lunes, 13 de septiembre de 2010

Carta de un regreso


Queridísimos todos:

Hace mucho que tengo abandonado este blog y los vuestros, y no es intencionado. Sufrí un apagón informático, se estropeó el portátil, y ese sobremesa que daba su apaño de vez en cuando se fundió… Ya el portátil ha vuelto, y al sobremesa le auguran buenos tiempos si me prestan un disquito… En fin, a todo esto hay que sumarle que al poco de este abandono que sufrí de elementos tecnológicos partimos hacia el Norte con parada en el Levante.
El común amigo de muchos de los que pasan por aquí, Miguel Andréu, siempre anda diciendo que está deseando hacer el viaje al que vayan dos y vuelvan tres, y no le faltan motivos para desear esto, claro… Nosotros hemos hecho a la inversa, fuimos tres y volvemos dos, o técnicamente volvimos tres partiendo cuatro pero bueno…
Vengo encantada de Cantabria, por muchos y diferentes motivos. Lo malo es que quería llevarme el portátil porque sabía que me ocurriría lo que ahora me sucede… Temo olvidarlo todo, tengo miedo de olvidar lo interesante, de que se me borre información de mi pobre cabecita. He aprendido mucho, de arte, de naturaleza o la vida en general, incluso he aprendido cosas que ignoraba pues como decía mi madre al poner en mi mano una fruta verde y redonda, soy una “cateta de ciudad” y creí que aquello podía ser una extraña pera, y resultó que era algo que me encanta… nueces.






Una vez que lo verde se va, se ponen negras, y luego ya adquieren el aspecto de nueces mundanas, como podéis ver arriba. Y un consejo si alguien es tan cateto como yo, no intentéis quitar lo verde sobre todo con las manos directamente como hice yo, clavando las uñas… Me las puse negras y los dedos amarillos como si fumara dos paquetes al día, vamos, un desastre…

También he aprendido de mí, como siempre ocurre en los viajes, e incluso a nivel familiar he crecido, pero ya os lo contaré más adelante. Tengo que asentarme, reorganizar ideas, fotos…
De momento tengo un disco de la Banda de Gaitas Cantabria que ayuda al recuerdo y unos cuantos quesos que “perfuman” la casa, así que espero que estos elementos contribuyan al aterrizaje.

Comenté que este año quería haber viajado a Berlín, pero aunque no pudo ser, tengo un pedacito de aquello que me han traído.



Y además he sumado un concierto más de Sabina a mi kilometraje, que tanto el flaco como yo vamos cumpliendo años…

Y entre todo este suceder de cosas, prometo que voy a intentar ponerme al día en mi blog y sobre todo en los vuestros, sólo necesito un poquito de tiempo.

Nos leemos pronto

lunes, 23 de agosto de 2010

La excepción que confirma la regla


Odio los Martes, todos, no sólo los que tienen el 13 como compañía, sin excepción no me gustan y no son días en los que me pasen cosas especialmente buenas, y esos hechos son fatales para una supersticiosa como yo, pues me dan la razón, y aumentan mi creencia, alimentan mis manías.
En parte creo que no todo lo estrictamente genético se hereda, o es otra casualidad de esas en las que no creo, pues mi madre dice que su padre, mi abuelo, era otro odiador de los Martes como yo. Y conste que ni llegamos a conocernos en esta vida, no pudo decirme nada o predisponerme, pero parece que en cierto modo adquirí esa fobia contra un día dedicado al dios de la guerra.

Sin embargo el martes pasado fue diferente, me han dado una de las mejores noticias de los últimos tiempos.
Desde hace ya muchos puñados de semanas, he empezado un cambio horizontal en ciertos aspectos de mi vida. Rehúso medias tintas, llamo a las cosas por su nombre, pienso en mí, no he dejado de pensar en los demás pero pienso en mí, que no es poco. Esta actitud es buena y mala. Es una purga mental, una limpieza del espíritu, y como en todo, hay quien se toma bien tu cambio y se alegra por ti, y hay quien no lo entiende y se lo toma peor. Pienso mucho en la amistad últimamente, como concepto completo y global, como concepto parcial… Pienso en mí, en los años, en la gente, en el círculo psicoafectivo y el compromiso o la implicación, que son conceptos ligados y que a menudo se olvidan. No me arrepiento de mi cambio ni de las vueltas que ahora le doy a todo. Como sigo siendo igual de supersticiosa que cuando empecé a escribir este post, entiendo esto como algo bidireccional, las señales malas traen malas cosas, y las buenas señales auguran cosas geniales.
Y tras tanto darle vueltas en estos días a tantas cosas y sentimientos amaneció un martes extraño, nada caluroso, gris, que anunciaba lluvia y que estalló en truenos a media tarde. El agua caía como una manta refrescante que lo limpiaba todo, que se llevaba lo malo. El perfume de la tierra mojada invadía el salón de casa mientras yo sonreía y quería seguir riéndome de las bromas y guiños del destino, de las paradojas de la vida y de las casualidades en las que no creo. Resultó que ese amigo del que ya os hablé, al que hace tanto que no veo, se viene un año al Sur, se viene muy cerca, mucho más cerca de lo que él creía. Antonio Gala lo requiere para su Fundación, y allí, entre otros compañeros estará con ese otro amigo del que ya os hablé en otra ocasión, y del que alguna vez robé una imagen para ilustrar entradas, sentimientos y sueños. Y todo eso en un día de lluvia, con lo que yo la amo
La amistad es curiosa, más fuerte de lo que muchos creen. Los giros del azar son impredecibles, y a mí todo esto me parece una confirmación de que no me he equivocado en lo que pienso.

A veces las señales son tan complicadas como la de la foto, a veces es cuestión de saber interpretar, y a veces se trata de equivocarse en la interpretación; y a veces, sólo algunas veces, existen excepciones, y los Martes dejan de ser Martes, y tus supersticiones son tonterías ancestrales.

sábado, 14 de agosto de 2010

Gibraltar


Este es el verano de apretarse el cinturón, es el verano previo a muchas cosas buenas, a muchos cambios, seguramente que será un verano recordado en el futuro, quien sabe si no es el último verano sin cadenas estudiantiles en un tiempo, y también es el verano en que no conocí ni Berlín, ni Praga, ni Irlanda, ni ninguno de esos sitios que recorro en sueños o guías virtuales… En parte por lo primero que referí, en parte porque también hay que conocer España, toca Santander, porque no niego que a veces me invade una vergüenza extraña cuando pienso que por ejemplo conozco la Piazza dei Cavalieri, en Pisa, y hay mucho del territorio nacional que se me escapa… Es el verano en que no puse los pies en el extranjero, aunque debería decir, era, porque al final, de un modo algo extraño, sí que hay escapada a otro territorio.
La cosa es que veinte años no se cumplen todos los días, aunque a mí ya me vayan quedando lejos, pero mi hermano los andaba estrenando. Dice que la idea se le ocurrió al pensar que el año pasado alcanzó los diecinueve paseando por el Barrio Rojo de Ámsterdam, matizo que sólo paseamos, y que este año, de un modo u otro, también quería que estuviéramos fuera el doce de Agosto. Así que nada, por la mañana, mirando el sol que entraba por el techo del coche, pusimos rumbo a Gibraltar, que aunque muchos digan que es español, debería matizar eso, aún a riesgo de enfangarme en temas de nacionalismos que me tienen pelín cansada… Yo creo que se sienten británicos y andaluces, o esa es mi impresión. De todas formas, España cedió ese territorio a los hijos de la Gran Bretaña, con presión, pero los cedió…

Ya habíamos estado en el Peñón, pero hacía tantos años que no recordaba lo curioso del lugar. Llego a ponerme pesada, pero sin duda, lo mejor es el habla de los habitantes. Que un policía inglés, uniformado como tal, en la frontera te diga: “Er DNI zeñorita” es impresionante, sobre todo porque al segundo están hablando fluidamente en inglés, o en la mezcla de los dos que es mucho mejor. Expresiones como la de un amigo que se encuentra a otro y le dice: “Hi! ¿qué estás de hollydays?” son adorables, o conductores de autobús que hablan gaditano pero tienen que esforzarse en calcular el precio en euros de las cosas. De hecho, esto de los carteles en inglés, los precios en Libras, oír parla luterana, hacían que tuviera el impulso de hablar yo también en esa lengua, pero era tan absurdo, cuando todo el mundo podía entenderme en mi sevillano moderado…

Gibraltar posee grandes encantos para una familia como la mía, el gusto del alcohol en sus variantes más preciadas, el que se bebe y el que te perfuma, ambos a precio razonable. También la gente aprovecha para llevarse tabaco, pero nosotros somos otra clase de viciosos; viciosos de esos que respetan escrupulosamente la cantidad de determinados productos que pueden pasar la frontera, y que luego se arrepienten de sólo llevar ginebra y algunos perfumes, cuando ni nos registraron ni nada…

También me resultó interesante que allí se encontrara el cementerio de los caídos en Trafalgar, caídos del lado inglés claro, que fueron enterrados cerca de donde nos ganaron, pero nosotros nos llevamos por delante al mítico Nelson.

Subir al Peñón para ver a los furiosos monos, los túneles que sirvieron de refugio en la Segunda Guerra Mundial, cuando Franco quiso aprovechar la cercanía para apuntarse un tanto, o el monumento a Hércules que recuerda como este separó Europa de África para dar paso al Atlántico, tendrán que esperar a otra visita. No disponíamos del tiempo suficiente para disfrutar de todo aquello. Por otro lado, si que llegamos a Punta Europa, un nombre muy obvio para ese lugar donde los griegos acuñaron lo del “Non plus ultra”. El viento daba vueltas agitado, revolviendo el mar, la arena, nuestro pelo… Volví a pensar que cerca está África, casi parece que la alcanzas con la mano. Que cerca y que lejos, que sueño más inalcanzable para algunos, que costoso, que duro…

Las pintas de cerveza, los cañones, los incontables peluches de monos, su propia moneda, hacen de aquello un lugar peculiar. Que sigan teniendo un Mark Spencer, los muffins, las galletas, convierten a ese sitio en una fusión perfecta entre dos ciudades que me encantan; Cádiz y Londres.
Me paso el día bromeando con que quiero pedir una Erasmus a Gibraltar, mejoraría mi inglés, estaría cerca de casa… tendría lo mejor de cada cosa…


Volvía como me fui, con la canción de “Los mártires del compás” dándome vueltas dentro de mi cabeza: al lado un bocado de Londres, enfrente África, Algeciras que se esconde, La Línea que viene y va…






viernes, 6 de agosto de 2010

MSC


Ayer me acordé de ella, buscando a otra persona en la agenda del móvil caí en la cuenta. No sé si soy tan tonta y nunca me había percatado de ese pequeño detalle, no sé si después de un curso pasando lista y poniendo nuestros nombres en portadas de trabajos, no me había dado cuenta de que ella y yo tenemos las mismas iniciales, MSC. Total, una chorrada como cualquier otra, una de tantas tonterías mías que quedan en la intimidad del diario y la cotidianidad. Pero al acordarme de ella me di cuenta de que la echo de menos. No sé si la extraño a ella concretamente, o a lo que representa, o a como es… Mi hippy trasnochada, mi mejor amiga de treinta y tantos, mi compañera de banca, a la que hace ya demasiado que no veo…. Pensé en como estoy ahora, en la ociosidad excesiva que a veces lleva al cansancio injustificado, a la desgana… Le doy a todo demasiadas vueltas, me sobran horas para pensar, y ojo, en cierto modo pienso que las necesito pero por otra parte, quizás vaya a sobrepasar el límite…. Y con esta nimiedad de las iniciales me he acordado de ella, y he imaginado lo que me diría si desmenuzara ante ella todo lo que me ronda. Tal vez ni me haría falta decirle mucho, tres frases podrían bastarle para que comenzara a sonreír, me dijera que aún soy joven, me dijera su opinión, me contara una anécdota, o quizás alguna tontada que nada tuviera que ver para que yo relativizara todo… Acabaría mirándome, soltando alguna sentencia blanca de las suyas del tipo: “Ay, eres tan mayor, y a la vez tan pequeña” Y yo me reiría y haríamos la fotosíntesis en el banco más cercano, que no es algo que me guste especialmente, pero sí con ella, con ella me sienta bien.
A veces ve cualidades en mí que ni sabía que tenía, que nadie más ve. A veces creo que confía demasiado en mí, en mi capacidad de solucionarlo todo. A veces es capaz de pintar la realidad con unos trazos tan claros como nadie puede dibujarla, y le gusta llamar a las cosas por su nombre, aunque sea capaz de crear un mundo ideal y fantástico, a su medida, con sus propios colores.
Y me parece curioso haberme acordado tanto de la pintora poeta a la que imagino en su pueblo y el de Martínez Montañés, feliz con los suyos. Pero quien sabe, puede que la llame, o le escriba un correo, o un mensaje en alguna red social, para enseñarle la entrada y que se ría un rato, y puede que volvamos a tener una conversación breve de esas, de MSC a MSC.

martes, 3 de agosto de 2010

El límite de la tolerancia


Me da pena haber hecho lo que he hecho, pero sinceramente, no había necesidad y a fin de cuentas el blog es mío.

Creo que en los cerca de tres años que llevo de andanzas blogueras sólo he borrado dos comentarios, y porque su contenido, además de no tener nada que ver con el tema del que se trataba, excedía los límites de la educación y el saber estar que se supone, debe tener alguien a la hora de participar en algo así; y de todas formas, siempre expliqué el porqué de la eliminación, incluso más de una vez he tenido el impulso de borrar algunos más, pero no lo hice, me considero bastante tolerante y en ocasiones estiro el límite. Al fin y al cabo, lo mejor de un blog generalmente son los comentarios, y de todos se saca algo. Puede que por esto mismo me animé a poner un contador de reacciones, y lo hice del modo que muchos habrán visto, incluyendo tres opciones: Me gusta, Interesante y Patético. Evidentemente, todo el mundo es libre de pulsar la que quiera, la que más conveniente le resulte en base a lo leído. Y por supuesto, sabía que algún Patético me podía llevar, pero no me importaba, me gusta la crítica constructiva y argumentada, y pensé que me ayudaría esta calificación a escribir mejor, a saber lo que gusta y lo que no. Pero sinceramente, lo que no estoy dispuesta a tolerar es lo ocurrido, pues alguien, o más de una persona, lejos de contribuir, imagino que pretenden molestar o algo pues tienen el entretenimiento de entrar y clicar en “Patético” en todas las entradas de la página principal, casi a diario. El fallo en parte es mío, no era el mejor sistema pues evidentemente eso no es crítica constructiva, más bien parece otra cosa, no sé si una cuestión personal o aburrimiento puro y duro. No hay argumentación en un simple clic, pero creí que sería orientativo; sin embargo ha resultado que se trataba de una de esas cosas buenas, de las que el personal hace mal uso.
Siento si he mutilado el pasatiempo veraniego de alguna persona, pero a partir de ahora, las opiniones volverán a ser a la vieja usanza, con un comentario. De todas formas, a modo de consejo, quien considere tan patético este blog no tiene porqué pasarlo mal entrando aquí con esa frecuencia, puede dedicarse a otros menesteres, y si quiere bloguear en condiciones, en la columna de la derecha hay un puñado de sitios que podrían gustarle más que este.
Ya lo dije al comienzo, me da pena, pero hasta mi tolerancia tenía un límite.

sábado, 31 de julio de 2010

Toy Story 3



Los niños estaban locos por ver esta película, niños de veinte años o más, pero niños que eran más niños cuando se estrenó la primera, e incluso la segunda. Quizás ha merecido tener que esperar tanto tiempo para poder ver una secuela tan maravillosa y divertida como las anteriores. Se conservan intactas la frescura y el humor de Woody y sus amigos, incluso la ternura se mantiene; sobre todo al final de la película, antes de los geniales títulos de crédito, (canción de los Gipsy Kings incluida)… Y ya contamos con un cuarto de siglo en la espalda, pero te da por pensar qué fue de tus juguetes, recuerdas el destino que les diste, y puerilmente imaginas que tu decena de muñecas Barbies estarían bien, pues se las diste a tu prima, que sí jugaba con ellas, mientras tú, según decían, te estabas convirtiendo en una mujer, y preferías llenar tus estanterías con otras cosas.

Totalmente recomendable esta tercera entrega, y es que Toy Story, pertenece a ese selecto grupo de películas que desafían al refrán de “Segundas partes nunca fueron buenas”, y la tercera sigue en esa línea. Y es que es triste, no sigo para nada la saga de Crepúsculo, me costó mucho ver El Señor de los Anillos y lo hice más por casualidad que por interés, pero sin embargo, recomiendo que niños de todas las edades no se pierdan las aventuras de estos juguetes; eso sí, es recomendable que primero se les pongan a los niños más pequeños las dos primeras, que se estrenaron mucho antes de que la mayoría naciera, y así no se aburrirán, al contrario que los niños que había en mi sala, pues lo dije antes, los niños incondicionales que no pestañeábamos éramos los que teníamos ya la mayoría de edad sobrepasada.

miércoles, 21 de julio de 2010

El Moisés




Cuando Julio II encargó a Miguel Ángel su mausoleo se trataba de una composición magnánima, de más de cuarenta esculturas. De hecho, Miguel Ángel pasó más de medio año en Carrara, escogiendo enormes y magníficos bloques de mármol. Una obra sepulcral grandiosa, un edificio libre situado en el mayor templo de la cristiandad, de compleja iconografía, con relieves de bronce, todo coronado con el enorme sarcófago que albergaría los restos mortales del Santo Padre. Una obra escultórica y arquitectónica que habría asombrado al mundo.
Pero el “Papa Guerrero” dicen que convencido por Bramante, el arquitecto de San Pedro poseído por la envidia, cambió de parecer y dedicó sus esfuerzos y sus fondos a la remodelación de San Pedro, se desveló con la Basílica y desterró su mausoleo a San Pietro in Vincoli. Cuentan que Miguel Ángel se sintió traicionado y aunque como desagravio le encargaron pintar la Capilla Sixtina, nunca se repuso de aquél episodio. Su proyecto, aquél que se podía haber convertido en el cénit de su carrera, fue considerado por el artista como el fracaso de su vida. De hecho, el fracaso se ligó con la obsesión, y desde 1505 hasta 1542 Miguel ángel fraguó seis proyectos diferentes. Cada uno de ellos era más reducido que el anterior, cada concepción simplificaba más aún el monumento funerario de Julio II, pues los sucesores de este renovaban el contrato cada vez con fondos más escasos.


Quizás, en un primer golpe de vista, lo que capta la atención de quien entra en San Pietro in Vincoli sea esa hilera de columnas que pertenecieron a Pilato. Al fondo, a la derecha puede verse una estructura de dos pisos donde descansa Julio II; y ahí está él, el Moisés de Miguel Ángel.
Su faz marmórea rebosa expresividad. Conserva en su cerviz la grandeza de quien lideró al pueblo elegido contra los Egipcios y los condujo a través del desierto. En su rostro se contiene rabia, cierta ira, pero también una expresión resignada, el intento de dominarse a sí mismo. Dicen que representa el momento en que Dios, tras darle las Tablas de la Ley, le anuncia que no verá la Tierra prometida. Otras teorías afirman que capta el instante en que ve a su pueblo adorando al becerro de oro. Sin embargo, hace poco leí que es un autorretrato, en cierto modo, del propio Miguel Ángel. Su frustración ante su mecenas, el dolor por sentirse menospreciado, la rabia que sintió al arrastrar durante años un encargo que nunca cumplió sus expectativas. Personalmente, habiendo visto su portentoso David, o la magnífica serenidad de su Piedad, yo siempre me he quedado con el Moisés, tal vez por su sencillez, por el delicado trabajo que entraña algo a simple vista sencillo. Tal vez, el artista florentino no imaginaría que la obra que para él era el recuerdo de un fracaso, para muchas personas, como yo, sería la síntesis de su arte.


A veces, como el propio Buonarrotti, nuestras expectativas son muy altas, demasiado altas. A veces, no cumplirlas nos decepciona y en cierto modo nos frustra. A veces, ni tan siquiera tenemos un Papa irascible como era Julio II, que llegó a atizar con un bastón a Miguel Ángel, a veces somos nosotros mismos los que nos damos bastonazos y no nos permitimos disfrutar de nuestros logros, pues no son tan buenos como creíamos que iban a serlo.


Esta entrada está dedicada a quien por mucho tiempo ha sido el profesor sin pretenderlo, de Historia del Arte de cierto sector de la blogosfera hispalense.
Espero que su reflexión veraniega no le lleve a cerrar su puesto de agua; espero que se convenza de que a pesar de no haber realizado el que podía haber sido el mayor monumento funerario del Renacimiento, sea capaz de valorar que sin cumplir todas sus expectativas, puede crear un Moisés elegante y bello, y un puesto de agua, que con más o menos frecuencia en su actualización, a muchos nos gusta visitar.

viernes, 9 de julio de 2010

Consejos veraniegos





El verano, tal vez por su naturaleza relajada o por la espiritual experiencia de la siesta, que se fomenta más que en otras épocas del año, es un periodo estupendo para la reflexión, la meditación, la conversación, la tertulia y ¿por qué no? La filosofía.
Mi hermano y yo, que nos retrotraemos en momentos del día a tiempos de la infancia ya pasados, en los que sólo hablas de chorradas cargadas de verdad, andábamos el otro día disertando sobre temas marítimos, más concretamente del baño playero, otro momento para mí de alto contenido disertativo. Atendiendo a la máxima de “al mar hay que tenerle respeto, no miedo” pues él y yo siempre fuimos de esos que dicen “hasta la boya y me vuelvo”, concluimos que todo se reduce a dos reglas básicas: No te bañes borracho, y es mejor estar donde no haces pie, pues nunca sabes que podrías pisar. Mucha gente no está de acuerdo con esto último…. ¡ay! ¡Que equivocados están! He comprobado en mis propias carnes cuanto de cierto hay en eso de no tocar fondo, y no fue queriendo; es decir, no es que por mi afán investigador y empírico dedique mis escasos y salteados días de playa a demostrar esa teoría. Lo recuerdo y me entran escalofríos… estando en animada conversación con mi madre dentro del mar, de pié, con ambos pies en el fondo, noté como algo mordía mi pie derecho… No me dolió, lo que fuera no tenía unos dientes muy allá pero… ¡Buaaaa! Lo dicho, escalofríos al recordarlo… Una sensación desagradable, un repeluco… Menos mal que ese amor que hay en mi familia por las playas semi-desiertas hizo que mis chillidos de histérica tampoco formaran el jaleo que podían haber causado en alguna que otra playa que se me viene a la mente…

Así que como cada uno aporta lo que sabe, este es mi consejo veraniego, el fondo del mar no es lo que parece…

jueves, 1 de julio de 2010

El cuarto


Le he dado muchas vueltas a cómo afrontar esta entrada por tercera vez… incluso pensé no poner nada. Este año parece que mi desgana al pasar la barrera del 1 de Julio aumentó… La edad, las manías, o simplemente que no es mi momento imagino que se han sumado este año que alcanzo el cuarto de siglo.
Quisiera que fuera cierto eso de que cada año se es más sabia y no más vieja, creo que ya lo dije alguna vez, pero es que cada vez siento que sé menos; o puede que últimamente esté aprendiendo tanto que el contraste es muy grande.

Siempre cumplí años cuando concluía el curso, y en cierto modo mi calendario se ajusta más a cursos que a años naturales. Esta nueva etapa traerá muchos cambios, nuevas aulas, nuevos compañeros, libros… e incluso al fin seré usuaria del metro sevillano, el cual aún ni he probado.
Espero al fin centrarme dentro de mi desorden natural, no olvidar como he llegado hasta aquí (aunque no esté muy lejos), renovar el DNI, que el hígado me acompañe, que las personas vayan, vengan y se queden, según sea mejor para ellas y para mí.

De todas formas, por poco que me guste esto, siempre me agrada seguir cumpliendo con vosotros.

El año pasado Ludwig me dijo que lo peor era a los veintiséis, cuando te das cuenta de que los treinta están cercanos… vaya tela como tenga razón….

viernes, 25 de junio de 2010

El día que no le conocí…


Azares de la vida, hoy podría haber conocido a ese singular personaje, a ese ser irónico y mordaz que a mí me despierta admiración y ternura… Pero no ha podido ser. Puede que me haga mayor, puede que tomara conciencia de que no lo puedo llevar todo a la vez para adelante… He decidido quedarme y hacer algo burocrático que me abre la puerta a seguir mi camino, tal vez esté iniciando una nueva vida con esto.
Me entretengo pensando que tal vez todo habría sido en vano, y a pesar de haber ido, finalmente solo lo hubiera conocido de vista, o con un saludo muy escueto. También fantaseo con que un breve comentario, un chiste oportuno o cualquier casualidad podría haber despertado la exquisita atención de mi admirado caballero. Una conversación con él bien vale un Imperio, pero parece que no el mío, o simplemente como he dicho antes, a veces hay que pensar con la cabeza. Por eso aunque me ronde todo el tiempo la mente el pensar “Que habría pasado si…” no me arrepiento, sé que estoy haciendo lo correcto y que voy a andar sobre seguro, aunque no sea siempre ésta mi tendencia.

Agradezco a quien se preocupó de llevarme a cumplir uno de mis sueños, pero puede que sea mejor así, y quien sabe, tal vez algún día sí conoceré a este señor, y entonces pueda contarle que existió el día en que no le conocí…

viernes, 18 de junio de 2010

Mi amigo Sergio…


Mucha gente dice que un blog es un espacio personal, de intimidad compartida. Muchos otros dicen que es un gesto egocentrista, al considerar que lo que uno escribe le puede interesar a alguien, y puede que también esto sea cierto. Mi amigo Sergio dice que un blog es lo que antiguamente era un diario. Si esto es cierto, el diario de Sergio sería de lo más extraño, un niño empeñado en llenar páginas con calles, edificios, plazas… Eso sí, el bloguero del que hablo no es un egocentrista, él realmente tiene muchas cosas y muy interesantes que contar en su ventana.
Sobre Sergio podría decir muchas cosas más, aunque no lo conocí de niño para saber cómo era su diario. Hará más de dos años que apareció una tarde lluviosa en Vizcaíno. Antes de eso, como a muchos otros, ya lo conocía en cierta manera a través de sus Sevillanadas. Es curioso la polisemia de la palabra blog, pues además de todo lo referido antes, también ha sido para mí, sin proponérmelo, una herramienta para conocer a gente fantástica, como es el caso del General.
Podría seguir cronológicamente diciendo cosas, pero no me salen, se me disparan los recuerdos desordenados a noches de Miércoles Santo y contenedores, a muchas llamadas para preguntar simplemente “¿cómo estás?”, a frases o anécdotas que cuenta con gesto serio y que son para morir de risa. Con ese batiburrillo de cosas es difícil definir o hablar de alguien. También podría tomar prestado el concepto que un día soltó mi hermano al preguntar: “¿Ese quién es? ¿tu amigo el grandullón con pinta de noblote?” Ese también es Sergio, que ojo, esta peregrina descripción fue constatada por Ester (ella es así, sin “h”) y si ella lo dice, ya no hace falta más, así es.
El tres de Julio Sergio dejará de ser un bloguero soltero, aunque tras tantos años con la chica que no tiene “h” muy soltero tampoco estaba. Será en Los Gitanos, no podía ser de otra forma, y espero que el calor de ese día no sea del todo letal.
Es complicado hacer esto, cuando hago algo así suelo ponerme cursi o soltar algún chiste malo para aflojar la tensión; así que es mejor ir cortando ya, y no deseando suerte. No la deseo porque a Sergio y Ester no les hace falta, además, a veces creo que desearla atrae lo contrario, y ya a mi edad no puedo luchar contra mi propia superchería.

Sea muy feliz General, disfrute de su día y de los años que le quedan por delante, no se cabree demasiado, y lo más importante haga un buen ramo de anécdotas para el futuro.

domingo, 13 de junio de 2010

Prevención para la vida y para la muerte


Venimos al mundo desnudos, llorando, débiles, sin manual de instrucciones y sin ninguna prebenda que nos ayude.
Venimos tal cual, nos visten y alimentan, comenzamos a equivocarnos repetitivamente, y esa sucesión de ensayo y error es aprender, que en definitiva es vivir.
Algunos nos intentan ayudar, nos enseñan lo que saben, nos ponen obstáculos para que aprendamos a saltar. A veces nos creemos en una falsa sabiduría, en un dominio inexistente de algo, en un control que no es más que un espejismo. Puede que eso sea lo que provoca un vuelco en el corazón a cada poco, unas cuantas noches de insomnio, miles de cavilaciones y preguntas.
Estas líneas, este rollo macabeo, son las divagaciones de quien ni por asomo se acerca a una idea de lo que le rodea, lo que le depara la vida, su destino. Este variado de palabras torpes son un intento de clarificar lo que no es claro. Estos rodeos plasmados y traducidos a ceros y unos, puede que estén provocados por acercarse al cuarto de siglo de forma fatídica e irremediable, por sentirse tan ignorante como con su primer pañal, insegura como cuando aprendió a andar agarrada a un bote de toallitas, con una incertidumbre que a veces incita, a veces asusta.

Por suerte para mí, hay quien sí supo sintetizar una breve idea de lo que se debe saber a cierta edad, de lo que debe tenerse en cuenta, de lo sustancial e indispensable. Al fin y al cabo, don Francisco tuvo tiempo sobrado para pensar, reflexionar y escribir con maestría. La muerte, como parte inseparable de la vida, la fortuna caprichosa que nos maneja o el paso del tiempo, imparable y justo, son cosas que pude aprender de Quevedo, y es que a veces los conceptos barrocos son más actuales de lo que parecen.



PREVENCIÓN PARA LA VIDA Y PARA LA MUERTE



Si no temo perder lo que poseo,

ni deseo tener lo que no gozo,

poco de la Fortuna en mí el destrozo

valdrá, cuando me elija actor o reo.


Ya su familia reformó el deseo;

no palidez al susto, o risa al gozo

le debe de mi edad el postrer trozo,

ni anhelar a la Parca su rodeo.


Sólo ya el no querer es lo que quiero;

prendas de la alma son las prendas mías;

cobre el puesto la muerte, y el dinero.


A las promesas miro como a espías;

morir al paso de la edad espero:

pues me trujeron, llévenme los días.




Francisco de Quevedo y Villegas

Foto: Por cortesía de Moe de Triana

jueves, 27 de mayo de 2010

Volver


Soy un animalito de costumbres para muchas cosas. Suelo hacer siempre unos recorridos fijos, por determinadas aceras y caminos. Por las noches, cuando escapo de los amaneceres que parecen perseguirme, paso siempre junto a las mismas ventanas, me reencuentro con el olor a suavizante de esa vecina que adora poner la secadora por las noches, y esquivo algún que otro seto que ha crecido más de la cuenta y pretende interrumpir mi camino. Dentro de poco, en esta recta final, me detendré junto a una dama de noche, y aspirando su perfume, intentaré retenerlo hasta entrar en el portal; allí desaparezco como el sonido de mis pasos que por unos instantes perturbaron el silencio de la calle.
Últimamente reparo en estas cosas, y en los regresos en sí. Todos los caminos de vuelta, ya sean de tomar un café, de un viaje a Praga o de una hermandad de Penitencia que abandona la Catedral, tienen en común lo agridulce de su sabor. Se entremezclan los recuerdos mejores y peores, la alegría de lo vivido, la pena de que termine todo, los pensamientos, las reflexiones de todo lo ocurrido, conclusiones… En ocasiones cansancio en la espalda, y en otras ocasiones cosas peores; pero todo parece formar parte del proceso de volver.
He vivido nuevos caminos de vuelta últimamente, además, he cambiado el romanticismo de los ferrocarriles por el autobús, otro diverso mundo digno de estudio, y me reafirmo en lo que siempre pensé. A veces da alegría volver a casa, pero suele quedar la sensación de aquella sevillana rociera que decía “¡Ay qué triste es el camino cuando se viene de vuelta!”

martes, 27 de abril de 2010

De perfume, albero y manzanilla


Desde una radio María del Monte cantaba aquella sevillana que fue de las primeras que de pequeña me aprendí; “yo iba de peregrina y me cogiste de la mano…” Eran cerca de las ocho de la mañana del Domingo de los Fuegos, y aquello parecía ser la despedida de una semana de Feria. El resto de la clientela eran parroquianos, madrugadores, trabajadores, paseadores de perros… Nadie parecía tener los zapatos tan llenos de albero como nosotros, nadie lucía esa cara de felicidad y cansancio.
Ha sido una feria muy fugaz, se me ha pasado volando. Ha sido una feria diferente, como lo suelen ser todas, ha sido divertida, cansada, completa… Todos los años me propongo que esta sea mejor que la anterior, y creo que todos los años lo voy consiguiendo.
Como en las entradas anteriores, me vuelve a quedar esa resaca nostálgica, esa sensación de las cosas que faltaron y las que no; aunque no lo quiero pensar mucho…
Me gustaba pasar cerca de los trajes que aún no habían pasado por la lavadora, ese aroma que desprendían, mezcla de mi perfume, albero, manzanilla. Esa síntesis sensorial me resume la semana de una forma que no sería capaz de expresar con palabras, por más que usara. Es un resumen de días y noches, de risas, bailes, conversaciones más o menos formales, cosas que se dicen y se callan porque en cualquier caso, es mejor así… Y es que esta semana para mí supera con creces la Navidad, es tiempo familiar, de buenos sentimientos y compartir, pese a esa figura tan sevillana como es el “gañotero” y su versión femenina, que también existe evidentemente.
Me ha dado una pereza increíble recoger todos los avíos que tenía desparramados por el salón aunque he tenido que hacerlo, para cerrar este ciclo, para que mi madre no me chille…
Y como en todo, ya sólo queda esperar al año que viene, a pensar en el próximo traje, a esperar a ponerme el nuevo de este año, hoy por hoy mi favorito…
Vendrá la Feria otra vez y no será la misma, y eso será lo bueno. Este año ha habido cumpleaños, verdades humanas que han salido a flote con gestos, estrellas a los que han agasajado los camareros, controles de alcoholemia milagrosamente superados por la bondad de la benemérita, actuación de los “del vaso” y ratos que conservaremos para siempre, igual que a veces me da por guardar claveles secos…
Pensando en todo esto, me acababa la tostada, y esa sevillana de María del monte que había sonado por casualidad se acababa, reparé que yo nunca había entrado en ese bar, que está muy cerca de mi casa pero que en la vida lo había pisado; y quizás es otro milagro de Feria, acabar descubriendo que ese rincón de nombre rociero no está tan mal, ni es tan cutre como parecía…

martes, 13 de abril de 2010

Primavera, esa surreal rutina




Hay un Niño Jesús vestido de turco que da vueltas en mi mente… Hay un vestido de flamenca un puñado de tallas menor que su dueña, que mal rato he pasado hasta que todo se arregló… Queda cera en el asfalto y eso me pone feliz a la vez que triste… He vuelto a usar mi amuleto de la suerte, no me puedo librar de mis supercherías. Tengo un resfriado desde hace más de dos semanas y no me deja… quiero estar bien para Feria, lo necesito, pero parece que eso no va a ocurrir… He hecho como cuando era pequeña, vapor, eucalipto y nada… Tengo los labios quemados porque aunque la gente vaya en manga corta y las guiris en chanclas, no, no estamos en verano. Los marmolillos, separadores urbanos o como se llamen de la Alameda han resultado ser perfectos al fin… El viernes acabé cenando una pizza en la calle pasada la medianoche y resultó que estos cimborrios tienen la forma perfecta para apoyar la caja. Tengo hambre y sueño a horas extrañas, aún no me acoplo al horario normal, sigo con el de Semana Santa…
Y usar pañuelos de tela como las mujeres antiguas tiene su parte negativa, si te quedas sin reservas hasta la siguiente lavadora, es un tema…


No sé si es astenia primaveral o sólo surrealismo diario pero estos días son algo raros para mí…

martes, 6 de abril de 2010

Una semana, mil detalles…


Cerraba al fin los ojos, había sido un día muy largo… Entonces sentí aquella sensación, ya ni me acordaba… Siempre que acabo una Estación de Penitencia me ocurre lo mismo; cuando estoy en la cama siento la sensación del antifaz en mi cara. Era raro, no me acordaba de aquella tontería, pero me gustó sentirlo. Quizás ha sido esa, la Semana Santa de “la tontería”, las pequeñas cosas, el detalle milimétrico o a veces grande que ha ido hilando cada momento, cada día… Con miles de pinceladas como la del final de ese Martes Santo, podría contar la semana, del derecho y del revés, con orden, sin él… Podría empezar por el Domingo de Ramos, día que comenzó trianero y acabó amargurista…
Detenerme en Bárbara que ponía sellitos en la puerta de la Estrella, en ese trozo de calle Feria que llegó al Altozano con chicharrones incluidos… Podría saltar al Jueves, que fue día de sagrarios, mantilla por supuesto, y monaguillitos del Valle que me agasajaron de caramelos por aquello, por llevar mantilla… Recuerdo a uno que tendría no más de cuatro años y me decía: ¿Sabes que estas cartas se llaman estampitas? El Miércoles con ellos, que de risas, que de incienso… Me viene a la mente la imagen de cierta persona con la cabeza casi dentro de una tuba de Tejera y me tengo que reír recordando esa tarde-noche, con alegría, con nostalgia… Firmaría para los años venideros una Estación de Penitencia como esta, la firmaría en cuanto a lo personal, al camino, al tiempo, a la proximidad con el palio, el discurrir de la cofradía en general ya sería para analizarlo en otro lado… se me partía el alma el Lunes comprando el pan, con la radio puesta, sabiendo que tras un antifaz de San Pablo yo conocía uno de esos rostros que no paraba de llorar… Y la Madrugá… muy corta para mí este año, pero no se puede estar a todo… A veces la Semana Santa son ritos cambiantes, unos se incorporan, otros se aplazan, y benditos sean, benditas incorporaciones como esa foto con mi Virgen de los Desamparados el Jueves Santo, acompañada de más mantillas, más mantillas como las que me crucé en la calle Gerona entre las cuales no estaba Reyes, pero lo dicho, en años venideros…

El milagro de un Viernes sin lluvia era el regalo para ese muñidor que se retira, una pena, nunca conocí otro rostro que no fuera el de ese hombre portando la campana y ahora… El Sábado hubo un estreno, en mi opinión merecido, méritos propios hizo una hermandad con más empeño en recuperar que en crear algo que bajo mi punto de vista aporta poco, y sólo es mi opinión, pero el catálogo de misterios grandes y dolorosas guapas de ojos claros ya estaba saturado… Y tras eso, la Soledad, la plaza, las saetas reducidas… Algunas ausencias, algunos nuevos y algo que no cambia, el cierre de la puerta, un año más… Me encanta ese momento, y desearía que no llegara nunca…
Me habría quedado en la sacristía el Martes Santo departiendo y reponiéndome con mis hermanos, en una oración silente el Jueves en el convento de las Clarisas, me habría quedado frente al Jano viendo La Mortaja, en la primera trasera revirando que nos regalaba la Virgen de la Paz o admirándome mil veces en el genial cortejo Servita… incluso antes, en el eco que me llegaba de una saeta, o mucho, mucho antes, en el traslado de el hijo de Dios que lloraba como hombre el Viernes de Dolores… pero no pudo ser, las cosas pasan, la Semana Santa tiene que durar lo que dura, con sus excesos, sus defectos, sus infinitas cosas buenas, y tiene que empezar, y acabarse para echarla de menos, para volver a esperarla, para que mi bolso mantillero repleto de estampas montesioneras duerma el sueño de los justos, para que la Madrugá de aguardiente vuelva a saber a gloria… al fin y al cabo lo decía Sergio, ya ha empezado la Semana Santa 2011.

domingo, 28 de marzo de 2010

Carta a Lucía


Querida Lucía:




Sé por tu padre que ya el año pasado empezaste a pedir cera, y vaya mundo es ese…



¿Sabes? Yo también tuve una bola, una que empecé un Viernes Santo con el papel de plata de un sándwich que merendé… A tu padre le gustó aquella historia, porque ahora que no nos lee nadie te contaré un secreto, a los mayores nos da pena no tener bola de cera. Yo, cuando veo a algún niño sacar la suya y como un nazareno le ayuda a hacerla grande, de verdad que me da envidia no tener la mía…



Espero que tengas mucha suerte en esta semana, y tu bola crezca mucho, mucho. Hazle caso siempre a tu papá, si te dice que no es buen momento para pedir cera será por algo, y tranquila, hay muchos nazarenos y muchos días para seguir pidiendo. Los que van vestidos de negro no son malos, pero son de hermandades en las que no les dejan dar cera, no te enfades con ellos… Intenta conseguir cera de los nazarenos que tienen cirios de colores, es muy bonito como queda en la bola… No intentes darle en casa con las velas de cumpleaños, la cera rosa es muy cursi y se cae, es de mala calidad. No le tengas miedo a la cera, está muy caliente pero no quema, no te hará daño, aunque siempre hay que tener cuidado; además, sé que tu padre te ayuda, no dejará que ocurran lamentables accidentes. Con el tiempo verás que es hasta divertido quitarse la cera seca de las manos, o al menos a mí me gustaba hacerlo. No pierdas la bola, es un rollo tener que empezar una cada año. Yo solía mirar la mía durante el resto del año, para ver que no la había perdido…



En fin, que ya no te entretengo más, que te tendrás que ir ya. Espero que tú y tu bola paséis una buena semana, y recuerda que dentro de poco tendrás que ayudar a Martín con la suya.



Un beso muy grande






Mercedes

jueves, 25 de marzo de 2010

ESPERANDO SIN ESPERAR


Inesperada, con altibajos, intensa y atípica…

Comencé sin ceniza en la frente, con un virus que pensé que no me dejaría nunca, pero sí que lo hizo… Luego comenzaron los Vía Crucis suspendidos por la lluvia, las citas en los templos, los encuentros en otros templos, los que tienen barra… Comenzaron miles de mensajes (benditas redes sociales), intercambios de opiniones y pareceres… Ritos individuales y comunes, tal vez lo que me hace unirme a ellos es lo poco que coincidimos, aunque claro, estamos tan de acuerdo en lo esencial, que lo otro, lo que no compartimos no es más que abanico de color provocado por el gusto… Además, la Cuaresma siempre es un “volver a casa”, volver al barrio que no es el mío, ni tan siquiera es barrio… Volver a sentir todo más cerca, reafirmarme en lo que pienso, lo que creo, a mi manera claro…
Hubo nuevos compañeros con los que compartir el tiempo de la espera que no se para a esperar, hubo muchas noches en el Garlochí, y mucho, mucho incienso… Zapatos nuevos para el Martes Santo y miles de preparativos lentos y callados.
No dejaban de ensayar las bandas, y la tradición de San Bernardo se reafirmaba en la columna que invisible tiene marcado el tramo y nuestros nombres.
Y con los típicos dimes y diretes, noticias de todo tipo, llegaron los atriles, y los atriles pasaron… Perdón por no detenerme en ello pero ¿hay pregón más bello que el cartel de Capirotes de la calle San Esteban? Para mí no… Y ese naranjo… a menudo lo recuerdo, en una noche de lluvia, ya de retirada, mojado y frío amenazaba su azahar con perfumar Levíes y alrededores; admiré su estoicidad pero en aquellos días me parecía imposible que pudiera producirse el milagro del aroma sevillano por excelencia… No hay verso, ni prosa poética capaz de igualar esa estampa de Febrero; a menudo lo recuerdo… ¡debe estar cuajado ahora!
Y el cambio del barrio, en el que sí vivo… En tiempos este era el lugar menos cofrade de Sevilla… Los niños miraban extrañados a los nazarenos celeste y crema que salían del portal, y nada en estas calles parecía alterarse durante esta semana. Sin embargo, desde hace tiempo la tónica cambió. Desde Septiembre al anochecer resuenan marchas a lo lejos, mejores o peores, pero me encantaba bajarme del autobús a pie de ensayo… Y el incienso ya hasta se desliza por los portales, también lo pone el que vende los periódicos y de las ventanas se escapan sones de filarmónicas, agrupaciones… Es agradable ver como todo el mundo se prepara, como el viento pega fuerte en los cristales mientras escribo y a lo lejos, junto al polideportivo no cesan los tambores…

Ha sido dulce, celérico y acompasado, algo raro, diferente, como cada año… Agradezco a todos los que han compartido algún ratito de estos cuarenta días conmigo, agradezco que el azahar llegara aunque fuera tarde, pido a la lluvia que descargue ahora y no la semana que viene, y espero que todos pasemos una buena semana. Deseo una buena Estación de Penitencia para Ramsés y Sergio en la Madrugá, para el Andréu y Leticia que hacen doblete, cada uno a su manera, para Esther que lleva esperando el Lunes Santo desde hace un Lunes Santo, para Diego, que se ha propuesto batir su record cofrade de tres hermandades, para Luís y Rafael que son compañeros de día en diferentes hermandades igual que Julio… Pero todo el mundo hace estación a su manera, Víctor con su uniforme azul del Sol, Antonio como padre que enseña a las nuevas generaciones todo esto, para que luego elijan y se queden con lo que quieran, y de una forma u otra espero que todos encontremos en esta semana lo que buscamos.

jueves, 4 de marzo de 2010

Carta abierta a un pintor


Las citas o frases retóricas y manidas, en lo referente a la vida o el tiempo vivido siempre aluden al hecho de que vamos acumulando experiencias, vivencias, cosas buenas y malas que conforman lo que para mí es la verdadera edad. Luego está la cronología, la que marca el DNI y a efectos legales es válida. A efectos legales, tú has completado el cuarto de siglo como hacen y harán a lo largo de este año todos los procedentes de la bendita cosecha del 85, servidora incluida.
Puede que en los últimos meses vivieras más que en años anteriores, o puede que no, tal vez yo no te conozca tanto, tal vez yo no sea tan inteligente como a veces parece… Pero si estoy segura de que para bien o para mal, estos meses te han servido. La vida tiene extraños mecanismos para hacer que nos replanteemos las cosas, todo aquello en lo que creemos, nuestra relación con los demás y con nosotros mismos. Por eso mismo nunca se para de crecer, de aprender… Mira estos veinticinco años, analízalos y ríete de todo cuando tengas cincuenta porque en algunas cosas te costará reconocerte. Evolucionarás igual que tu pintura, esa que pasa anodina entre viajeros de TUSAM todos los días, ignorantes, la gran mayoría de ellos, de la alegría que sentimos los que te conocemos al ver pasar fugazmente tu arte.
Hace mucho ya que no creo en la casualidad, creo en lo inevitable, todo pasa por algo, para algo… De igual forma que mi madre quiso que entrara en el Colegio Alemán, y al final no fue así, impidiendo que nos conociéramos entonces, seguramente estaba escrito que tendríamos que encontrarnos en la vida, y ocurrió por otros derroteros…¿casualidad? Para nada… Sinceramente es una pena, me encantaría haber aprendido alemán, pero al fin y al cabo esta tontada es para que siempre tengas presente eso, cada vez que te ocurra algo, bueno, malo o regular recuerda que es “por algo, para algo”, si eso consigue ayudarte alguna vez, me podré alegrar de que no todo lo que te aporté en lo que llevas vivido fuese la adicción al té de canela, el buen vino o el orujo gallego…

En fin, empecé esta epístola pública con poca idea de lo que iba a decirte, y ahora veo que he seguido escribiendo con esa misma idea… Por otra parte ¿qué te iba a decir? Ya sabes lo que dicen; quien no tiene talento enseña, y no quiero convertirme en eso.
Puede que si sea la felicitación más rara que te hagan llegar, me conformo con ese privilegio… Una lástima que la alerta de Google no te notifique que tu amiga la rara te dedicó un desvarío, y sólo se de cuenta de que utilicé tu nombre…

Sea como fuere, aprende, lucha, equivócate, acierta, cuida a tus amigos, no escuches a nadie, pide consejo, inventa, crea, grita cuando no puedas más, mezcla colores tú que puedes, escapa de la mediocridad, usa baños sin puertas, ríete de tu sombra y llora cuando te lo pida el cuerpo… todo eso, que no es poco, en este año que estrenas, y sobre todo, se tú en cada momento porque nunca más volverás a tener veinticinco años.

Muchas felicidades Daniel



Imagen:Daniel Franca

miércoles, 17 de febrero de 2010

No te había olvidado


Casi, casi por sorpresa. Así siento que llegas este año, y no porque me hubiese olvidado de ti, eso nunca, pero es que 2010 pegó el pistoletazo de salida y todo fue celérico. Mil cosas, buenas y menos buenas, se vinieron encima. Me he volcado en muchas cosas, y lamentablemente, descuidé otras. Los vaivenes del diario, y porqué no decirlo, el Carnaval, me han tenido distraída en estos tiempos, y realmente puede que sea mejor así. Este año no he languidecido esperándote como me ocurrió el año pasado, cierto es que entonces fuiste para mí bálsamo y salvavidas que por suerte ahora mismo necesito menos. También será que este año no he molestado a todos los que estaban cerca de mí con la dichosa mantilla; que este año duerme el sueño de los justos dentro de una caja decorada con tulipanes; aunque pocos saben que tampoco me he olvidado de eso, y muchas noches sueño que vuelve el Jueves Santo con más luz si cabe que el año anterior. También llegará el Martes, mi Martes Santo, ese que es Gloria del cielo hecho capa en la Puerta de Carmona, mi tristemente revuelta Puerta de Carmona… Pero precisamente para eso sirve el Martes, para que la ojiva se abra a esa hora que cualquier otro día sería de sobremesa pausada, y entonces, todo importe menos, todo de más igual. Los errores y aciertos, las palabras que se dijeron y las que nunca debieron haberse dicho quedan obsoletas, importan menos que los papeles de prensa morada que muchas veces llenamos con cosas poco agradables y en Él y su bendita Madre, encontramos la unión que no está muchas veces en otros lugares, en ellos existe el perdón y la respuesta…

A partir de ahora te prometo la entrega que no he tenido en pre-Cuaresma, prometo que aunque no olvide, si quedarán más de lado las coplas de Bienvenido, el Coro de Los Niños, Vera Luque, e incluso esos Jartibles que no lo eran de ver pasos sino de picar a diestro y siniestro…

Mañana se levanta la veda, el incensario que relego a esta fecha volverá a perfumar, cumpliré las tradiciones a la sevillana manera (cualquier cosa repetida en más de dos ocasiones es tradición) como la cita en San Bernardo, inventaré algunas nuevas y disfrutaré de ti en 40 días que uno a uno nos llevan al fin y el principio de todo lo que dio sentido a nuestra historia, nuestra ciudad y gran parte de nuestras vidas.

Un año más, bienvenida, y como siempre, mil veces gracias por llegar en tu tiempo.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...