viernes, 18 de diciembre de 2009

El fin de los finales



Fin, el fin, un final, finales… los tengo de todas formas y colores, de diferentes tamaños, de sabores amargos, dulces y de ginebra. Los tengo con olor a incienso, violetas, zotal o ese perfume que uso a menudo y que hace poco me dijeron que “no era usual en una jovencita”. Algunos pesan toneladas, otros son ligeros como el humo. Muchos acabaron bien, muchos acabaron mal y muchos muchos sólo eran finales, simple y llanamente eso. Los hay con lágrimas, con risas y con todo a la vez; incluso unos cuantos con las uñas de una mano clavándose en la otra para no hacer algo peor. Tenía un puñado escritos en la fragilidad de una bandeja de correo, de tarjetas SIM, proyectados en pantallas efímeras y perdidos en el eco de auditorios más o menos formales. Incluso, muchos llegaron en silencio, sin darme cuenta, se tumbaron a mi lado y sólo con el paso de Cronos supe que estaban allí. Alguna vez también regalé alguno, no sé hasta que punto gustó mi presente, pero lo hice.
Pensé en centrarme en alguno, como aquél último día de clase en el colegio tras la secundaria, cuando recorrí todas las aulas que había pisado llorando como una Magdalena; despidiéndome de cada silla, de cada hora de Biología, de cada losa ajedrezada del pasillo. Luego pensé en finales rotundos como los que el Sábado Santo se producen en San Lorenzo… Más tarde pensé en finales efímeros como el de cada café, cada paquete de clínex o cada poema que se vuelve nuevo, eterno y antiguo cuando lo releo. El final de cada viaje se enredó en mis manos, con esa mezcla de alegría por volver, y de pena por eso, por el propio final… Vinieron a mi mente algunos concretos que se repitieron mucho, demasiado seguramente; finales en calles concretas, en esquinas concretas, con una desgana aprendida y una desazón también muy concreta. Entonces, reparé en los finales que no han llegado, en todos los que preveo a medio plazo, y que imagino mil veces como ocurrirán, a la vez que quiero retrasar…
Las semanas laborales tienen un final marcado en el viernes; este concretamente me pareció que no llegaría nunca, y quizás por eso mismo casi creí que no iba a poder cumplir con el encargo informal que suponía esta entrada. Pero no hay mal que cien años dure, plazo que no se cumpla y todas esas cosas. Llegó el final de esta semana, con lo bueno y lo malo que ella contiene, escribo mientras parece que el cielo se cae a trozos y como en el final de un vaso, veo claramente la resolución de estos días.

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Entrada cadena, encargo, meme o como lo quieran llamar, de La radio de los blogueros, como dijo una vez el flaco “mal y tarde estoy cumpliendo”, pero estos días no me permiten más.

martes, 8 de diciembre de 2009

Esta boca es mía


Más vale que no tengas que elegir
entre el olvido y la memoria,
entre la nieve y el sudor.
Será mejor que aprendas a vivir
sobre la línea divisoria
que va del tedio a la pasión.

No dejes que te impidan galopar
ni los ladridos de los perros,
ni la quijada de Caín,
que no te dé el insomnio por contar
las gaviotas del destierro,
las amapolas de París.

Te engañas si me quieres confundir,
esta canción desesperada
no tiene orgullo ni moral,
se trata solo de poder dormir
sin discutir con la almohada,
Donde está el bien, donde está el mal.

La guerra que se acerca estallará
mañana Lunes por la tarde,
y tú en el cine sin saber
quien es el malo mientras la ciudad
se llena de árboles que arden
y el cielo aprende a envejecer.

Y sal ahí
a defender el pan y la alegría
y sal de ahí
para que sepan que
ESTA BOCA ES MIA




Joaquín Sabina

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Blanco casi negro



En dos ocasiones quise hablar de ello y de ellos. Le daba vueltas, tenía que contarlo todo sin contar nada, por respeto, por ética, por ley…. Quise contar lo viva que me hacen sentir, lo bueno que logran sacar de mí. Quería escribir sobre lo egoísta que a veces me siento cuando gracias a ellos, a sus historias me siento afortunada por nacer donde nací, incluso por vivir en este país del cual me quejo tantas y tantas veces. Quise plasmar aquí las mil atenciones, sonrisas y palabras con que me siento más que pagada, cuanto valoran lo poco que doy. Ya digo, en dos ocasiones tenía un borrador mental de una entrada sobre ellos que nunca vio la luz. Hoy, el borrador es bien diferente, y si llego a escribir a las diez de la mañana habría sido mucho peor.
En esas inútiles clases de Educación Plástica donde nunca me enseñaron a valorar o apreciar el arte, no me explicaron cuan trascendente podría ser en la vida la diferencia entre el blanco y el amarillo. Es una diferencia terrible, abismal, insalvable para el Estado. He comprobado lo peor de este trabajo y ojo, no me quejo de ello, al fin y al cabo es lo que me espera y me siento afortunada de que me dejaran participar como “profesional” en esto, pero hablando en plata, vaya trago… Me he sentado delante de ellos, he hablado y oído varios idiomas, varias formas de explicar lo inexplicable, palabras que inútilmente querían recomponer una esperanza que segundos antes había saltado por los aires con una deflagración que me partía el alma sin querer demostrarlo. He tragado mis lágrimas, he mimetizado la rabia que yo misma sentía por todo lo que era injusto. He tenido que ver sus caras ante un mundo que no contento de haberlos castigado con sus violentos balanceos, les daba una nueva sacudida. Se han revuelto en una silla delante de mí, mientras yo hervía por dentro. Para colmo, durante toda la mañana una puñetera mosca ha estado acrecentando la tensión y maldita sea que me habría encantado tirarle toda clase de cosas…
Se ha quedado en el ambiente la profundidad de sus voces, la misma con que sus antepasados contaban maravillosas historias y ahora ellos emplean en contar historias menos bellas, esa con que llaman a la oración en sus regiones y aquí ya ni les queda el consuelo de rezar, la misma con la que ellos aceptan con dignidad y resignación lo que parece no tener más vueltas de hoja. Se me han clavado esas miradas carentes de reproches, de maldad, porque no tienen esa bajeza ni en los peores momentos…
Al final del día me he quedado embobada, mirando absurdamente mi agenda de fieltro sobre la mesa, esa que Esther me regaló por mi Santo, esa que parecía ser la nota de color, la felicidad desentonante en un escenario que se me antojó más triste que nunca; como la flor del Guernica de una forma burda…
Luego, como otra despreocupada europea más, he tenido una tarde que podría considerarse agradable, con mi madre en el centro, con el nuevo disco de Sabina, con tantas cosas que cada vez valoro más… pero de vez en cuando me acordaba de ellos, mis ellos, a los que vi llegar, a los que no quiero ver partir pero tengo que ayudar a hacerlo, por si puede ocurrir de una forma algo menos violenta… No quiero pensar que esto siga así, pero es estúpido; va a seguir, porque la maldita crisis, porque la nueva ley, y el maldito Estado, y la priorización deficiente de los recursos se están alineando, y yo, la más insignificante rueda del engranaje no quiero seguir viéndolos partir, porque no son mi familia, ni mis amigos, pero me costó aprenderme sus nombres, algunos han compartido conmigo cosas que me asombraron, o simplemente me han aportado sin saberlo, y ahora el blanco que nunca fue amarillo se torna en negro…

Me acordé hoy de Eres_mi_cruz, que dice que llevaba una racha de entradas duras técnicamente, y hoy puede que sea el top; lo que pasa es que a veces la vida no te deja escapatoria, y acabas teniendo que llenar tu espacio con cosas como estas, a ver si de ese modo se te alivia un poco la carga….


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Post diferido en su publicación, escrito la noche del martes 24 de Noviembre.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Temas pendientes


A veces no sé como acumulo tanto lastre; tantas cosas que quiero y debo hacer, tantas cosas que no hago…
En muchas ocasiones resuelvo esto casi sin darme cuenta, como ocurrió el pasado domingo.
Hace ya un tiempo, en cierto blog de mis amores se publicó una entrada anunciando un acontecimiento grande en esta bendita ciudad… ¡la llegada de los donuts rosa! Servidora se había prometido ir en peregrinación a dicho establecimiento, y meterse entre pecho y espalda un genuino donut hipercalórico, delicioso hasta pisar la raya del pecado capital de la gula, aunque no tenía muy claro lo del rosa; los chocolateros somos así…. En fin, cumplido, como muestra la foto, que por otra parte, para preservar el anonimato del dulce, sólo posa de escorzo, en plena calle donde le di cuenta… ¡Mereció la pena!
Siguiendo con el chocolate y las recomendaciones blogueras, Dama me había hablado de una chocolatería o tienda similar en la calle Sierpes. Es como la fábrica de chocolate de Charlie pero sin Willy Wonka, es maravilloso, no paran de darte cosas a probar, para drogarte con azúcar y que acabes pagando una pasta por unos cuantos caramelos blandos con pétalos de rosa, o bombones con pureza de chocolate extrema… vamos, que servidora cayó como cualquier ser en domingo (vulnerabilidad extrema) rodeada de tanta amabilidad y sofisticación dulcera.
Y enlazando con Dama y las recomendaciones blogueras, acabo esta entrada con poco sentido. El viernes, en el programa especial que La radio de los blogueros hizo desde la celebración del EBE, ella, Dama, entre otros compañeros recomendó una entrada de este blog. Agradezco a todos que destacaran alguna entrada de este rincón, pues aún sin estar muy segura de merecer tanta amabilidad, es de bien nacido… Pero la entrada recomendada por ella guardaba un secreto para mí. Me intrigaba porqué Reyes había elegido ese post, y además, no recordaba exactamente mis palabras. Lo releí, y mirando los comentarios, que suele ser lo que más me gusta de cualquier entrada, encontré que en julio había comentado en él la que por unos meses fue mi profesora. Muchas veces me han dicho que es recomendable lo de que te notifiquen los comentarios por correo electrónico, y sí, puede ser práctico, pero la sorpresa que el azar hizo posible la otra tarde cuando encontré el comentario de Salud no habría sido la misma creo. Le agradezco mucho que comentara, y lo que dijo. Palabras que viniendo de ella tienen mucho peso para mí, aunque no sé si estaré a la altura de sus expectativas. Sea como fuere, no sé su regularidad al leerme, pero le agradezco mucho que de vez en cuando lo haga y no me olvide.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Los mismos bares, la misma gente…


Todas las premisas apuntaban a que la noche sería larga… Yo recelaba de salir por mi resfriado, y pretendía volver pronto a casa; esas son las premisas de las que hablaba, salir con eso en la mente es lo que hace que no veas tu cama hasta que no pasen las cinco o más…
Sin saberlo, o más bien sin pretenderlo, comenzó un camino al recuerdo, al pasado y lo que es peor, a contrastar con el presente lo mayores que somos ya. Comenzamos cenando en el bar de tantas noches, ese que a pesar de las reformas mantiene la carta casi intacta y su magia más intacta aún. Pero lo dicho, ya han pasado años, no sólo por la de recuerdos, anécdotas y vivencias que fuimos dejando caer sobre la mesa, sino por esa botella de vino con que lo acompañamos todo, elixir ni muy bueno ni muy malo, de precio razonable que demostraba que nos volvemos selectos a nuestra manera. El actor dueño de Roma (la gata Q.E.P.D.) sigue en Madrid, argumentando que yo estudio cosas utópicas que me permitan seguir convirtiéndome en la vividora que aspiro a ser, a la vez que una estudiante vitalicia. El tercero de la tríada volvió a cambiar de carrera y volvió a las andadas nocturnas que no puedo detallar pues se queja de que engordo su merecida fama de promiscuo. Pero aún quedaba más… En otro bar en que fuimos jóvenes, casi salimos allí de la terrible adolescencia, uno de entonces se pasó al otro lado de la barra, casi parece un intento de encadenarse a aquél tiempo, a aquella vida… Luego volvimos a cambiar de bar, siguieron las cervezas y vino “ella”. La última vez que la vi se había convertido en la cuñada de una amiga mía. Ella dejó de ser cuñada, yo dejé de ser amiga, y allí estábamos las dos, recordando a quienes no somos. Tras aquella relación, me dijo, había tenido un novio durante seis años… Quise morir, no por su novio, sino de pensar que habían pasado seis años o más desde todo aquello… Seguían las batallitas, las risas, los recuerdos que se colaban por el estrenado Noviembre, seguía yo pensando que me pinto menos, que me arreglo menos que entonces, que eso serán los años que pesan y pasan… Sin saber cómo pregunté por “él”, un chico al que apenas conocí, con el que crucé dos palabras pero que ahora resulta que es travesti, drag, o como lo quieran llamar… Vestido de mujer actúa en “raves” o donde se tercie… suma contador de años, sigue sumando por favor… Todo parecía acelerarse, pasaban flashes en mi mente, trozos y retazos de tardes y noches; de café y Legendario, de castañas, sueños de futuro que se me olvidaron y lazos que se cortaron.
Apareció Stefany Howards brevemente, las comparaciones con Massiel, la versión morena de Samanta Fox, y tantos delirios absurdos con que nos gusta perder el tiempo.
En otro bar me acordé de ella, que no es tan antigua en mi vida, que andará perdida por Europa, y que me debe una cena. Hablamos de futuro a muy corto plazo, de viajes, de paz…
No todo estaba perdido, me acompañaban más amigos, no de un tiempo tan lejano pero con los que se van componiendo otras historias, otras telarañas que suman en el contador…
Todo me remitía a las canciones de Ismael Serrano, a todas las frases magistrales de septiembres que se quedaron dormidos, de ventanas que ya nadie abre, de bares en que ya no nos saluda nadie, de calles, cervezas, mesas, viajes que nos cambiaron, días que ahora son recuerdos, que se extrañan y que por otra parte no necesitas revivir…
La Ilustre Víctima, El bosque Animado, La Sirena o el Utopía seguirán estando ahí, cada uno con su historia, con todas las historias que nos dejamos los que un día fuimos jóvenes y hoy ya parecemos ser algo más mayores…

Lo dije y se rieron, tal vez sólo me creyeron en el fondo, pero lo dije sintiendo cada palabra, lo recuerdo y lo sigo pensando “cuando estoy con vosotros me doy cuenta de lo que os echo de menos el resto del tiempo”. Al fin y al cabo, sin los compañeros de viaje, no serían posibles estas travesías al pasado.

domingo, 1 de noviembre de 2009

El 27


Es algo tan simple a los ojos de cualquiera, y es una sensación tan rara para mí…
Desde hace unos días nos encontramos en Ponce de León, me subo y comienza la andadura… Pronto llega ese momento, Recaredo arriba me enseñas la puerta invisible que para mí da entrada a ese cúmulo de adoquines, años y gentes que llevo grabadas en la piel del alma. No es la zona más bonita de Sevilla, no es donde vivo, pero tú, 27 me enseñas mi barrio. Me lo muestras a esa hora extraña en que muchos dormitan o reposan la comida, hora de sobremesa, hora de casi cualquier cosa menos de andar por la calle… Quizás la tranquilidad y el silencio inusual dentro del autobús es lo que hace que ponga mas atención en los coches que entran San Esteban arriba, en la farmacia de Manolo, en la iglesia que imagino cerrada, en “La Ventana” que estará siempre abierta… Es cruel hacerme eso 27, es duro pasar cada día, sentirme intrusa, verme que estoy de paso, saberme camino del Este de la ciudad, donde están ellos, donde llegará la que ahora soy yo, donde no soy infeliz, las horas que allí paso, pero donde no hay una calle Vidrio para jugar con los recuerdos de la infancia, ni el mejor asador de pollos de la ciudad, o unas Piletas para cualquier cosa… Pero por suerte o desgracia, nada en la vida es definitivo, todo parece temporal, y un día de estos, cuando la pluriempleada de las paradas que también grabó el “Servicio contestador de Telefónica” diga eso de: “Próxima parada; Recaredo Puerta de Carmona” le daré al timbre y perderé la tarde allí, en el barrio que no es barrio aunque aquella sevillana dijera lo contrario…

Foto: Gracias a la cámara 21 de Trajano
El Gran Hermano nos observa…

jueves, 22 de octubre de 2009

Memento


Podrían decirse mil cosas de ti, aunque lo mismo ya se dijeron todas. Podría saberse más de tu corazón sensible, de aquél trozo de tierra olvidado y recordado por unos y otros… Se podría hablar de la necedad de quienes temían tu pluma, incluso cayendo en el chiste fácil. Por un instante se podría volver a recordar tu ingenio en cualquier faceta, tu amor por el flamenco, por el campo, por la vida.
Son días, en los que como tantos otros, asaltas la mente de muchos, el alma de otros tantos. Es paradójico, puede que con el intento de callarte alzaran tu voz mucho más; y puede que un simple trozo de tierra tome forma de recuerdo que no se deba olvidar, un “memento” latino que quede impreso en la piel de todos aquellos que se acercaron a tu genio, aunque sólo fuera una vez.




MEMENTO

Cuando yo me muera
enterradme con mi guitarra
bajo la arena.

Cuando yo me muera
entre los naranjos
y la hierbabuena.

Cuando yo me muera
enterradme si queréis
en una veleta.

¡Cuando yo me muera!


Federico García Lorca
Poema del cante jondo


Foto: Publico.es

jueves, 8 de octubre de 2009

1, 2, 3… nimiedades


PUNTO LIMPIO


Primera visita a semejante lugar, un directorio algo ambiguo a la entrada, y un trabajador más esclarecedor. Indicamos lo que traemos, y él nos da el número mágico, el 9, ese es nuestro destino.
Nos detenemos junto al 7, ella se deshace de la primera máquina de vapor que tuvimos, y yo me lleno de polvo quitando la caja de la siguiente víctima, porque nadie tira las cosas con la caja… Me aproximo con la CPU y con emoción miro ese cúmulo de electrodos, carcasas, cables y electrodomésticos que en su día fueron útiles. Lo lanzo con ganas y cae en medio de un mogollón de chatarra electrónica. Ha sido una gozada, tanto que me da pena no tener más cosas que seguir tirando. Mer busca donde se tiran los cartones y papeles para la caja, y yo no me resisto a hacer un par de fotos, con más pena que gloria pues la luz me da en toda la pantalla de la cámara. Mientras, el surrealismo del lugar me lleva a pensar porqué nuestro cerebro no tiene algo parecido; un punto limpio, un lugar en que de forma clasificada y dividida por sectores, podamos arrojar todo lo que molesta, lo que estorba, lo que ocupa sitio y nos lastra para continuar; un área acotada para todo lo que no nos deja avanzar. Mer vuelve emocionada por la visión de una grúa aplastando papeles y cartones, y se acaba nuestra visita. Saliendo un cartel indica el lugar donde se tira la ropa; nuestra mente vuela. En la próxima visita podremos quitarnos la rémora de la moda de los noventa.

LA LLAMA

Por desgracia la carta de ese lugar ha menguado, y ya no sé si va a seguir siendo nuestro “cuartel general”. De todas formas, la otra noche fuimos, y al sentarnos un amigo repara en que la vela de nuestra mesa está apagada. Intenta encenderla con mi mechero pero no puede. Yo lo logro, me había dado cuenta del problema, el caño del aire acondicionado es muy fuerte y la llama peligra. Como entretenerme en nimiedades es uno de mis grandes vicios, durante un rato giro y giro el plato cuadrado donde está la vela para buscar el ángulo en el que el aire la perjudica menos. Tras un rato invertido en semejante tontería, es imposible, le da por todos lados, no hay manera de ocultarlo. De vez en cuando me distraigo mirando como la llama resiste los envites del aire artificial. Cuando nos vamos sigue encendida, algo que no creía posible y tal absurdez me alegra.


LA CANCIÓN

Hace ya algunos años alguien me dijo cuanto le gustaba cierta canción; como a mí no me gustaba demasiado nunca le eché mucha cuenta a aquello. El otro día la escuché después de mucho tiempo. Recordé aquel comentario, aquella situación, y por un momento todo pareció encajar, casi una respuesta clarificadora parecía saltar entre notas y palabras… Al terminar el tema, pensé que como tantas veces, podía ser que me equivocara, y no había mensaje ni nada parecido, aunque por suerte, ya da igual.



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Sí, no entiendo bien esta entrada ni yo, pero así estamos ya, he reparado en varias cosas pequeñas y aquí se quedan…

lunes, 28 de septiembre de 2009

Desde el tejado, para Lacava


Leo la que por desgracia parece ser la última entrada de Lacava en su blog, y al hacerlo, además de sentir la pena de que aquel rincón trianero se cierre, reabro un debate interno que tengo conmigo misma desde hace mucho tiempo. Más que debate son preguntas y cuestiones que no alcanzo a entender.
Un blog es un espacio personal, que puede tener temáticas muy diferentes, pero por regla general, tiene un autor o autores que crean su contenido. Nunca he entendido del todo el tema de las clasificaciones, tal vez porque nunca he sabido clasificar el mío; aunque muchos no dudan en decir que este rincón es personal; me hace gracia esto, pues considero que la mayoría de los blogs son personales. Lacava por ejemplo estaba muy centrado en temas cofrades pero ¿acaso no era aquello personal? ¿no era personal cada letra, cada palabra, cada rima y cada tema? Por eso tal vez, por lo íntimo que a veces llega a ser lo que muchos escriben, me cuesta entender a los que copian textos de otros en sus espacios. Muchos recordarán que a mí en una ocasión me ocurrió algo parecido, y cuanto me indignó. Por suerte o por desgracia, mis entradas no son como las de otros, que realizan trabajos de investigación, documentación y demás, pero a pesar de todo me molestó enormemente que plagiaran mis sentimientos, mis pensamientos, aquella tontería que me rondaba por la cabeza y decidí colgar aquí. También hay quien piensa que el autor de un blog es egocéntrico (cosa que sería para discutir largo y tendido) o que tiene alguna intención oculta, persigue algo con su blog. No puedo hablar por la blogosfera mundial, pero en el pequeño círculo de blogueros que conozco, la inmensisíma mayoría son personas que tienen ganas de escribir, mejor o peor, ganas de contar cosas que les pasan, compartir lo que saben, ilustrar con sus fotos…
Además, antes de que Lacava editara su última entrada hacía referencia a cierta web/comunidad sobre la que no quiero entrar en muchos comentarios, sólo diré que conozco varios casos ya de miembros de esta que se dedican a apropiarse del trabajo de otros. Entiendo que los administradores no pueden controlarlo todo, pero si pueden “castigarlo” en el momento que esto se pone en su conocimiento…
Es una pena que algo tan original como puede llegar a ser una bitácora, se vea saqueada por gente que quizás, bien por ignorancia, bien por poca seguridad personal, no son capaces de publicar sus propios textos y se adueñan de los de otros… Pero bueno, esta divagación sobre blogs y sus autores no lleva a ningún lado, no arregla nada, ni resuelve nada.
Espero que Diego no se olvide mucho de seguir paseando por las casas de los compañeros, y espero encontrarlo en ese corral de vecinos que tantas risas nos regala. Espero que esté mejor ahora, que ha tomado una decisión difícil pero consecuente con él y lo que piensa. Espero que todos recordemos que habló maravillas del Viernes Santo, que pregonó su Tómbola de La O, que criticó el escaparate de vanidades que a veces es esta ciudad, que amó los coroneles y detestó las malditas sillitas de los chinos… Espero que se sienta orgulloso de todo lo que publicó, porque eso es algo que nunca podrá quitarle nadie, y quien sabe, tal vez algún día incluso me lo encuentre en ese rincón cofrade de Pío XII que lleva el nombre de mi otro blog. Espero, que aunque no se publique, o sí, nunca dejen de salir letras desde Lacava.
Pintura de Daniel Franca
Paseo de la O

lunes, 21 de septiembre de 2009

La semana de los no cambios


Empecé la semana con lluvia y un nuevo perfume de Carolina Herrera, traído directamente de la Gran Manzana. Como comienzo no era malo. Según mi horóscopo, sí, he escrito bien (a las horas que yo estoy despierta esa es la fauna menos nociva que anda por la pantalla de las frivolidades) en estos días mi vida sentimental daría un gran vuelco. Sin llegar a creerlo, pero preparada por si el vuelco se producía, que ya a estas alturas no se sabe que o a quien creer, continué mi peregrinación por las horas y los días…
Decididas a redecorar nuestra vida, y hacer que nuestros libros tengan un lugar feliz en el que vivir, Mer y yo fuimos al paraíso del suelo con flechas; pero a veces los paraísos artificiales tienen fallos como que tu ansiada estantería mide más que tu coche; es un problema, y si el trasporte del mueble es más caro que el mueble en sí es… eso, lo que empieza por “j” o lo que empieza por “p”.
Para animar mi entorno, el poyete que hay bajo mi casa se ha convertido en punto de encuentro de la alegre muchachada barriera, que en tiempos de crisis abraza con devoción la cultura de la litrona. Pero sus actividades lúdicas y de ocio no se limitan al beber sin más, no es un sin sentido de zumo de malta, cebada y otros componentes. Acompañan su actividad con varios tipos de cosas para fumar, rompen las botellas en delicioso repicar de vidrios, escuchan música de suprema calidad por sus modernos móviles, conversan y debaten animadamente sobre el calentamiento global y demás temas que les inquietan, y mi favorito, hacen concursos de eructos, aprovechando la acústica que la noche y la propia calle les ofrecen.
El resto se podría resumir en que creo que padezco el “Síndrome de la azafata”, me llevé alguna decepción de las de rigor, me sentí un pelín tonta, me sentí un poco feliz, llegaron desde Madrid sones sevillanos de batallas de gallos por un móvil, volví a ver la trasera de un palio, confié en el Barceló Cream (desacierto) , me quitaron el Messenger de siempre obligándome a usar una versión moderna y terrible que me quitó la posibilidad de compartir carpetas, y pese a todo, quiero creer que ahora, como cantaba Ismael Serrano, no es un mal momento. Como dije, llovió, bajaron las temperaturas y parece que el otoño se está colando en el calendario, y aunque el verano se lleve consigo los helados, las copitas en las terrazas, el mar de posibilidades que algunas veces se abría ante mí, no lo voy a echar de menos. Ansío cambios, golpes de efecto, y aunque el horóscopo se equivocara, y no llegara ese vuelco, presiento que se acercan otros que cogeré con ganas, pues lo mismo esta semana que hoy se estrena, sí es la de los cambios; y si me equivoco… siempre puedo pillar unas litronas y unirme a los de debajo de casa, no será productivo, pero un cambio técnicamente sí que sería…

martes, 15 de septiembre de 2009

Edam al completo



Resultaba a la vista tan alegre como un parque, o incluso más; eso sí, era silencioso y tranquilo. Tal vez esa mezcla de alegría y respeto era lo que creaba un ambiente tan pacífico y ambiguo. Girasoles, muñecos, espejos, todo valía para adornar el descanso de los ciudadanos de aquel pueblito holandés.





Yo había visto japoneses en el Cementerio de San Fernando, y muchas veces pensé que era fetichismo turístico; aunque por otra parte es cierto que en muchos países y culturas, la relación con la muerte es diferente a la que tenemos aquí. Desde luego no son pocos los que visitan tumbas de escritores, poetas u otros artistas; yo misma sueño con ver algún día la tumba de Kafka, pero allí no había nadie relevante a esos niveles.



A pesar de todo, era un lugar muy peculiar. Parecía que cada lápida llevaba algo que a su inquilino le gustaba y ninguna era similar a la anterior, todas eran de suelo y únicas. Aquí, al igual que en nuestras casas, hemos creado tumbas de pared que se apilan con la misma monotonía de los bloques de pisos.







Edam me había resultado un pueblo fascinante, precioso y lleno de encanto; saliendo de su camposanto vi que ese “detalle” que parecía envolverlo todo, ciertamente, lo envolvía todo.







Alguna vez escuché aquello de que uno no conoce realmente un sitio hasta que no visita su cementerio, y ahora empiezo a pensar que puede ser cierto.

sábado, 12 de septiembre de 2009

¿Por qué?


Se me vienen a la mente todos aquellos filósofos que trataron el arte (para mí lo es) de la pregunta. Si, preguntarse cosas, evolucionar en el pensamiento, la diferencia del hombre dormido y despierto, todo aquello… Pero algo falla, imagino que la iluminación del pensamiento y el saber no se hicieron para mí, por más que me pregunto yo creo que mi ignorancia no mengua, claro que la calidad de las preguntas…

¿Por qué el otro día no paré de mirar el móvil a cada rato? Porque tengo el mismo sonido que un alto porcentaje de la población, así de estúpido… ¿cambiar el tono? Creo que no, eso sería lo lógico.
¿Por qué son tan complejas las relaciones humanas en cualquier grado de afectividad? Ni idea, lo mismo cualquier día lo descubro y me desmayo al conocer el secreto, o simplemente cada vez voy a ir tolerando menos tonterías del personal, quien sabe…
¿Por qué limpiando ese maremágnum que tengo por bolso salieron patatas fritas de su interior? Increíble, pero cierto, además de una guarrada sí, lo sé.
¿Por qué versiones remasterizadas de los Beatles? A mí me gustan con sus desafines, las idas de pinza y las guitarras imperfectas.
¿Por qué tantos artistas italianos, como los del Seteccento vivían tantos años? La mayoría son octogenarios, y contando con la higiene y sanidad de la época, sumando el hecho de que se pasaban el día entre pigmentos, óleos y demás insalubres fluidos, es que no me lo explico.
¿Por qué a Du Guesclin siempre le hacen caso? Murillo está limpito, limpito, como se aprecia en la foto.
¿Por qué tengo tantísimas ganas de que llueva? Y peor ¿por qué no lo hace? ¿Por qué siento que llevo retraso en las horas de llanto que me corresponden?
¿Por qué tengo tan mala mano para las plantas? ¿la madre naturaleza me odia? ¿Por qué existe la soledad en compañía? ¿Por qué socialmente está tan poco admitida la desgana? ¿Por qué teniendo fiebre en verano te sientes más estúpida? ¿Por qué alguien pensó que un buen nombre para un esparadrapo era “pupitas” ? ¿Por qué tantos “porqueses”?

lunes, 31 de agosto de 2009

Amsterdam

No es la ciudad más limpia, no es la ciudad más grande, no es la más rara ni la más monumental; no es la que más conozco ni en la que más tiempo pasé, pero a mí Amsterdam me robó parte del corazón. Puede que como ocurre con los amores de verano, tiendan a idealizarse, por lo breve e intenso, por la distancia que toman en el tiempo, por lo fugaz y eterno que este tipo de cosas conllevan.
Antes de llegar admito que algo me tenía ganada esa urbe, pues había leído mucho sobre ella, pero nunca es comparable a conocer las cosas por una misma.

Durante la presentación de su último libro, escuché más de una vez y dos a don Antonio Gala decir aquello de que Venecia era “una zorra pintarrajeada”. Alegaba que históricamente ha sido una ciudad conflictiva en la política y las guerras y al final acaba pidiendo ayuda por el peligro de hundirse que padece. Dejando a un lado el amor que yo siento por esa “zorra pintarrajeada” en concreto, Amsterdam es todo lo contrario. En contraposición al victimismo que Gala odia, esta ciudad le planta cara al mar de una forma asombrosa, le gana terreno, vive de él, vive en él que no es lo mismo, come de él… Su imagen no es tan hermosa como la de la urbe italiana, pues sus canales y puentes no son tan bonitos, pero reconozco que siempre me llamó mucho la atención que de la nada (o de un primitivo dique donde hoy día se sitúa la famosa Plaza Dam) surgiera una ciudad.
Tal vez esa hippy que camino del Barrio Rojo cantaba esa eterna canción, era el bucle temporal de la ciudad, el recuerdo de otros años, la Amsterdam de Paco Gallardo y de tantos otros que veían en ella un mundo casi utópico.

Hoy en día no es exactamente ese efecto el que causa, aunque en cierto modo sí. La naturalidad y el tópico se dan la mano, lo cual me resultó asombroso. El olor a marihuana está por todas partes, impregnando la ciudad y a todos los que caminan por ella. Los escaparates dormitorios de las damas del placer se sitúan curiosamente frente a iglesias dominicas o muy antiguas como en el caso de la Oude Kerk; desde luego los sacristanes vivirán contentos… Las bicicletas son una invasión, una plaga; la anarquía de dos ruedas que te atropella, te obstaculiza el paso cuando las dejan en cualquier lado… Aunque les ofrezco una solución a este problema; si dejas a Mer allí dos semanas, tres como mucho, reeduca a la población segurísimo.

La gente es amable y despreocupada, y aún quedan pueblos como Marken o Edam que te muestran la Holanda de otro tiempo. Casi debería ser esto un punto y aparte, pues fue fantástico andar entre sus casitas de cuento, comprar queso en aquel antiquísimo Mercado del Queso al que dio autorización Carlos I, o Carlos V, según se mire, hace ya unos cuantos siglos. Eso también sería otro punto a destacar, la gastronomía, los cafés negros donde parar a tomar esos fantásticos sándwiches de croquetas, si, lo dije bien, sándwiches de croquetas con el adjetivo fantásticos, que no dietéticos claro; es que no se puede tener todo… También me gustaba lo de comer patatas fritas con salsa por la calle y esa gran bebida que es el “kopstoot”, cuya traducción era algo parecido a porrazo en la cabeza. Es una cerveza y un chupito de ginebra, que tu vas bebiendo a la vez haciendo tu mezcla; según dicen, bebida de marineros y gente algo baja, pero como no soy muy alta…

Me encantó ver La habitación , o Los comedores de patatas de Van Gogh, aunque lo más novedoso para mí fue un cuadro que Vincent le pintó a Gauguin, un retrato en el que este no aparece, y lo retrata plasmando una silla. También hubo pintura flamenca, Rembrandt, Vermeer, incluso conocí uno de los últimos museos que se han abierto en la ciudad, el Hermitage, una sucursal del Ruso podría decirse… He visitado el museo Histórico Judío, construido entre cuatro sinagogas. He paseado en barco, montado en tranvía… Por supuesto fuimos al Estadio del Ajax, para sumar un nuevo campo visitado a la lista…
Ha sido un viaje justo en tiempo, aunque como siempre quedan cosillas, como el Museo de Arte Moderno, o la Casa de Rembrandt, que estaban cerrados.


Como es costumbre, vuelvo con entradas, tickets, recuerdos materiales, fotos mentales y momentos impagables, como cuando delante de la puerta del hotel un bus estaba parado y su conductor pretendía cambiar una rueda con una cuñita de madera; lo mejor no es eso, lo más grande es que se trataba del autobús de Pajottenland, que digo yo que será un complejo lúdico, un parque temático o un club recreativo, vaya usted a saber, si en ese país la principal entidad bancaria se llama Rabobank.




Además, la lluvia, siempre ella nos acompañó un par de días, regalando días de playa diferentes; pues Holanda regala una sensación de otoño perpetuo.

Volviendo en el avión se mezclaban dos tipos de pasajeros, los nativos que volvíamos, y los nativos de allí que venían a Sevilla de vacaciones. Pensé en nuestro carrilito bici, y los ciudadanos que hacen uso de ella, que aunque muchos, nada comparable a lo de Amsterdam. Luego pensé en nuestra única línea de tranvía con un recorrido bastante corto, y vinieron a mi mente la de “trams” que había visto allí, tocando sus campanas frenéticamente para no atropellar a peatones o ciclistas; y me dio por pensar que aquellos turistas se iban a reír un rato. Claro, todo tiene sus cosas buenas y malas, pues son incontables las catenarias que allí hay, y a nadie le parece que hagan feo, aunque desde luego, si allí saliera La Carretería, a ver como lo arreglaban.

Cuando preparaba aquella guía de la ciudad, antes de que todo comenzara, se cruzó en mi camino una frase de José de Vasconcelos, “Un viaje se comienza con inquietud y se termina con melancolía”, y yo, una vez más puedo decir, que pocas sentencias hay tan ciertas como esta.

martes, 18 de agosto de 2009

Parón obligado



Hay formas tontas de que ocurran las cosas, hay días que parecen estar gafados de principio a fin, no paro de pensar que mejor no haberme levantado, aunque me consuelo pensando que no es nada, y busco lo positivo.
Resultó que andaba de esa ridícula manera que está entre el andar deprisa y no llega a ser carrera; tropecé de forma tonta en algo que ni se podría considerar escalón y caí. Se truncó la cita pendiente, que era un entierro, y Mer me llevó a “Urgencias”. Odio ir, porque no me gustan los hospitales y porque se tarda mucho, pero me dolía tanto que no había mejores opciones. Hasta el momento que me subieron a aquél carrito, continuaba repitiéndome el mismo mantra: “No habrá mucha gente, la gente no se pone mala en Agosto”. La verdad es que no iba desencaminada del todo, gente había pero no he tardado mucho, la verdad. No ha sido una visita muy desagradable, mientras me registraba una celadora me raptó y yo no entendía nada, y le pedía que me dejara dar mis datos, pero ella sólo quería que me tranquilizara. Al final me devolvió al mostrador cuando una compañera le dijo: “¡Esa no! La que necesita una camilla está ahí fuera…” Por cierto, hoy entendí mejor que nunca aquello que siempre dicen los usuarios de sillas de ruedas, esos mostradores altos son muy desagradables, te cuesta llegar para entregar cualquier cosa y no ves apenas a quien te atiende. Una línea naranja después llegué a una sala dónde una médico muy simpática me preguntó que me pasaba y me puso una pulserita de “todo incluido” para que no me faltara de nada allí, salvo aquellas cosas a las que soy alérgica y podrían causarme una muerte agónica. Una línea azul más tarde me vió otra médico más simpática que la primera, y eso que tocó justo en el sitio que me dolía y no me hizo ya tanta gracia… Tras una radiografía y una nueva visita a la médico simpática II me han vendado y me han dicho que en una semana no me mueva mucho. También tengo que procurar tener el pié en alto estos días, así que aquí me hallo, ocupando dos sillas, una para mí y otra para lo que Mer ha denominado “esguince gordo”; cierto es que alguna vez me había pasado y esta vez me dolió mucho más; tontería de grado dos puede que sea su nombre científico. Por supuesto es lo mejor dentro de lo malo, no tengo nada roto, no llevo un yeso en Agosto, que tiene que ser una penitencia buena, pero no sé, será esta sensación de inutilidad que tengo, que no me agrada. Llevo toda la tarde reposando, que es un poco como no hacer nada, doliéndome cuando ando y aún no me quité la pulserita del hospital. A mi madre le recuerda a cuando recién nacida llevaba una así en el tobillo para que no me robaran o me cambiaran por otra, y considero que además de ser un parecido extraño, la cosa sería para darle vueltas un rato…
Bueno, lo mismo retomo la escritura en condiciones y en varias facetas, y hago un post de Amsterdam, incluso respondo a los comentarios de los dos últimos, que ya me vale… Algo bueno habrá que sacarle a esto.


Este post es diferido por no haberse podido publicar ayer. Actualmente tengo un carrito para que me saquen a pasear, a ver como resulta…

domingo, 9 de agosto de 2009

En el río Amstel


Siento ganas de ducharme vestida. Siento ganas de escribir a raudales y no sé de qué… Tengo ganas de morder y de mandar una playa desierta solo para mí, quiero no sentirme mal por ciertos arranques egoístas… Me encantaría que me entendieran sin hablar y no pensar que no estamos preparados para el apagón digital… Estoy harta del vecino de arriba, y lamento acordarme tanto de todos y cada uno de los miembros de su familia (difuntos y no).
Hasta aquí es normal, eso, lo de siempre; aunque en estos días tengo una motivación nueva. Ando aprendiendo que “kerk” es iglesia, y “dam” presa o dique; “hola” se dice “dag”, “si” es “ja” y beber “drinken”. A palabras sueltas aprendo algo de flamenco, y no hablo de bulerías precisamente. Mañana (ya hoy) por a algunos o algunas bien lejos… Me gustaría echar de menos a cierta gente, ciertas cosas. Quiero pasear sin que se me acabe el camino… Me gustaría hacer todas esas llamadas pendientes, beberme todas esas cervezas pendientes… No tengo ganas de aguantar y ponerle buena cara a los ratos incómodos. Busco sombra, silencio y zumos de Faborit que aquí no hay.
Mañana por la mañana parto para Amsterdam; no son muchos días, pero a mí me valen. Las rutinas no son sólo de trabajo y autobuses, se componen al fin y al cabo de monótonos ritos, y es soplo de aire cualquier cosa que te saque de ellos. Así que mi últimamente “irregular” blog, se queda desprovisto de tutora, pero como tiene vida propia, y casi subsiste por sí mismo, imagino que se las arreglará en mi breve ausencia, mientras esquivo bicis, contemplo la “Noche de ronda” o como sándwiches.
Prometo que a mi vuelta, intentaré darle algo más de vida a este rincón.

jueves, 30 de julio de 2009

Decálogo absurdo extraído de varios días en la Villa y Corte




1 Los cascos del AVE te los dan para evitarte escuchar las conversaciones, en ocasiones muy absurdas, que otros pasajeros mantienen con unos idems o con sus teléfonos móviles en un volumen elevado.
2 De nuevo en la megafonía de algunos trenes se refieren a ti llamándote “viajero” y no “cliente”, lo cual, para una maniática lingüística como yo, es de agradecer.
3 Lo siento, odio desayunar en un bar madrileño, la poca variedad de tostadas y “las porras” frías. No soy nacionalista de la patria chica, pero en este caso concreto ¡sí, y mucho!
4 Me sigo estremeciendo con la línea uno, y la canción de Sabina “Caballo de cartón”, aunque la línea está en obras…
5 Si una napolitana es un bollo, un croisant es un bollo, un donut es un bollo ¿da igual comerse uno que otro?
6 Pasión sin puñales es un espectáculo altamente recomendable que nos enseña que un streptease puede ser estiloso o cómico.
7 La reforma y ampliación de El Prado me recuerda a muchos museos, pero no al Prado; a pesar de eso, tampoco me disgusta…
8 Hay formas de patriotismo que me gustan más que otras.
9 No sé porqué, siempre acabo comprando en tiendas que hay en mi ciudad, cuando estoy fuera de mi ciudad, y además ¡ropa de invierno!
10 Volver a Sevilla, notar esa bofetada de calor que hace que vuelva a fluír por tu cuerpo la sangre que se te había quedado paralizada con el aire acondicionado, es de las mejores sensaciones del mundo.

lunes, 13 de julio de 2009

¿Hay alguien ahí?


Si, si, ella sigue viva. La vieron por la Aldea, aunque no eran fechas; en la boda famosa y esperada sonreía vestida de azul. La vieron planeando viajes y sueños allá por un País Bajo. Cantaba en un coche y se dejó caer en alguna terraza de moda; si, parece algo raro, pero alguna frecuenta. Sigue llegando tarde a los sitios, riéndose de absurdos juegos de palabras, pintándose en el asiento del copiloto. Echa de menos la lluvia, extraña los días del verano pasado en Caños de Meca, y sabe que pronto, para su suerte, llegará el otoño, pues el verano no es lo suyo, aunque se adapta a él. Busca ratos en los que se busca a sí misma. Casi le salen escamas en Caño Guerrero por pasar cinco horas entre olas y confidencias; sigue buscando la verdad de las cosas y el mejor lado de las personas, aunque no siempre lo logra. No le gusta lo que escribe, no se siente a gusto con ello; no pierde el empeño por juntar letras, pero a menudo se mosquea consigo misma… Intenta paliar el calor en la piscina, pretende mirar al frente para que quede bien atrás esa rachilla no tan buena que ha venido padeciendo. Disfruta con lo pequeño y procura que eso no le falte. Al fin está abandonándola un resfriado veraniego que la traía por la calle de la amargura… A veces, muchas veces os lee, a veces, demasiadas veces, no os comenta, sin ningún motivo especial, pero lo siente mucho. Sabe que volverá, o que tal vez no, pues tampoco es capaz de irse ¿y cómo vuelve quién no se va?

miércoles, 1 de julio de 2009

Un año más…


Todos intentamos huir del tiempo, escapar de un Cronos griego o un Saturno romano que pretende devorarnos como un hijo más. Bueno, tal vez generalicé, y todos no; yo sí, pero es imposible, y un año más, volvió a ocurrir.

Hace poco, la mujer que se hizo madre el mismo día que yo hija, me recomendó que no descuidara ciertas zonas de mi cara, pues la piel también cumple años…
Hace dos semanas fui a mi primera despedida de soltera.
Dentro de tres días se casa la hermana de una amiga; una de esas personas que no es tan mayor pues sólo hizo las mismas cosas que tú un par de años antes, aunque ahora
parece subir los escalones de dos en dos…
Murió Michael Jackson, estaba ahí desde que yo nací y podré contar a las generaciones venideras que recuerdo este momento en la historia de la música…
Todo parecen signos de que me hago mayor. Comienza a planear sobre mí la sombra de la presión que la sociedad y la cultura marcan. Me acerco al cuarto de siglo; a esa edad las vidas tienen un sentido, unos pilares, ciertas metas más materiales o concretas que las que a mí se me vienen a la mente al pensar en ellas…
Pero ya no se puede hacer nada, hasta aquí hemos llegado y habrá que asumirlo, aceptarlo, celebrarlo…
Al fin y al cabo, no es tan grave; dicen que lo peor es en los veinticinco, cuando te catapultan a los treinta, aunque cuando me quiera dar cuenta estaré en eso… como decía Quevedo: sólo puede ir a peor.

NOTA: Tras celebraciones, idas y venidas, aquí dejo para que podáis verlo, el regalito de Moe de Triana, para que tenga uno propio en mis sustituciones en la tasca.

martes, 23 de junio de 2009

Oda a la crítica



Más de una vez, cuando dejo por aquí algunos versos robados, muchos me dicen que no entienden de poesía, y a mí me hace gracia esto, ¿Qué entiendo yo? No tengo más estudios al respecto que los básicos, no tengo más cultura que la que dan pocos años y un puñadito de libros, yo sólo sé lo que me gusta y lo que no; sé lo que me trasmite, sé con qué me identifico. Reconozco lo que me da alas, lo que me hace soñar, lo que me recorre el alma y me conforta en ocasiones.
Por lo visto, no soy la única que lo entiende así, y hoy repetimos autor para demostrarlo. Con su maestría y genialidad, Pablo Neruda cuenta como los críticos y entendidos, los estudiosos y duchos de la materia, maltrataron su poesía, como le hicieron mil tropelías para concluir en que no era lo suficientemente interesante, y como él, prefería a la gente sencilla, los que acogieron y entendieron sus versos, los que se enamoraron con ellos, durmieron junto a sus rimas y las integraron en la cotidianidad de sus vidas. Por eso, seguramente yo no seré crítica o experta en nada, pero mientras un poema logre arrancarme ese sentimiento indescriptible, podré ser de esas personas que tendieron la ropa en una línea…
Para rematar, a las palabras de Neruda le pone voz otra de mis grandes debilidades; y es que a veces, todo se conjura para rozar la perfección.


jueves, 18 de junio de 2009

Palabras…


Se ha vuelto a proponer que los internautas, mediante sus votos, elijan su palabra favorita en español. Cada vez que oigo, leo o veo algo relacionado con la noticia me paro a pensar cuál sería mi palabra…
Intento pensar cuál es la que mas repito, y si eliminamos algunos tacos creo que sería algo tonto tipo “realmente” o cosas así… De todas formas, eso mejor que lo digan los que más me escuchan…
Intento pensar en palabras que me gusten por su sonido… liberto, acritud, cirro, cretino, lontananza, amante, paradoja, obviamente… Tal vez no me gustan por su sonido, sino por como suenan. También podría ser alguna que me guste por su significado, abrazo, paz, aprender, solidaridad, mar, confianza, hermandad… u otras por significado no literal, sino asociado, vamos, que se lo asocio yo, como noche, café, música, ordenador, río, cine o copa…
Le doy vueltas a estos últimos días, y recuerdo que tal vez, la que engloba todo, sonoridad, sentido, significado… es la que se eligió el año pasado; AMISTAD

lunes, 8 de junio de 2009

Quise ser


No sé si era una niña macabra, pero cierto es que rondando los siete u ocho años quise ser criminóloga, investigar pruebas, sangre, arañazos y balas… Si, quería. Luego, con nueve o diez quise ser abogada penalista. Después de haber visto todas las películas de crímenes y asesinatos que mis padres me habían permitido, comencé con el género que en mi casa se denominó “de juicios”. Imagino que a base de ver tantas, creció mi extraña pasión por las salas, las togas, y quizás en esas películas los abogados penalistas no siempre salían bien parados, o tenían vidas personales patéticas… O simplemente mi ambición cada vez menos infantil se disparó, y pensé que un fiscal mandaba más que un penalista y se pringaba menos que un juez. Finalmente, a los doce años, acabó mi carrera letrada, y decidí que sería periodista.
Hoy en día me encamino a algo bien distinto, la profesión que yo no elegí, fue la que me eligió a mí, y quizás eso sea lo que más me impresione. Ha sido lo que más me ha llenado hacer y estudiar en mucho tiempo, ha sido donde más útil me he sentido, donde más llena he estado, y tiene un exponente que la potencia; he probado sinsabores, he encontrado gente totalmente opuesta a lo que se supone a estos profesionales, e incluso he comprobado lo duro que es encontrar zancadillas, y a pesar de ello y de ellos, no se me han quitado las ganas; sigo pensando que es lo mío.
Hace unas semanas, un amigo se debatía dura y opuestamente en su futuro profesional tirado en el césped a la orilla del Guadalquivir. Otro tirado le dijo que recordara su profesión primera, la que quería ser de niño, y esa sería la correcta. Yo comencé a contar mi pasión por la criminología y todos se reían. Entonces, hice un enorme esfuerzo de memoria, y recordé que antes de eso quise ser otra cosa: quise ser escritora. Me parece que tardé poco en abandonar esa idea, me dijeron que aquello no era una profesión, y sin embargo, desde entonces y hasta la fecha, nunca he dejado de escribir.

jueves, 4 de junio de 2009

Crónica de una muerte anunciada


Para mí, tal vez el principio del final empezó muy lejos de Sevilla. Acababa de llegar a lo que en aquel momento me pareció el techo del mundo, la barrera con el cielo, y la posibilidad de tomar aquella ciudad. Viendo Roma de aquella forma impresionante, se hacía real la letra de la canción que en tiempos usó nuestra compañía telefónica, la mía y la de quien me hablaba… No había montaña lo suficientemente alta ni valle lo suficientemente hondo… Desde la costa onubense me llegaban noticias de nuevos fichajes. Departí con mi hermano la información obtenida… No parecía del todo descontento, y yo pensé que lo mismo este año no iba a ser como los tres anteriores, este año iba a ser diferente para el Betis. Lo pensé con el viento dándome en la cara aquella tarde de un Agosto que se extinguía, y lo mismo San Pedro o alguna deidad romana me echaba una mano.
Lo que vino después, pues para qué decir. Se ve que los dioses paganos se olvidaron de nosotros en más de una ocasión. Llegó aquella frase de “Jugamos bien pero no ganamos”; no me pareció incierta del todo, lo malo era que cuando jugábamos mal el resultado no era mucho mejor. Vinieron muchas tardes malas, y muchas regulares. Llegaron cambios que cada uno juzgará si fueron buenos o malos, y de llegar llegó lo peor… Una vez más nos vemos en Segunda, y una vez más sentimos la impotencia de saber de donde nacen muchos problemas, y eso, perdón por la expresión “es una jodienda”. Y con esto no digo que haya que ir a insultarlo a la puerta de su casa, más que nada porque es inútil, pero tal vez, si nos plantáramos en serio… No sé, si nos negáramos a seguir en el juego de este señor, si ningún socio renovara su abono, si se le hiciera un vacío que hasta a él le doliera, entonces tal vez nos soltara las cadenas. No lo sé la verdad, no hablo yo, habla la resignación a medias con la desesperación de lo que hace poco dijo otra bloguera bética como es Zapat en el blog de otra idem (Dama), porque lo peor de esta situación es que tal vez el sacrificio no merezca la pena, no va a arreglar nada…
En fin, veremos que nos depara la temporada que viene, un añito en el infierno, o tal vez en el purgatorio; al fin y al cabo también Orfila entona el “mea culpa”.
En su última entrada, y como él, muchos vamos a purgarnos una vez más… Y mientras tanto… ¡con el Manquepierda siempre!

jueves, 28 de mayo de 2009

Y entonces me encontré… II


Ya sabéis que me gusta encontrarme cosas por la ciudad, pero como estos encuentros son casuales, no siempre se puede prever, aunque por suerte soy persona de cámara en ristre.

Me gustaba la idea de tener un parque cerca de casa, sobre todo porque el ahora parque y parking antes era “el descampao” del barrio, y lo otro tiene un poquito de más caché. Me encantó la idea de que pusieran en él lagos artificiales, pero no sé como fui tan ilusa de no imaginar que ocurriría esto.



Para quien no lo aprecie bien, o esté algo extrañado, si, es un sofá, de hecho es bastante grande, y la casa más cercana estará a unos 500 metros como poco. La verdad es que se me da fatal calcular distancias pero vamos, que les ha tenido que costar lo suyo llevarlo hasta allí y luego tirarlo…

Por otro lado, camino de la Feria del Libro, en la confluencia de la Avenida de la Constitución con Fernández y González, junto a Filella, escuché bulerías, y muy bien cantadas además. Allí estaban, a las seis de la tarde, rodeados en su mayoría por turistas, nacionales y extranjeros, demostrando que a esa hora también se puede ser muy flamenco. Habrá quien piense que estaba hecho con la intención de aprovechar el paso de turistas; pues seguramente sí, porque en su mayoría esta ciudad vive de eso, pero lo cortés no quita lo valiente, y sea cual fuere la intención, a mí me encantó el ratito de cante y baile que nos ofrecieron. El grupo se llama Son de Afuera, y es literal, puesto que la bailaora era italiana y el guitarrista francés; el chico que cantaba portuense, y el de la caja no lo sé, aunque imagino que de alguna parte de Andalucía.




Y resultó que a la semana siguiente, volví a la Feria del Libro. Esta vez no encontré cantes, ni bailes. Encontré a la Dama del nombre más sevillano. Con ella llegó El Rock de la Calle Feria, recuerdos de un tiempo que no viví y una dedicatoria inesperada en un libro regalado.


Muchas gracias a Reyes, a Marina y por supuesto a Paco.

lunes, 25 de mayo de 2009

Aniversario


Tal día como hoy, se publicaba en un blog vecino una crónica muy especial.
Ya he comentado alguna vez, que cuando comencé a escribir en este tejado virtual, nunca esperé que me leyera mucha gente; bueno, en realidad no esperaba eso, no esperaba conocer personas como las que me encontré, no imaginaba que amigos míos se lanzarían también a la aventura de tener su blog…
Como ya he dicho, publicose hace un año, la crónica de algo que había sucedido dos días atrás. Fue algo casi sin planteamiento formal, como surgen las cosas buenas, con mitad de improvisación y mitad de sorpresa. Fue en ese trozo de adoquines que la ciudad reserva para aquellos que saben todo lo que implica la calle de la Feria, entre Monte Sión y la Plaza de los Carros, en Vizcaíno, “ahí es ná”. Allí muchos por primera vez se pusieron cara. A Mer, el Andréu o su legítima ya se la tenía yo muy puesta y muy vista, pero allí pude conocer a Luz de gas, al Aguaó, a Du Guesclin, incluso a Ainoha y su Señoría, algo retirados ya de estas lides. Fue, como rezan los escritos de ”El del cántaro”, una procesión con estaciones, rematadas con cierre en La Pasión. Fue increíble conocer a quienes estaban tras nicks y avatares, fue genial compartir horas con ellos.
Por otro lado, sería injusto ahora, no referir a los que conocí después, pues no por ello son menos importantes. Recuerdo la noche en que conocí a Sevillana, y a alguien que no es bloguero pero no por ello menos importante, el marido de Luz de gas. La tarde de café y confidencias con la Dama del nombre más sevillano. No podré olvidar la noche “alfalfeña” en que conocí al Callejón de los Negros, Orfila, Eduard, el Pregonero y su familia; o esa increíble noche, en que el Atlántico se hizo charco, y llegó América a nosotros, a la vez que yo al fin conocí a Zapateiro, a Ana… Compartimos vino y croquetas, también conocí a María Azahar y Duende del Sur. Y entrando en Cuaresma llegó una noche de Vía Crucis y Garlochí, cuando conocí a Moe de Triana. Tampoco puedo olvidar, que antes de eso, una noche de Feria, en esa caseta que es Giralda y Maestranza, había conocido a Manolo Navarro, el fotógrafo, y hace un mes y medio o así, en la Calle Feria otra vez, esperando a la Macarena conocí al bloguero que toma por nombre el de esa calle.
Lo dicho, son personas increíbles, maravillosas, únicas, cada uno en su estilo y a su manera.
Por eso hoy, que el mundo parece un sitio un poco más amable, he recordado que a veces esto se produce por gente como ellos. Podría enlazarlos a todos en este texto, pero ¿qué queréis? Soy algo floja, y podéis encontrarlos por aquí. Están en la columna de la derecha, están en cientos de comentarios, están en fotos, velados en frases y comentarios que les dedico… Están en correos y llamadas, en el maldito tuenti y en encuentros, a veces más esporádicos de lo que me gustaría, pero puedo asegurar que muchos de ellos, están ahí siempre.
Y en próximas entradas… más encuentros.

viernes, 22 de mayo de 2009

Cerrado por locura transitoria



“Ella no escribía para ser publicada, escribía para construirse a sí misma” Me pareció interesante, y vanidosamente, pensé que tal vez me parecía algo a ella.
Anoche me dormía con la noticia de que felices y divertidos unos astronautas habían brindado con su propia orina reciclada en agua…
En un programa de televisión alguien ignoraba quien escribió y cantó “Te recuerdo Amanda”.

No lo puedo evitar, se me instala el Walking Around de Neruda en el alma y me canso… Me canso de oír mi nombre, me canso de escuchar, y hablar… Me cansa quejarme y no me gusta.
Recuerdo a Amanda y a Víctor Jara, bebo agua filtrada y me pondré a Sabina en vena, mientras dura el reseteo.

lunes, 18 de mayo de 2009

Terminología hispalense


Ya en alguna ocasión, hablando de bares y vidrios (que me parece un gran tema por otra parte) reivindiqué el uso de una palabra muy nuestra y muy sevillana, y no hablo de “miarma” ni nada de eso, sino de la ilegal “botellona”. Es bastante lógico el uso de esta palabra, más que la opción de “botellón”, puesto que la botella, origen del término, es femenina. Esta forma, según he podido averiguar, no sólo se usa en la capital, se emplea en la provincia y en parte de Andalucía occidental hasta dónde sé. Pero me quedo en la provincia, y con este cartel captado en Carmona, que refleja la aceptación del término por parte de las autoridades, aunque la ley, por ejemplo, se llame “Ley antibotellón”.
En fin, esta disertación lingüística me acerca más a conseguir el sillón r minúscula de la Real Academia, por ejemplo….


No, si cuando digo que el blog está en declive es por algo….

sábado, 9 de mayo de 2009

Me había olvidado…


No quería echar la culpa a nadie, no quería echarle la culpa a nada. La inspiración son rachas, las ganas vienen y van… Las musas son más caprichosas que las ganas, y el talento… ay! el talento…
Quizás eran los últimos acontecimientos, las necesidades del servicio, el ritmo que se impone sólo, yo misma y mi pobre cabecita loca… No sé explicarlo exactamente, pero a veces, te metes en un ritmo, y escribir se convierte en mecánico, tiene trazas, esquemas, líneas… Cosa que no está mal, pero alguien como yo, que hace casi todo en la vida a golpe de impulso, no se acababa de encontrar del todo a gusto, como un hombre de campo con traje…
Me había olvidado de escribir por el placer de hacerlo; la facilidad de que fluyan miles de letras, que se unen para hablar de nada… Había olvidado que me gusta llenar espacios, enfrentarme al folio en blanco, aunque sea algo virtual, y cada vez menos de papel; enfrentarme con intriga y vértigo, no mordiéndome el labio… Me gusta divagar, que las horas se me pasen volando a ritmo de tecleo, creer que creo, no de fe sino de creación.
He reparado hoy en eso, en el escribir por el simple placer de hacerlo, y en que últimamente no es exactamente lo que hago… Pero sólo he caído en la cuenta; desconozco si ahora las musas correrán en mi auxilio, si cada adoquín me contará una historia o si las noches dejarán de ser tan extremadamente largas… No lo sé ni puedo saberlo, pero al menos, hoy recordé porqué me gusta juntar letras, o simplemente es que hoy, al fin, volvió a llover.

domingo, 3 de mayo de 2009

“Días señalaítos”



Lo cantaba Raimundo Amador: “Cuando llegan los días señalaítos…” en esos días todos somos buenos, los gitanos, las madres, los enamorados… A mí no me gustan mucho esos días, menos cuando ciertas multinacionales o nacionales, se meten en el aspecto consumista. No me gustan igual que no me gusta la sopa, pero a veces recuerdo que no soy capaz de que todos los días sean completos, de que todos los días sean Navidad, fiestas de guardar y día de la Marmota; aunque por otro lado, esto sólo es un cúmulo de vaguedades para poner algo que estaba deseando. El que es realmente mi favorito no he podido encontrarlo aún en la red de redes, pero este también me gusta bastante.
Feliz día del seudónimo.

lunes, 27 de abril de 2009

Cernuda en el albero



Andas intentando mantener la compostura, riéndote con disimulo de la última ocurrencia que alguien soltó, y procuras no mojarte los volantes porque los camiones que riegan parecen perseguirte. No te das la vuelta, porque seguramente te entrarían ganas de volver. La máxima de Cernuda toma más fuerza que nunca con las luces violeta del amanecer en el Real; Sevilla es la ciudad que no existe, ahora menos que nunca. Es una verdad de lona rayada y albero, ciudad efímera crisol de la sevillanía, de lo mejor y lo peor, incluso del que ama esta fiesta y del que la ama menos; ese que va un poco obligado, para que nadie lo llame “sieso”. Pero Sevilla es eso, el concepto que cada Sevillano lleva de ella dentro de sí mismo, y en él entran caballos y guitarras, garrapiñadas y toros, manzanilla, el amigo que ves de Feria en Feria y algodones de azúcar.
Espero que para todos los que estáis en la misma ciudad que yo, esta sea una buena Feria, la mejor hasta la fecha, hasta que llegue la del año que viene claro.

miércoles, 22 de abril de 2009

Mi infancia son recuerdos…




La primera vez que recuerdo haber estado en aquel edificio de ladrillo visto, me regalaron una foto sepia del mismo. Estaba con mis padres en el despacho de Madre Teresa, la que luego fue mi directora, y a mis cuatro años, desconocía por completo cuanto significaba aquello.
Pared con pared con el huerto claro de Machado, su fuente y su limonero, imagino que empezó a conformarse la persona que soy hoy.
Al recordarlo me da la risa, parece hoy en día que tras esos muros el tiempo se paró, y éramos niñas de otro siglo. Niñas que jugaban a los cromos, que también jugaban a aquello de “Soy capitán de un barco inglés”, niñas con babis, con lazos y calcetines azules en invierno, blancos en verano. Pequeñas e inocentes, lejos de videoconsolas, de un cursilismo tan extremo que en primavera hacíamos coronas con los jazmines del patio. Y me provoca risa, pero es que era así.



Aprendí a leer, aprendí a escribir… Tal vez por esas dos cosas ya aquellas monjas merezcan mi eterno agradecimiento. Aprendí a ser y tener amigas, aprendí miles de oraciones que ya ni se rezan… Fui tanto a misa que imagino que me gané el cielo en esos años; adquirí un ritmo tan rápido al rezar el rosario que era casi inteligible, y habría sido materia de record.
Teníamos una capilla, y una pequeña iglesia con clausura, reja y restos de clavos. Teníamos un Niño Jesús milagroso, que si las cosas no han ido muy mal, lleva colgada una esclava con mi nombre, para que no se olvide de mí. Teníamos un autobús escolar con Ana la monitora y Luis el conductor; llevábamos lazos para distinguir nuestras diferentes rutas… Teníamos un patio blanco con techo y columnas, teníamos otro al aire libre, era el mismo en realidad. Teníamos inocencia, toda la vida por delante y la sonrisa de quien ignora lo que será de mayor. Teníamos todas el mismo material escolar, en los mismos colores. Teníamos al Beato Guido y su himno afrancesado. No teníamos más varón entre nosotras que al cura y un par de albañiles, porque como en casi cualquier comunidad de monjas, teníamos una obra. Pasaron los años, y aquel colegio no se adaptaba a la LOCSE, lo dicho, tal vez el tiempo tras aquellos muros fluía de otra forma. Fue una muerte lenta, una agonía prolongada la de aquél lugar. Se fueron yendo niñas, se fue apagando el ruido, hasta que un día, se apagó del todo.




Cuando paso por delante me da un pellizco. Miro la puerta de la cochera, que alguien ha grafiteado, e intento intuir tras la ventana esa biblioteca que me enseñó el placer que da elegir un libro. Adivino tras las rejas mis aulas y aquellos años que no volverán.
A mucha gente que conozco hoy en día, les cuesta creer que yo fuese a un colegio así. Tal vez mi imagen sea más “bohemia”, o menos clásica, incluso puede que algo más irreverente; pero a estos les extrañaría aún más saber, que a veces, y sólo a veces, echo de menos todo aquello. El creer tanto y tan a ciegas en todo, la seguridad de unos muros tan altos, la confianza que aporta el ignorar las cosas malas, los tragos amargos que la vida te reserva… No me duele en prenda, fui muy feliz tras esos muros y con aquellas monjas.


A Blanca, por compartir conmigo ese colegio, por compartir algunas cosas más, porque ha cruzado el umbral a los 24 y por leerme siempre, con tanta benevolencia; muchas felicidades “ABEBO”

sábado, 18 de abril de 2009

De mantilla, lluvia y recuerdos


No sé si era una locura o una tontería, pero yo la hice. Al bajarme de nuestra querida “furgo” que me devolvió a casa, me dio alegría ver que de nuevo estaba lloviendo, y llegando al portal me dio por darle otra vuelta a la manzana y disfrutar un poco más de aquello. Desde luego, cualquier vecino que me viera podría pensar que no ando bien de la cabeza, y no le quitaré la razón, pero por la hora y la lluvia la calle estaba bastante vacía. La gente suele huir del agua, acelerar su paso si esta le sorprende. No era para nada mi caso, pues caminaba casi con parsimonia, como las dolorosas en sus barrios o cerca de sus casas, “enseñoreándose” que diría aquél.
Me entretuve en algo tan vago como pensar que a pesar de mi disfrute, habría sido terrible que la Semana Santa hubiera caído en una semana como esta. Recordé que hacía siete días, yo esperaba ver Los Servitas en la esquina de Javier Laso de la Vega con Amor de Dios, como cada año, en un rito que no es tradición porque nadie le ha dado el nombre, pero a todos los efectos lo es. Pensé en la mañana que había pasado. Ya ni los neumáticos chirriaban, ya ni la cera se quejaba de que todo se hubiera acabado. Pensaba en la de cosas que me llevaba conmigo, un año más, y tal vez, con una semana de distancia, llegaba mi momento de hacer balance y asumir, de forma algo tardía quizás, que había pasado todo y que no se podía alargar. Tras una semana de fiebre y pijama, había vuelto a mi rutina de vaqueros y botas. Había flamencas en la Plaza de España, ni rastro de nazarenos del Porvenir…. Cuando acabé mi ronda divagadora, la lluvia apretaba mucho más, y teniendo otra vez el portal cerca, descarté dar una segunda vuelta en un intento de cordura. Al buscar las llaves en ese baúl de la Piquer que tengo por bolso encontré cosas que no esperaba. Un programa de mano, que no sé que hacía ahí, pues hacía un par de horas había donado unos cuantos a un coleccionista, y un par de pases para ese palco que algunos “critican”. Eso era lo que me quedaba, un par de recuerdos, recuerdos de papel satinado, de cartón, intangibles en fotos digitales; inmortalización por ejemplo de ese ansiado Jueves Santo, en que se hizo realidad el sueño del que tanto hablé, con el que tan pesada me puse. Sueño de peina y velo negro, de sevillanía pura, sueño principio del fin, porque ya acabó, pero es sólo el comienzo, y aunque ahora sólo me queden recuerdos de fotos, serán muchas más, en años futuros.

martes, 14 de abril de 2009

Como un sueño…



Como un sueño de domingo y sol, de esparto y cera en adoquines… Como un sueño de plata y sangre, de vino y paraguas guardados… Fue sueño de tabernas y papel, de ojiva y cera rizada; sueño de sonrisas de niños, de raso y “pulso aliviao”… Era sueño de caramelos y hermanos, de golpes de llamador, torrijas y medallas… Sueño de abrazos, capas y tambores… de radio, oro y tiritas, de canastos y canastillas, de luz, noches eternas, terciopelo y Margot… Sueño de anís, lágrimas, varales, zambranas, rosas, cardos y guantes… Era como un sueño de azahar y piedra, de alma y faroles; era tan fugaz como el incienso en el aire, era tan eterno como el eco de “Madrugá” en una calle, era simple como un capirote, complejo como repujado de orfebrería, bello como el indescriptible momento que te guardaste en el recuerdo, amargo como la sensación del final, triste como trasera de palio, ardiente como todas esas llamas… Era un sueño que se dibujaba en el final, que acababa cuándo apenas había comenzado; fue un sueño por las calles de Sevilla y el cielo despejado; fue un sueño, mi sueño y el de muchos. Fueron un puñado de días que soñamos, que nos dejan huérfanos de algo indescriptible, que nunca se acaba de ir, porque nunca abandona nuestro pensamiento, y tal vez, cuando nos queramos dar cuenta, estaremos soñando nuevamente.

viernes, 3 de abril de 2009

Todo…


Los estrenos, los zapatos, las tiritas, el primer sol, la primera en la calle, los caballos, las palmas, el incienso, los niños, la ilusión… No habrá Amor sin Amargura, ni Amargura sin Estrella. Gracias te damos, por no perder la Esperanza, hermandad vecina de la mía… Gran Herodes, pequeño Zaqueo, y volverá a sonar Estrella Sublime, como en la mañana del Maestranza. Volverá el Subterráneo y un enorme paso para cenar. Volverá él, para cenar adobo de La Isla, y pasar conmigo esta semana.
Esther, su barrio, su Hermandad. La calle Santiago, sublime Santa Marta, alegría de San Gonzalo, toda Triana, la mitad de San Vicente. Mercedes, Aguas y Guadalupe… Y La verdadera Cruz… Ha vuelto a pasar un pintor bajo un antifaz, ayer alegría de Triana, hoy dolor llegado de San Andrés; dualidad hispalense, como su arte, como la ciudad… en la calle San Esteban todo son flores, como todos los Lunes de mi infancia, como todos los Lunes que han de llegar… Noche cerrada, misteriosa ojiva, cerrada a cal y canto, escondiendo tesoros y alegrías…
Celeste, en el suelo y en el cielo, celeste todo, celeste siempre. Alegría de barrio, que es más grande aún porque técnicamente ni es barrio. Reencuentros, hermanos, Cruz de Malta con la caña de abajo a la izquierda hasta arriba a la derecha, según la miras… Pero ese la lleva mal, es el segundo… Ventana vacía y calle llena. Es una pena perderse todo el día, no ver Santa Cruz con la muralla del Alcázar, ni la Buena Muerte, si es que esas dos palabras casan bien, es el Martes, es en un mar de ruan estudiantil. Es una pena no poder saludar al bocina del Cristo de la Sangre, no ver cuántas almas se prenden a su imagen desde la calle Feria, pero el día para mí es celeste. El segundo milagro del día, no cabe, si cabe, va a dar… no dá… Todo el cansancio del día, negra la palma del guante derecho, otro Martes en la espalda, otra entrada de su palio… Merece la pena todo, por volver a ver un año más como vuelve a casa, por derramar lágrimas viéndola regresar… los jardines y su hermana de Galiano si el cansancio lo permite, ojalá…
Otro estreno, otro palio, otro estreno, nuevas túnicas. Crucificado, crucificado, crucificado… Hasta siete veces, como Siete Palabras, como aquello de “tengo Sed”. Día taurino de San Bernardo, día taurino del Baratillo. Prendimiento y Regla, Buen Fin para esta jornada; San Pedro, Tejera, su incienso, el de mi casa…
El estreno, el mío, la mantilla, al fin… Mantilla y peina regalo de ella, que no podía ser de otra manera… bueno no, de los Reyes Magos… Pendientes de mi hermano, broche de la madrina, peinecillos y alfileres de mi tía que no es mi tía… Cielo de Jueves Santo, del color de los escapularios de Recaredo… ¿Su balcón? Puede ser… La calle Feria, que si, venga, me porto bien aunque no me guste… Pasión y su Merced, paso de plata, nazareno que casi respira, Virgen del Valle… Exaltación, duelo de Quinta Angustia, se hace tarde, es demasiado tarde ya para mantilla… me va a dar pena quitármela… Pero no hay tiempo, hay que cambiarse y volver…
Noche de Esperanza, por dos veces, noche de El que todo lo Puede, del Traspaso de mi abuela, Silencio y Calvario, Salud y Angustias. Hace frío y hace sueño, son demasiadas horas ya… Demasiadas que nunca suficientes, que se estaba acabando esto desde hace cuatro días y no lo he querido pensar… y resulta que se va… Ha pasado él con el ruan de la noche, con el cirio al cuadril, sin cántaro. Pasa él en la amanecida, sin caballo, seguramente cabreado, que vaya el retraso que se está comiendo…
Azul Viernes Santo, que lo afirmé y lo firmé, azul carretero y de Montserrat, azul grisáceo del cielo, que no pase de ahí, azul de foto, no de lluvia. La Costanilla y Triana, La Mortaja, la mía, la de siempre, la que me fascinaba y me fascina. Ni diecinueve ni diecisiete, ancestral tradición en memoria de aquellas teas… Monaguillos, libreas, campana…
El día, ese, el inigualable, el peculiar… El de La Canina y el Duelo. Tambores destemplados, Soledad Servita… Una vez, y otra… y si la puedo ver una tercera no me sobra… Trinitarios y alegorías recuperadas, y que bien va de flores, no Ella, que también, La Canina, me gusta por su sonrisa… Fuera bromas, llega ella, la que llora sola, la que contempló Fernando III, la de mi familia materna, la que llevó palio la primera, la que no lo lleva ahora… No la puedo dejar, no se puede acabar así… San Lorenzo, otra vez, otro año, una con otra se hila, saeta tras saeta… Y ella cruza el umbral, ella ha vuelto a su casa… Yo no quiero irme a la mía… Queda algo, algo habrá… una última cosa a la que agarrarse, un consuelo… Otra marcha, otra brizna de incienso, un antifaz, una gota de cera, un golpe de llamador, un clavel o una rosa, una saeta y una lágrima…
Es todo, era todo… todo lo que hay en esta Semana, en la mía… Es todo lo que cabe en ella y yo sólo he dejado aquí la quinta parte… Tal vez, a los ojos del profano es demasiado, tal vez a los ojos del jartible es poco… Pero simplemente era todo… Como la Aurora de la mañana, la que con el Día Grande nos atisba la última enseñanza… Volverá, todo volverá… Volverá la Gloria, como Él vuelve, vendrán más días, el año que viene, vendrán porque tienen que venir, porque estaremos esperando otro año más, esperando esa nada para algunos, y para otros, ese todo…

Nota: La imagen me parece una alegoría de lo que pasará, premonición barroca de esta Semana, por eso me decidí por ella.

Foto: Manolo Navarro

martes, 31 de marzo de 2009

Mi mejor amigo


“Soy un zorro entre cientos, pero si tú me domesticas, seré diferente. Yo te necesitaré a ti, y tú me necesitarás a mí…”
Algo así venía a decirle el Zorro al Principito en el gran libro de Saint Exupéry. Hace poco, recordé esto viendo la película francesa que titula la entrada. Françoise nunca ha tenido un amigo. No es una certeza para él, hasta un día en que tras ir a un funeral, comprar un jarrón helénico y celebrar su cumpleaños su socia se lo espeta, haciendo una extraña apuesta con él al respecto. Comienza primero una búsqueda desesperada por encontrar entre sus conocidos, sus colegas, los contactos de su agenda, a esa persona a la que puedes llamar a las tres de la mañana… Convencido de que es imposible, comienza una búsqueda aún peor; ¿cómo se hacen amigos? ¿dónde se buscan? ¿cómo encuentras a esa persona que correría riesgos por tí?
Sin llegar a ser metafísica o trascendental, que otras cosas rondan mi mente, me vinieron del recuerdo amigos y amigas, personas a las que llamé a las tres de la mañana y me llamaron a mí a horas peores. Algunos no están ya conmigo, alguno que otro volvió… Se sumaron nuevas personas a mi vida, a las que podría confiar cualquier cosa… Y siempre he pensado que necesitarse en exceso es malo, pero tal vez el Zorro tenía algo de razón. Tras muchas vueltas y giros, puede que casi todo el mundo sea prescindible, llegado el caso, pero para que mentir, no ser imprescindible no quiere decir que sea fácil vivir sin cierta gente cerca.
No es que esta comedia vaya a cambiar la vida de nadie, ni nos va a contar ahora las verdades del barquero, pero en medio de la risa se escapaban trozos de enseñanzas o reflexiones que te pueden hacer pensar. Seguramente podríamos llenar un jarrón con las lágrimas derramadas por la muerte de un amigo, puede que en la agenda tengamos amigos que no cubren el amplio sentido de la palabra, o simplemente, todos somos zorros, más o menos domesticados.

jueves, 26 de marzo de 2009

Merecía una entrada


Que el camarero mande a callar porque cree que se va a volver loco de un momento a otro, se merecía una entrada…
Que “el correcto” cuente que entró en un bingo arrastrándose, se merecía una entrada…
Quedarse con la boca como el dragón de Harry Potter porque a una idiota se le ocurrió pedir patatas bravas sin pensar; merecía un castigo y una entrada.
Que te cambien de mesa en vista de que no vas a solucionar las pagas extras del personal, pues eso… merecía una entrada.
La merecía aunque sea tarde, aunque sea así. Aunque la foto no corresponda al día, porque se me olvidó la cámara… Y no hubo croquetas pero si cerveza, y tinto, y zumo de melocotón. Hubo un traslado, y el señor de la Salud volvió a su paso un año más. Hubo risas, anécdotas y alguna historia que se quedó colgada. Hubo promesas de futuro, de más bares y más noches; promesas de esas de verdad, de auténticos camaradas, de amigos que tal vez no se hubieran conocido de otra forma, y tal vez por eso, todo esto es más grande si cabe.
Hubo vuelta amparados por Fray Leopoldo y San Cristóbal y naranjos cuajados de azahar que también merecían una entrada, pero lo dicho, por una vez, me había olvidado la cámara.
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