domingo, 24 de enero de 2010

El peso de la mano izquierda


No sé si será toda la gente que nos dedicamos a lo social, o soy yo, que nací especialmente puntillosa, pero por mal que pueda sonar a primera vista, me está mosqueando el tratamiento social que se le está dando a Haití.
Para intentar que se me entienda un poco diré antes de nada que no me creo en posesión de la verdad, que no juzgo a nadie y que no pretendo que todo el mundo sea igual que yo; dicho lo cual, no pienso unirme a ningún grupo del facebook de apoyo a Haití, no pienso reenviar correos o eventos tuenti de la catástrofe, y en ninguno de mis nicks o estados voy a ponerme nada alusivo ¿por qué? Pues porque yo podría hacerme de mil grupos, mandar dos mil eventos y tatuarme Haití en el brazo izquierdo, y eso no haría que mi solidaridad con ellos fuera mayor de lo que lo es ahora. Mi colaboración con esta causa la conocerá quien tenga que conocerla, por aquello de que no sepa tu mano derecha lo que hace tu izquierda… Y lo que más me pesa, es ese arraigado sentimiento que tengo de remordimiento, y tal vez este me impide hacer todo lo que he dicho antes… Hace un mes, o tres semanas, yo, al igual que gran parte de la población, no sabía situar Haití en el mapa, y por descontado, vivía sin reparar en cuán pobre era aquel trozo de tierra de este infame mundo… Por supuesto lo sabía, pero la anestesia de la vida diaria nos hace que vivamos sin pensar la situación de los presos políticos en Irán, del hambre en Mali, de la guerra en Costa de Marfil… Todas estas cosas se quedan en el mejor de los casos, en un rincón de nuestra mente donde estorban poco; porque no llenan las páginas de los periódicos ni se habla de ellos en la panadería… Luego ocurre algo como esto, una catástrofe que de haber ocurrido en Tokio tal vez sólo habría causado algunos daños, pero nunca algo como lo que ha abierto los telediarios; y entonces se despierta la cohesión social, la conciencia colectiva de lo afortunados que somos nosotros, que vivimos sin pensar lo condicionante que es el lugar donde nacemos…
Y por eso, por convicción y por vergüenza, mi mano izquierda hará lo que crea conveniente, sin decirlo a nadie, sin mostrarlo ni publicarlo, no porque yo sea una santa, que nadie se engañe, es para ahorrarme la vergüenza que sentiré de mí misma cuando en seis meses o un año, Haití siga igual de necesitado o más, y aquí, en el lado afortunado del planeta, ya nos hayamos olvidado de ellos, sus montañas de muertos y su desgracia, y no hagamos campañas ni hablemos de ello en el desayuno.

lunes, 4 de enero de 2010

Otro año más sin darme cuenta….


ENERO

Empieza el año y desde la primera noche ya todo parece desbordar las previsiones, para bien y para mal… Estreno El Graderío de la Catedral, esa columna que amo y maltrato; pero lo peor entre otras cosas, es ese desfase informático que sufro el mes anterior, el cual me hace estrenar Enero con cámara y portátil nuevos. Aún hoy, extraño a aquella cámara.
Un pony se desinfla por mi habitación, y algún proyecto loco me entretiene los días.

FEBRERO

Llega el Carnaval a mi vida de una forma más plena, y una decepción más plena aún cuando le pegan “el cajonaso” al Selu con mis Enteraos de mi alma… Vuelvo a pasear por Madrid, llega la ansiada Cuaresma y llegan a mi vida las botas más bonitas del mundo. Un par de asuntos enturbian mis intentos de felicidad, aún no sabía que eso me iba a traer algún disgustillo más…
Cambio de loock y recupero el flequillo que no tengo desde que era pequeña.


MARZO

Por primera vez voy al Circo del Sol; me ilusiono como una niña, y me gusta como a tal.
Vuelve mi Cristo a pasear por su barrio y es otro indicador más de que tras la ceniza vendrá la semana de la luz.
Mi madre, como todos, sigue haciéndose mayor, cumple una edad importante y no tiene la fiesta crucial que otros amigos si han tenido al cruzar ese ecuador; aún me siento culpable por ello….
En San Bernardo tal vez comienza una tradición para cierta gente que no se conforma con escribir y guardarlo en un cajón; me siento afortunada por conocerlos y porque formen parte de mi vida.
Estreno Nuevos Albores de Primavera, ese blog que desatiendo hasta la vergüenza, pero que algún día trataré como se merece y entonces… será maravilloso, o eso espero…
En la frontera de este mes y el siguiente se produce un cambio que a día de hoy sigo pensando que aunque duro fue para mejor, lo que está por venir es muy grande y nada lo puede nublar…


ABRIL

Llega el estreno de la mantilla, la semana más grande para mí. Sevilla nos regala un cielo tan azul como la capa de mi hermandad y todo es tan intenso como se podría desear. San Lorenzo es siempre punto de inflexión entre la pena y la alegría, final y comienzo nuevamente de todo…
La Feria es otro punto de inflexión, torbellino y alegría, encuentro y amistad sincera aunque muchos no lo crean.


MAYO

Otro año más sin pisar la Aldea, y desde las cubiertas de la Catedral todo parece más bello, sueño de despiertos y disfrute de quien ama las piedras hasta la línea de lo incomprensible.
La vida parece celérica y pausada a la vez; me cuesta encontrarle el sentido a ciertas cosas pero a la vez, cada cosa recobra su lugar. Mi hermano se marcha a Madrid y el pregón de las Glorias me redescubre que hay vida tras el Domingo de Resurrección. La Feria del Libro y Paco Gallardo me recuerdan que me gusta juntar letras, y que no debo dejarlo.


JUNIO

Con la ceremonia de graduación renacen sentimientos de compañerismo, vocación y ganas de comerse el mundo si el mundo se deja…
El Betis pide a gritos lo que un sordo le seguirá negando no sé por cuánto tiempo y Lucía da el primer paso a su vida de casada. Despide su soltería con un hombre fascinante en una noche surreal en la que su gata acaba pariendo a los pies de mi cama cuatro mininos que parecen de peluche.


JULIO

Este mes siempre comienza con mi cumpleaños, y con mis pocas ganas de celebrarlo. En esta ocasión atravieso la frontera en la Casa de Hermandad, rodeada de muchos a los que quiero y no me parece un mal comienzo.
Al fin Lucía se casó, y yo siento que me hago mayor en ese momento.
El Rocío sigue vivo en verano y cualquier época del año parece buena para estar por la Aldea.
He comenzado una andadura por las discotecas y terrazas de esta ciudad, que me
proporcionan esparcimiento y me dan un toque petardo que hacía tiempo que no tenía…
Paso unos días en Madrid, unos ratos con mi Sister y el verano sirve para lo que es, para hacer poco…


AGOSTO

Amsterdam, pequeña, cosmopolita, libre, encantadora, multirracial, tradicional, no demasiado limpia, extrema y equilibrada. Me encanta lo manejable que resulta recorrerla, me encanta volver a admirarme con tantas cosas que cuelgan en las paredes de las pinacotecas, y finalmente, volver para encontrarme con un esguince, los amigos, y tantas cosas que siempre están ahí al regreso de los viajes.



SEPTIEMBRE

Insulso, gris, con regusto amargo y con algún cabreo que otro. Todo debe volver a arrancar, tomar un cauce, para eso está este mes… pero a veces es complicado.
Como siempre llega el 24 y vuelvo a demostrar que a veces me gusta celebrar cosas.
Las decepciones son materia de muchos, la amistad crece en los malos momentos y estos son los que nos dan la fuerza.
Ver a Los Enteraos en el Maratón de Carnaval me hace pensar que lo mismo el jurado importa poco y que los ganadores morales son los que son, o no son los que llevan tijeras…


OCTUBRE

Llego, aterrizo en un nuevo lugar que no esperaba que fuera a llenar mi tiempo y mi corazón de esa manera. Descubro que no todo era tan malo y que merece la pena tomar vinagre para acabar degustando rosas, que por esas fechas es un disco que no ha visto la luz.
Indago en mí misma para poder ir a un cumpleaños sabiendo quién es mi ídolo, y acabo rubia platino sin mucha idea de si lo he descubierto.
Los actos del Rosario comienzan a llenar la agenda y todo parece empezar a tener forma en mis días.


NOVIEMBRE


En una fiesta de Halloween bastante atípica descubro lo importante de las cosas, de la gente, de las fiestas y las intenciones. Aquella noche me doy cuenta que bajo el pueril dibujo de una flor, algunos van a ir siempre grabados en mi piel, y me encanta tomar conciencia de ello. Sigo disfrutando de todo lo que me aportan, que cada vez es más, y al fin parece que llega el Otoño ansiado.
Preparamos “La operación Tablón” y ponemos rumbo a Villanueva del Rey, incluyéndonos mutuamente en los planes de futuro de unos y otros… Celebro por primera vez en mi vida la Fiesta del Cordero y mi árabe progresa muy poco a poco.



DICIEMBRE

La primera vez que el 3 de Diciembre transcurre sin el homenajeado… Paso por alto que en este mes me pidieron matrimonio o que ví como una de esas torres altas que no son físicas caía. Se aproxima sin remedio la maldita Navidad, se inaugura el estudio de Daniel Franca y una gripe me destroza sin piedad. Vuelve a casa mi hermano como el turrón, su aventura madrileña concluye; creo que nunca hemos estado tanto tiempo separados, creo que nunca nos hemos llevado mejor que en estos meses…
El último día del año se estropea el termo, y me ducho gracias a la solidaridad vecinal algo tarde, pero llego a tiempo a que una vez que el reloj de la Puerta del Sol concluya, a mí, como cada año, me sobren uvas…



EPÍLOGO


Haciendo este repaso me he dado cuenta de lo poco que actualicé este año, de lo dejado que he tenido a veces este sitio, y me da pena la verdad…
No me gusta hacerme propósitos por manía o por simple miedo a no cumplirlos pero tal vez estaría bien incidirme a mí misma, obligarme un poco a una gimnasia emocional que suele venirme bastante bien.
Por lo demás, todo está aquí, y mucho se ha quedado fuera, no es fácil resumir un año como este, con todo lo bueno y lo malo que ha tenido…
Al final todo queda como en el estribillo de la canción de M-Clan que titula la entrada, y sólo espero que pase otro año más sin darme cuenta… Puede que ya usara eso en mi primer aniversario bloguero,, pero nuevamente me asombro de ver que ya son dos años por aquí que aunque me parecen dos semanas, por otra parte ya son tantos los ceros y unos que he reunido, que no podría vivir sin ellos…

viernes, 18 de diciembre de 2009

El fin de los finales



Fin, el fin, un final, finales… los tengo de todas formas y colores, de diferentes tamaños, de sabores amargos, dulces y de ginebra. Los tengo con olor a incienso, violetas, zotal o ese perfume que uso a menudo y que hace poco me dijeron que “no era usual en una jovencita”. Algunos pesan toneladas, otros son ligeros como el humo. Muchos acabaron bien, muchos acabaron mal y muchos muchos sólo eran finales, simple y llanamente eso. Los hay con lágrimas, con risas y con todo a la vez; incluso unos cuantos con las uñas de una mano clavándose en la otra para no hacer algo peor. Tenía un puñado escritos en la fragilidad de una bandeja de correo, de tarjetas SIM, proyectados en pantallas efímeras y perdidos en el eco de auditorios más o menos formales. Incluso, muchos llegaron en silencio, sin darme cuenta, se tumbaron a mi lado y sólo con el paso de Cronos supe que estaban allí. Alguna vez también regalé alguno, no sé hasta que punto gustó mi presente, pero lo hice.
Pensé en centrarme en alguno, como aquél último día de clase en el colegio tras la secundaria, cuando recorrí todas las aulas que había pisado llorando como una Magdalena; despidiéndome de cada silla, de cada hora de Biología, de cada losa ajedrezada del pasillo. Luego pensé en finales rotundos como los que el Sábado Santo se producen en San Lorenzo… Más tarde pensé en finales efímeros como el de cada café, cada paquete de clínex o cada poema que se vuelve nuevo, eterno y antiguo cuando lo releo. El final de cada viaje se enredó en mis manos, con esa mezcla de alegría por volver, y de pena por eso, por el propio final… Vinieron a mi mente algunos concretos que se repitieron mucho, demasiado seguramente; finales en calles concretas, en esquinas concretas, con una desgana aprendida y una desazón también muy concreta. Entonces, reparé en los finales que no han llegado, en todos los que preveo a medio plazo, y que imagino mil veces como ocurrirán, a la vez que quiero retrasar…
Las semanas laborales tienen un final marcado en el viernes; este concretamente me pareció que no llegaría nunca, y quizás por eso mismo casi creí que no iba a poder cumplir con el encargo informal que suponía esta entrada. Pero no hay mal que cien años dure, plazo que no se cumpla y todas esas cosas. Llegó el final de esta semana, con lo bueno y lo malo que ella contiene, escribo mientras parece que el cielo se cae a trozos y como en el final de un vaso, veo claramente la resolución de estos días.

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Entrada cadena, encargo, meme o como lo quieran llamar, de La radio de los blogueros, como dijo una vez el flaco “mal y tarde estoy cumpliendo”, pero estos días no me permiten más.

martes, 8 de diciembre de 2009

Esta boca es mía


Más vale que no tengas que elegir
entre el olvido y la memoria,
entre la nieve y el sudor.
Será mejor que aprendas a vivir
sobre la línea divisoria
que va del tedio a la pasión.

No dejes que te impidan galopar
ni los ladridos de los perros,
ni la quijada de Caín,
que no te dé el insomnio por contar
las gaviotas del destierro,
las amapolas de París.

Te engañas si me quieres confundir,
esta canción desesperada
no tiene orgullo ni moral,
se trata solo de poder dormir
sin discutir con la almohada,
Donde está el bien, donde está el mal.

La guerra que se acerca estallará
mañana Lunes por la tarde,
y tú en el cine sin saber
quien es el malo mientras la ciudad
se llena de árboles que arden
y el cielo aprende a envejecer.

Y sal ahí
a defender el pan y la alegría
y sal de ahí
para que sepan que
ESTA BOCA ES MIA




Joaquín Sabina

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Blanco casi negro



En dos ocasiones quise hablar de ello y de ellos. Le daba vueltas, tenía que contarlo todo sin contar nada, por respeto, por ética, por ley…. Quise contar lo viva que me hacen sentir, lo bueno que logran sacar de mí. Quería escribir sobre lo egoísta que a veces me siento cuando gracias a ellos, a sus historias me siento afortunada por nacer donde nací, incluso por vivir en este país del cual me quejo tantas y tantas veces. Quise plasmar aquí las mil atenciones, sonrisas y palabras con que me siento más que pagada, cuanto valoran lo poco que doy. Ya digo, en dos ocasiones tenía un borrador mental de una entrada sobre ellos que nunca vio la luz. Hoy, el borrador es bien diferente, y si llego a escribir a las diez de la mañana habría sido mucho peor.
En esas inútiles clases de Educación Plástica donde nunca me enseñaron a valorar o apreciar el arte, no me explicaron cuan trascendente podría ser en la vida la diferencia entre el blanco y el amarillo. Es una diferencia terrible, abismal, insalvable para el Estado. He comprobado lo peor de este trabajo y ojo, no me quejo de ello, al fin y al cabo es lo que me espera y me siento afortunada de que me dejaran participar como “profesional” en esto, pero hablando en plata, vaya trago… Me he sentado delante de ellos, he hablado y oído varios idiomas, varias formas de explicar lo inexplicable, palabras que inútilmente querían recomponer una esperanza que segundos antes había saltado por los aires con una deflagración que me partía el alma sin querer demostrarlo. He tragado mis lágrimas, he mimetizado la rabia que yo misma sentía por todo lo que era injusto. He tenido que ver sus caras ante un mundo que no contento de haberlos castigado con sus violentos balanceos, les daba una nueva sacudida. Se han revuelto en una silla delante de mí, mientras yo hervía por dentro. Para colmo, durante toda la mañana una puñetera mosca ha estado acrecentando la tensión y maldita sea que me habría encantado tirarle toda clase de cosas…
Se ha quedado en el ambiente la profundidad de sus voces, la misma con que sus antepasados contaban maravillosas historias y ahora ellos emplean en contar historias menos bellas, esa con que llaman a la oración en sus regiones y aquí ya ni les queda el consuelo de rezar, la misma con la que ellos aceptan con dignidad y resignación lo que parece no tener más vueltas de hoja. Se me han clavado esas miradas carentes de reproches, de maldad, porque no tienen esa bajeza ni en los peores momentos…
Al final del día me he quedado embobada, mirando absurdamente mi agenda de fieltro sobre la mesa, esa que Esther me regaló por mi Santo, esa que parecía ser la nota de color, la felicidad desentonante en un escenario que se me antojó más triste que nunca; como la flor del Guernica de una forma burda…
Luego, como otra despreocupada europea más, he tenido una tarde que podría considerarse agradable, con mi madre en el centro, con el nuevo disco de Sabina, con tantas cosas que cada vez valoro más… pero de vez en cuando me acordaba de ellos, mis ellos, a los que vi llegar, a los que no quiero ver partir pero tengo que ayudar a hacerlo, por si puede ocurrir de una forma algo menos violenta… No quiero pensar que esto siga así, pero es estúpido; va a seguir, porque la maldita crisis, porque la nueva ley, y el maldito Estado, y la priorización deficiente de los recursos se están alineando, y yo, la más insignificante rueda del engranaje no quiero seguir viéndolos partir, porque no son mi familia, ni mis amigos, pero me costó aprenderme sus nombres, algunos han compartido conmigo cosas que me asombraron, o simplemente me han aportado sin saberlo, y ahora el blanco que nunca fue amarillo se torna en negro…

Me acordé hoy de Eres_mi_cruz, que dice que llevaba una racha de entradas duras técnicamente, y hoy puede que sea el top; lo que pasa es que a veces la vida no te deja escapatoria, y acabas teniendo que llenar tu espacio con cosas como estas, a ver si de ese modo se te alivia un poco la carga….


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Post diferido en su publicación, escrito la noche del martes 24 de Noviembre.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Temas pendientes


A veces no sé como acumulo tanto lastre; tantas cosas que quiero y debo hacer, tantas cosas que no hago…
En muchas ocasiones resuelvo esto casi sin darme cuenta, como ocurrió el pasado domingo.
Hace ya un tiempo, en cierto blog de mis amores se publicó una entrada anunciando un acontecimiento grande en esta bendita ciudad… ¡la llegada de los donuts rosa! Servidora se había prometido ir en peregrinación a dicho establecimiento, y meterse entre pecho y espalda un genuino donut hipercalórico, delicioso hasta pisar la raya del pecado capital de la gula, aunque no tenía muy claro lo del rosa; los chocolateros somos así…. En fin, cumplido, como muestra la foto, que por otra parte, para preservar el anonimato del dulce, sólo posa de escorzo, en plena calle donde le di cuenta… ¡Mereció la pena!
Siguiendo con el chocolate y las recomendaciones blogueras, Dama me había hablado de una chocolatería o tienda similar en la calle Sierpes. Es como la fábrica de chocolate de Charlie pero sin Willy Wonka, es maravilloso, no paran de darte cosas a probar, para drogarte con azúcar y que acabes pagando una pasta por unos cuantos caramelos blandos con pétalos de rosa, o bombones con pureza de chocolate extrema… vamos, que servidora cayó como cualquier ser en domingo (vulnerabilidad extrema) rodeada de tanta amabilidad y sofisticación dulcera.
Y enlazando con Dama y las recomendaciones blogueras, acabo esta entrada con poco sentido. El viernes, en el programa especial que La radio de los blogueros hizo desde la celebración del EBE, ella, Dama, entre otros compañeros recomendó una entrada de este blog. Agradezco a todos que destacaran alguna entrada de este rincón, pues aún sin estar muy segura de merecer tanta amabilidad, es de bien nacido… Pero la entrada recomendada por ella guardaba un secreto para mí. Me intrigaba porqué Reyes había elegido ese post, y además, no recordaba exactamente mis palabras. Lo releí, y mirando los comentarios, que suele ser lo que más me gusta de cualquier entrada, encontré que en julio había comentado en él la que por unos meses fue mi profesora. Muchas veces me han dicho que es recomendable lo de que te notifiquen los comentarios por correo electrónico, y sí, puede ser práctico, pero la sorpresa que el azar hizo posible la otra tarde cuando encontré el comentario de Salud no habría sido la misma creo. Le agradezco mucho que comentara, y lo que dijo. Palabras que viniendo de ella tienen mucho peso para mí, aunque no sé si estaré a la altura de sus expectativas. Sea como fuere, no sé su regularidad al leerme, pero le agradezco mucho que de vez en cuando lo haga y no me olvide.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Los mismos bares, la misma gente…


Todas las premisas apuntaban a que la noche sería larga… Yo recelaba de salir por mi resfriado, y pretendía volver pronto a casa; esas son las premisas de las que hablaba, salir con eso en la mente es lo que hace que no veas tu cama hasta que no pasen las cinco o más…
Sin saberlo, o más bien sin pretenderlo, comenzó un camino al recuerdo, al pasado y lo que es peor, a contrastar con el presente lo mayores que somos ya. Comenzamos cenando en el bar de tantas noches, ese que a pesar de las reformas mantiene la carta casi intacta y su magia más intacta aún. Pero lo dicho, ya han pasado años, no sólo por la de recuerdos, anécdotas y vivencias que fuimos dejando caer sobre la mesa, sino por esa botella de vino con que lo acompañamos todo, elixir ni muy bueno ni muy malo, de precio razonable que demostraba que nos volvemos selectos a nuestra manera. El actor dueño de Roma (la gata Q.E.P.D.) sigue en Madrid, argumentando que yo estudio cosas utópicas que me permitan seguir convirtiéndome en la vividora que aspiro a ser, a la vez que una estudiante vitalicia. El tercero de la tríada volvió a cambiar de carrera y volvió a las andadas nocturnas que no puedo detallar pues se queja de que engordo su merecida fama de promiscuo. Pero aún quedaba más… En otro bar en que fuimos jóvenes, casi salimos allí de la terrible adolescencia, uno de entonces se pasó al otro lado de la barra, casi parece un intento de encadenarse a aquél tiempo, a aquella vida… Luego volvimos a cambiar de bar, siguieron las cervezas y vino “ella”. La última vez que la vi se había convertido en la cuñada de una amiga mía. Ella dejó de ser cuñada, yo dejé de ser amiga, y allí estábamos las dos, recordando a quienes no somos. Tras aquella relación, me dijo, había tenido un novio durante seis años… Quise morir, no por su novio, sino de pensar que habían pasado seis años o más desde todo aquello… Seguían las batallitas, las risas, los recuerdos que se colaban por el estrenado Noviembre, seguía yo pensando que me pinto menos, que me arreglo menos que entonces, que eso serán los años que pesan y pasan… Sin saber cómo pregunté por “él”, un chico al que apenas conocí, con el que crucé dos palabras pero que ahora resulta que es travesti, drag, o como lo quieran llamar… Vestido de mujer actúa en “raves” o donde se tercie… suma contador de años, sigue sumando por favor… Todo parecía acelerarse, pasaban flashes en mi mente, trozos y retazos de tardes y noches; de café y Legendario, de castañas, sueños de futuro que se me olvidaron y lazos que se cortaron.
Apareció Stefany Howards brevemente, las comparaciones con Massiel, la versión morena de Samanta Fox, y tantos delirios absurdos con que nos gusta perder el tiempo.
En otro bar me acordé de ella, que no es tan antigua en mi vida, que andará perdida por Europa, y que me debe una cena. Hablamos de futuro a muy corto plazo, de viajes, de paz…
No todo estaba perdido, me acompañaban más amigos, no de un tiempo tan lejano pero con los que se van componiendo otras historias, otras telarañas que suman en el contador…
Todo me remitía a las canciones de Ismael Serrano, a todas las frases magistrales de septiembres que se quedaron dormidos, de ventanas que ya nadie abre, de bares en que ya no nos saluda nadie, de calles, cervezas, mesas, viajes que nos cambiaron, días que ahora son recuerdos, que se extrañan y que por otra parte no necesitas revivir…
La Ilustre Víctima, El bosque Animado, La Sirena o el Utopía seguirán estando ahí, cada uno con su historia, con todas las historias que nos dejamos los que un día fuimos jóvenes y hoy ya parecemos ser algo más mayores…

Lo dije y se rieron, tal vez sólo me creyeron en el fondo, pero lo dije sintiendo cada palabra, lo recuerdo y lo sigo pensando “cuando estoy con vosotros me doy cuenta de lo que os echo de menos el resto del tiempo”. Al fin y al cabo, sin los compañeros de viaje, no serían posibles estas travesías al pasado.

domingo, 1 de noviembre de 2009

El 27


Es algo tan simple a los ojos de cualquiera, y es una sensación tan rara para mí…
Desde hace unos días nos encontramos en Ponce de León, me subo y comienza la andadura… Pronto llega ese momento, Recaredo arriba me enseñas la puerta invisible que para mí da entrada a ese cúmulo de adoquines, años y gentes que llevo grabadas en la piel del alma. No es la zona más bonita de Sevilla, no es donde vivo, pero tú, 27 me enseñas mi barrio. Me lo muestras a esa hora extraña en que muchos dormitan o reposan la comida, hora de sobremesa, hora de casi cualquier cosa menos de andar por la calle… Quizás la tranquilidad y el silencio inusual dentro del autobús es lo que hace que ponga mas atención en los coches que entran San Esteban arriba, en la farmacia de Manolo, en la iglesia que imagino cerrada, en “La Ventana” que estará siempre abierta… Es cruel hacerme eso 27, es duro pasar cada día, sentirme intrusa, verme que estoy de paso, saberme camino del Este de la ciudad, donde están ellos, donde llegará la que ahora soy yo, donde no soy infeliz, las horas que allí paso, pero donde no hay una calle Vidrio para jugar con los recuerdos de la infancia, ni el mejor asador de pollos de la ciudad, o unas Piletas para cualquier cosa… Pero por suerte o desgracia, nada en la vida es definitivo, todo parece temporal, y un día de estos, cuando la pluriempleada de las paradas que también grabó el “Servicio contestador de Telefónica” diga eso de: “Próxima parada; Recaredo Puerta de Carmona” le daré al timbre y perderé la tarde allí, en el barrio que no es barrio aunque aquella sevillana dijera lo contrario…

Foto: Gracias a la cámara 21 de Trajano
El Gran Hermano nos observa…

jueves, 22 de octubre de 2009

Memento


Podrían decirse mil cosas de ti, aunque lo mismo ya se dijeron todas. Podría saberse más de tu corazón sensible, de aquél trozo de tierra olvidado y recordado por unos y otros… Se podría hablar de la necedad de quienes temían tu pluma, incluso cayendo en el chiste fácil. Por un instante se podría volver a recordar tu ingenio en cualquier faceta, tu amor por el flamenco, por el campo, por la vida.
Son días, en los que como tantos otros, asaltas la mente de muchos, el alma de otros tantos. Es paradójico, puede que con el intento de callarte alzaran tu voz mucho más; y puede que un simple trozo de tierra tome forma de recuerdo que no se deba olvidar, un “memento” latino que quede impreso en la piel de todos aquellos que se acercaron a tu genio, aunque sólo fuera una vez.




MEMENTO

Cuando yo me muera
enterradme con mi guitarra
bajo la arena.

Cuando yo me muera
entre los naranjos
y la hierbabuena.

Cuando yo me muera
enterradme si queréis
en una veleta.

¡Cuando yo me muera!


Federico García Lorca
Poema del cante jondo


Foto: Publico.es

jueves, 8 de octubre de 2009

1, 2, 3… nimiedades


PUNTO LIMPIO


Primera visita a semejante lugar, un directorio algo ambiguo a la entrada, y un trabajador más esclarecedor. Indicamos lo que traemos, y él nos da el número mágico, el 9, ese es nuestro destino.
Nos detenemos junto al 7, ella se deshace de la primera máquina de vapor que tuvimos, y yo me lleno de polvo quitando la caja de la siguiente víctima, porque nadie tira las cosas con la caja… Me aproximo con la CPU y con emoción miro ese cúmulo de electrodos, carcasas, cables y electrodomésticos que en su día fueron útiles. Lo lanzo con ganas y cae en medio de un mogollón de chatarra electrónica. Ha sido una gozada, tanto que me da pena no tener más cosas que seguir tirando. Mer busca donde se tiran los cartones y papeles para la caja, y yo no me resisto a hacer un par de fotos, con más pena que gloria pues la luz me da en toda la pantalla de la cámara. Mientras, el surrealismo del lugar me lleva a pensar porqué nuestro cerebro no tiene algo parecido; un punto limpio, un lugar en que de forma clasificada y dividida por sectores, podamos arrojar todo lo que molesta, lo que estorba, lo que ocupa sitio y nos lastra para continuar; un área acotada para todo lo que no nos deja avanzar. Mer vuelve emocionada por la visión de una grúa aplastando papeles y cartones, y se acaba nuestra visita. Saliendo un cartel indica el lugar donde se tira la ropa; nuestra mente vuela. En la próxima visita podremos quitarnos la rémora de la moda de los noventa.

LA LLAMA

Por desgracia la carta de ese lugar ha menguado, y ya no sé si va a seguir siendo nuestro “cuartel general”. De todas formas, la otra noche fuimos, y al sentarnos un amigo repara en que la vela de nuestra mesa está apagada. Intenta encenderla con mi mechero pero no puede. Yo lo logro, me había dado cuenta del problema, el caño del aire acondicionado es muy fuerte y la llama peligra. Como entretenerme en nimiedades es uno de mis grandes vicios, durante un rato giro y giro el plato cuadrado donde está la vela para buscar el ángulo en el que el aire la perjudica menos. Tras un rato invertido en semejante tontería, es imposible, le da por todos lados, no hay manera de ocultarlo. De vez en cuando me distraigo mirando como la llama resiste los envites del aire artificial. Cuando nos vamos sigue encendida, algo que no creía posible y tal absurdez me alegra.


LA CANCIÓN

Hace ya algunos años alguien me dijo cuanto le gustaba cierta canción; como a mí no me gustaba demasiado nunca le eché mucha cuenta a aquello. El otro día la escuché después de mucho tiempo. Recordé aquel comentario, aquella situación, y por un momento todo pareció encajar, casi una respuesta clarificadora parecía saltar entre notas y palabras… Al terminar el tema, pensé que como tantas veces, podía ser que me equivocara, y no había mensaje ni nada parecido, aunque por suerte, ya da igual.



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Sí, no entiendo bien esta entrada ni yo, pero así estamos ya, he reparado en varias cosas pequeñas y aquí se quedan…

lunes, 28 de septiembre de 2009

Desde el tejado, para Lacava


Leo la que por desgracia parece ser la última entrada de Lacava en su blog, y al hacerlo, además de sentir la pena de que aquel rincón trianero se cierre, reabro un debate interno que tengo conmigo misma desde hace mucho tiempo. Más que debate son preguntas y cuestiones que no alcanzo a entender.
Un blog es un espacio personal, que puede tener temáticas muy diferentes, pero por regla general, tiene un autor o autores que crean su contenido. Nunca he entendido del todo el tema de las clasificaciones, tal vez porque nunca he sabido clasificar el mío; aunque muchos no dudan en decir que este rincón es personal; me hace gracia esto, pues considero que la mayoría de los blogs son personales. Lacava por ejemplo estaba muy centrado en temas cofrades pero ¿acaso no era aquello personal? ¿no era personal cada letra, cada palabra, cada rima y cada tema? Por eso tal vez, por lo íntimo que a veces llega a ser lo que muchos escriben, me cuesta entender a los que copian textos de otros en sus espacios. Muchos recordarán que a mí en una ocasión me ocurrió algo parecido, y cuanto me indignó. Por suerte o por desgracia, mis entradas no son como las de otros, que realizan trabajos de investigación, documentación y demás, pero a pesar de todo me molestó enormemente que plagiaran mis sentimientos, mis pensamientos, aquella tontería que me rondaba por la cabeza y decidí colgar aquí. También hay quien piensa que el autor de un blog es egocéntrico (cosa que sería para discutir largo y tendido) o que tiene alguna intención oculta, persigue algo con su blog. No puedo hablar por la blogosfera mundial, pero en el pequeño círculo de blogueros que conozco, la inmensisíma mayoría son personas que tienen ganas de escribir, mejor o peor, ganas de contar cosas que les pasan, compartir lo que saben, ilustrar con sus fotos…
Además, antes de que Lacava editara su última entrada hacía referencia a cierta web/comunidad sobre la que no quiero entrar en muchos comentarios, sólo diré que conozco varios casos ya de miembros de esta que se dedican a apropiarse del trabajo de otros. Entiendo que los administradores no pueden controlarlo todo, pero si pueden “castigarlo” en el momento que esto se pone en su conocimiento…
Es una pena que algo tan original como puede llegar a ser una bitácora, se vea saqueada por gente que quizás, bien por ignorancia, bien por poca seguridad personal, no son capaces de publicar sus propios textos y se adueñan de los de otros… Pero bueno, esta divagación sobre blogs y sus autores no lleva a ningún lado, no arregla nada, ni resuelve nada.
Espero que Diego no se olvide mucho de seguir paseando por las casas de los compañeros, y espero encontrarlo en ese corral de vecinos que tantas risas nos regala. Espero que esté mejor ahora, que ha tomado una decisión difícil pero consecuente con él y lo que piensa. Espero que todos recordemos que habló maravillas del Viernes Santo, que pregonó su Tómbola de La O, que criticó el escaparate de vanidades que a veces es esta ciudad, que amó los coroneles y detestó las malditas sillitas de los chinos… Espero que se sienta orgulloso de todo lo que publicó, porque eso es algo que nunca podrá quitarle nadie, y quien sabe, tal vez algún día incluso me lo encuentre en ese rincón cofrade de Pío XII que lleva el nombre de mi otro blog. Espero, que aunque no se publique, o sí, nunca dejen de salir letras desde Lacava.
Pintura de Daniel Franca
Paseo de la O

lunes, 21 de septiembre de 2009

La semana de los no cambios


Empecé la semana con lluvia y un nuevo perfume de Carolina Herrera, traído directamente de la Gran Manzana. Como comienzo no era malo. Según mi horóscopo, sí, he escrito bien (a las horas que yo estoy despierta esa es la fauna menos nociva que anda por la pantalla de las frivolidades) en estos días mi vida sentimental daría un gran vuelco. Sin llegar a creerlo, pero preparada por si el vuelco se producía, que ya a estas alturas no se sabe que o a quien creer, continué mi peregrinación por las horas y los días…
Decididas a redecorar nuestra vida, y hacer que nuestros libros tengan un lugar feliz en el que vivir, Mer y yo fuimos al paraíso del suelo con flechas; pero a veces los paraísos artificiales tienen fallos como que tu ansiada estantería mide más que tu coche; es un problema, y si el trasporte del mueble es más caro que el mueble en sí es… eso, lo que empieza por “j” o lo que empieza por “p”.
Para animar mi entorno, el poyete que hay bajo mi casa se ha convertido en punto de encuentro de la alegre muchachada barriera, que en tiempos de crisis abraza con devoción la cultura de la litrona. Pero sus actividades lúdicas y de ocio no se limitan al beber sin más, no es un sin sentido de zumo de malta, cebada y otros componentes. Acompañan su actividad con varios tipos de cosas para fumar, rompen las botellas en delicioso repicar de vidrios, escuchan música de suprema calidad por sus modernos móviles, conversan y debaten animadamente sobre el calentamiento global y demás temas que les inquietan, y mi favorito, hacen concursos de eructos, aprovechando la acústica que la noche y la propia calle les ofrecen.
El resto se podría resumir en que creo que padezco el “Síndrome de la azafata”, me llevé alguna decepción de las de rigor, me sentí un pelín tonta, me sentí un poco feliz, llegaron desde Madrid sones sevillanos de batallas de gallos por un móvil, volví a ver la trasera de un palio, confié en el Barceló Cream (desacierto) , me quitaron el Messenger de siempre obligándome a usar una versión moderna y terrible que me quitó la posibilidad de compartir carpetas, y pese a todo, quiero creer que ahora, como cantaba Ismael Serrano, no es un mal momento. Como dije, llovió, bajaron las temperaturas y parece que el otoño se está colando en el calendario, y aunque el verano se lleve consigo los helados, las copitas en las terrazas, el mar de posibilidades que algunas veces se abría ante mí, no lo voy a echar de menos. Ansío cambios, golpes de efecto, y aunque el horóscopo se equivocara, y no llegara ese vuelco, presiento que se acercan otros que cogeré con ganas, pues lo mismo esta semana que hoy se estrena, sí es la de los cambios; y si me equivoco… siempre puedo pillar unas litronas y unirme a los de debajo de casa, no será productivo, pero un cambio técnicamente sí que sería…

martes, 15 de septiembre de 2009

Edam al completo



Resultaba a la vista tan alegre como un parque, o incluso más; eso sí, era silencioso y tranquilo. Tal vez esa mezcla de alegría y respeto era lo que creaba un ambiente tan pacífico y ambiguo. Girasoles, muñecos, espejos, todo valía para adornar el descanso de los ciudadanos de aquel pueblito holandés.





Yo había visto japoneses en el Cementerio de San Fernando, y muchas veces pensé que era fetichismo turístico; aunque por otra parte es cierto que en muchos países y culturas, la relación con la muerte es diferente a la que tenemos aquí. Desde luego no son pocos los que visitan tumbas de escritores, poetas u otros artistas; yo misma sueño con ver algún día la tumba de Kafka, pero allí no había nadie relevante a esos niveles.



A pesar de todo, era un lugar muy peculiar. Parecía que cada lápida llevaba algo que a su inquilino le gustaba y ninguna era similar a la anterior, todas eran de suelo y únicas. Aquí, al igual que en nuestras casas, hemos creado tumbas de pared que se apilan con la misma monotonía de los bloques de pisos.







Edam me había resultado un pueblo fascinante, precioso y lleno de encanto; saliendo de su camposanto vi que ese “detalle” que parecía envolverlo todo, ciertamente, lo envolvía todo.







Alguna vez escuché aquello de que uno no conoce realmente un sitio hasta que no visita su cementerio, y ahora empiezo a pensar que puede ser cierto.

sábado, 12 de septiembre de 2009

¿Por qué?


Se me vienen a la mente todos aquellos filósofos que trataron el arte (para mí lo es) de la pregunta. Si, preguntarse cosas, evolucionar en el pensamiento, la diferencia del hombre dormido y despierto, todo aquello… Pero algo falla, imagino que la iluminación del pensamiento y el saber no se hicieron para mí, por más que me pregunto yo creo que mi ignorancia no mengua, claro que la calidad de las preguntas…

¿Por qué el otro día no paré de mirar el móvil a cada rato? Porque tengo el mismo sonido que un alto porcentaje de la población, así de estúpido… ¿cambiar el tono? Creo que no, eso sería lo lógico.
¿Por qué son tan complejas las relaciones humanas en cualquier grado de afectividad? Ni idea, lo mismo cualquier día lo descubro y me desmayo al conocer el secreto, o simplemente cada vez voy a ir tolerando menos tonterías del personal, quien sabe…
¿Por qué limpiando ese maremágnum que tengo por bolso salieron patatas fritas de su interior? Increíble, pero cierto, además de una guarrada sí, lo sé.
¿Por qué versiones remasterizadas de los Beatles? A mí me gustan con sus desafines, las idas de pinza y las guitarras imperfectas.
¿Por qué tantos artistas italianos, como los del Seteccento vivían tantos años? La mayoría son octogenarios, y contando con la higiene y sanidad de la época, sumando el hecho de que se pasaban el día entre pigmentos, óleos y demás insalubres fluidos, es que no me lo explico.
¿Por qué a Du Guesclin siempre le hacen caso? Murillo está limpito, limpito, como se aprecia en la foto.
¿Por qué tengo tantísimas ganas de que llueva? Y peor ¿por qué no lo hace? ¿Por qué siento que llevo retraso en las horas de llanto que me corresponden?
¿Por qué tengo tan mala mano para las plantas? ¿la madre naturaleza me odia? ¿Por qué existe la soledad en compañía? ¿Por qué socialmente está tan poco admitida la desgana? ¿Por qué teniendo fiebre en verano te sientes más estúpida? ¿Por qué alguien pensó que un buen nombre para un esparadrapo era “pupitas” ? ¿Por qué tantos “porqueses”?

lunes, 31 de agosto de 2009

Amsterdam

No es la ciudad más limpia, no es la ciudad más grande, no es la más rara ni la más monumental; no es la que más conozco ni en la que más tiempo pasé, pero a mí Amsterdam me robó parte del corazón. Puede que como ocurre con los amores de verano, tiendan a idealizarse, por lo breve e intenso, por la distancia que toman en el tiempo, por lo fugaz y eterno que este tipo de cosas conllevan.
Antes de llegar admito que algo me tenía ganada esa urbe, pues había leído mucho sobre ella, pero nunca es comparable a conocer las cosas por una misma.

Durante la presentación de su último libro, escuché más de una vez y dos a don Antonio Gala decir aquello de que Venecia era “una zorra pintarrajeada”. Alegaba que históricamente ha sido una ciudad conflictiva en la política y las guerras y al final acaba pidiendo ayuda por el peligro de hundirse que padece. Dejando a un lado el amor que yo siento por esa “zorra pintarrajeada” en concreto, Amsterdam es todo lo contrario. En contraposición al victimismo que Gala odia, esta ciudad le planta cara al mar de una forma asombrosa, le gana terreno, vive de él, vive en él que no es lo mismo, come de él… Su imagen no es tan hermosa como la de la urbe italiana, pues sus canales y puentes no son tan bonitos, pero reconozco que siempre me llamó mucho la atención que de la nada (o de un primitivo dique donde hoy día se sitúa la famosa Plaza Dam) surgiera una ciudad.
Tal vez esa hippy que camino del Barrio Rojo cantaba esa eterna canción, era el bucle temporal de la ciudad, el recuerdo de otros años, la Amsterdam de Paco Gallardo y de tantos otros que veían en ella un mundo casi utópico.

Hoy en día no es exactamente ese efecto el que causa, aunque en cierto modo sí. La naturalidad y el tópico se dan la mano, lo cual me resultó asombroso. El olor a marihuana está por todas partes, impregnando la ciudad y a todos los que caminan por ella. Los escaparates dormitorios de las damas del placer se sitúan curiosamente frente a iglesias dominicas o muy antiguas como en el caso de la Oude Kerk; desde luego los sacristanes vivirán contentos… Las bicicletas son una invasión, una plaga; la anarquía de dos ruedas que te atropella, te obstaculiza el paso cuando las dejan en cualquier lado… Aunque les ofrezco una solución a este problema; si dejas a Mer allí dos semanas, tres como mucho, reeduca a la población segurísimo.

La gente es amable y despreocupada, y aún quedan pueblos como Marken o Edam que te muestran la Holanda de otro tiempo. Casi debería ser esto un punto y aparte, pues fue fantástico andar entre sus casitas de cuento, comprar queso en aquel antiquísimo Mercado del Queso al que dio autorización Carlos I, o Carlos V, según se mire, hace ya unos cuantos siglos. Eso también sería otro punto a destacar, la gastronomía, los cafés negros donde parar a tomar esos fantásticos sándwiches de croquetas, si, lo dije bien, sándwiches de croquetas con el adjetivo fantásticos, que no dietéticos claro; es que no se puede tener todo… También me gustaba lo de comer patatas fritas con salsa por la calle y esa gran bebida que es el “kopstoot”, cuya traducción era algo parecido a porrazo en la cabeza. Es una cerveza y un chupito de ginebra, que tu vas bebiendo a la vez haciendo tu mezcla; según dicen, bebida de marineros y gente algo baja, pero como no soy muy alta…

Me encantó ver La habitación , o Los comedores de patatas de Van Gogh, aunque lo más novedoso para mí fue un cuadro que Vincent le pintó a Gauguin, un retrato en el que este no aparece, y lo retrata plasmando una silla. También hubo pintura flamenca, Rembrandt, Vermeer, incluso conocí uno de los últimos museos que se han abierto en la ciudad, el Hermitage, una sucursal del Ruso podría decirse… He visitado el museo Histórico Judío, construido entre cuatro sinagogas. He paseado en barco, montado en tranvía… Por supuesto fuimos al Estadio del Ajax, para sumar un nuevo campo visitado a la lista…
Ha sido un viaje justo en tiempo, aunque como siempre quedan cosillas, como el Museo de Arte Moderno, o la Casa de Rembrandt, que estaban cerrados.


Como es costumbre, vuelvo con entradas, tickets, recuerdos materiales, fotos mentales y momentos impagables, como cuando delante de la puerta del hotel un bus estaba parado y su conductor pretendía cambiar una rueda con una cuñita de madera; lo mejor no es eso, lo más grande es que se trataba del autobús de Pajottenland, que digo yo que será un complejo lúdico, un parque temático o un club recreativo, vaya usted a saber, si en ese país la principal entidad bancaria se llama Rabobank.




Además, la lluvia, siempre ella nos acompañó un par de días, regalando días de playa diferentes; pues Holanda regala una sensación de otoño perpetuo.

Volviendo en el avión se mezclaban dos tipos de pasajeros, los nativos que volvíamos, y los nativos de allí que venían a Sevilla de vacaciones. Pensé en nuestro carrilito bici, y los ciudadanos que hacen uso de ella, que aunque muchos, nada comparable a lo de Amsterdam. Luego pensé en nuestra única línea de tranvía con un recorrido bastante corto, y vinieron a mi mente la de “trams” que había visto allí, tocando sus campanas frenéticamente para no atropellar a peatones o ciclistas; y me dio por pensar que aquellos turistas se iban a reír un rato. Claro, todo tiene sus cosas buenas y malas, pues son incontables las catenarias que allí hay, y a nadie le parece que hagan feo, aunque desde luego, si allí saliera La Carretería, a ver como lo arreglaban.

Cuando preparaba aquella guía de la ciudad, antes de que todo comenzara, se cruzó en mi camino una frase de José de Vasconcelos, “Un viaje se comienza con inquietud y se termina con melancolía”, y yo, una vez más puedo decir, que pocas sentencias hay tan ciertas como esta.

martes, 18 de agosto de 2009

Parón obligado



Hay formas tontas de que ocurran las cosas, hay días que parecen estar gafados de principio a fin, no paro de pensar que mejor no haberme levantado, aunque me consuelo pensando que no es nada, y busco lo positivo.
Resultó que andaba de esa ridícula manera que está entre el andar deprisa y no llega a ser carrera; tropecé de forma tonta en algo que ni se podría considerar escalón y caí. Se truncó la cita pendiente, que era un entierro, y Mer me llevó a “Urgencias”. Odio ir, porque no me gustan los hospitales y porque se tarda mucho, pero me dolía tanto que no había mejores opciones. Hasta el momento que me subieron a aquél carrito, continuaba repitiéndome el mismo mantra: “No habrá mucha gente, la gente no se pone mala en Agosto”. La verdad es que no iba desencaminada del todo, gente había pero no he tardado mucho, la verdad. No ha sido una visita muy desagradable, mientras me registraba una celadora me raptó y yo no entendía nada, y le pedía que me dejara dar mis datos, pero ella sólo quería que me tranquilizara. Al final me devolvió al mostrador cuando una compañera le dijo: “¡Esa no! La que necesita una camilla está ahí fuera…” Por cierto, hoy entendí mejor que nunca aquello que siempre dicen los usuarios de sillas de ruedas, esos mostradores altos son muy desagradables, te cuesta llegar para entregar cualquier cosa y no ves apenas a quien te atiende. Una línea naranja después llegué a una sala dónde una médico muy simpática me preguntó que me pasaba y me puso una pulserita de “todo incluido” para que no me faltara de nada allí, salvo aquellas cosas a las que soy alérgica y podrían causarme una muerte agónica. Una línea azul más tarde me vió otra médico más simpática que la primera, y eso que tocó justo en el sitio que me dolía y no me hizo ya tanta gracia… Tras una radiografía y una nueva visita a la médico simpática II me han vendado y me han dicho que en una semana no me mueva mucho. También tengo que procurar tener el pié en alto estos días, así que aquí me hallo, ocupando dos sillas, una para mí y otra para lo que Mer ha denominado “esguince gordo”; cierto es que alguna vez me había pasado y esta vez me dolió mucho más; tontería de grado dos puede que sea su nombre científico. Por supuesto es lo mejor dentro de lo malo, no tengo nada roto, no llevo un yeso en Agosto, que tiene que ser una penitencia buena, pero no sé, será esta sensación de inutilidad que tengo, que no me agrada. Llevo toda la tarde reposando, que es un poco como no hacer nada, doliéndome cuando ando y aún no me quité la pulserita del hospital. A mi madre le recuerda a cuando recién nacida llevaba una así en el tobillo para que no me robaran o me cambiaran por otra, y considero que además de ser un parecido extraño, la cosa sería para darle vueltas un rato…
Bueno, lo mismo retomo la escritura en condiciones y en varias facetas, y hago un post de Amsterdam, incluso respondo a los comentarios de los dos últimos, que ya me vale… Algo bueno habrá que sacarle a esto.


Este post es diferido por no haberse podido publicar ayer. Actualmente tengo un carrito para que me saquen a pasear, a ver como resulta…

domingo, 9 de agosto de 2009

En el río Amstel


Siento ganas de ducharme vestida. Siento ganas de escribir a raudales y no sé de qué… Tengo ganas de morder y de mandar una playa desierta solo para mí, quiero no sentirme mal por ciertos arranques egoístas… Me encantaría que me entendieran sin hablar y no pensar que no estamos preparados para el apagón digital… Estoy harta del vecino de arriba, y lamento acordarme tanto de todos y cada uno de los miembros de su familia (difuntos y no).
Hasta aquí es normal, eso, lo de siempre; aunque en estos días tengo una motivación nueva. Ando aprendiendo que “kerk” es iglesia, y “dam” presa o dique; “hola” se dice “dag”, “si” es “ja” y beber “drinken”. A palabras sueltas aprendo algo de flamenco, y no hablo de bulerías precisamente. Mañana (ya hoy) por a algunos o algunas bien lejos… Me gustaría echar de menos a cierta gente, ciertas cosas. Quiero pasear sin que se me acabe el camino… Me gustaría hacer todas esas llamadas pendientes, beberme todas esas cervezas pendientes… No tengo ganas de aguantar y ponerle buena cara a los ratos incómodos. Busco sombra, silencio y zumos de Faborit que aquí no hay.
Mañana por la mañana parto para Amsterdam; no son muchos días, pero a mí me valen. Las rutinas no son sólo de trabajo y autobuses, se componen al fin y al cabo de monótonos ritos, y es soplo de aire cualquier cosa que te saque de ellos. Así que mi últimamente “irregular” blog, se queda desprovisto de tutora, pero como tiene vida propia, y casi subsiste por sí mismo, imagino que se las arreglará en mi breve ausencia, mientras esquivo bicis, contemplo la “Noche de ronda” o como sándwiches.
Prometo que a mi vuelta, intentaré darle algo más de vida a este rincón.

jueves, 30 de julio de 2009

Decálogo absurdo extraído de varios días en la Villa y Corte




1 Los cascos del AVE te los dan para evitarte escuchar las conversaciones, en ocasiones muy absurdas, que otros pasajeros mantienen con unos idems o con sus teléfonos móviles en un volumen elevado.
2 De nuevo en la megafonía de algunos trenes se refieren a ti llamándote “viajero” y no “cliente”, lo cual, para una maniática lingüística como yo, es de agradecer.
3 Lo siento, odio desayunar en un bar madrileño, la poca variedad de tostadas y “las porras” frías. No soy nacionalista de la patria chica, pero en este caso concreto ¡sí, y mucho!
4 Me sigo estremeciendo con la línea uno, y la canción de Sabina “Caballo de cartón”, aunque la línea está en obras…
5 Si una napolitana es un bollo, un croisant es un bollo, un donut es un bollo ¿da igual comerse uno que otro?
6 Pasión sin puñales es un espectáculo altamente recomendable que nos enseña que un streptease puede ser estiloso o cómico.
7 La reforma y ampliación de El Prado me recuerda a muchos museos, pero no al Prado; a pesar de eso, tampoco me disgusta…
8 Hay formas de patriotismo que me gustan más que otras.
9 No sé porqué, siempre acabo comprando en tiendas que hay en mi ciudad, cuando estoy fuera de mi ciudad, y además ¡ropa de invierno!
10 Volver a Sevilla, notar esa bofetada de calor que hace que vuelva a fluír por tu cuerpo la sangre que se te había quedado paralizada con el aire acondicionado, es de las mejores sensaciones del mundo.

lunes, 13 de julio de 2009

¿Hay alguien ahí?


Si, si, ella sigue viva. La vieron por la Aldea, aunque no eran fechas; en la boda famosa y esperada sonreía vestida de azul. La vieron planeando viajes y sueños allá por un País Bajo. Cantaba en un coche y se dejó caer en alguna terraza de moda; si, parece algo raro, pero alguna frecuenta. Sigue llegando tarde a los sitios, riéndose de absurdos juegos de palabras, pintándose en el asiento del copiloto. Echa de menos la lluvia, extraña los días del verano pasado en Caños de Meca, y sabe que pronto, para su suerte, llegará el otoño, pues el verano no es lo suyo, aunque se adapta a él. Busca ratos en los que se busca a sí misma. Casi le salen escamas en Caño Guerrero por pasar cinco horas entre olas y confidencias; sigue buscando la verdad de las cosas y el mejor lado de las personas, aunque no siempre lo logra. No le gusta lo que escribe, no se siente a gusto con ello; no pierde el empeño por juntar letras, pero a menudo se mosquea consigo misma… Intenta paliar el calor en la piscina, pretende mirar al frente para que quede bien atrás esa rachilla no tan buena que ha venido padeciendo. Disfruta con lo pequeño y procura que eso no le falte. Al fin está abandonándola un resfriado veraniego que la traía por la calle de la amargura… A veces, muchas veces os lee, a veces, demasiadas veces, no os comenta, sin ningún motivo especial, pero lo siente mucho. Sabe que volverá, o que tal vez no, pues tampoco es capaz de irse ¿y cómo vuelve quién no se va?

miércoles, 1 de julio de 2009

Un año más…


Todos intentamos huir del tiempo, escapar de un Cronos griego o un Saturno romano que pretende devorarnos como un hijo más. Bueno, tal vez generalicé, y todos no; yo sí, pero es imposible, y un año más, volvió a ocurrir.

Hace poco, la mujer que se hizo madre el mismo día que yo hija, me recomendó que no descuidara ciertas zonas de mi cara, pues la piel también cumple años…
Hace dos semanas fui a mi primera despedida de soltera.
Dentro de tres días se casa la hermana de una amiga; una de esas personas que no es tan mayor pues sólo hizo las mismas cosas que tú un par de años antes, aunque ahora
parece subir los escalones de dos en dos…
Murió Michael Jackson, estaba ahí desde que yo nací y podré contar a las generaciones venideras que recuerdo este momento en la historia de la música…
Todo parecen signos de que me hago mayor. Comienza a planear sobre mí la sombra de la presión que la sociedad y la cultura marcan. Me acerco al cuarto de siglo; a esa edad las vidas tienen un sentido, unos pilares, ciertas metas más materiales o concretas que las que a mí se me vienen a la mente al pensar en ellas…
Pero ya no se puede hacer nada, hasta aquí hemos llegado y habrá que asumirlo, aceptarlo, celebrarlo…
Al fin y al cabo, no es tan grave; dicen que lo peor es en los veinticinco, cuando te catapultan a los treinta, aunque cuando me quiera dar cuenta estaré en eso… como decía Quevedo: sólo puede ir a peor.

NOTA: Tras celebraciones, idas y venidas, aquí dejo para que podáis verlo, el regalito de Moe de Triana, para que tenga uno propio en mis sustituciones en la tasca.
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