sábado, 30 de octubre de 2010

Mañana sale




Muchos lo habrán leído en el blog del Andréu. Lo que muchos no sabrán es que por lo visto la susodicha hermandad de Gloria que juega el numerito de marras, lo hace desde tiempos inmemoriales. Desde que al Rey San Fernando, al cual muchas crónicas tristemente se refieren como Fernando el Bizco, lo mandaba su madre a la calle Sagasta a comprar lotería por estas fechas.
Y sí, se lo pueden creer, o no, salvo lo del Bizco, que juro que es cierto, que me enteré de ello en una conferencia… Y por otra parte, yo que no soy muy de jugar, existen las casualidades, y las tradiciones, y lo de la Lotería de Navidad me puede. Además, últimamente tengo tan mala suerte para otras cosas que casi pienso que algo bueno va a pasarme…
Por otra parte, ¿qué otra excusa iba a tener yo para poner este vídeo fantástico? Porque sí, la imagen es fija, pero el audio es de quitarse el sombrero… Eso debería ser un anuncio y no el del manido “calvo de la lotería” que por cierto ¿nadie ve el parecido del comienzo de la copla con el anuncio mencionado?

Lo dicho, servidora lleva un décimo, porque lo dijo la Piquer, “mañana sale, y está premiao”

martes, 19 de octubre de 2010

Justicia, en el amplio sentido de la palabra


La justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey por jueces y magistrados integrantes del Poder Judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley.


Este breve extracto del artículo 117-1 de la Constitución española puede resultar algo arcaico, o puede que utópico.
En las primeras clases de derecho me di cuenta que no sé debido a qué, tengo una mentalidad que podríamos catalogar como jurista. El profesor con nombre de director de cine quiso introducirnos en discernir lo que consideramos justo, a lo que es legal. Vi como compañeros se “escandalizaban” ante ejemplos prácticos de justicia o ejecución del derecho, mientras yo lo veía todo dentro de la lógica de esta disciplina. Tal vez me he vuelto cuadriculada, algunos piensan que fría, y en cierto modo imagino que forma parte de esa búsqueda de la objetividad que siempre persigo.
Siempre he defendido que es casi una obligación ciudadana estar informado de lo que a leyes se refiere, pues ya lo decía aquella máxima: “El desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento”. Por otra parte, entiendo que en muchas ocasiones la justicia se aleja demasiado del pueblo, creando un desconocimiento y una distancia que en nada beneficia a la sociedad. En muchas ocasiones todo esto se ve adulterado por la imagen de justicia que nos ofrece la televisión. Circos mediáticos del mundo del colorín o películas americanas en que montan auténticos teatrillos en los juicios contribuyen a que se distorsione todo este mundo.
Volviendo al concepto legal de justicia y no al moral, miro con asombro, y alta dosis de indignación, para que negarlo, la intención del padre que todos conocemos, de modificar la ley, la Constitución e incluso realizar un referéndum. Entiendo que su situación es dura, que la pérdida de un hijo es algo muy complicado de superar. Por otro lado, no son los primeros padres que se ven en esta situación, y por desgracia no van a ser los últimos; el mal existe desde que el mundo es mundo, y no creo que eso vaya a cambiar. Puede que en su situación sea complicado discernir el concepto de justicia. Puede que les cueste mucho pensar que no se puede volver al pasado en cuanto a derechos constitucionales se refiere, recuperando la cadena perpetua, por mal que lo estén pasando. Seguramente han olvidado que en España el sistema penitenciario no es de castigo, sino de reinserción. Sé que algunos ahora me dirán que esto último es inviable; lo siento, a mí no me digan eso. Sé que en ciertos casos la reinserción es casi imposible, en muchos casos por patologías o trastornos del sujeto, pero si yo no creyera en el cambio de ciertos colectivos, si no pensara que esta sociedad puede tener una cara más amable si se proporcionan medios, segundas oportunidades, reeducación y demás instrumentos insertadores, no podría estudiar lo que estudio, y seguramente, no podría reconciliarme con el mundo la más de las veces. Y no voy a entrar en nuestra ligereza al juzgar a gente, comparándonos con ellos, cuando ni de lejos hemos vivido las mismas situaciones, que en la mayoría de casos son las que llevan a la exclusión social por un lado u otro.
La ley del menor no es perfecta, ninguna ley lo es, al igual que ningún sistema de gobierno, o ninguna persona. También debo decir que el gran fallo está en la forma de ejecución de esta ley, en su gran mayoría debido a la falta de centros, personal, y en definitiva instrumentos de ejecución de la misma, y en muchas ocasiones el agujero se encuentra en como la Junta de Andalucía gestiona dichos instrumentos. Pese a todo, y a que personalmente creo que todo esto es mejorable, y que debería mejorarse, servidora no ha estampado su firma en los famosos papeles de petición de modificación. Nunca la ley puede modificarse en base a un caso personal, o al menos yo lo veo así, nunca firmaré nada que a mi entender agriete derechos adquiridos que democráticamente me parecen lícitos.
Imagino que muchos de los que me leen han firmado, lo respeto, hasta ahí podíamos llegar… Imagino que muchos no están de acuerdo con lo que cuento, también lo respeto; pero sólo pido una breve reflexión, si aquél día Marta del Castillo no hubiese quedado con su presunto asesino, si hubiera pasado la tarde en su casa o con una amiga y nada de esto hubiera ocurrido ¿se habrían movilizado sus padres de esta forma? ¿habrían firmado dichos papeles? ¿existirían papeles que firmar?
Por mucho que la Constitución reconozca que la justicia emana del pueblo, esta no debe tener carácter particular, bajo mi punto de vista.

viernes, 8 de octubre de 2010

El cuadro que nunca sabré pintar


El médico se acercó a mi camilla con su bata blanca y un bisturí en la mano. Con él abrió la parte interna de mi dolorida rodilla, la más inflamada. De ella salió una bola del mundo azul brillante, dolorosa y aliviante a la vez, como en un cuadro de mi querida Frida Kahlo. Este ha sido uno de tantos sueños que en esta convalecencia parecen dar una escapada a mi subconsciente, alguna rara expresión para liberar el dolor que ni en brazos de Morfeo me deja.
Algunos lo verían en redes sociales o comentarios en blogs, incluso en mi columna. Lo cierto y verdad es que pese a haberme llevado un sustillo todo podía haber sido mucho más grave. Tal vez se cumple la teoría de que si vas correctamente, a la velocidad debida, con el casco, por más que un coche te dé, por más que no sea tu culpa, no te acaba pasando nada grave. Yo de hecho, a pesar de quejarme de lo doloroso de esta artritis traumática que padece mi rodilla, doy gracias cada día por no haberme roto nada… El susto, el cimbronazo y el dolor de cuerpo de la propia caída, es algo que por suerte pasa en unos días.

Mi madre dice que para mí no es ningún esfuerzo tener que estar tirada en el sofá con la pierna en alto; puede ser, no niego que hay jornadas de vagancia extrema en las que no hago mucho más. Pero estar condenada a esto, ya no porque el médico lo mande, sino porque cada paso duele, es otro cantar. Me he puesto a reparar en cosas muy absurdas, tanto que no sé si esto derivará en algún tipo de trastorno mental. Empecé por acostumbrarme a calcular todas mis necesidades básicas cuando se hace imprescindible levantarse, las reagrupo e intento que no se me olvide nada; es decir, si tengo ganas de ir al baño aprovecho para coger agua, tirar papeles y cosas de estas… Todo en un viaje, porque ahora cada paso es caro. De otra parte, mi madre me ha colocado una bandeja cerca con útiles de primera necesidad, agua, chicles, pañuelos de papel, o una caja de bombones en forma de corazón, cortesía de Andréu y señora, con los que de vez en cuando me endulzo la vida. Esto me hizo pensar que es curioso lo que cada uno considera necesidades básicas, esas que Maslow colocó en lo más bajo de su célebre pirámide. Para colmo, la caja de bombones murió este medio día…
Y de esto derivé en cosas más banales aún, dedicando largo rato a barruntar que sería fantástico que existiese un dulce que solo fuera la parte de arriba de las magdalenas, mi parte favorita. También he reflexionado mucho sobre los últimos estudios que analizan el bostezo como una función empática, basándose en que todos los mamíferos bostezan al ver bostezar a otros, incluso leer y en este caso, escribir sobre el bostezo, fomenta el mismo; vamos, que nadie me diga que no bosteza al leer este trozo porque no soportaría que alguien desmintiera el estudio y tuviera que volver a darle vueltas a todo aquello, con lo empática que soy yo.
En fin, que espero que poco a poco se vaya esta molestia, volver a caminar y a las aglomeraciones del metro. Lo que más pena me da de todo esto es no saber pintar y no poder hacer un cuadro como los de la pintora mexicana con mi rodilla abierta liberándose del peso y calor del mundo…

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Cantabria, segunda y final, de momento


He demorado esta segunda parte más de lo que me habría gustado. El trajín de estos días obligó a ello, sin contar que me da pereza seleccionar que cuento y que no. A medida que el tiempo pasa parece que los recuerdos se alargan, y ese puñadito de días se me antojan meses…
Por cierto, para pena de Eres_mi_cruz, le diré que he sabido que don Elías, el célebre cura de Potes, no es de Écija, sino de un pueblito montañés. Pese a todo, me gustó tanto su teoría y argumento, que seguro que si indagamos, algún antepasado es de esta zona…

No sé cuánto me extenderé en esta entrada, que se me olvidará contar o si resultará interesante lo que destacaré. De todas formas, igual que no me importa haberme perdido alguna cosa de Cantabria, pues sé que volveré, no me importará dejar aquí algún cabo suelto; de hecho ya tengo en mente algunos sitios o rincones que merecerán una entrada aparte en un futuro, al igual que en los propios comentarios que hacéis y respondo, salen cosas que pasé por alto en el post.

PEQUEÑOS TESOROS

Mi madre recuerda la gracia que le hizo leer en la carta de un bar del gaditano pueblo de Olvera, una frase que venía a decir algo así: “Este pueblo tiene una calle, un castillo y una iglesia, pero qué calle, qué castillo y qué iglesia”
Creo que Cantabria tiene muchos pueblos que cumplirían esa máxima, o puede que tras ver muchas cosas, esos son los que más me gustaron, los que más se me quedaron dentro…
Serían incontables, y seguro que alguno se me olvida, y sería eterna una descripción detallada de cada uno de ellos, pero así de pasada recuerdo la preciosa Iglesia de Arnuedo, restaurada por cuenta de los vecinos con sumo gusto, el pequeño pueblo de Cartes y sus calles, Liérganes un pueblo de postal con su molino, su río, la leyenda del Hombre Pez y una pequeña capilla del Carmen que descubrimos de casualidad, pues no venía en ninguna guía…


El pueblo de Bárcena Mayor, que ostenta el título de “Mejor conservado de España”, o al menos lo ha tenido durante mucho tiempo, es un lugar de paso obligado. Pequeño, empedrado, con lavaderos públicos que nadie ha destruido para hacer sobre ellos un hotel.


Con una extensión algo mayor, me encantó Santoña, y su paseo marítimo desde el que se divisa Laredo, su ambiente marinero y la pasión que comparto por el remo, aunque ahora lo tenga aparcado de mi rutina.
Castro Urdiales, Santillana del Mar o Comillas no es que no me gustaran, pero tal vez deba confesar que soy algo egoísta, y que al tratarse de lugares más conocidos, los siento menos íntimos, menos míos… Me gusta pensar que poca gente paró en un multicentro social que hay en Correpoco, donde puedes ir al médico, tocar las campanas si hay un incendio o ver a la Trabajadora Social, entre muchas otras cosas, vamos, un espacio bien aprovechado.


SENTARSE A COMER

Cuando uno va de un lado para otro, debe comer poco, de forma ligera… Si no lo haces, si se te va de las manos, si almuerzas algo tarde y no te privas ni del vino ni de la ternera, corres el riesgo de acabar intentando dormir la siesta en un poyete de una iglesia románica. Pero la tentación era mucha, la cabeza a veces es poca…
Pese a haber intentado no hacer excesos para no morir de un colapso por esas carreteras, creo que he disfrutado de la gastronomía cántabra, hasta el punto de hacer una cata de orujo a las diez de la mañana. Y además de lo típico, lo que todo el mundo te recomienda que son los múltiples tipos de cocidos que abundan por aquél lugar, he probado croquetas de queso tresviso, de cocido montañés, o pasta hecha con chorizo de la tierra. Lo de los embutidos es otra maravilla. En cuanto a los famosos quesos, siempre presumí de ser muy quesera y de adorarlos todos, y algunas modalidades me hacen replantearme un poco esa afirmación… Por lo demás, he disfrutado de las rabas, que para un sevillano serían chocos, y los bocartes, que en hispalense son primos de los boquerones. Y aunque algunos pescados de esas tierras no son muy de mi agrado, quienes venían conmigo pudieron gozar de bonito del norte, anchoas de Santoña y pastel de cabracho. Por supuesto comí sobaos pasiegos, y otros dulces como los Almendrucos, maravillosos estos últimos. Hasta mi pasión por el té se vio satisfecha por aquellos lares, y tengo un fantástico “té de puerto” que recuerda a la vegetación de aquella zona. Incluso llegué a tomarme la mejor copa de mi vida, pero eso se merece un capítulo aparte.
En fin, a Cantabria se podría ir simplemente para comer y dormir siestas, sería un desperdicio perder tiempo en eso y no ver tantos parajes que merecen la pena, pero por otra parte, no estaría mal poder sentarse a comer sin pensar en que ocurrirá luego.

¡Se me olvidaba! El Lomo de Potes es para darle un aplauso, lo dicho, voy a tener que hacer un viaje solo gastronómico…


HISTORIA DE UN TEJO Y UN OLIVO

Hace más de diez siglos, don Alfonso, conde de Liébana, construyó una pequeña iglesia en la población de Lebeña. Cuentan algunos documentos y las leyendas populares que quiso que reposaran allí los restos de Santo Toribio de Liébana. Dicen que lo intentó por las buenas, que lo intentó por las malas, y que en estas estaba cuando perdió la vista. Don Alfonso lo interpretó como un deseo del Santo de quedarse en el Monasterio en que actualmente permanece. Desistiendo de su intención, y haciendo donaciones al Monasterio que lleva el nombre del Santo, dicen que recuperó la vista.

Pero el pequeño templo de Lebeña tiene para mí una historia mucho más interesante.
Dice la tradición popular que un buen cántabro, para serlo, debe tener en su finca un Tejo. El Tejo es el árbol cántabro por excelencia, adorado y venerado por los druidas según la tradición mitológica de aquél lugar. Según esta misma tradición, los sitios sagrados debían tener dos elementos básicos, este árbol, y alguna manifestación fluvial, un lago, una fuente… Muy cerca del paraje donde está esta iglesia pasa el río Deva. En una reforma, al darle la vuelta a lo que parecía un simple escalón en el altar de la iglesia, resultó estar inscrito en una de sus caras. Allí, según se pudo deducir, una civilización antigua adoraba al Sol, creador de todo. Luego añadieron una cruz, como símbolo del cambio religioso de la zona. En ese lugar tan mágico donde don Alfonso decidió edificar aquél templo, hay un detalle más que le aporta encanto a esta parrafada que estoy soltando. Acabada la construcción plantó un árbol representativo de él, como no podía ser de otra forma, un Tejo. Quiso plantar entonces un árbol representativo de su mujer, doña Justa. Sureña ella, plantó un olivo que hoy en día permanece allí. Es algo extraño ver un árbol tan andaluz a tantos kilómetros del sur, pero ha resistido bien a los siglos y el clima de aquella zona.


Como dije, con más de diez siglos, allí está ese pequeño templo mozárabe, sus árboles, e incluso una Virgen amamantando que fue robada y tras diez años o así, fue encontrada en un chalet de Alicante y devuelta a su Iglesia de Santa María, donde sus feligreses siguen pensando que fue un milagro.

ESTAMPAS Y PARAJES

Hay muchos sitios que quisiera destacar, ya no pueblos como dije antes, sino pequeños lugares, algunos célebres como Fontibre, donde nace el Ebro, otros ni sabría situarlos exactamente como un trocito de la vega del río Pas donde paramos y pude tirar piedras en compañía de unas vacas que pasaban de mi locura al otro lado del río.
También destacaría el desfiladero de la Hermida, el Puerto de la Braguía, y el famosísimo Fuente Dé, donde subes con un teleférico o a pie, divisando desde arriba las cumbres de los Picos de Europa, las nubes que en días de suerte tocas con las manos, y la infinita profundidad de sus valles. Nosotros subimos en teleférico, por comodidad y por tiempo. Lo malo es que en las advertencias de subir decía que era conveniente avisar a familiares y amigos de que se iba a realizar aquella excursión, por si había problemas. Ahí caímos en la cuenta de que ninguno habíamos avisado a nadie, de aquello, así que solo quedaba encomendarse a Dios o al Diablo para que aquello no se desplomase, dejando al hijo de mi madre casi huérfano…


Otro lugar que me encantó fue el Monasterio que he referido antes, el de Santo Toribio de Liébana. Es de esos lugares que independientemente de la fe, la religión o las creencias, te dicen algo. Incluso el hecho de que casi cada hora expongan el “Lignum crucis” con delicadeza, sin cobrar nada, con lo dada que a veces es la Iglesia a esas cosas, me pareció encantador.
También incluyo aquí el aperitivo asturiano. Vi muy poco de esta comunidad, pero queda pendiente para otro viaje. Tras haber visto tanto arte románico, me queda descubrir por aquellas tierras el escalafón anterior, el prerrománico.


En fin, con defectos y virtudes, con muchas palabras o con pocas traté de resumir un viaje de cerca de cuatro mil kilómetros, muchas horas, discos de Ketama, Poveda, Alan Parson Proyect, y miles de sevillanas. Fotos buenas, malas, regulares y de mi estilo, cubatas de ron al final del día, y un coche que acabó pareciendo un mercadillo, pero por el que podíamos ver el bosque en el techo…


Se quedan cosas pendientes como ya he dicho, hasta que vuelva seguiré pensando que el lema de esa comunidad es más cierto que nunca; “Cantabria infinita”

domingo, 19 de septiembre de 2010

Cantabria


Tal vez sean pocos los que se atrevan a llegar al final de esta entrada, aunque no sé como de extensa llegará a ser, cuando me pongo a escribir es impredecible en que acabará la cosa, pero la preveo larga.
Intentaré resumir esos días, esos pueblos, esos caminos… No será una guía, no lo pretendo ni tendría paciencia para hacer una, más que nada serán las cosas que más llamaron mi atención, que no siempre tienen que ser las que más gusten a los demás.

Este viaje empezó siendo una cosa algo programada, con rutas establecidas, en gran parte las determinamos gracias a la ayuda de otra bloguera y amiga que ya había andado el verano pasado por aquellas tierras; pero poco a poco, aunque seguíamos con nuestras rutas y nuestro “Ternerito guardián” en el salpicadero, se fue transformando en un viaje menos encorsetado, donde por encima de guías, mapas o GPS, acabamos atendiendo a máximas como: “Para ahí, que esa Iglesia tiene buena pinta”, “Me han dicho que ese pueblo es precioso” o “¡Para! , que se ve el río y si hay una fuente, llenamos las botellas”.

Y con las mismas, los pintorescos lugares, los fantásticos bares, los atinos y desatinos del GPS, las vacas y sus cencerros (que era un sonido permanente) y los ríos y montañas se compuso un viaje que resultó más profundo de lo que pensaba al principio.

EL SEGUNDO MEJOR PUEBLO DEL MUNDO

Hace unas semanas, mi hermano y yo andábamos rememorando antiguas vacaciones y años de veraneos donde muere el río Betis. En una de estas, intentando definir aquello, el hijo de mi madre soltó una frase lapidaria: “Sanlúcar es… es… en pocas palabras… ¡el mejor pueblo del mundo!” Me reí, y pido perdón a quienes consideren que este título lo ostenta otro pueblo, pero para nosotros esta afirmación es tan cierta como la rotación de la Tierra. Pero este verano no pisé Bajo de Guía, y casi en el opuesto del país encontré el que ahora me parece el segundo mejor pueblo del mundo en mi escala personal; San Vicente de la Barquera. Hay pueblos más monumentales, o más pintorescos, si. Los hay más grandes y más pequeños, que personalmente me gustan por el encanto que suele rodearlos, pero San Vicente tiene algo… No es sólo su Iglesia de Santa María de los Ángeles que tanto me recordó a las sevillanas, con la Capilla funeraria de Antonio del Corro, un nativo dominico de aquél lugar, que acabó siendo canónigo en nuestra Catedral, e inquisidor en San Jorge. Al fin de sus días, se hizo construir un mausoleo en su lugar de origen pero con altas reminiscencias sevillanas como los azulejos que decoran la estancia, o su propia escultura en mármol realizada por el salmantino Juan Bautista Vázquez el Viejo, autor entre muchas otras obras, del Cristo de Burgos, para contextualizarlo en lo hispalense.



Pero no es sólo eso, no es sólo su castillo, o las calles del casco antiguo, empinadas y encantadoras; ni es por el atardecer en su Plaza de los Peregrinos, ni por su ría o sus playas, ni su puente infinito… No es por nada, y es por todo, es su gente, su ambiente, sus bares… Es un sitio fantástico al que espero volver, porque lo dicho, hoy por hoy creo que para mí es el Segundo mejor pueblo del mundo.


AMABILIDAD CÁNTABRA

El carácter cántabro en sí me parece altamente destacable. Y no voy a poner de ejemplo a Revilla, ese hombre si que merecería un capítulo propio, pero si es cierto que en ocasiones, los injustos tópicos, esos mismos que hacen pensar que la gente del Sur vivimos de fiesta y sólo pensamos en dormir la siesta, a veces también dibujan a la gente del Norte como sombríos, secos o introvertidos. Evidentemente comento todo esto para negarlo rotundamente. Por supuesto, como en todas partes, hay gente buena y mala, más simpática y menos, pero por norma general todo el mundo es muy hospitalario, deseoso de ayudar, orgullosos de su tierra y de que tú la disfrutes. Incluso diré que hubo momentos en que yo, con la gracia sevillana que se me supone por la ley de tópicos, era mucho más antipática que ellos. En muchos pueblos pequeños, por costumbre, por educación, por lo que sea, la gente te saluda cuando se cruza contigo por la calle. No se meten en tu vida ni te preguntan nada, y en cierto modo tampoco es un formalismo, te saludan con ganas, porque quieren hacerlo. Y yo, que soy una urbanita acostumbrada a pasar un poco de todo, a veces me extrañaba ante tanta amabilidad, igual que cuando estás comiendo en algún sitio, y el que se va a sentar en la mesa de al lado te saluda antes de sentarse. Pero aunque a veces me costara, reconozco que me parecía entrañable que todos los pasiegos nos saludaran al salir de su pueblo.
Otra cosa muy curiosa para quienes procedemos de “La Tierra de María Santísima” es el hecho de que las iglesias tengan llaves repartidas entre los vecinos, y estos en ocasiones previa llamada al móvil te la abren para ti. Ya la experiencia en el campanario de la Iglesia de Yermo donde una octogenaria lugareña nos animó a subir al campanario saltando una vallita porque habían perdido la llave me pareció increíble. Lo de que alguien pisara el cable que no debía e hiciera sonar las campanas es la cumbre de la anécdota.
Por otro lado, lo de que los curas hagan ronda y recorran una media de cinco iglesias los domingos para dar misa, es algo que había visto en la tele pero que no sé por qué, me seguía sorprendiendo. Para muestra, don Elías, cura del lebaniego pueblo de Potes. Este hombre tiene una ruta que es para aprendérsela… Creo que hay delegados comerciales que viajan menos.




ENTRAÑAS CÁNTABRAS

La merecida fama mundial de las Cuevas de Altamira es de sobra conocida, pero quizás eso a veces haga que se eclipse el fantástico patrimonio rupestre que tiene toda la zona.



Yo sólo he podido visitar una cueva, La cueva del Castillo. No me pesa haber visto sólo esta, estoy tan convencida de que volveré que ya iré recorriendo las que pueda.
Es impresionante que todo el mundo se pregunte lo mismo ¿por qué pintaban? Es curioso que todos los historiadores e investigadores traten de darle explicación a algo que para mí es lógico y normal. Además, son teorías, criterios y explicaciones que suelen caerse a medida que los descubrimientos avanzan. Me parece tan simple el hecho de que un ser primitivo, pero SER al fin y al cabo, busque ese sentido artístico que todos llevamos dentro… Nadie se plantea por qué pintaba Picasso, o Zurbarán o Tamara de Lempicka. Era gente que trataba de expresar algo, y que lo hacía con los medios que tenía, cada uno en su época. Además de los bisontes o las manos en negativo, esa cueva tenía el encanto que un lugar tan milenario y especial puede tener. Sus trece grados, su humedad, esa oscuridad a la que sorprendentemente te acostumbras, hasta el punto de que luego te molesta el sol. Esas piedras frías que han visto tanto, que han conocido tanto… Los colores y matices que la filtración de la lluvia dejó entre sus galerías… Es una maravilla poder viajar al pasado así, admirar como una gente que quizás no era tan diferente a nosotros, quiso dejar su impronta para la posteridad.

MI CORAZÓN CÁNTABRO

Siempre comento que tengo una familia muy reducida, y la verdad es que miento. Suelo referirme a mi familia de forma muy estricta, mi madre y mi hermano, la gente con la que vivo, y con la que convivo, que es mucho más intenso lo segundo que lo primero. Pero atendiendo a la parte materna, que es la interesante y con la que mantengo contacto, habría que tener en cuenta que mi abuelo eran unos catorce hermanos, mientras que mi abuela eran ocho. Esto le deja a mi madre un legado de más de cincuenta primos entre unos y otros. De tantos primos, yo conoceré a la mitad. Muchos viven en Sevilla, una gran mayoría en Lora del Río, y el resto repartidos por Cataluña y quien sabe donde más. Además, hay que contar con el factor edad, muchos se llevan con mi madre quince o veinte años, lo que hace que si los conoció en su infancia, apenas se acuerde. Dentro de este grupo estaba una prima de mí mismo nombre, del mismo nombre que mi madre, portadora en fin de un nombre muy significativo en mi familia materna en general. Esta prima conoció hace muchos años a un santanderino, y por cosas de la vida se afincó en aquellas tierras hace más de treinta años. Ha sido un descubrimiento para mí reencontrarme con esta parte de mi familia. Han sido almuerzos y cafés llenos de recuerdos, reconstruyendo un pasado extenso y variopinto, ha sido una grata sorpresa y una feliz coincidencia ver cómo a pesar de la distancia y el tiempo, nos parecemos tanto como gente que pertenece a una misma familia. Así bien, ahora he ganado cuatro primos segundos (creo que se llaman así), Pepe, Javi, Elena y como no podía ser menos, Mercedes. Todos conservan un marcado carácter andaluz, pese a haber hecho su vida en Cantabria, y vienen por estas tierras siempre que pueden.


Además, he descubierto el sitio donde me gustaría retirarme a escribir largas temporadas, que no es otro que la casa que mi familia reencontrada posee en el pueblecito de Hazas de Cesto. Una típica casa cántabra del siglo XVI que entre la prima de mi madre y su marido, han reconstruido con sumo gusto y encanto. Y no solo me gusta porque en lo que antes era una porquera y un gallinero ahora se encuentre un salón maravilloso, o porque en la buhardilla tengan el cuarto de juegos que cualquier niña habría deseado… ¡es que tienen su propio bosque y su propio río! Un bosque con hortensias,encinas,tejos y eucaliptos, un bosque con huertecito donde de vez en cuando se cuelan jabalíes y ciervos.Incluso árboles con guindas para hacer nuestro propio pacharán.

Su casa de Santander también es una maravilla, y está en un sitio estupendo. Allí me acordé mucho de mi amigo Du Guesclin, cuando ví el dormitorio de matrimonio, que es el mismo que tenían cuando vivían en Lora, pero lo interesante para el General llegó cuando me dijeron que todo estaba hecho con maderas del desaparecido palacio de los Sánchez-Dalp.
Saber que ahora tendría quien me esperara si vuelvo por aquellos lares, hace que además de familia, un trocito de mi corazón se quede en Cantabria.
Por otro lado, poseo una gran familia adquirida. Amigos y personas que de tan cercanos se integran como si fueran tíos o primos. En esto se encuentran mis padrinos. Él posee un apellido que en el Valle de Liébana es de sobra conocido, Bustamante. Su padre, como muchos montañeses, recaló en Sevilla e hizo su vida aquí. Pero siempre conservaba un recuerdo para su tierra, Potes. Los prados, la Virgen de Valmayor, su plaza porticada… Y así, atraídos por la curiosidad que sentíamos por este pueblo lebaniego, llegamos a Potes, para disfrutar de sus calles empedradas, su orujo, y aunque yo no lo hice, hubo quien disfrutó de un cocido que de haber seguido comiendo hasta ver el fondo de la olla, habrían acabado como el célebre chiste de ese artista barroco del humor sevillano que era Paco Gandía.
Lo dicho, siempre que se viaja se queda un trozo de nuestro corazón en el sitio que nos enamora. Yo, con más motivo por lo sentimental que me pongo a veces cuando las cosas conciernen a gente que quiero, he dejado un enorme pedazo por toda aquella comunidad.


Llegados a este punto reparo en que la entrada es extensísima, por lo que en unos días colgaré una segunda parte, que no sé si será la última.

Fotos: Algunas son de Diego Ternero, otras de Mercedes Serrato, y otras de Mercedes Calero con la cámara de Mercedes Serrato, en fin, un batiburrillo.
Y en la cueva evidentemente no se podían hacer fotos, son del catálogo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Carta de un regreso


Queridísimos todos:

Hace mucho que tengo abandonado este blog y los vuestros, y no es intencionado. Sufrí un apagón informático, se estropeó el portátil, y ese sobremesa que daba su apaño de vez en cuando se fundió… Ya el portátil ha vuelto, y al sobremesa le auguran buenos tiempos si me prestan un disquito… En fin, a todo esto hay que sumarle que al poco de este abandono que sufrí de elementos tecnológicos partimos hacia el Norte con parada en el Levante.
El común amigo de muchos de los que pasan por aquí, Miguel Andréu, siempre anda diciendo que está deseando hacer el viaje al que vayan dos y vuelvan tres, y no le faltan motivos para desear esto, claro… Nosotros hemos hecho a la inversa, fuimos tres y volvemos dos, o técnicamente volvimos tres partiendo cuatro pero bueno…
Vengo encantada de Cantabria, por muchos y diferentes motivos. Lo malo es que quería llevarme el portátil porque sabía que me ocurriría lo que ahora me sucede… Temo olvidarlo todo, tengo miedo de olvidar lo interesante, de que se me borre información de mi pobre cabecita. He aprendido mucho, de arte, de naturaleza o la vida en general, incluso he aprendido cosas que ignoraba pues como decía mi madre al poner en mi mano una fruta verde y redonda, soy una “cateta de ciudad” y creí que aquello podía ser una extraña pera, y resultó que era algo que me encanta… nueces.






Una vez que lo verde se va, se ponen negras, y luego ya adquieren el aspecto de nueces mundanas, como podéis ver arriba. Y un consejo si alguien es tan cateto como yo, no intentéis quitar lo verde sobre todo con las manos directamente como hice yo, clavando las uñas… Me las puse negras y los dedos amarillos como si fumara dos paquetes al día, vamos, un desastre…

También he aprendido de mí, como siempre ocurre en los viajes, e incluso a nivel familiar he crecido, pero ya os lo contaré más adelante. Tengo que asentarme, reorganizar ideas, fotos…
De momento tengo un disco de la Banda de Gaitas Cantabria que ayuda al recuerdo y unos cuantos quesos que “perfuman” la casa, así que espero que estos elementos contribuyan al aterrizaje.

Comenté que este año quería haber viajado a Berlín, pero aunque no pudo ser, tengo un pedacito de aquello que me han traído.



Y además he sumado un concierto más de Sabina a mi kilometraje, que tanto el flaco como yo vamos cumpliendo años…

Y entre todo este suceder de cosas, prometo que voy a intentar ponerme al día en mi blog y sobre todo en los vuestros, sólo necesito un poquito de tiempo.

Nos leemos pronto

lunes, 23 de agosto de 2010

La excepción que confirma la regla


Odio los Martes, todos, no sólo los que tienen el 13 como compañía, sin excepción no me gustan y no son días en los que me pasen cosas especialmente buenas, y esos hechos son fatales para una supersticiosa como yo, pues me dan la razón, y aumentan mi creencia, alimentan mis manías.
En parte creo que no todo lo estrictamente genético se hereda, o es otra casualidad de esas en las que no creo, pues mi madre dice que su padre, mi abuelo, era otro odiador de los Martes como yo. Y conste que ni llegamos a conocernos en esta vida, no pudo decirme nada o predisponerme, pero parece que en cierto modo adquirí esa fobia contra un día dedicado al dios de la guerra.

Sin embargo el martes pasado fue diferente, me han dado una de las mejores noticias de los últimos tiempos.
Desde hace ya muchos puñados de semanas, he empezado un cambio horizontal en ciertos aspectos de mi vida. Rehúso medias tintas, llamo a las cosas por su nombre, pienso en mí, no he dejado de pensar en los demás pero pienso en mí, que no es poco. Esta actitud es buena y mala. Es una purga mental, una limpieza del espíritu, y como en todo, hay quien se toma bien tu cambio y se alegra por ti, y hay quien no lo entiende y se lo toma peor. Pienso mucho en la amistad últimamente, como concepto completo y global, como concepto parcial… Pienso en mí, en los años, en la gente, en el círculo psicoafectivo y el compromiso o la implicación, que son conceptos ligados y que a menudo se olvidan. No me arrepiento de mi cambio ni de las vueltas que ahora le doy a todo. Como sigo siendo igual de supersticiosa que cuando empecé a escribir este post, entiendo esto como algo bidireccional, las señales malas traen malas cosas, y las buenas señales auguran cosas geniales.
Y tras tanto darle vueltas en estos días a tantas cosas y sentimientos amaneció un martes extraño, nada caluroso, gris, que anunciaba lluvia y que estalló en truenos a media tarde. El agua caía como una manta refrescante que lo limpiaba todo, que se llevaba lo malo. El perfume de la tierra mojada invadía el salón de casa mientras yo sonreía y quería seguir riéndome de las bromas y guiños del destino, de las paradojas de la vida y de las casualidades en las que no creo. Resultó que ese amigo del que ya os hablé, al que hace tanto que no veo, se viene un año al Sur, se viene muy cerca, mucho más cerca de lo que él creía. Antonio Gala lo requiere para su Fundación, y allí, entre otros compañeros estará con ese otro amigo del que ya os hablé en otra ocasión, y del que alguna vez robé una imagen para ilustrar entradas, sentimientos y sueños. Y todo eso en un día de lluvia, con lo que yo la amo
La amistad es curiosa, más fuerte de lo que muchos creen. Los giros del azar son impredecibles, y a mí todo esto me parece una confirmación de que no me he equivocado en lo que pienso.

A veces las señales son tan complicadas como la de la foto, a veces es cuestión de saber interpretar, y a veces se trata de equivocarse en la interpretación; y a veces, sólo algunas veces, existen excepciones, y los Martes dejan de ser Martes, y tus supersticiones son tonterías ancestrales.

sábado, 14 de agosto de 2010

Gibraltar


Este es el verano de apretarse el cinturón, es el verano previo a muchas cosas buenas, a muchos cambios, seguramente que será un verano recordado en el futuro, quien sabe si no es el último verano sin cadenas estudiantiles en un tiempo, y también es el verano en que no conocí ni Berlín, ni Praga, ni Irlanda, ni ninguno de esos sitios que recorro en sueños o guías virtuales… En parte por lo primero que referí, en parte porque también hay que conocer España, toca Santander, porque no niego que a veces me invade una vergüenza extraña cuando pienso que por ejemplo conozco la Piazza dei Cavalieri, en Pisa, y hay mucho del territorio nacional que se me escapa… Es el verano en que no puse los pies en el extranjero, aunque debería decir, era, porque al final, de un modo algo extraño, sí que hay escapada a otro territorio.
La cosa es que veinte años no se cumplen todos los días, aunque a mí ya me vayan quedando lejos, pero mi hermano los andaba estrenando. Dice que la idea se le ocurrió al pensar que el año pasado alcanzó los diecinueve paseando por el Barrio Rojo de Ámsterdam, matizo que sólo paseamos, y que este año, de un modo u otro, también quería que estuviéramos fuera el doce de Agosto. Así que nada, por la mañana, mirando el sol que entraba por el techo del coche, pusimos rumbo a Gibraltar, que aunque muchos digan que es español, debería matizar eso, aún a riesgo de enfangarme en temas de nacionalismos que me tienen pelín cansada… Yo creo que se sienten británicos y andaluces, o esa es mi impresión. De todas formas, España cedió ese territorio a los hijos de la Gran Bretaña, con presión, pero los cedió…

Ya habíamos estado en el Peñón, pero hacía tantos años que no recordaba lo curioso del lugar. Llego a ponerme pesada, pero sin duda, lo mejor es el habla de los habitantes. Que un policía inglés, uniformado como tal, en la frontera te diga: “Er DNI zeñorita” es impresionante, sobre todo porque al segundo están hablando fluidamente en inglés, o en la mezcla de los dos que es mucho mejor. Expresiones como la de un amigo que se encuentra a otro y le dice: “Hi! ¿qué estás de hollydays?” son adorables, o conductores de autobús que hablan gaditano pero tienen que esforzarse en calcular el precio en euros de las cosas. De hecho, esto de los carteles en inglés, los precios en Libras, oír parla luterana, hacían que tuviera el impulso de hablar yo también en esa lengua, pero era tan absurdo, cuando todo el mundo podía entenderme en mi sevillano moderado…

Gibraltar posee grandes encantos para una familia como la mía, el gusto del alcohol en sus variantes más preciadas, el que se bebe y el que te perfuma, ambos a precio razonable. También la gente aprovecha para llevarse tabaco, pero nosotros somos otra clase de viciosos; viciosos de esos que respetan escrupulosamente la cantidad de determinados productos que pueden pasar la frontera, y que luego se arrepienten de sólo llevar ginebra y algunos perfumes, cuando ni nos registraron ni nada…

También me resultó interesante que allí se encontrara el cementerio de los caídos en Trafalgar, caídos del lado inglés claro, que fueron enterrados cerca de donde nos ganaron, pero nosotros nos llevamos por delante al mítico Nelson.

Subir al Peñón para ver a los furiosos monos, los túneles que sirvieron de refugio en la Segunda Guerra Mundial, cuando Franco quiso aprovechar la cercanía para apuntarse un tanto, o el monumento a Hércules que recuerda como este separó Europa de África para dar paso al Atlántico, tendrán que esperar a otra visita. No disponíamos del tiempo suficiente para disfrutar de todo aquello. Por otro lado, si que llegamos a Punta Europa, un nombre muy obvio para ese lugar donde los griegos acuñaron lo del “Non plus ultra”. El viento daba vueltas agitado, revolviendo el mar, la arena, nuestro pelo… Volví a pensar que cerca está África, casi parece que la alcanzas con la mano. Que cerca y que lejos, que sueño más inalcanzable para algunos, que costoso, que duro…

Las pintas de cerveza, los cañones, los incontables peluches de monos, su propia moneda, hacen de aquello un lugar peculiar. Que sigan teniendo un Mark Spencer, los muffins, las galletas, convierten a ese sitio en una fusión perfecta entre dos ciudades que me encantan; Cádiz y Londres.
Me paso el día bromeando con que quiero pedir una Erasmus a Gibraltar, mejoraría mi inglés, estaría cerca de casa… tendría lo mejor de cada cosa…


Volvía como me fui, con la canción de “Los mártires del compás” dándome vueltas dentro de mi cabeza: al lado un bocado de Londres, enfrente África, Algeciras que se esconde, La Línea que viene y va…






viernes, 6 de agosto de 2010

MSC


Ayer me acordé de ella, buscando a otra persona en la agenda del móvil caí en la cuenta. No sé si soy tan tonta y nunca me había percatado de ese pequeño detalle, no sé si después de un curso pasando lista y poniendo nuestros nombres en portadas de trabajos, no me había dado cuenta de que ella y yo tenemos las mismas iniciales, MSC. Total, una chorrada como cualquier otra, una de tantas tonterías mías que quedan en la intimidad del diario y la cotidianidad. Pero al acordarme de ella me di cuenta de que la echo de menos. No sé si la extraño a ella concretamente, o a lo que representa, o a como es… Mi hippy trasnochada, mi mejor amiga de treinta y tantos, mi compañera de banca, a la que hace ya demasiado que no veo…. Pensé en como estoy ahora, en la ociosidad excesiva que a veces lleva al cansancio injustificado, a la desgana… Le doy a todo demasiadas vueltas, me sobran horas para pensar, y ojo, en cierto modo pienso que las necesito pero por otra parte, quizás vaya a sobrepasar el límite…. Y con esta nimiedad de las iniciales me he acordado de ella, y he imaginado lo que me diría si desmenuzara ante ella todo lo que me ronda. Tal vez ni me haría falta decirle mucho, tres frases podrían bastarle para que comenzara a sonreír, me dijera que aún soy joven, me dijera su opinión, me contara una anécdota, o quizás alguna tontada que nada tuviera que ver para que yo relativizara todo… Acabaría mirándome, soltando alguna sentencia blanca de las suyas del tipo: “Ay, eres tan mayor, y a la vez tan pequeña” Y yo me reiría y haríamos la fotosíntesis en el banco más cercano, que no es algo que me guste especialmente, pero sí con ella, con ella me sienta bien.
A veces ve cualidades en mí que ni sabía que tenía, que nadie más ve. A veces creo que confía demasiado en mí, en mi capacidad de solucionarlo todo. A veces es capaz de pintar la realidad con unos trazos tan claros como nadie puede dibujarla, y le gusta llamar a las cosas por su nombre, aunque sea capaz de crear un mundo ideal y fantástico, a su medida, con sus propios colores.
Y me parece curioso haberme acordado tanto de la pintora poeta a la que imagino en su pueblo y el de Martínez Montañés, feliz con los suyos. Pero quien sabe, puede que la llame, o le escriba un correo, o un mensaje en alguna red social, para enseñarle la entrada y que se ría un rato, y puede que volvamos a tener una conversación breve de esas, de MSC a MSC.

martes, 3 de agosto de 2010

El límite de la tolerancia


Me da pena haber hecho lo que he hecho, pero sinceramente, no había necesidad y a fin de cuentas el blog es mío.

Creo que en los cerca de tres años que llevo de andanzas blogueras sólo he borrado dos comentarios, y porque su contenido, además de no tener nada que ver con el tema del que se trataba, excedía los límites de la educación y el saber estar que se supone, debe tener alguien a la hora de participar en algo así; y de todas formas, siempre expliqué el porqué de la eliminación, incluso más de una vez he tenido el impulso de borrar algunos más, pero no lo hice, me considero bastante tolerante y en ocasiones estiro el límite. Al fin y al cabo, lo mejor de un blog generalmente son los comentarios, y de todos se saca algo. Puede que por esto mismo me animé a poner un contador de reacciones, y lo hice del modo que muchos habrán visto, incluyendo tres opciones: Me gusta, Interesante y Patético. Evidentemente, todo el mundo es libre de pulsar la que quiera, la que más conveniente le resulte en base a lo leído. Y por supuesto, sabía que algún Patético me podía llevar, pero no me importaba, me gusta la crítica constructiva y argumentada, y pensé que me ayudaría esta calificación a escribir mejor, a saber lo que gusta y lo que no. Pero sinceramente, lo que no estoy dispuesta a tolerar es lo ocurrido, pues alguien, o más de una persona, lejos de contribuir, imagino que pretenden molestar o algo pues tienen el entretenimiento de entrar y clicar en “Patético” en todas las entradas de la página principal, casi a diario. El fallo en parte es mío, no era el mejor sistema pues evidentemente eso no es crítica constructiva, más bien parece otra cosa, no sé si una cuestión personal o aburrimiento puro y duro. No hay argumentación en un simple clic, pero creí que sería orientativo; sin embargo ha resultado que se trataba de una de esas cosas buenas, de las que el personal hace mal uso.
Siento si he mutilado el pasatiempo veraniego de alguna persona, pero a partir de ahora, las opiniones volverán a ser a la vieja usanza, con un comentario. De todas formas, a modo de consejo, quien considere tan patético este blog no tiene porqué pasarlo mal entrando aquí con esa frecuencia, puede dedicarse a otros menesteres, y si quiere bloguear en condiciones, en la columna de la derecha hay un puñado de sitios que podrían gustarle más que este.
Ya lo dije al comienzo, me da pena, pero hasta mi tolerancia tenía un límite.

sábado, 31 de julio de 2010

Toy Story 3



Los niños estaban locos por ver esta película, niños de veinte años o más, pero niños que eran más niños cuando se estrenó la primera, e incluso la segunda. Quizás ha merecido tener que esperar tanto tiempo para poder ver una secuela tan maravillosa y divertida como las anteriores. Se conservan intactas la frescura y el humor de Woody y sus amigos, incluso la ternura se mantiene; sobre todo al final de la película, antes de los geniales títulos de crédito, (canción de los Gipsy Kings incluida)… Y ya contamos con un cuarto de siglo en la espalda, pero te da por pensar qué fue de tus juguetes, recuerdas el destino que les diste, y puerilmente imaginas que tu decena de muñecas Barbies estarían bien, pues se las diste a tu prima, que sí jugaba con ellas, mientras tú, según decían, te estabas convirtiendo en una mujer, y preferías llenar tus estanterías con otras cosas.

Totalmente recomendable esta tercera entrega, y es que Toy Story, pertenece a ese selecto grupo de películas que desafían al refrán de “Segundas partes nunca fueron buenas”, y la tercera sigue en esa línea. Y es que es triste, no sigo para nada la saga de Crepúsculo, me costó mucho ver El Señor de los Anillos y lo hice más por casualidad que por interés, pero sin embargo, recomiendo que niños de todas las edades no se pierdan las aventuras de estos juguetes; eso sí, es recomendable que primero se les pongan a los niños más pequeños las dos primeras, que se estrenaron mucho antes de que la mayoría naciera, y así no se aburrirán, al contrario que los niños que había en mi sala, pues lo dije antes, los niños incondicionales que no pestañeábamos éramos los que teníamos ya la mayoría de edad sobrepasada.

miércoles, 21 de julio de 2010

El Moisés




Cuando Julio II encargó a Miguel Ángel su mausoleo se trataba de una composición magnánima, de más de cuarenta esculturas. De hecho, Miguel Ángel pasó más de medio año en Carrara, escogiendo enormes y magníficos bloques de mármol. Una obra sepulcral grandiosa, un edificio libre situado en el mayor templo de la cristiandad, de compleja iconografía, con relieves de bronce, todo coronado con el enorme sarcófago que albergaría los restos mortales del Santo Padre. Una obra escultórica y arquitectónica que habría asombrado al mundo.
Pero el “Papa Guerrero” dicen que convencido por Bramante, el arquitecto de San Pedro poseído por la envidia, cambió de parecer y dedicó sus esfuerzos y sus fondos a la remodelación de San Pedro, se desveló con la Basílica y desterró su mausoleo a San Pietro in Vincoli. Cuentan que Miguel Ángel se sintió traicionado y aunque como desagravio le encargaron pintar la Capilla Sixtina, nunca se repuso de aquél episodio. Su proyecto, aquél que se podía haber convertido en el cénit de su carrera, fue considerado por el artista como el fracaso de su vida. De hecho, el fracaso se ligó con la obsesión, y desde 1505 hasta 1542 Miguel ángel fraguó seis proyectos diferentes. Cada uno de ellos era más reducido que el anterior, cada concepción simplificaba más aún el monumento funerario de Julio II, pues los sucesores de este renovaban el contrato cada vez con fondos más escasos.


Quizás, en un primer golpe de vista, lo que capta la atención de quien entra en San Pietro in Vincoli sea esa hilera de columnas que pertenecieron a Pilato. Al fondo, a la derecha puede verse una estructura de dos pisos donde descansa Julio II; y ahí está él, el Moisés de Miguel Ángel.
Su faz marmórea rebosa expresividad. Conserva en su cerviz la grandeza de quien lideró al pueblo elegido contra los Egipcios y los condujo a través del desierto. En su rostro se contiene rabia, cierta ira, pero también una expresión resignada, el intento de dominarse a sí mismo. Dicen que representa el momento en que Dios, tras darle las Tablas de la Ley, le anuncia que no verá la Tierra prometida. Otras teorías afirman que capta el instante en que ve a su pueblo adorando al becerro de oro. Sin embargo, hace poco leí que es un autorretrato, en cierto modo, del propio Miguel Ángel. Su frustración ante su mecenas, el dolor por sentirse menospreciado, la rabia que sintió al arrastrar durante años un encargo que nunca cumplió sus expectativas. Personalmente, habiendo visto su portentoso David, o la magnífica serenidad de su Piedad, yo siempre me he quedado con el Moisés, tal vez por su sencillez, por el delicado trabajo que entraña algo a simple vista sencillo. Tal vez, el artista florentino no imaginaría que la obra que para él era el recuerdo de un fracaso, para muchas personas, como yo, sería la síntesis de su arte.


A veces, como el propio Buonarrotti, nuestras expectativas son muy altas, demasiado altas. A veces, no cumplirlas nos decepciona y en cierto modo nos frustra. A veces, ni tan siquiera tenemos un Papa irascible como era Julio II, que llegó a atizar con un bastón a Miguel Ángel, a veces somos nosotros mismos los que nos damos bastonazos y no nos permitimos disfrutar de nuestros logros, pues no son tan buenos como creíamos que iban a serlo.


Esta entrada está dedicada a quien por mucho tiempo ha sido el profesor sin pretenderlo, de Historia del Arte de cierto sector de la blogosfera hispalense.
Espero que su reflexión veraniega no le lleve a cerrar su puesto de agua; espero que se convenza de que a pesar de no haber realizado el que podía haber sido el mayor monumento funerario del Renacimiento, sea capaz de valorar que sin cumplir todas sus expectativas, puede crear un Moisés elegante y bello, y un puesto de agua, que con más o menos frecuencia en su actualización, a muchos nos gusta visitar.

viernes, 9 de julio de 2010

Consejos veraniegos





El verano, tal vez por su naturaleza relajada o por la espiritual experiencia de la siesta, que se fomenta más que en otras épocas del año, es un periodo estupendo para la reflexión, la meditación, la conversación, la tertulia y ¿por qué no? La filosofía.
Mi hermano y yo, que nos retrotraemos en momentos del día a tiempos de la infancia ya pasados, en los que sólo hablas de chorradas cargadas de verdad, andábamos el otro día disertando sobre temas marítimos, más concretamente del baño playero, otro momento para mí de alto contenido disertativo. Atendiendo a la máxima de “al mar hay que tenerle respeto, no miedo” pues él y yo siempre fuimos de esos que dicen “hasta la boya y me vuelvo”, concluimos que todo se reduce a dos reglas básicas: No te bañes borracho, y es mejor estar donde no haces pie, pues nunca sabes que podrías pisar. Mucha gente no está de acuerdo con esto último…. ¡ay! ¡Que equivocados están! He comprobado en mis propias carnes cuanto de cierto hay en eso de no tocar fondo, y no fue queriendo; es decir, no es que por mi afán investigador y empírico dedique mis escasos y salteados días de playa a demostrar esa teoría. Lo recuerdo y me entran escalofríos… estando en animada conversación con mi madre dentro del mar, de pié, con ambos pies en el fondo, noté como algo mordía mi pie derecho… No me dolió, lo que fuera no tenía unos dientes muy allá pero… ¡Buaaaa! Lo dicho, escalofríos al recordarlo… Una sensación desagradable, un repeluco… Menos mal que ese amor que hay en mi familia por las playas semi-desiertas hizo que mis chillidos de histérica tampoco formaran el jaleo que podían haber causado en alguna que otra playa que se me viene a la mente…

Así que como cada uno aporta lo que sabe, este es mi consejo veraniego, el fondo del mar no es lo que parece…

jueves, 1 de julio de 2010

El cuarto


Le he dado muchas vueltas a cómo afrontar esta entrada por tercera vez… incluso pensé no poner nada. Este año parece que mi desgana al pasar la barrera del 1 de Julio aumentó… La edad, las manías, o simplemente que no es mi momento imagino que se han sumado este año que alcanzo el cuarto de siglo.
Quisiera que fuera cierto eso de que cada año se es más sabia y no más vieja, creo que ya lo dije alguna vez, pero es que cada vez siento que sé menos; o puede que últimamente esté aprendiendo tanto que el contraste es muy grande.

Siempre cumplí años cuando concluía el curso, y en cierto modo mi calendario se ajusta más a cursos que a años naturales. Esta nueva etapa traerá muchos cambios, nuevas aulas, nuevos compañeros, libros… e incluso al fin seré usuaria del metro sevillano, el cual aún ni he probado.
Espero al fin centrarme dentro de mi desorden natural, no olvidar como he llegado hasta aquí (aunque no esté muy lejos), renovar el DNI, que el hígado me acompañe, que las personas vayan, vengan y se queden, según sea mejor para ellas y para mí.

De todas formas, por poco que me guste esto, siempre me agrada seguir cumpliendo con vosotros.

El año pasado Ludwig me dijo que lo peor era a los veintiséis, cuando te das cuenta de que los treinta están cercanos… vaya tela como tenga razón….

viernes, 25 de junio de 2010

El día que no le conocí…


Azares de la vida, hoy podría haber conocido a ese singular personaje, a ese ser irónico y mordaz que a mí me despierta admiración y ternura… Pero no ha podido ser. Puede que me haga mayor, puede que tomara conciencia de que no lo puedo llevar todo a la vez para adelante… He decidido quedarme y hacer algo burocrático que me abre la puerta a seguir mi camino, tal vez esté iniciando una nueva vida con esto.
Me entretengo pensando que tal vez todo habría sido en vano, y a pesar de haber ido, finalmente solo lo hubiera conocido de vista, o con un saludo muy escueto. También fantaseo con que un breve comentario, un chiste oportuno o cualquier casualidad podría haber despertado la exquisita atención de mi admirado caballero. Una conversación con él bien vale un Imperio, pero parece que no el mío, o simplemente como he dicho antes, a veces hay que pensar con la cabeza. Por eso aunque me ronde todo el tiempo la mente el pensar “Que habría pasado si…” no me arrepiento, sé que estoy haciendo lo correcto y que voy a andar sobre seguro, aunque no sea siempre ésta mi tendencia.

Agradezco a quien se preocupó de llevarme a cumplir uno de mis sueños, pero puede que sea mejor así, y quien sabe, tal vez algún día sí conoceré a este señor, y entonces pueda contarle que existió el día en que no le conocí…

viernes, 18 de junio de 2010

Mi amigo Sergio…


Mucha gente dice que un blog es un espacio personal, de intimidad compartida. Muchos otros dicen que es un gesto egocentrista, al considerar que lo que uno escribe le puede interesar a alguien, y puede que también esto sea cierto. Mi amigo Sergio dice que un blog es lo que antiguamente era un diario. Si esto es cierto, el diario de Sergio sería de lo más extraño, un niño empeñado en llenar páginas con calles, edificios, plazas… Eso sí, el bloguero del que hablo no es un egocentrista, él realmente tiene muchas cosas y muy interesantes que contar en su ventana.
Sobre Sergio podría decir muchas cosas más, aunque no lo conocí de niño para saber cómo era su diario. Hará más de dos años que apareció una tarde lluviosa en Vizcaíno. Antes de eso, como a muchos otros, ya lo conocía en cierta manera a través de sus Sevillanadas. Es curioso la polisemia de la palabra blog, pues además de todo lo referido antes, también ha sido para mí, sin proponérmelo, una herramienta para conocer a gente fantástica, como es el caso del General.
Podría seguir cronológicamente diciendo cosas, pero no me salen, se me disparan los recuerdos desordenados a noches de Miércoles Santo y contenedores, a muchas llamadas para preguntar simplemente “¿cómo estás?”, a frases o anécdotas que cuenta con gesto serio y que son para morir de risa. Con ese batiburrillo de cosas es difícil definir o hablar de alguien. También podría tomar prestado el concepto que un día soltó mi hermano al preguntar: “¿Ese quién es? ¿tu amigo el grandullón con pinta de noblote?” Ese también es Sergio, que ojo, esta peregrina descripción fue constatada por Ester (ella es así, sin “h”) y si ella lo dice, ya no hace falta más, así es.
El tres de Julio Sergio dejará de ser un bloguero soltero, aunque tras tantos años con la chica que no tiene “h” muy soltero tampoco estaba. Será en Los Gitanos, no podía ser de otra forma, y espero que el calor de ese día no sea del todo letal.
Es complicado hacer esto, cuando hago algo así suelo ponerme cursi o soltar algún chiste malo para aflojar la tensión; así que es mejor ir cortando ya, y no deseando suerte. No la deseo porque a Sergio y Ester no les hace falta, además, a veces creo que desearla atrae lo contrario, y ya a mi edad no puedo luchar contra mi propia superchería.

Sea muy feliz General, disfrute de su día y de los años que le quedan por delante, no se cabree demasiado, y lo más importante haga un buen ramo de anécdotas para el futuro.

domingo, 13 de junio de 2010

Prevención para la vida y para la muerte


Venimos al mundo desnudos, llorando, débiles, sin manual de instrucciones y sin ninguna prebenda que nos ayude.
Venimos tal cual, nos visten y alimentan, comenzamos a equivocarnos repetitivamente, y esa sucesión de ensayo y error es aprender, que en definitiva es vivir.
Algunos nos intentan ayudar, nos enseñan lo que saben, nos ponen obstáculos para que aprendamos a saltar. A veces nos creemos en una falsa sabiduría, en un dominio inexistente de algo, en un control que no es más que un espejismo. Puede que eso sea lo que provoca un vuelco en el corazón a cada poco, unas cuantas noches de insomnio, miles de cavilaciones y preguntas.
Estas líneas, este rollo macabeo, son las divagaciones de quien ni por asomo se acerca a una idea de lo que le rodea, lo que le depara la vida, su destino. Este variado de palabras torpes son un intento de clarificar lo que no es claro. Estos rodeos plasmados y traducidos a ceros y unos, puede que estén provocados por acercarse al cuarto de siglo de forma fatídica e irremediable, por sentirse tan ignorante como con su primer pañal, insegura como cuando aprendió a andar agarrada a un bote de toallitas, con una incertidumbre que a veces incita, a veces asusta.

Por suerte para mí, hay quien sí supo sintetizar una breve idea de lo que se debe saber a cierta edad, de lo que debe tenerse en cuenta, de lo sustancial e indispensable. Al fin y al cabo, don Francisco tuvo tiempo sobrado para pensar, reflexionar y escribir con maestría. La muerte, como parte inseparable de la vida, la fortuna caprichosa que nos maneja o el paso del tiempo, imparable y justo, son cosas que pude aprender de Quevedo, y es que a veces los conceptos barrocos son más actuales de lo que parecen.



PREVENCIÓN PARA LA VIDA Y PARA LA MUERTE



Si no temo perder lo que poseo,

ni deseo tener lo que no gozo,

poco de la Fortuna en mí el destrozo

valdrá, cuando me elija actor o reo.


Ya su familia reformó el deseo;

no palidez al susto, o risa al gozo

le debe de mi edad el postrer trozo,

ni anhelar a la Parca su rodeo.


Sólo ya el no querer es lo que quiero;

prendas de la alma son las prendas mías;

cobre el puesto la muerte, y el dinero.


A las promesas miro como a espías;

morir al paso de la edad espero:

pues me trujeron, llévenme los días.




Francisco de Quevedo y Villegas

Foto: Por cortesía de Moe de Triana

jueves, 27 de mayo de 2010

Volver


Soy un animalito de costumbres para muchas cosas. Suelo hacer siempre unos recorridos fijos, por determinadas aceras y caminos. Por las noches, cuando escapo de los amaneceres que parecen perseguirme, paso siempre junto a las mismas ventanas, me reencuentro con el olor a suavizante de esa vecina que adora poner la secadora por las noches, y esquivo algún que otro seto que ha crecido más de la cuenta y pretende interrumpir mi camino. Dentro de poco, en esta recta final, me detendré junto a una dama de noche, y aspirando su perfume, intentaré retenerlo hasta entrar en el portal; allí desaparezco como el sonido de mis pasos que por unos instantes perturbaron el silencio de la calle.
Últimamente reparo en estas cosas, y en los regresos en sí. Todos los caminos de vuelta, ya sean de tomar un café, de un viaje a Praga o de una hermandad de Penitencia que abandona la Catedral, tienen en común lo agridulce de su sabor. Se entremezclan los recuerdos mejores y peores, la alegría de lo vivido, la pena de que termine todo, los pensamientos, las reflexiones de todo lo ocurrido, conclusiones… En ocasiones cansancio en la espalda, y en otras ocasiones cosas peores; pero todo parece formar parte del proceso de volver.
He vivido nuevos caminos de vuelta últimamente, además, he cambiado el romanticismo de los ferrocarriles por el autobús, otro diverso mundo digno de estudio, y me reafirmo en lo que siempre pensé. A veces da alegría volver a casa, pero suele quedar la sensación de aquella sevillana rociera que decía “¡Ay qué triste es el camino cuando se viene de vuelta!”

martes, 27 de abril de 2010

De perfume, albero y manzanilla


Desde una radio María del Monte cantaba aquella sevillana que fue de las primeras que de pequeña me aprendí; “yo iba de peregrina y me cogiste de la mano…” Eran cerca de las ocho de la mañana del Domingo de los Fuegos, y aquello parecía ser la despedida de una semana de Feria. El resto de la clientela eran parroquianos, madrugadores, trabajadores, paseadores de perros… Nadie parecía tener los zapatos tan llenos de albero como nosotros, nadie lucía esa cara de felicidad y cansancio.
Ha sido una feria muy fugaz, se me ha pasado volando. Ha sido una feria diferente, como lo suelen ser todas, ha sido divertida, cansada, completa… Todos los años me propongo que esta sea mejor que la anterior, y creo que todos los años lo voy consiguiendo.
Como en las entradas anteriores, me vuelve a quedar esa resaca nostálgica, esa sensación de las cosas que faltaron y las que no; aunque no lo quiero pensar mucho…
Me gustaba pasar cerca de los trajes que aún no habían pasado por la lavadora, ese aroma que desprendían, mezcla de mi perfume, albero, manzanilla. Esa síntesis sensorial me resume la semana de una forma que no sería capaz de expresar con palabras, por más que usara. Es un resumen de días y noches, de risas, bailes, conversaciones más o menos formales, cosas que se dicen y se callan porque en cualquier caso, es mejor así… Y es que esta semana para mí supera con creces la Navidad, es tiempo familiar, de buenos sentimientos y compartir, pese a esa figura tan sevillana como es el “gañotero” y su versión femenina, que también existe evidentemente.
Me ha dado una pereza increíble recoger todos los avíos que tenía desparramados por el salón aunque he tenido que hacerlo, para cerrar este ciclo, para que mi madre no me chille…
Y como en todo, ya sólo queda esperar al año que viene, a pensar en el próximo traje, a esperar a ponerme el nuevo de este año, hoy por hoy mi favorito…
Vendrá la Feria otra vez y no será la misma, y eso será lo bueno. Este año ha habido cumpleaños, verdades humanas que han salido a flote con gestos, estrellas a los que han agasajado los camareros, controles de alcoholemia milagrosamente superados por la bondad de la benemérita, actuación de los “del vaso” y ratos que conservaremos para siempre, igual que a veces me da por guardar claveles secos…
Pensando en todo esto, me acababa la tostada, y esa sevillana de María del monte que había sonado por casualidad se acababa, reparé que yo nunca había entrado en ese bar, que está muy cerca de mi casa pero que en la vida lo había pisado; y quizás es otro milagro de Feria, acabar descubriendo que ese rincón de nombre rociero no está tan mal, ni es tan cutre como parecía…

martes, 13 de abril de 2010

Primavera, esa surreal rutina




Hay un Niño Jesús vestido de turco que da vueltas en mi mente… Hay un vestido de flamenca un puñado de tallas menor que su dueña, que mal rato he pasado hasta que todo se arregló… Queda cera en el asfalto y eso me pone feliz a la vez que triste… He vuelto a usar mi amuleto de la suerte, no me puedo librar de mis supercherías. Tengo un resfriado desde hace más de dos semanas y no me deja… quiero estar bien para Feria, lo necesito, pero parece que eso no va a ocurrir… He hecho como cuando era pequeña, vapor, eucalipto y nada… Tengo los labios quemados porque aunque la gente vaya en manga corta y las guiris en chanclas, no, no estamos en verano. Los marmolillos, separadores urbanos o como se llamen de la Alameda han resultado ser perfectos al fin… El viernes acabé cenando una pizza en la calle pasada la medianoche y resultó que estos cimborrios tienen la forma perfecta para apoyar la caja. Tengo hambre y sueño a horas extrañas, aún no me acoplo al horario normal, sigo con el de Semana Santa…
Y usar pañuelos de tela como las mujeres antiguas tiene su parte negativa, si te quedas sin reservas hasta la siguiente lavadora, es un tema…


No sé si es astenia primaveral o sólo surrealismo diario pero estos días son algo raros para mí…

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