con los demás y con nosotros mismos. Por eso mismo nunca se para de crecer, de aprender… Mira estos veinticinco años, analízalos y ríete de todo cuando tengas cincuenta porque en algunas cosas te costará reconocerte. Evolucionarás igual que tu pintura, esa que pasa anodina entre viajeros de TUSAM todos los días, ignorantes, la gran mayoría de ellos, de la alegría que sentimos los que te conocemos al ver pasar fugazmente tu arte.
Hace mucho ya que no creo en la casualidad, creo en lo inevitable, todo pasa por algo, para algo… De igual forma que mi madre quiso que entrara en el Colegio Alemán, y al final no fue así, impidiendo que nos conociéramos entonces, seguramente estaba escrito que tendríamos que encontrarnos en la vida, y ocurrió por otros derroteros…¿casualidad? Para nada… Sinceramente es una pena, me encantaría haber aprendido alemán, pero al fin y al cabo esta tontada es para que siempre tengas presente eso, cada vez que te ocurra algo, bueno, malo o regular recuerda que es “por algo, para algo”, si eso consigue ayudarte alguna vez, me podré alegrar de que no todo lo que te aporté en lo que llevas vivido fuese la adicción al té de canela, el buen vino o el orujo gallego…

En fin, empecé esta epístola pública con poca idea de lo que iba a decirte, y ahora veo que he seguido escribiendo con esa misma idea… Por otra parte ¿qué te iba a decir? Ya sabes lo que dicen; quien no tiene talento enseña, y no quiero convertirme en eso.
Puede que si sea la felicitación más rara que te hagan llegar, me conformo con ese privilegio… Una lástima que la alerta de Google no te notifique que tu amiga la rara te dedicó un desvarío, y sólo se de cuenta de que utilicé tu nombre…

Sea como fuere, aprende, lucha, equivócate, acierta, cuida a tus amigos, no escuches a nadie, pide consejo, inventa, crea, grita cuando no puedas más, mezcla colores tú que puedes, escapa de la mediocridad, usa baños sin puertas, ríete de tu sombra y llora cuando te lo pida el cuerpo… todo eso, que no es poco, en este año que estrenas, y sobre todo, se tú en cada momento porque nunca más volverás a tener veinticinco años.

Muchas felicidades Daniel



Imagen:Daniel Franca

miércoles, 17 de febrero de 2010

No te había olvidado


Casi, casi por sorpresa. Así siento que llegas este año, y no porque me hubiese olvidado de ti, eso nunca, pero es que 2010 pegó el pistoletazo de salida y todo fue celérico. Mil cosas, buenas y menos buenas, se vinieron encima. Me he volcado en muchas cosas, y lamentablemente, descuidé otras. Los vaivenes del diario, y porqué no decirlo, el Carnaval, me han tenido distraída en estos tiempos, y realmente puede que sea mejor así. Este año no he languidecido esperándote como me ocurrió el año pasado, cierto es que entonces fuiste para mí bálsamo y salvavidas que por suerte ahora mismo necesito menos. También será que este año no he molestado a todos los que estaban cerca de mí con la dichosa mantilla; que este año duerme el sueño de los justos dentro de una caja decorada con tulipanes; aunque pocos saben que tampoco me he olvidado de eso, y muchas noches sueño que vuelve el Jueves Santo con más luz si cabe que el año anterior. También llegará el Martes, mi Martes Santo, ese que es Gloria del cielo hecho capa en la Puerta de Carmona, mi tristemente revuelta Puerta de Carmona… Pero precisamente para eso sirve el Martes, para que la ojiva se abra a esa hora que cualquier otro día sería de sobremesa pausada, y entonces, todo importe menos, todo de más igual. Los errores y aciertos, las palabras que se dijeron y las que nunca debieron haberse dicho quedan obsoletas, importan menos que los papeles de prensa morada que muchas veces llenamos con cosas poco agradables y en Él y su bendita Madre, encontramos la unión que no está muchas veces en otros lugares, en ellos existe el perdón y la respuesta…

A partir de ahora te prometo la entrega que no he tenido en pre-Cuaresma, prometo que aunque no olvide, si quedarán más de lado las coplas de Bienvenido, el Coro de Los Niños, Vera Luque, e incluso esos Jartibles que no lo eran de ver pasos sino de picar a diestro y siniestro…

Mañana se levanta la veda, el incensario que relego a esta fecha volverá a perfumar, cumpliré las tradiciones a la sevillana manera (cualquier cosa repetida en más de dos ocasiones es tradición) como la cita en San Bernardo, inventaré algunas nuevas y disfrutaré de ti en 40 días que uno a uno nos llevan al fin y el principio de todo lo que dio sentido a nuestra historia, nuestra ciudad y gran parte de nuestras vidas.

Un año más, bienvenida, y como siempre, mil veces gracias por llegar en tu tiempo.

domingo, 24 de enero de 2010

El peso de la mano izquierda


No sé si será toda la gente que nos dedicamos a lo social, o soy yo, que nací especialmente puntillosa, pero por mal que pueda sonar a primera vista, me está mosqueando el tratamiento social que se le está dando a Haití.
Para intentar que se me entienda un poco diré antes de nada que no me creo en posesión de la verdad, que no juzgo a nadie y que no pretendo que todo el mundo sea igual que yo; dicho lo cual, no pienso unirme a ningún grupo del facebook de apoyo a Haití, no pienso reenviar correos o eventos tuenti de la catástrofe, y en ninguno de mis nicks o estados voy a ponerme nada alusivo ¿por qué? Pues porque yo podría hacerme de mil grupos, mandar dos mil eventos y tatuarme Haití en el brazo izquierdo, y eso no haría que mi solidaridad con ellos fuera mayor de lo que lo es ahora. Mi colaboración con esta causa la conocerá quien tenga que conocerla, por aquello de que no sepa tu mano derecha lo que hace tu izquierda… Y lo que más me pesa, es ese arraigado sentimiento que tengo de remordimiento, y tal vez este me impide hacer todo lo que he dicho antes… Hace un mes, o tres semanas, yo, al igual que gran parte de la población, no sabía situar Haití en el mapa, y por descontado, vivía sin reparar en cuán pobre era aquel trozo de tierra de este infame mundo… Por supuesto lo sabía, pero la anestesia de la vida diaria nos hace que vivamos sin pensar la situación de los presos políticos en Irán, del hambre en Mali, de la guerra en Costa de Marfil… Todas estas cosas se quedan en el mejor de los casos, en un rincón de nuestra mente donde estorban poco; porque no llenan las páginas de los periódicos ni se habla de ellos en la panadería… Luego ocurre algo como esto, una catástrofe que de haber ocurrido en Tokio tal vez sólo habría causado algunos daños, pero nunca algo como lo que ha abierto los telediarios; y entonces se despierta la cohesión social, la conciencia colectiva de lo afortunados que somos nosotros, que vivimos sin pensar lo condicionante que es el lugar donde nacemos…
Y por eso, por convicción y por vergüenza, mi mano izquierda hará lo que crea conveniente, sin decirlo a nadie, sin mostrarlo ni publicarlo, no porque yo sea una santa, que nadie se engañe, es para ahorrarme la vergüenza que sentiré de mí misma cuando en seis meses o un año, Haití siga igual de necesitado o más, y aquí, en el lado afortunado del planeta, ya nos hayamos olvidado de ellos, sus montañas de muertos y su desgracia, y no hagamos campañas ni hablemos de ello en el desayuno.

lunes, 4 de enero de 2010

Otro año más sin darme cuenta….


ENERO

Empieza el año y desde la primera noche ya todo parece desbordar las previsiones, para bien y para mal… Estreno El Graderío de la Catedral, esa columna que amo y maltrato; pero lo peor entre otras cosas, es ese desfase informático que sufro el mes anterior, el cual me hace estrenar Enero con cámara y portátil nuevos. Aún hoy, extraño a aquella cámara.
Un pony se desinfla por mi habitación, y algún proyecto loco me entretiene los días.

FEBRERO

Llega el Carnaval a mi vida de una forma más plena, y una decepción más plena aún cuando le pegan “el cajonaso” al Selu con mis Enteraos de mi alma… Vuelvo a pasear por Madrid, llega la ansiada Cuaresma y llegan a mi vida las botas más bonitas del mundo. Un par de asuntos enturbian mis intentos de felicidad, aún no sabía que eso me iba a traer algún disgustillo más…
Cambio de loock y recupero el flequillo que no tengo desde que era pequeña.


MARZO

Por primera vez voy al Circo del Sol; me ilusiono como una niña, y me gusta como a tal.
Vuelve mi Cristo a pasear por su barrio y es otro indicador más de que tras la ceniza vendrá la semana de la luz.
Mi madre, como todos, sigue haciéndose mayor, cumple una edad importante y no tiene la fiesta crucial que otros amigos si han tenido al cruzar ese ecuador; aún me siento culpable por ello….
En San Bernardo tal vez comienza una tradición para cierta gente que no se conforma con escribir y guardarlo en un cajón; me siento afortunada por conocerlos y porque formen parte de mi vida.
Estreno Nuevos Albores de Primavera, ese blog que desatiendo hasta la vergüenza, pero que algún día trataré como se merece y entonces… será maravilloso, o eso espero…
En la frontera de este mes y el siguiente se produce un cambio que a día de hoy sigo pensando que aunque duro fue para mejor, lo que está por venir es muy grande y nada lo puede nublar…


ABRIL

Llega el estreno de la mantilla, la semana más grande para mí. Sevilla nos regala un cielo tan azul como la capa de mi hermandad y todo es tan intenso como se podría desear. San Lorenzo es siempre punto de inflexión entre la pena y la alegría, final y comienzo nuevamente de todo…
La Feria es otro punto de inflexión, torbellino y alegría, encuentro y amistad sincera aunque muchos no lo crean.


MAYO

Otro año más sin pisar la Aldea, y desde las cubiertas de la Catedral todo parece más bello, sueño de despiertos y disfrute de quien ama las piedras hasta la línea de lo incomprensible.
La vida parece celérica y pausada a la vez; me cuesta encontrarle el sentido a ciertas cosas pero a la vez, cada cosa recobra su lugar. Mi hermano se marcha a Madrid y el pregón de las Glorias me redescubre que hay vida tras el Domingo de Resurrección. La Feria del Libro y Paco Gallardo me recuerdan que me gusta juntar letras, y que no debo dejarlo.


JUNIO

Con la ceremonia de graduación renacen sentimientos de compañerismo, vocación y ganas de comerse el mundo si el mundo se deja…
El Betis pide a gritos lo que un sordo le seguirá negando no sé por cuánto tiempo y Lucía da el primer paso a su vida de casada. Despide su soltería con un hombre fascinante en una noche surreal en la que su gata acaba pariendo a los pies de mi cama cuatro mininos que parecen de peluche.


JULIO

Este mes siempre comienza con mi cumpleaños, y con mis pocas ganas de celebrarlo. En esta ocasión atravieso la frontera en la Casa de Hermandad, rodeada de muchos a los que quiero y no me parece un mal comienzo.
Al fin Lucía se casó, y yo siento que me hago mayor en ese momento.
El Rocío sigue vivo en verano y cualquier época del año parece buena para estar por la Aldea.
He comenzado una andadura por las discotecas y terrazas de esta ciudad, que me
proporcionan esparcimiento y me dan un toque petardo que hacía tiempo que no tenía…
Paso unos días en Madrid, unos ratos con mi Sister y el verano sirve para lo que es, para hacer poco…


AGOSTO

Amsterdam, pequeña, cosmopolita, libre, encantadora, multirracial, tradicional, no demasiado limpia, extrema y equilibrada. Me encanta lo manejable que resulta recorrerla, me encanta volver a admirarme con tantas cosas que cuelgan en las paredes de las pinacotecas, y finalmente, volver para encontrarme con un esguince, los amigos, y tantas cosas que siempre están ahí al regreso de los viajes.



SEPTIEMBRE

Insulso, gris, con regusto amargo y con algún cabreo que otro. Todo debe volver a arrancar, tomar un cauce, para eso está este mes… pero a veces es complicado.
Como siempre llega el 24 y vuelvo a demostrar que a veces me gusta celebrar cosas.
Las decepciones son materia de muchos, la amistad crece en los malos momentos y estos son los que nos dan la fuerza.
Ver a Los Enteraos en el Maratón de Carnaval me hace pensar que lo mismo el jurado importa poco y que los ganadores morales son los que son, o no son los que llevan tijeras…


OCTUBRE

Llego, aterrizo en un nuevo lugar que no esperaba que fuera a llenar mi tiempo y mi corazón de esa manera. Descubro que no todo era tan malo y que merece la pena tomar vinagre para acabar degustando rosas, que por esas fechas es un disco que no ha visto la luz.
Indago en mí misma para poder ir a un cumpleaños sabiendo quién es mi ídolo, y acabo rubia platino sin mucha idea de si lo he descubierto.
Los actos del Rosario comienzan a llenar la agenda y todo parece empezar a tener forma en mis días.


NOVIEMBRE


En una fiesta de Halloween bastante atípica descubro lo importante de las cosas, de la gente, de las fiestas y las intenciones. Aquella noche me doy cuenta que bajo el pueril dibujo de una flor, algunos van a ir siempre grabados en mi piel, y me encanta tomar conciencia de ello. Sigo disfrutando de todo lo que me aportan, que cada vez es más, y al fin parece que llega el Otoño ansiado.
Preparamos “La operación Tablón” y ponemos rumbo a Villanueva del Rey, incluyéndonos mutuamente en los planes de futuro de unos y otros… Celebro por primera vez en mi vida la Fiesta del Cordero y mi árabe progresa muy poco a poco.



DICIEMBRE

La primera vez que el 3 de Diciembre transcurre sin el homenajeado… Paso por alto que en este mes me pidieron matrimonio o que ví como una de esas torres altas que no son físicas caía. Se aproxima sin remedio la maldita Navidad, se inaugura el estudio de Daniel Franca y una gripe me destroza sin piedad. Vuelve a casa mi hermano como el turrón, su aventura madrileña concluye; creo que nunca hemos estado tanto tiempo separados, creo que nunca nos hemos llevado mejor que en estos meses…
El último día del año se estropea el termo, y me ducho gracias a la solidaridad vecinal algo tarde, pero llego a tiempo a que una vez que el reloj de la Puerta del Sol concluya, a mí, como cada año, me sobren uvas…



EPÍLOGO


Haciendo este repaso me he dado cuenta de lo poco que actualicé este año, de lo dejado que he tenido a veces este sitio, y me da pena la verdad…
No me gusta hacerme propósitos por manía o por simple miedo a no cumplirlos pero tal vez estaría bien incidirme a mí misma, obligarme un poco a una gimnasia emocional que suele venirme bastante bien.
Por lo demás, todo está aquí, y mucho se ha quedado fuera, no es fácil resumir un año como este, con todo lo bueno y lo malo que ha tenido…
Al final todo queda como en el estribillo de la canción de M-Clan que titula la entrada, y sólo espero que pase otro año más sin darme cuenta… Puede que ya usara eso en mi primer aniversario bloguero,, pero nuevamente me asombro de ver que ya son dos años por aquí que aunque me parecen dos semanas, por otra parte ya son tantos los ceros y unos que he reunido, que no podría vivir sin ellos…

viernes, 18 de diciembre de 2009

El fin de los finales



Fin, el fin, un final, finales… los tengo de todas formas y colores, de diferentes tamaños, de sabores amargos, dulces y de ginebra. Los tengo con olor a incienso, violetas, zotal o ese perfume que uso a menudo y que hace poco me dijeron que “no era usual en una jovencita”. Algunos pesan toneladas, otros son ligeros como el humo. Muchos acabaron bien, muchos acabaron mal y muchos muchos sólo eran finales, simple y llanamente eso. Los hay con lágrimas, con risas y con todo a la vez; incluso unos cuantos con las uñas de una mano clavándose en la otra para no hacer algo peor. Tenía un puñado escritos en la fragilidad de una bandeja de correo, de tarjetas SIM, proyectados en pantallas efímeras y perdidos en el eco de auditorios más o menos formales. Incluso, muchos llegaron en silencio, sin darme cuenta, se tumbaron a mi lado y sólo con el paso de Cronos supe que estaban allí. Alguna vez también regalé alguno, no sé hasta que punto gustó mi presente, pero lo hice.
Pensé en centrarme en alguno, como aquél último día de clase en el colegio tras la secundaria, cuando recorrí todas las aulas que había pisado llorando como una Magdalena; despidiéndome de cada silla, de cada hora de Biología, de cada losa ajedrezada del pasillo. Luego pensé en finales rotundos como los que el Sábado Santo se producen en San Lorenzo… Más tarde pensé en finales efímeros como el de cada café, cada paquete de clínex o cada poema que se vuelve nuevo, eterno y antiguo cuando lo releo. El final de cada viaje se enredó en mis manos, con esa mezcla de alegría por volver, y de pena por eso, por el propio final… Vinieron a mi mente algunos concretos que se repitieron mucho, demasiado seguramente; finales en calles concretas, en esquinas concretas, con una desgana aprendida y una desazón también muy concreta. Entonces, reparé en los finales que no han llegado, en todos los que preveo a medio plazo, y que imagino mil veces como ocurrirán, a la vez que quiero retrasar…
Las semanas laborales tienen un final marcado en el viernes; este concretamente me pareció que no llegaría nunca, y quizás por eso mismo casi creí que no iba a poder cumplir con el encargo informal que suponía esta entrada. Pero no hay mal que cien años dure, plazo que no se cumpla y todas esas cosas. Llegó el final de esta semana, con lo bueno y lo malo que ella contiene, escribo mientras parece que el cielo se cae a trozos y como en el final de un vaso, veo claramente la resolución de estos días.

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Entrada cadena, encargo, meme o como lo quieran llamar, de La radio de los blogueros, como dijo una vez el flaco “mal y tarde estoy cumpliendo”, pero estos días no me permiten más.

martes, 8 de diciembre de 2009

Esta boca es mía


Más vale que no tengas que elegir
entre el olvido y la memoria,
entre la nieve y el sudor.
Será mejor que aprendas a vivir
sobre la línea divisoria
que va del tedio a la pasión.

No dejes que te impidan galopar
ni los ladridos de los perros,
ni la quijada de Caín,
que no te dé el insomnio por contar
las gaviotas del destierro,
las amapolas de París.

Te engañas si me quieres confundir,
esta canción desesperada
no tiene orgullo ni moral,
se trata solo de poder dormir
sin discutir con la almohada,
Donde está el bien, donde está el mal.

La guerra que se acerca estallará
mañana Lunes por la tarde,
y tú en el cine sin saber
quien es el malo mientras la ciudad
se llena de árboles que arden
y el cielo aprende a envejecer.

Y sal ahí
a defender el pan y la alegría
y sal de ahí
para que sepan que
ESTA BOCA ES MIA




Joaquín Sabina
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