lunes, 3 de octubre de 2011

La Garnacha



A veces, en mi caso un puñado de ellas, un bar te enamora. También es cierto que muchos bares te decepcionan, pero no voy a entrar hoy en eso. Hoy toca recordar a un bar que fue un amor de verano; un verano que se agotaba para mí a orillas del cantábrico. Era la primera vez que recorría aquellas tierras, aunque por suerte, no fue la última. Pero volvamos al bar. Atardecía en San Vicente de la Barquera, “más bonita que ninguna de las villas marineras”, que dice la canción. Íbamos ya pensando donde cenar en aquella, nuestra primera noche en ese pueblo, y como cantaba Serrat, “fue sin querer, es caprichoso el azar…” y allá que pasamos todos, sin querer pasar, y la vimos y seguramente, aquella vinatería nos vio… La Garnacha. Y luego, como pasa cuando te enamoras, no sabría decir exactamente qué era lo maravilloso, no podría describir bien ese local amaderado, la pintura mural de la pared, la gente que atestaba el sitio, la variedad de vino que se desplegaba ante nuestros paladares… Era todo a la vez y nada de eso… Sus magníficos quesos, esas croquetas, iguales a las de “El Rinconcillo” pero mucho más grandes, o la especialidad, “Patatas Garnacha” que no es otra cosa que patatas alioli con taquitos de jamón… era un cúmulo de prendas que aumentaban la conquista. Incluso me cautivó uno de esos detallitos de complicidad, aunque fuera unilateral. Un tipo, con algo de chulería, fue a pedirle una cerveza al camarero de la barra, y se indignó de que no hubiera Mahou. Esto para empezar me extrañó, yo suelo indignarme por todo lo contrario, cuando voy a un bar y sólo hay Mahou me llevan los demonios; y me parecía incomprensible que aquél fulano quisiera beber semejante mejunje por voluntad propia, pero bueno, allá cada uno con los castigos que le infringe a su cuerpo. Lo grande para mí es que no la hubiera, un toque de distinción me pareció aquello.
Después de esta primera noche, no pudimos volver al bar; los días fueron frenéticos, de acá para allá por todos los caminos que nos daba tiempo a recorrer, y las noches eran para comer algo rápido en el apartamento y dormir.
Este verano volvimos a San Vicente de la Barquera, y por extensión, almorzamos en La Garnacha. Tenía algo de miedo; al fin y al cabo, el amor de una noche veraniega puede ser sólo eso. Podía ser un sitio menos impresionante pasado un año y a la luz del día. Pero nada de eso, hasta mi hermano, que a veces es puñeterillo, quedó prendado del sitio. Con el tímido sol entrando por las estrechas ventanas, con el bar bastante más vacío que la vez anterior, con temas de M.Clan sonando uno detrás de otro sin parar, me convencí de que la primera impresión no había engañado; seguía siendo un gran bar en el segundo mejor pueblo del mundo, en mi escala personal. Y para colmo, como si lo hubieran ensayado, llegó un hombre que pidió una cerveza, y al ver la Heineken preguntó si no había Mahou. Por supuesto, no la había.

11 comentarios:

impresiones de una tortuga dijo...

Mercedes, ¿te imaginas si llega alguien pidiendo una cruzcampo?.
Sitios con encanto o que nos encanta, lo cierto es que están por ahí, en algún sitio, esperando que los descubramos.
Un besazo.

Enrique Henares dijo...

Pues nada, un motivo más para volver por Cantabria, tierra que visité demasiado brevemente hace unos años y me maravilló, como tantas norteñas.

Lo de la Mahou es caso aparte, ¡qué cerveza más mala! Cuando voy por Madrid, que últimamente es con bastante frecuencia, me sorprende que haya gente que la prefiera a mi adorado vermú de grifo.

La gata Roma dijo...

Desde luego que sí Tortuga, creo que por eso creé esta etiqueta hace ya muuuucho tiempo. Que alguien pidiera una Cruzcampo no sería tan increíble, lo impresionante sería que se la hubieran puesto; de todas formas, ya sabes que el consuelo del cruzcampero es la Heineken, que si la hay en todos lados…
Enrique, lo de Madrid no tiene nombre, un feudo de esa infame cerveza es aquello… Un amigo mío, que vivió en la capital un par de años, tenía controlados todos los bares con Cruzcampo o Heineken, y sólo me llevaba allí; y si no, siempre nos quedarán los vinos varios como dices…

Lo dicho, me sigue sorprendiendo que alguien beba Mahou motu propio pero bueno…

Kisses

El callejón de los negros dijo...

¡ay! los chicucos.... qué serías de tantas cosas que llamamos nuestras si no hubieran pasado por aquí esos bravos del norte.

Bueno, tus crónicas, como siempre, enamorando.
Bessssos
Antonio

El vecino del 4º dijo...

ea criatura...vengo de beber unas birras...y veo que mezclas amor y crónicas...como siempre con esa sutileza que te caracteriza...quedan ganas de salir corriendo hacia el bar en cuestión...pero hay tantos...o será que todos/as somos tremendos enamoradizos de bares, rincones, música... en fin...yo soy más flexible con la cerveza donde voy pruebo...guerras fraticidas de marcas no nos llevan a nada...mientras la cerveza pierde fuerza...jejejjejeje...(no es una defensa de ninguna ojoooo).


besos-besos

el vecino del 4º

eres_mi_cruz dijo...

sinestésicamente la Garnacha es uva pasa... tú, pincelada palisandro... y el tío de la olla, como se descuide, descorcha os la botella recto verso...

La gata Roma dijo...

Fíjate Antonio, si vinieron a ayudar a la reconquista y todo, que ahí están los tíos, con sus Torres del Oro en muchos escudos, en el de San Vicente de la Barquera también la tienen, junto con las cadenas rotas del río…

Jajajaja, Vecino, no es pelea de cervezas, yo las pruebo todas, en Bélgica las he tomado de todos los colores literalmente, y si no hay de mi predilecta no me importa tomar Alhambra, Estrella Galicia… vamos, creo que todas menos la Mahou de las narices y su hermana San Mmiguel, insufribles para mí ambas… Pero el amor a los bares está por encima claro, siempre quedará el tinto…

Eres_mi_cruz ¡pero que alegría verle por aquí!
Creí que estaba por Costa Ballena jugando golf con un bañador de flores, rendido al fin al catetismo imperante…
El de la olla tiene guasa marinera…

Kisses a todos

El Naranjito dijo...

Querida Gatilla: a mí lo de la Mahou me suena a Mou... riño; y a este no lo trago, pero eso de papas alioli con taquitos de jamón me apunto en San vicente de la Barquera o donde sea. Bendita la tierra cantabra, solo le falta un puntito de la rubia de la calle Oriente para ser uno de los paraisos terrenales.
Un saludo.

La gata Roma dijo...

Pero lo dicho Naranjito, mientras tengan Heineken no está todo perdido... Eso si, las patatas están de diez, mi hermano se enamoró cuando le pusieron el plataco por delante, jejejejeje

Kisses

Rebeca dijo...

La uva Garnacha no me gusta, que me da resaca y la cerveza tampoco, soy así de rara, pero la encuentro demasiado amarga, ahora lo de los sitios con encanto me lo apunto, aunque San Vicente de la Barquera, para su desgracia, me siga recordando a Bustamante.

La gata Roma dijo...

Jajajaja, Rebeca, pero había muchos vinos, no sólo hechos con garnacha…. Un amigo sostenía la teoría de que la cerveza no le gusta anadie, pero todos nos acabamos acostumbrando… A mí creo que me pasó eso porque hasta los 19 o 20 años no aprendí a valorarla, pero hay a quien nunca le convence, como a ti.
Por cierto, ¡vi una furgo de la empresa de la familia del cantante! Lo que pasa que nunca me ha extrañado el apellido, te diría que allí Bustamante es relativamente común; la familia de mi padrino se apellida así, y ellos vinieron a Sevilla procedente de Potes, otro gran pueblo cántabro.

Kisses

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