jueves, 23 de diciembre de 2010

Balances navideños un año más

La tendencia de hacer balances va con la edad, según me dijeron. Tengo esa propensión, suelo mirar al pasado con frecuencia y generalmente, tomo como medida temporal el año… Me planteo que estaba haciendo yo hace un año, como estaba, quienes tenía alrededor… No importa en qué mes o día estemos, es recurrente por igual, aunque sí es cierto que ahora en estas fechas que no son las que más me gustan, suelo hacer esto con algo más de frecuencia.

Ha vuelto a pasar un verano algo diferente, acabando septiembre me encontré con el coche negro que tanto recuerdo en estos meses, y esta mañana volvió un año más el soniquete de los niños de San Ildefonso… En la puerta de la Iglesia del mismo nombre que el colegio de los niños pensaba yo celebrar junto a tantos otros nuestro nuevo estatus de millonarios, pero nada… sigo siendo igual de pobre que siempre… Como puse en mi estado faceboock, sin salud, sin dinero ni amor, cualquier otra se tiraba a la vía del tren; porque sí, mi situación podría definirse así. Pero no haré eso, tal y como estoy para empezar lo de llegar a la vía no sería fácil. Pero haciendo balance me siento con una extraña tranquilidad. Puede parecer que me han pasado muchas cosas en estos casi 365 días que ahora se cierran, y que muchas no son buenas precisamente. Pero no, sinceramente, me han pasado muchas cosas buenas, y de las malas, he aprendido tanto, tantísimo, que casi doy las gracias porque ocurrieran.

En fin, dejando los balances a un lado, todos los años me cuesta lo de felicitar las Fiestas, tal vez porque como a mí no me gustan me resulta raro tener que felicitar algo… Pero el mundo internauta ayuda a hacer esto con algo de dinamismo y humor, y las opciones son infinitas….

Para empezar, se puede contar el Nacimiento de Jesús de una forma actual

O puedo dejaros un Villancico Felino

O incluso fusionar la tradición navideña con los Carnavales de Cádiz y la programación televisiva, todo a la vez…

En fin, esto es más friky y menos clásico que aquella primera felicitación que dejé por aquí hace ya unos años con la Adoración de los Reyes Magos de don Diego de Silva y Velázquez, pero esto es como te coja el día…

Espero que paséis unos días felices junto a los vuestros, o mejor aún, junto a los que vosotros mismos elijáis, espero que comáis mucho y bien, que bebáis mejor aún, que disfrutéis todo lo que podáis y que si hacéis balance como yo, no os duela mucho el mirar atrás…

jueves, 2 de diciembre de 2010

Realismo absorbente




Recuerdo ver este anuncio antes de la fecha que en él figura. Yo no tenía más de cinco años, lo recuerdo porque aún era hija única e iba a la guardería. Una niña feliz, la pequeña princesa de una casa en la que no había más niños que le hicieran sombra. Aún así, no era el prototipo de niña consentida. Además de mis padres, tenía a mi querida Tata, que además de cuidarme me enseñó algo de inglés e italiano, me aficionó a ciertos grupos de música ochenteros, y me bajaba a veces de esa nube en la que las princesas de la casa tienden a subirse en ocasiones.

Yo era una fanática de este anuncio, esperaba a verlo aparecer en la pantalla, me sabía la canción, hacía una especie de baile similar al del trapo. Una afición rara la mía, pudiera haber parecido una premonición de que en un futuro sería una mujer de esas hacendosas, lo que mi madre denomina “una mujer de su casa”, y nada más lejos de la realidad. Yo quería esa bayeta porque sin haber cumplido los cuatro años, en un mundo infantil de Reyes Magos y Ratones Pérez que aún quedaban lejos de mis firmes dientes de leche, yo pensaba que ese trapo amarillo danzaría por mi casa sin parar, y yo con ella, y cantaríamos la canción una y mil veces mientras ella limpiaba. Puede que eso sea lo bonito de los niños, que en su mundo todas esas cosas se vean tan posibles como la noche y el día.

Mi Tata trajo a casa la bayeta al fin. Imagino que mi madre estaba cansada de oírme y le dijo que la comprara de una vez. Entonces muy calmadamente me enseñó la caja. Era ella, salía dibujada igual que en el anuncio. ¡Íbamos a estar bailando en un minuto! La sacó, y la puso en una posición similar a la del dibujo sobre el escurridor del fregadero. Algo no iba bien, se quedaba quieta. Yo la miraba fijamente, como Matilda cuando hacía moverse a los objetos. Mi Tata, dándome una ducha de realidad decía “Vamos… ¡es la del anuncio! ¿por qué no canta ni baila?” yo seguía en mi posición, disimulando una desilusión brutal, pero creo que desde chiquitita era algo orgullosa… “¿Ves? No tienes que creerte todo lo que ves por la tele” dijo ella, dando por finalizada esta historia, con moraleja incluida. Pero yo, antes de irme a la salita con la dignidad que me quedaba la miré respondiendo “Tenías que haber comprado la que salía en el anuncio, no una normal”
Imagino que fabriqué rápidamente la teoría de que la auténtica Ballerina existía, grababa anuncios y demás, pero que no podía estar en todas las casas, como los Reyes Magos de Oriente auténticos no podían estar en todas las ciudades a la vez y elegían representantes… Me habían comprado un trapo amarillo, y yo quería a la estrella televisiva.
Independientemente de esto, hoy valoro aquella lección de realidad que mi Tata intentó darme, aunque yo en un primer momento, preferí mi propia teoría.

martes, 23 de noviembre de 2010

Acabar con todo


Puede que el título prestado del poema de Octavio Paz sea demasiado radical, pero yo, entre tantos defectos, a veces soy un poco así, radical.
Nunca he tenido paciencia, jamás en mi vida. Mis esperas no son calladas o silenciosas, son ruidosas, agitadas, molestas para quien tiene la desgracia de quedarse a mi lado y me escucha quejarme, relatar, darle vueltas a lo mismo una y mil veces. Pensaba que esto serían cinco días, y ya voy camino de los dos meses. Dicen que debo estar contenta, que podía ir más lento, pero claro, no saben con la clase de impaciente que están tratando… Y mientras, reposo relativo, aguantar el dolor. Espero que algo ocurra, parece que no puede hacerse más, espero, y como todo aquel que lo hace, me desespero.
A veces, desde este mundo pausado que ahora me toca vivir, en la mezcla del sueño con la realidad y la proyección imaginativa, mezcla de las dos, acabo conteniendo una especie de rara ira o furia. No se dirige a nadie, no puedo culpar a nadie o a nada en especial, salvo a la suerte, mi destino… cosas que no tienen cara a la que gritar, teléfonos a los que llamar indignada…
Y espero, desespero, y deseo la destrucción del mundo ¿por qué no? Soy una impaciente que se considera con todo el derecho del mundo al pataleo; ¿lo tengo? Seguramente no, podría ser peor, hay gente con situaciones mucho peores, y eso no me da derecho a quejarme, pero que quieren que les diga, a veces yo, que tanto lucho por ser racional, soy el más irracional de los animales, como Octavio cuando escribió esto, clamando por una espada que le ayudara a lo que necesitaba, acabar con todo.




ACABAR CON TODO


Dame, llama invisible, espada fría,

tu persistente cólera,

para acabar con todo,

oh mundo seco,

oh mundo desangrado,

para acabar con todo.



Arde, sombrío, arde sin llamas,

apagado y ardiente,

ceniza y piedra viva,

desierto sin orillas.



Arde en el vasto cielo, laja y nube,

bajo la ciega luz que se desploma

entre estériles peñas.



Arde en la soledad que nos deshace,

tierra de piedra ardiente,

de raíces heladas y sedientas.



Arde, furor oculto,

ceniza que enloquece,

arde invisible, arde

como el mar impotente engendra nubes,

olas como el rencor y espumas pétreas.




Entre mis huesos delirantes, arde;

arde dentro del aire hueco,

horno invisible y puro;

arde como arde el tiempo,

como camina el tiempo entre la muerte,

con sus mismas pisadas y su aliento;

arde como la soledad que te devora,

arde en ti mismo, ardor sin llama,

soledad sin imagen, sed sin labios.




Para acabar con todo,

oh mundo seco,

para acabar con todo.




Octavio Paz

viernes, 12 de noviembre de 2010

Mundo digital, IN – OUT


OUT

Lo sentimos, usted no puede agregar ningún amigo o más Páginas de fan sin eliminar algunos primero.

Al salirme ese mensaje en faceboock pensé que tenía un problema, uno grave. No es que mi extrema popularidad, mi desbordante simpatía o mi periplo vital me procurara un exorbitante número de amigos, en mi caso el aviso iba por lo segundo, soy una loca compulsiva, una maniática, una friky, lo que quieran… No paro de unirme a páginas, lo que antiguamente era “hacerse fan” ¿por qué? Buena pregunta, incluso me uní a páginas que explicaban el porqué, por diversión, porque me identificaba, principalmente por cachondeo, y no sé, es una rara forma de autodescribirse… Cuanto más lo pienso menos sentido tiene todo…
Alguno se andará preguntando que cuantas páginas tenía en mi perfil, buena pregunta. Yo sinceramente aún no me lo explico… Eran 5.070, ni más ni menos. ¿Cómo me uní a tantas? No sé, como las drogas, empecé poco a poco, me aficioné, luego no podía pasar sin unirme… Que absurdo es esto, y lo más ridículo de todo es el número, ¿Por qué 5.070? ¿qué tiene esa cifra? ¿por qué no 5.071? ya puestos, llegados a estos enfermizos extremos ¿qué más les daba una más?
Pero bueno, he empezado a quitarme de páginas, porque tampoco me dejaba admitir nuevos amigos. De paso también he borrado algún contacto que no sé porqué acepté en su momento…
Esto es lo malo del mundo digital cuando se te va de las manos…

IN

No todo lo que hago en Internet es tan estúpido, o al menos quiero pensar eso.
Se celebran los Premios Cibersur nuevamente, y la web en la que colaboro con mi columna de opinión, esa que está ahí en el lado derecho, con una foto digna del juego del escondite, participa en ellos. Y abiertamente, pido que votéis. No por mí, eso sería ridículo, yo hago un artículo los miércoles y alguna incursión puntual en otras secciones. Pero tengo compañeros que todos los días sacan adelante un trabajo profesional, local y serio. La competencia es dura, en nuestra categoría somos como David luchando contra dos o tres gigantes a la vez, pero… las ganas, eso es lo que nos hace pensar que no todo está perdido, que no tiene porqué ser imposible, a pesar de que estemos nominados con webs de periódicos consolidados. Hay muchas diferencias entre ellos y nosotros, su sueldo, nuestra motivación, su respaldo, nuestra juventud… En fin, que me podría pasar así todo el día, pero simplemente, emulando a la gran Lola Flores: “Si me queréis ¡votadme!”


Sólo tenéis que pinchar aquí y elegir Sevilla Actualidad.

Bueno, y quien no nos quiera votar, en su derecho está, claro.

sábado, 30 de octubre de 2010

Mañana sale




Muchos lo habrán leído en el blog del Andréu. Lo que muchos no sabrán es que por lo visto la susodicha hermandad de Gloria que juega el numerito de marras, lo hace desde tiempos inmemoriales. Desde que al Rey San Fernando, al cual muchas crónicas tristemente se refieren como Fernando el Bizco, lo mandaba su madre a la calle Sagasta a comprar lotería por estas fechas.
Y sí, se lo pueden creer, o no, salvo lo del Bizco, que juro que es cierto, que me enteré de ello en una conferencia… Y por otra parte, yo que no soy muy de jugar, existen las casualidades, y las tradiciones, y lo de la Lotería de Navidad me puede. Además, últimamente tengo tan mala suerte para otras cosas que casi pienso que algo bueno va a pasarme…
Por otra parte, ¿qué otra excusa iba a tener yo para poner este vídeo fantástico? Porque sí, la imagen es fija, pero el audio es de quitarse el sombrero… Eso debería ser un anuncio y no el del manido “calvo de la lotería” que por cierto ¿nadie ve el parecido del comienzo de la copla con el anuncio mencionado?

Lo dicho, servidora lleva un décimo, porque lo dijo la Piquer, “mañana sale, y está premiao”

martes, 19 de octubre de 2010

Justicia, en el amplio sentido de la palabra


La justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey por jueces y magistrados integrantes del Poder Judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley.


Este breve extracto del artículo 117-1 de la Constitución española puede resultar algo arcaico, o puede que utópico.
En las primeras clases de derecho me di cuenta que no sé debido a qué, tengo una mentalidad que podríamos catalogar como jurista. El profesor con nombre de director de cine quiso introducirnos en discernir lo que consideramos justo, a lo que es legal. Vi como compañeros se “escandalizaban” ante ejemplos prácticos de justicia o ejecución del derecho, mientras yo lo veía todo dentro de la lógica de esta disciplina. Tal vez me he vuelto cuadriculada, algunos piensan que fría, y en cierto modo imagino que forma parte de esa búsqueda de la objetividad que siempre persigo.
Siempre he defendido que es casi una obligación ciudadana estar informado de lo que a leyes se refiere, pues ya lo decía aquella máxima: “El desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento”. Por otra parte, entiendo que en muchas ocasiones la justicia se aleja demasiado del pueblo, creando un desconocimiento y una distancia que en nada beneficia a la sociedad. En muchas ocasiones todo esto se ve adulterado por la imagen de justicia que nos ofrece la televisión. Circos mediáticos del mundo del colorín o películas americanas en que montan auténticos teatrillos en los juicios contribuyen a que se distorsione todo este mundo.
Volviendo al concepto legal de justicia y no al moral, miro con asombro, y alta dosis de indignación, para que negarlo, la intención del padre que todos conocemos, de modificar la ley, la Constitución e incluso realizar un referéndum. Entiendo que su situación es dura, que la pérdida de un hijo es algo muy complicado de superar. Por otro lado, no son los primeros padres que se ven en esta situación, y por desgracia no van a ser los últimos; el mal existe desde que el mundo es mundo, y no creo que eso vaya a cambiar. Puede que en su situación sea complicado discernir el concepto de justicia. Puede que les cueste mucho pensar que no se puede volver al pasado en cuanto a derechos constitucionales se refiere, recuperando la cadena perpetua, por mal que lo estén pasando. Seguramente han olvidado que en España el sistema penitenciario no es de castigo, sino de reinserción. Sé que algunos ahora me dirán que esto último es inviable; lo siento, a mí no me digan eso. Sé que en ciertos casos la reinserción es casi imposible, en muchos casos por patologías o trastornos del sujeto, pero si yo no creyera en el cambio de ciertos colectivos, si no pensara que esta sociedad puede tener una cara más amable si se proporcionan medios, segundas oportunidades, reeducación y demás instrumentos insertadores, no podría estudiar lo que estudio, y seguramente, no podría reconciliarme con el mundo la más de las veces. Y no voy a entrar en nuestra ligereza al juzgar a gente, comparándonos con ellos, cuando ni de lejos hemos vivido las mismas situaciones, que en la mayoría de casos son las que llevan a la exclusión social por un lado u otro.
La ley del menor no es perfecta, ninguna ley lo es, al igual que ningún sistema de gobierno, o ninguna persona. También debo decir que el gran fallo está en la forma de ejecución de esta ley, en su gran mayoría debido a la falta de centros, personal, y en definitiva instrumentos de ejecución de la misma, y en muchas ocasiones el agujero se encuentra en como la Junta de Andalucía gestiona dichos instrumentos. Pese a todo, y a que personalmente creo que todo esto es mejorable, y que debería mejorarse, servidora no ha estampado su firma en los famosos papeles de petición de modificación. Nunca la ley puede modificarse en base a un caso personal, o al menos yo lo veo así, nunca firmaré nada que a mi entender agriete derechos adquiridos que democráticamente me parecen lícitos.
Imagino que muchos de los que me leen han firmado, lo respeto, hasta ahí podíamos llegar… Imagino que muchos no están de acuerdo con lo que cuento, también lo respeto; pero sólo pido una breve reflexión, si aquél día Marta del Castillo no hubiese quedado con su presunto asesino, si hubiera pasado la tarde en su casa o con una amiga y nada de esto hubiera ocurrido ¿se habrían movilizado sus padres de esta forma? ¿habrían firmado dichos papeles? ¿existirían papeles que firmar?
Por mucho que la Constitución reconozca que la justicia emana del pueblo, esta no debe tener carácter particular, bajo mi punto de vista.

viernes, 8 de octubre de 2010

El cuadro que nunca sabré pintar


El médico se acercó a mi camilla con su bata blanca y un bisturí en la mano. Con él abrió la parte interna de mi dolorida rodilla, la más inflamada. De ella salió una bola del mundo azul brillante, dolorosa y aliviante a la vez, como en un cuadro de mi querida Frida Kahlo. Este ha sido uno de tantos sueños que en esta convalecencia parecen dar una escapada a mi subconsciente, alguna rara expresión para liberar el dolor que ni en brazos de Morfeo me deja.
Algunos lo verían en redes sociales o comentarios en blogs, incluso en mi columna. Lo cierto y verdad es que pese a haberme llevado un sustillo todo podía haber sido mucho más grave. Tal vez se cumple la teoría de que si vas correctamente, a la velocidad debida, con el casco, por más que un coche te dé, por más que no sea tu culpa, no te acaba pasando nada grave. Yo de hecho, a pesar de quejarme de lo doloroso de esta artritis traumática que padece mi rodilla, doy gracias cada día por no haberme roto nada… El susto, el cimbronazo y el dolor de cuerpo de la propia caída, es algo que por suerte pasa en unos días.

Mi madre dice que para mí no es ningún esfuerzo tener que estar tirada en el sofá con la pierna en alto; puede ser, no niego que hay jornadas de vagancia extrema en las que no hago mucho más. Pero estar condenada a esto, ya no porque el médico lo mande, sino porque cada paso duele, es otro cantar. Me he puesto a reparar en cosas muy absurdas, tanto que no sé si esto derivará en algún tipo de trastorno mental. Empecé por acostumbrarme a calcular todas mis necesidades básicas cuando se hace imprescindible levantarse, las reagrupo e intento que no se me olvide nada; es decir, si tengo ganas de ir al baño aprovecho para coger agua, tirar papeles y cosas de estas… Todo en un viaje, porque ahora cada paso es caro. De otra parte, mi madre me ha colocado una bandeja cerca con útiles de primera necesidad, agua, chicles, pañuelos de papel, o una caja de bombones en forma de corazón, cortesía de Andréu y señora, con los que de vez en cuando me endulzo la vida. Esto me hizo pensar que es curioso lo que cada uno considera necesidades básicas, esas que Maslow colocó en lo más bajo de su célebre pirámide. Para colmo, la caja de bombones murió este medio día…
Y de esto derivé en cosas más banales aún, dedicando largo rato a barruntar que sería fantástico que existiese un dulce que solo fuera la parte de arriba de las magdalenas, mi parte favorita. También he reflexionado mucho sobre los últimos estudios que analizan el bostezo como una función empática, basándose en que todos los mamíferos bostezan al ver bostezar a otros, incluso leer y en este caso, escribir sobre el bostezo, fomenta el mismo; vamos, que nadie me diga que no bosteza al leer este trozo porque no soportaría que alguien desmintiera el estudio y tuviera que volver a darle vueltas a todo aquello, con lo empática que soy yo.
En fin, que espero que poco a poco se vaya esta molestia, volver a caminar y a las aglomeraciones del metro. Lo que más pena me da de todo esto es no saber pintar y no poder hacer un cuadro como los de la pintora mexicana con mi rodilla abierta liberándose del peso y calor del mundo…

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Cantabria, segunda y final, de momento


He demorado esta segunda parte más de lo que me habría gustado. El trajín de estos días obligó a ello, sin contar que me da pereza seleccionar que cuento y que no. A medida que el tiempo pasa parece que los recuerdos se alargan, y ese puñadito de días se me antojan meses…
Por cierto, para pena de Eres_mi_cruz, le diré que he sabido que don Elías, el célebre cura de Potes, no es de Écija, sino de un pueblito montañés. Pese a todo, me gustó tanto su teoría y argumento, que seguro que si indagamos, algún antepasado es de esta zona…

No sé cuánto me extenderé en esta entrada, que se me olvidará contar o si resultará interesante lo que destacaré. De todas formas, igual que no me importa haberme perdido alguna cosa de Cantabria, pues sé que volveré, no me importará dejar aquí algún cabo suelto; de hecho ya tengo en mente algunos sitios o rincones que merecerán una entrada aparte en un futuro, al igual que en los propios comentarios que hacéis y respondo, salen cosas que pasé por alto en el post.

PEQUEÑOS TESOROS

Mi madre recuerda la gracia que le hizo leer en la carta de un bar del gaditano pueblo de Olvera, una frase que venía a decir algo así: “Este pueblo tiene una calle, un castillo y una iglesia, pero qué calle, qué castillo y qué iglesia”
Creo que Cantabria tiene muchos pueblos que cumplirían esa máxima, o puede que tras ver muchas cosas, esos son los que más me gustaron, los que más se me quedaron dentro…
Serían incontables, y seguro que alguno se me olvida, y sería eterna una descripción detallada de cada uno de ellos, pero así de pasada recuerdo la preciosa Iglesia de Arnuedo, restaurada por cuenta de los vecinos con sumo gusto, el pequeño pueblo de Cartes y sus calles, Liérganes un pueblo de postal con su molino, su río, la leyenda del Hombre Pez y una pequeña capilla del Carmen que descubrimos de casualidad, pues no venía en ninguna guía…


El pueblo de Bárcena Mayor, que ostenta el título de “Mejor conservado de España”, o al menos lo ha tenido durante mucho tiempo, es un lugar de paso obligado. Pequeño, empedrado, con lavaderos públicos que nadie ha destruido para hacer sobre ellos un hotel.


Con una extensión algo mayor, me encantó Santoña, y su paseo marítimo desde el que se divisa Laredo, su ambiente marinero y la pasión que comparto por el remo, aunque ahora lo tenga aparcado de mi rutina.
Castro Urdiales, Santillana del Mar o Comillas no es que no me gustaran, pero tal vez deba confesar que soy algo egoísta, y que al tratarse de lugares más conocidos, los siento menos íntimos, menos míos… Me gusta pensar que poca gente paró en un multicentro social que hay en Correpoco, donde puedes ir al médico, tocar las campanas si hay un incendio o ver a la Trabajadora Social, entre muchas otras cosas, vamos, un espacio bien aprovechado.


SENTARSE A COMER

Cuando uno va de un lado para otro, debe comer poco, de forma ligera… Si no lo haces, si se te va de las manos, si almuerzas algo tarde y no te privas ni del vino ni de la ternera, corres el riesgo de acabar intentando dormir la siesta en un poyete de una iglesia románica. Pero la tentación era mucha, la cabeza a veces es poca…
Pese a haber intentado no hacer excesos para no morir de un colapso por esas carreteras, creo que he disfrutado de la gastronomía cántabra, hasta el punto de hacer una cata de orujo a las diez de la mañana. Y además de lo típico, lo que todo el mundo te recomienda que son los múltiples tipos de cocidos que abundan por aquél lugar, he probado croquetas de queso tresviso, de cocido montañés, o pasta hecha con chorizo de la tierra. Lo de los embutidos es otra maravilla. En cuanto a los famosos quesos, siempre presumí de ser muy quesera y de adorarlos todos, y algunas modalidades me hacen replantearme un poco esa afirmación… Por lo demás, he disfrutado de las rabas, que para un sevillano serían chocos, y los bocartes, que en hispalense son primos de los boquerones. Y aunque algunos pescados de esas tierras no son muy de mi agrado, quienes venían conmigo pudieron gozar de bonito del norte, anchoas de Santoña y pastel de cabracho. Por supuesto comí sobaos pasiegos, y otros dulces como los Almendrucos, maravillosos estos últimos. Hasta mi pasión por el té se vio satisfecha por aquellos lares, y tengo un fantástico “té de puerto” que recuerda a la vegetación de aquella zona. Incluso llegué a tomarme la mejor copa de mi vida, pero eso se merece un capítulo aparte.
En fin, a Cantabria se podría ir simplemente para comer y dormir siestas, sería un desperdicio perder tiempo en eso y no ver tantos parajes que merecen la pena, pero por otra parte, no estaría mal poder sentarse a comer sin pensar en que ocurrirá luego.

¡Se me olvidaba! El Lomo de Potes es para darle un aplauso, lo dicho, voy a tener que hacer un viaje solo gastronómico…


HISTORIA DE UN TEJO Y UN OLIVO

Hace más de diez siglos, don Alfonso, conde de Liébana, construyó una pequeña iglesia en la población de Lebeña. Cuentan algunos documentos y las leyendas populares que quiso que reposaran allí los restos de Santo Toribio de Liébana. Dicen que lo intentó por las buenas, que lo intentó por las malas, y que en estas estaba cuando perdió la vista. Don Alfonso lo interpretó como un deseo del Santo de quedarse en el Monasterio en que actualmente permanece. Desistiendo de su intención, y haciendo donaciones al Monasterio que lleva el nombre del Santo, dicen que recuperó la vista.

Pero el pequeño templo de Lebeña tiene para mí una historia mucho más interesante.
Dice la tradición popular que un buen cántabro, para serlo, debe tener en su finca un Tejo. El Tejo es el árbol cántabro por excelencia, adorado y venerado por los druidas según la tradición mitológica de aquél lugar. Según esta misma tradición, los sitios sagrados debían tener dos elementos básicos, este árbol, y alguna manifestación fluvial, un lago, una fuente… Muy cerca del paraje donde está esta iglesia pasa el río Deva. En una reforma, al darle la vuelta a lo que parecía un simple escalón en el altar de la iglesia, resultó estar inscrito en una de sus caras. Allí, según se pudo deducir, una civilización antigua adoraba al Sol, creador de todo. Luego añadieron una cruz, como símbolo del cambio religioso de la zona. En ese lugar tan mágico donde don Alfonso decidió edificar aquél templo, hay un detalle más que le aporta encanto a esta parrafada que estoy soltando. Acabada la construcción plantó un árbol representativo de él, como no podía ser de otra forma, un Tejo. Quiso plantar entonces un árbol representativo de su mujer, doña Justa. Sureña ella, plantó un olivo que hoy en día permanece allí. Es algo extraño ver un árbol tan andaluz a tantos kilómetros del sur, pero ha resistido bien a los siglos y el clima de aquella zona.


Como dije, con más de diez siglos, allí está ese pequeño templo mozárabe, sus árboles, e incluso una Virgen amamantando que fue robada y tras diez años o así, fue encontrada en un chalet de Alicante y devuelta a su Iglesia de Santa María, donde sus feligreses siguen pensando que fue un milagro.

ESTAMPAS Y PARAJES

Hay muchos sitios que quisiera destacar, ya no pueblos como dije antes, sino pequeños lugares, algunos célebres como Fontibre, donde nace el Ebro, otros ni sabría situarlos exactamente como un trocito de la vega del río Pas donde paramos y pude tirar piedras en compañía de unas vacas que pasaban de mi locura al otro lado del río.
También destacaría el desfiladero de la Hermida, el Puerto de la Braguía, y el famosísimo Fuente Dé, donde subes con un teleférico o a pie, divisando desde arriba las cumbres de los Picos de Europa, las nubes que en días de suerte tocas con las manos, y la infinita profundidad de sus valles. Nosotros subimos en teleférico, por comodidad y por tiempo. Lo malo es que en las advertencias de subir decía que era conveniente avisar a familiares y amigos de que se iba a realizar aquella excursión, por si había problemas. Ahí caímos en la cuenta de que ninguno habíamos avisado a nadie, de aquello, así que solo quedaba encomendarse a Dios o al Diablo para que aquello no se desplomase, dejando al hijo de mi madre casi huérfano…


Otro lugar que me encantó fue el Monasterio que he referido antes, el de Santo Toribio de Liébana. Es de esos lugares que independientemente de la fe, la religión o las creencias, te dicen algo. Incluso el hecho de que casi cada hora expongan el “Lignum crucis” con delicadeza, sin cobrar nada, con lo dada que a veces es la Iglesia a esas cosas, me pareció encantador.
También incluyo aquí el aperitivo asturiano. Vi muy poco de esta comunidad, pero queda pendiente para otro viaje. Tras haber visto tanto arte románico, me queda descubrir por aquellas tierras el escalafón anterior, el prerrománico.


En fin, con defectos y virtudes, con muchas palabras o con pocas traté de resumir un viaje de cerca de cuatro mil kilómetros, muchas horas, discos de Ketama, Poveda, Alan Parson Proyect, y miles de sevillanas. Fotos buenas, malas, regulares y de mi estilo, cubatas de ron al final del día, y un coche que acabó pareciendo un mercadillo, pero por el que podíamos ver el bosque en el techo…


Se quedan cosas pendientes como ya he dicho, hasta que vuelva seguiré pensando que el lema de esa comunidad es más cierto que nunca; “Cantabria infinita”

domingo, 19 de septiembre de 2010

Cantabria


Tal vez sean pocos los que se atrevan a llegar al final de esta entrada, aunque no sé como de extensa llegará a ser, cuando me pongo a escribir es impredecible en que acabará la cosa, pero la preveo larga.
Intentaré resumir esos días, esos pueblos, esos caminos… No será una guía, no lo pretendo ni tendría paciencia para hacer una, más que nada serán las cosas que más llamaron mi atención, que no siempre tienen que ser las que más gusten a los demás.

Este viaje empezó siendo una cosa algo programada, con rutas establecidas, en gran parte las determinamos gracias a la ayuda de otra bloguera y amiga que ya había andado el verano pasado por aquellas tierras; pero poco a poco, aunque seguíamos con nuestras rutas y nuestro “Ternerito guardián” en el salpicadero, se fue transformando en un viaje menos encorsetado, donde por encima de guías, mapas o GPS, acabamos atendiendo a máximas como: “Para ahí, que esa Iglesia tiene buena pinta”, “Me han dicho que ese pueblo es precioso” o “¡Para! , que se ve el río y si hay una fuente, llenamos las botellas”.

Y con las mismas, los pintorescos lugares, los fantásticos bares, los atinos y desatinos del GPS, las vacas y sus cencerros (que era un sonido permanente) y los ríos y montañas se compuso un viaje que resultó más profundo de lo que pensaba al principio.

EL SEGUNDO MEJOR PUEBLO DEL MUNDO

Hace unas semanas, mi hermano y yo andábamos rememorando antiguas vacaciones y años de veraneos donde muere el río Betis. En una de estas, intentando definir aquello, el hijo de mi madre soltó una frase lapidaria: “Sanlúcar es… es… en pocas palabras… ¡el mejor pueblo del mundo!” Me reí, y pido perdón a quienes consideren que este título lo ostenta otro pueblo, pero para nosotros esta afirmación es tan cierta como la rotación de la Tierra. Pero este verano no pisé Bajo de Guía, y casi en el opuesto del país encontré el que ahora me parece el segundo mejor pueblo del mundo en mi escala personal; San Vicente de la Barquera. Hay pueblos más monumentales, o más pintorescos, si. Los hay más grandes y más pequeños, que personalmente me gustan por el encanto que suele rodearlos, pero San Vicente tiene algo… No es sólo su Iglesia de Santa María de los Ángeles que tanto me recordó a las sevillanas, con la Capilla funeraria de Antonio del Corro, un nativo dominico de aquél lugar, que acabó siendo canónigo en nuestra Catedral, e inquisidor en San Jorge. Al fin de sus días, se hizo construir un mausoleo en su lugar de origen pero con altas reminiscencias sevillanas como los azulejos que decoran la estancia, o su propia escultura en mármol realizada por el salmantino Juan Bautista Vázquez el Viejo, autor entre muchas otras obras, del Cristo de Burgos, para contextualizarlo en lo hispalense.



Pero no es sólo eso, no es sólo su castillo, o las calles del casco antiguo, empinadas y encantadoras; ni es por el atardecer en su Plaza de los Peregrinos, ni por su ría o sus playas, ni su puente infinito… No es por nada, y es por todo, es su gente, su ambiente, sus bares… Es un sitio fantástico al que espero volver, porque lo dicho, hoy por hoy creo que para mí es el Segundo mejor pueblo del mundo.


AMABILIDAD CÁNTABRA

El carácter cántabro en sí me parece altamente destacable. Y no voy a poner de ejemplo a Revilla, ese hombre si que merecería un capítulo propio, pero si es cierto que en ocasiones, los injustos tópicos, esos mismos que hacen pensar que la gente del Sur vivimos de fiesta y sólo pensamos en dormir la siesta, a veces también dibujan a la gente del Norte como sombríos, secos o introvertidos. Evidentemente comento todo esto para negarlo rotundamente. Por supuesto, como en todas partes, hay gente buena y mala, más simpática y menos, pero por norma general todo el mundo es muy hospitalario, deseoso de ayudar, orgullosos de su tierra y de que tú la disfrutes. Incluso diré que hubo momentos en que yo, con la gracia sevillana que se me supone por la ley de tópicos, era mucho más antipática que ellos. En muchos pueblos pequeños, por costumbre, por educación, por lo que sea, la gente te saluda cuando se cruza contigo por la calle. No se meten en tu vida ni te preguntan nada, y en cierto modo tampoco es un formalismo, te saludan con ganas, porque quieren hacerlo. Y yo, que soy una urbanita acostumbrada a pasar un poco de todo, a veces me extrañaba ante tanta amabilidad, igual que cuando estás comiendo en algún sitio, y el que se va a sentar en la mesa de al lado te saluda antes de sentarse. Pero aunque a veces me costara, reconozco que me parecía entrañable que todos los pasiegos nos saludaran al salir de su pueblo.
Otra cosa muy curiosa para quienes procedemos de “La Tierra de María Santísima” es el hecho de que las iglesias tengan llaves repartidas entre los vecinos, y estos en ocasiones previa llamada al móvil te la abren para ti. Ya la experiencia en el campanario de la Iglesia de Yermo donde una octogenaria lugareña nos animó a subir al campanario saltando una vallita porque habían perdido la llave me pareció increíble. Lo de que alguien pisara el cable que no debía e hiciera sonar las campanas es la cumbre de la anécdota.
Por otro lado, lo de que los curas hagan ronda y recorran una media de cinco iglesias los domingos para dar misa, es algo que había visto en la tele pero que no sé por qué, me seguía sorprendiendo. Para muestra, don Elías, cura del lebaniego pueblo de Potes. Este hombre tiene una ruta que es para aprendérsela… Creo que hay delegados comerciales que viajan menos.




ENTRAÑAS CÁNTABRAS

La merecida fama mundial de las Cuevas de Altamira es de sobra conocida, pero quizás eso a veces haga que se eclipse el fantástico patrimonio rupestre que tiene toda la zona.



Yo sólo he podido visitar una cueva, La cueva del Castillo. No me pesa haber visto sólo esta, estoy tan convencida de que volveré que ya iré recorriendo las que pueda.
Es impresionante que todo el mundo se pregunte lo mismo ¿por qué pintaban? Es curioso que todos los historiadores e investigadores traten de darle explicación a algo que para mí es lógico y normal. Además, son teorías, criterios y explicaciones que suelen caerse a medida que los descubrimientos avanzan. Me parece tan simple el hecho de que un ser primitivo, pero SER al fin y al cabo, busque ese sentido artístico que todos llevamos dentro… Nadie se plantea por qué pintaba Picasso, o Zurbarán o Tamara de Lempicka. Era gente que trataba de expresar algo, y que lo hacía con los medios que tenía, cada uno en su época. Además de los bisontes o las manos en negativo, esa cueva tenía el encanto que un lugar tan milenario y especial puede tener. Sus trece grados, su humedad, esa oscuridad a la que sorprendentemente te acostumbras, hasta el punto de que luego te molesta el sol. Esas piedras frías que han visto tanto, que han conocido tanto… Los colores y matices que la filtración de la lluvia dejó entre sus galerías… Es una maravilla poder viajar al pasado así, admirar como una gente que quizás no era tan diferente a nosotros, quiso dejar su impronta para la posteridad.

MI CORAZÓN CÁNTABRO

Siempre comento que tengo una familia muy reducida, y la verdad es que miento. Suelo referirme a mi familia de forma muy estricta, mi madre y mi hermano, la gente con la que vivo, y con la que convivo, que es mucho más intenso lo segundo que lo primero. Pero atendiendo a la parte materna, que es la interesante y con la que mantengo contacto, habría que tener en cuenta que mi abuelo eran unos catorce hermanos, mientras que mi abuela eran ocho. Esto le deja a mi madre un legado de más de cincuenta primos entre unos y otros. De tantos primos, yo conoceré a la mitad. Muchos viven en Sevilla, una gran mayoría en Lora del Río, y el resto repartidos por Cataluña y quien sabe donde más. Además, hay que contar con el factor edad, muchos se llevan con mi madre quince o veinte años, lo que hace que si los conoció en su infancia, apenas se acuerde. Dentro de este grupo estaba una prima de mí mismo nombre, del mismo nombre que mi madre, portadora en fin de un nombre muy significativo en mi familia materna en general. Esta prima conoció hace muchos años a un santanderino, y por cosas de la vida se afincó en aquellas tierras hace más de treinta años. Ha sido un descubrimiento para mí reencontrarme con esta parte de mi familia. Han sido almuerzos y cafés llenos de recuerdos, reconstruyendo un pasado extenso y variopinto, ha sido una grata sorpresa y una feliz coincidencia ver cómo a pesar de la distancia y el tiempo, nos parecemos tanto como gente que pertenece a una misma familia. Así bien, ahora he ganado cuatro primos segundos (creo que se llaman así), Pepe, Javi, Elena y como no podía ser menos, Mercedes. Todos conservan un marcado carácter andaluz, pese a haber hecho su vida en Cantabria, y vienen por estas tierras siempre que pueden.


Además, he descubierto el sitio donde me gustaría retirarme a escribir largas temporadas, que no es otro que la casa que mi familia reencontrada posee en el pueblecito de Hazas de Cesto. Una típica casa cántabra del siglo XVI que entre la prima de mi madre y su marido, han reconstruido con sumo gusto y encanto. Y no solo me gusta porque en lo que antes era una porquera y un gallinero ahora se encuentre un salón maravilloso, o porque en la buhardilla tengan el cuarto de juegos que cualquier niña habría deseado… ¡es que tienen su propio bosque y su propio río! Un bosque con hortensias,encinas,tejos y eucaliptos, un bosque con huertecito donde de vez en cuando se cuelan jabalíes y ciervos.Incluso árboles con guindas para hacer nuestro propio pacharán.

Su casa de Santander también es una maravilla, y está en un sitio estupendo. Allí me acordé mucho de mi amigo Du Guesclin, cuando ví el dormitorio de matrimonio, que es el mismo que tenían cuando vivían en Lora, pero lo interesante para el General llegó cuando me dijeron que todo estaba hecho con maderas del desaparecido palacio de los Sánchez-Dalp.
Saber que ahora tendría quien me esperara si vuelvo por aquellos lares, hace que además de familia, un trocito de mi corazón se quede en Cantabria.
Por otro lado, poseo una gran familia adquirida. Amigos y personas que de tan cercanos se integran como si fueran tíos o primos. En esto se encuentran mis padrinos. Él posee un apellido que en el Valle de Liébana es de sobra conocido, Bustamante. Su padre, como muchos montañeses, recaló en Sevilla e hizo su vida aquí. Pero siempre conservaba un recuerdo para su tierra, Potes. Los prados, la Virgen de Valmayor, su plaza porticada… Y así, atraídos por la curiosidad que sentíamos por este pueblo lebaniego, llegamos a Potes, para disfrutar de sus calles empedradas, su orujo, y aunque yo no lo hice, hubo quien disfrutó de un cocido que de haber seguido comiendo hasta ver el fondo de la olla, habrían acabado como el célebre chiste de ese artista barroco del humor sevillano que era Paco Gandía.
Lo dicho, siempre que se viaja se queda un trozo de nuestro corazón en el sitio que nos enamora. Yo, con más motivo por lo sentimental que me pongo a veces cuando las cosas conciernen a gente que quiero, he dejado un enorme pedazo por toda aquella comunidad.


Llegados a este punto reparo en que la entrada es extensísima, por lo que en unos días colgaré una segunda parte, que no sé si será la última.

Fotos: Algunas son de Diego Ternero, otras de Mercedes Serrato, y otras de Mercedes Calero con la cámara de Mercedes Serrato, en fin, un batiburrillo.
Y en la cueva evidentemente no se podían hacer fotos, son del catálogo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Carta de un regreso


Queridísimos todos:

Hace mucho que tengo abandonado este blog y los vuestros, y no es intencionado. Sufrí un apagón informático, se estropeó el portátil, y ese sobremesa que daba su apaño de vez en cuando se fundió… Ya el portátil ha vuelto, y al sobremesa le auguran buenos tiempos si me prestan un disquito… En fin, a todo esto hay que sumarle que al poco de este abandono que sufrí de elementos tecnológicos partimos hacia el Norte con parada en el Levante.
El común amigo de muchos de los que pasan por aquí, Miguel Andréu, siempre anda diciendo que está deseando hacer el viaje al que vayan dos y vuelvan tres, y no le faltan motivos para desear esto, claro… Nosotros hemos hecho a la inversa, fuimos tres y volvemos dos, o técnicamente volvimos tres partiendo cuatro pero bueno…
Vengo encantada de Cantabria, por muchos y diferentes motivos. Lo malo es que quería llevarme el portátil porque sabía que me ocurriría lo que ahora me sucede… Temo olvidarlo todo, tengo miedo de olvidar lo interesante, de que se me borre información de mi pobre cabecita. He aprendido mucho, de arte, de naturaleza o la vida en general, incluso he aprendido cosas que ignoraba pues como decía mi madre al poner en mi mano una fruta verde y redonda, soy una “cateta de ciudad” y creí que aquello podía ser una extraña pera, y resultó que era algo que me encanta… nueces.






Una vez que lo verde se va, se ponen negras, y luego ya adquieren el aspecto de nueces mundanas, como podéis ver arriba. Y un consejo si alguien es tan cateto como yo, no intentéis quitar lo verde sobre todo con las manos directamente como hice yo, clavando las uñas… Me las puse negras y los dedos amarillos como si fumara dos paquetes al día, vamos, un desastre…

También he aprendido de mí, como siempre ocurre en los viajes, e incluso a nivel familiar he crecido, pero ya os lo contaré más adelante. Tengo que asentarme, reorganizar ideas, fotos…
De momento tengo un disco de la Banda de Gaitas Cantabria que ayuda al recuerdo y unos cuantos quesos que “perfuman” la casa, así que espero que estos elementos contribuyan al aterrizaje.

Comenté que este año quería haber viajado a Berlín, pero aunque no pudo ser, tengo un pedacito de aquello que me han traído.



Y además he sumado un concierto más de Sabina a mi kilometraje, que tanto el flaco como yo vamos cumpliendo años…

Y entre todo este suceder de cosas, prometo que voy a intentar ponerme al día en mi blog y sobre todo en los vuestros, sólo necesito un poquito de tiempo.

Nos leemos pronto

lunes, 23 de agosto de 2010

La excepción que confirma la regla


Odio los Martes, todos, no sólo los que tienen el 13 como compañía, sin excepción no me gustan y no son días en los que me pasen cosas especialmente buenas, y esos hechos son fatales para una supersticiosa como yo, pues me dan la razón, y aumentan mi creencia, alimentan mis manías.
En parte creo que no todo lo estrictamente genético se hereda, o es otra casualidad de esas en las que no creo, pues mi madre dice que su padre, mi abuelo, era otro odiador de los Martes como yo. Y conste que ni llegamos a conocernos en esta vida, no pudo decirme nada o predisponerme, pero parece que en cierto modo adquirí esa fobia contra un día dedicado al dios de la guerra.

Sin embargo el martes pasado fue diferente, me han dado una de las mejores noticias de los últimos tiempos.
Desde hace ya muchos puñados de semanas, he empezado un cambio horizontal en ciertos aspectos de mi vida. Rehúso medias tintas, llamo a las cosas por su nombre, pienso en mí, no he dejado de pensar en los demás pero pienso en mí, que no es poco. Esta actitud es buena y mala. Es una purga mental, una limpieza del espíritu, y como en todo, hay quien se toma bien tu cambio y se alegra por ti, y hay quien no lo entiende y se lo toma peor. Pienso mucho en la amistad últimamente, como concepto completo y global, como concepto parcial… Pienso en mí, en los años, en la gente, en el círculo psicoafectivo y el compromiso o la implicación, que son conceptos ligados y que a menudo se olvidan. No me arrepiento de mi cambio ni de las vueltas que ahora le doy a todo. Como sigo siendo igual de supersticiosa que cuando empecé a escribir este post, entiendo esto como algo bidireccional, las señales malas traen malas cosas, y las buenas señales auguran cosas geniales.
Y tras tanto darle vueltas en estos días a tantas cosas y sentimientos amaneció un martes extraño, nada caluroso, gris, que anunciaba lluvia y que estalló en truenos a media tarde. El agua caía como una manta refrescante que lo limpiaba todo, que se llevaba lo malo. El perfume de la tierra mojada invadía el salón de casa mientras yo sonreía y quería seguir riéndome de las bromas y guiños del destino, de las paradojas de la vida y de las casualidades en las que no creo. Resultó que ese amigo del que ya os hablé, al que hace tanto que no veo, se viene un año al Sur, se viene muy cerca, mucho más cerca de lo que él creía. Antonio Gala lo requiere para su Fundación, y allí, entre otros compañeros estará con ese otro amigo del que ya os hablé en otra ocasión, y del que alguna vez robé una imagen para ilustrar entradas, sentimientos y sueños. Y todo eso en un día de lluvia, con lo que yo la amo
La amistad es curiosa, más fuerte de lo que muchos creen. Los giros del azar son impredecibles, y a mí todo esto me parece una confirmación de que no me he equivocado en lo que pienso.

A veces las señales son tan complicadas como la de la foto, a veces es cuestión de saber interpretar, y a veces se trata de equivocarse en la interpretación; y a veces, sólo algunas veces, existen excepciones, y los Martes dejan de ser Martes, y tus supersticiones son tonterías ancestrales.

sábado, 14 de agosto de 2010

Gibraltar


Este es el verano de apretarse el cinturón, es el verano previo a muchas cosas buenas, a muchos cambios, seguramente que será un verano recordado en el futuro, quien sabe si no es el último verano sin cadenas estudiantiles en un tiempo, y también es el verano en que no conocí ni Berlín, ni Praga, ni Irlanda, ni ninguno de esos sitios que recorro en sueños o guías virtuales… En parte por lo primero que referí, en parte porque también hay que conocer España, toca Santander, porque no niego que a veces me invade una vergüenza extraña cuando pienso que por ejemplo conozco la Piazza dei Cavalieri, en Pisa, y hay mucho del territorio nacional que se me escapa… Es el verano en que no puse los pies en el extranjero, aunque debería decir, era, porque al final, de un modo algo extraño, sí que hay escapada a otro territorio.
La cosa es que veinte años no se cumplen todos los días, aunque a mí ya me vayan quedando lejos, pero mi hermano los andaba estrenando. Dice que la idea se le ocurrió al pensar que el año pasado alcanzó los diecinueve paseando por el Barrio Rojo de Ámsterdam, matizo que sólo paseamos, y que este año, de un modo u otro, también quería que estuviéramos fuera el doce de Agosto. Así que nada, por la mañana, mirando el sol que entraba por el techo del coche, pusimos rumbo a Gibraltar, que aunque muchos digan que es español, debería matizar eso, aún a riesgo de enfangarme en temas de nacionalismos que me tienen pelín cansada… Yo creo que se sienten británicos y andaluces, o esa es mi impresión. De todas formas, España cedió ese territorio a los hijos de la Gran Bretaña, con presión, pero los cedió…

Ya habíamos estado en el Peñón, pero hacía tantos años que no recordaba lo curioso del lugar. Llego a ponerme pesada, pero sin duda, lo mejor es el habla de los habitantes. Que un policía inglés, uniformado como tal, en la frontera te diga: “Er DNI zeñorita” es impresionante, sobre todo porque al segundo están hablando fluidamente en inglés, o en la mezcla de los dos que es mucho mejor. Expresiones como la de un amigo que se encuentra a otro y le dice: “Hi! ¿qué estás de hollydays?” son adorables, o conductores de autobús que hablan gaditano pero tienen que esforzarse en calcular el precio en euros de las cosas. De hecho, esto de los carteles en inglés, los precios en Libras, oír parla luterana, hacían que tuviera el impulso de hablar yo también en esa lengua, pero era tan absurdo, cuando todo el mundo podía entenderme en mi sevillano moderado…

Gibraltar posee grandes encantos para una familia como la mía, el gusto del alcohol en sus variantes más preciadas, el que se bebe y el que te perfuma, ambos a precio razonable. También la gente aprovecha para llevarse tabaco, pero nosotros somos otra clase de viciosos; viciosos de esos que respetan escrupulosamente la cantidad de determinados productos que pueden pasar la frontera, y que luego se arrepienten de sólo llevar ginebra y algunos perfumes, cuando ni nos registraron ni nada…

También me resultó interesante que allí se encontrara el cementerio de los caídos en Trafalgar, caídos del lado inglés claro, que fueron enterrados cerca de donde nos ganaron, pero nosotros nos llevamos por delante al mítico Nelson.

Subir al Peñón para ver a los furiosos monos, los túneles que sirvieron de refugio en la Segunda Guerra Mundial, cuando Franco quiso aprovechar la cercanía para apuntarse un tanto, o el monumento a Hércules que recuerda como este separó Europa de África para dar paso al Atlántico, tendrán que esperar a otra visita. No disponíamos del tiempo suficiente para disfrutar de todo aquello. Por otro lado, si que llegamos a Punta Europa, un nombre muy obvio para ese lugar donde los griegos acuñaron lo del “Non plus ultra”. El viento daba vueltas agitado, revolviendo el mar, la arena, nuestro pelo… Volví a pensar que cerca está África, casi parece que la alcanzas con la mano. Que cerca y que lejos, que sueño más inalcanzable para algunos, que costoso, que duro…

Las pintas de cerveza, los cañones, los incontables peluches de monos, su propia moneda, hacen de aquello un lugar peculiar. Que sigan teniendo un Mark Spencer, los muffins, las galletas, convierten a ese sitio en una fusión perfecta entre dos ciudades que me encantan; Cádiz y Londres.
Me paso el día bromeando con que quiero pedir una Erasmus a Gibraltar, mejoraría mi inglés, estaría cerca de casa… tendría lo mejor de cada cosa…


Volvía como me fui, con la canción de “Los mártires del compás” dándome vueltas dentro de mi cabeza: al lado un bocado de Londres, enfrente África, Algeciras que se esconde, La Línea que viene y va…






viernes, 6 de agosto de 2010

MSC


Ayer me acordé de ella, buscando a otra persona en la agenda del móvil caí en la cuenta. No sé si soy tan tonta y nunca me había percatado de ese pequeño detalle, no sé si después de un curso pasando lista y poniendo nuestros nombres en portadas de trabajos, no me había dado cuenta de que ella y yo tenemos las mismas iniciales, MSC. Total, una chorrada como cualquier otra, una de tantas tonterías mías que quedan en la intimidad del diario y la cotidianidad. Pero al acordarme de ella me di cuenta de que la echo de menos. No sé si la extraño a ella concretamente, o a lo que representa, o a como es… Mi hippy trasnochada, mi mejor amiga de treinta y tantos, mi compañera de banca, a la que hace ya demasiado que no veo…. Pensé en como estoy ahora, en la ociosidad excesiva que a veces lleva al cansancio injustificado, a la desgana… Le doy a todo demasiadas vueltas, me sobran horas para pensar, y ojo, en cierto modo pienso que las necesito pero por otra parte, quizás vaya a sobrepasar el límite…. Y con esta nimiedad de las iniciales me he acordado de ella, y he imaginado lo que me diría si desmenuzara ante ella todo lo que me ronda. Tal vez ni me haría falta decirle mucho, tres frases podrían bastarle para que comenzara a sonreír, me dijera que aún soy joven, me dijera su opinión, me contara una anécdota, o quizás alguna tontada que nada tuviera que ver para que yo relativizara todo… Acabaría mirándome, soltando alguna sentencia blanca de las suyas del tipo: “Ay, eres tan mayor, y a la vez tan pequeña” Y yo me reiría y haríamos la fotosíntesis en el banco más cercano, que no es algo que me guste especialmente, pero sí con ella, con ella me sienta bien.
A veces ve cualidades en mí que ni sabía que tenía, que nadie más ve. A veces creo que confía demasiado en mí, en mi capacidad de solucionarlo todo. A veces es capaz de pintar la realidad con unos trazos tan claros como nadie puede dibujarla, y le gusta llamar a las cosas por su nombre, aunque sea capaz de crear un mundo ideal y fantástico, a su medida, con sus propios colores.
Y me parece curioso haberme acordado tanto de la pintora poeta a la que imagino en su pueblo y el de Martínez Montañés, feliz con los suyos. Pero quien sabe, puede que la llame, o le escriba un correo, o un mensaje en alguna red social, para enseñarle la entrada y que se ría un rato, y puede que volvamos a tener una conversación breve de esas, de MSC a MSC.

martes, 3 de agosto de 2010

El límite de la tolerancia


Me da pena haber hecho lo que he hecho, pero sinceramente, no había necesidad y a fin de cuentas el blog es mío.

Creo que en los cerca de tres años que llevo de andanzas blogueras sólo he borrado dos comentarios, y porque su contenido, además de no tener nada que ver con el tema del que se trataba, excedía los límites de la educación y el saber estar que se supone, debe tener alguien a la hora de participar en algo así; y de todas formas, siempre expliqué el porqué de la eliminación, incluso más de una vez he tenido el impulso de borrar algunos más, pero no lo hice, me considero bastante tolerante y en ocasiones estiro el límite. Al fin y al cabo, lo mejor de un blog generalmente son los comentarios, y de todos se saca algo. Puede que por esto mismo me animé a poner un contador de reacciones, y lo hice del modo que muchos habrán visto, incluyendo tres opciones: Me gusta, Interesante y Patético. Evidentemente, todo el mundo es libre de pulsar la que quiera, la que más conveniente le resulte en base a lo leído. Y por supuesto, sabía que algún Patético me podía llevar, pero no me importaba, me gusta la crítica constructiva y argumentada, y pensé que me ayudaría esta calificación a escribir mejor, a saber lo que gusta y lo que no. Pero sinceramente, lo que no estoy dispuesta a tolerar es lo ocurrido, pues alguien, o más de una persona, lejos de contribuir, imagino que pretenden molestar o algo pues tienen el entretenimiento de entrar y clicar en “Patético” en todas las entradas de la página principal, casi a diario. El fallo en parte es mío, no era el mejor sistema pues evidentemente eso no es crítica constructiva, más bien parece otra cosa, no sé si una cuestión personal o aburrimiento puro y duro. No hay argumentación en un simple clic, pero creí que sería orientativo; sin embargo ha resultado que se trataba de una de esas cosas buenas, de las que el personal hace mal uso.
Siento si he mutilado el pasatiempo veraniego de alguna persona, pero a partir de ahora, las opiniones volverán a ser a la vieja usanza, con un comentario. De todas formas, a modo de consejo, quien considere tan patético este blog no tiene porqué pasarlo mal entrando aquí con esa frecuencia, puede dedicarse a otros menesteres, y si quiere bloguear en condiciones, en la columna de la derecha hay un puñado de sitios que podrían gustarle más que este.
Ya lo dije al comienzo, me da pena, pero hasta mi tolerancia tenía un límite.

sábado, 31 de julio de 2010

Toy Story 3



Los niños estaban locos por ver esta película, niños de veinte años o más, pero niños que eran más niños cuando se estrenó la primera, e incluso la segunda. Quizás ha merecido tener que esperar tanto tiempo para poder ver una secuela tan maravillosa y divertida como las anteriores. Se conservan intactas la frescura y el humor de Woody y sus amigos, incluso la ternura se mantiene; sobre todo al final de la película, antes de los geniales títulos de crédito, (canción de los Gipsy Kings incluida)… Y ya contamos con un cuarto de siglo en la espalda, pero te da por pensar qué fue de tus juguetes, recuerdas el destino que les diste, y puerilmente imaginas que tu decena de muñecas Barbies estarían bien, pues se las diste a tu prima, que sí jugaba con ellas, mientras tú, según decían, te estabas convirtiendo en una mujer, y preferías llenar tus estanterías con otras cosas.

Totalmente recomendable esta tercera entrega, y es que Toy Story, pertenece a ese selecto grupo de películas que desafían al refrán de “Segundas partes nunca fueron buenas”, y la tercera sigue en esa línea. Y es que es triste, no sigo para nada la saga de Crepúsculo, me costó mucho ver El Señor de los Anillos y lo hice más por casualidad que por interés, pero sin embargo, recomiendo que niños de todas las edades no se pierdan las aventuras de estos juguetes; eso sí, es recomendable que primero se les pongan a los niños más pequeños las dos primeras, que se estrenaron mucho antes de que la mayoría naciera, y así no se aburrirán, al contrario que los niños que había en mi sala, pues lo dije antes, los niños incondicionales que no pestañeábamos éramos los que teníamos ya la mayoría de edad sobrepasada.

miércoles, 21 de julio de 2010

El Moisés




Cuando Julio II encargó a Miguel Ángel su mausoleo se trataba de una composición magnánima, de más de cuarenta esculturas. De hecho, Miguel Ángel pasó más de medio año en Carrara, escogiendo enormes y magníficos bloques de mármol. Una obra sepulcral grandiosa, un edificio libre situado en el mayor templo de la cristiandad, de compleja iconografía, con relieves de bronce, todo coronado con el enorme sarcófago que albergaría los restos mortales del Santo Padre. Una obra escultórica y arquitectónica que habría asombrado al mundo.
Pero el “Papa Guerrero” dicen que convencido por Bramante, el arquitecto de San Pedro poseído por la envidia, cambió de parecer y dedicó sus esfuerzos y sus fondos a la remodelación de San Pedro, se desveló con la Basílica y desterró su mausoleo a San Pietro in Vincoli. Cuentan que Miguel Ángel se sintió traicionado y aunque como desagravio le encargaron pintar la Capilla Sixtina, nunca se repuso de aquél episodio. Su proyecto, aquél que se podía haber convertido en el cénit de su carrera, fue considerado por el artista como el fracaso de su vida. De hecho, el fracaso se ligó con la obsesión, y desde 1505 hasta 1542 Miguel ángel fraguó seis proyectos diferentes. Cada uno de ellos era más reducido que el anterior, cada concepción simplificaba más aún el monumento funerario de Julio II, pues los sucesores de este renovaban el contrato cada vez con fondos más escasos.


Quizás, en un primer golpe de vista, lo que capta la atención de quien entra en San Pietro in Vincoli sea esa hilera de columnas que pertenecieron a Pilato. Al fondo, a la derecha puede verse una estructura de dos pisos donde descansa Julio II; y ahí está él, el Moisés de Miguel Ángel.
Su faz marmórea rebosa expresividad. Conserva en su cerviz la grandeza de quien lideró al pueblo elegido contra los Egipcios y los condujo a través del desierto. En su rostro se contiene rabia, cierta ira, pero también una expresión resignada, el intento de dominarse a sí mismo. Dicen que representa el momento en que Dios, tras darle las Tablas de la Ley, le anuncia que no verá la Tierra prometida. Otras teorías afirman que capta el instante en que ve a su pueblo adorando al becerro de oro. Sin embargo, hace poco leí que es un autorretrato, en cierto modo, del propio Miguel Ángel. Su frustración ante su mecenas, el dolor por sentirse menospreciado, la rabia que sintió al arrastrar durante años un encargo que nunca cumplió sus expectativas. Personalmente, habiendo visto su portentoso David, o la magnífica serenidad de su Piedad, yo siempre me he quedado con el Moisés, tal vez por su sencillez, por el delicado trabajo que entraña algo a simple vista sencillo. Tal vez, el artista florentino no imaginaría que la obra que para él era el recuerdo de un fracaso, para muchas personas, como yo, sería la síntesis de su arte.


A veces, como el propio Buonarrotti, nuestras expectativas son muy altas, demasiado altas. A veces, no cumplirlas nos decepciona y en cierto modo nos frustra. A veces, ni tan siquiera tenemos un Papa irascible como era Julio II, que llegó a atizar con un bastón a Miguel Ángel, a veces somos nosotros mismos los que nos damos bastonazos y no nos permitimos disfrutar de nuestros logros, pues no son tan buenos como creíamos que iban a serlo.


Esta entrada está dedicada a quien por mucho tiempo ha sido el profesor sin pretenderlo, de Historia del Arte de cierto sector de la blogosfera hispalense.
Espero que su reflexión veraniega no le lleve a cerrar su puesto de agua; espero que se convenza de que a pesar de no haber realizado el que podía haber sido el mayor monumento funerario del Renacimiento, sea capaz de valorar que sin cumplir todas sus expectativas, puede crear un Moisés elegante y bello, y un puesto de agua, que con más o menos frecuencia en su actualización, a muchos nos gusta visitar.

viernes, 9 de julio de 2010

Consejos veraniegos





El verano, tal vez por su naturaleza relajada o por la espiritual experiencia de la siesta, que se fomenta más que en otras épocas del año, es un periodo estupendo para la reflexión, la meditación, la conversación, la tertulia y ¿por qué no? La filosofía.
Mi hermano y yo, que nos retrotraemos en momentos del día a tiempos de la infancia ya pasados, en los que sólo hablas de chorradas cargadas de verdad, andábamos el otro día disertando sobre temas marítimos, más concretamente del baño playero, otro momento para mí de alto contenido disertativo. Atendiendo a la máxima de “al mar hay que tenerle respeto, no miedo” pues él y yo siempre fuimos de esos que dicen “hasta la boya y me vuelvo”, concluimos que todo se reduce a dos reglas básicas: No te bañes borracho, y es mejor estar donde no haces pie, pues nunca sabes que podrías pisar. Mucha gente no está de acuerdo con esto último…. ¡ay! ¡Que equivocados están! He comprobado en mis propias carnes cuanto de cierto hay en eso de no tocar fondo, y no fue queriendo; es decir, no es que por mi afán investigador y empírico dedique mis escasos y salteados días de playa a demostrar esa teoría. Lo recuerdo y me entran escalofríos… estando en animada conversación con mi madre dentro del mar, de pié, con ambos pies en el fondo, noté como algo mordía mi pie derecho… No me dolió, lo que fuera no tenía unos dientes muy allá pero… ¡Buaaaa! Lo dicho, escalofríos al recordarlo… Una sensación desagradable, un repeluco… Menos mal que ese amor que hay en mi familia por las playas semi-desiertas hizo que mis chillidos de histérica tampoco formaran el jaleo que podían haber causado en alguna que otra playa que se me viene a la mente…

Así que como cada uno aporta lo que sabe, este es mi consejo veraniego, el fondo del mar no es lo que parece…

jueves, 1 de julio de 2010

El cuarto


Le he dado muchas vueltas a cómo afrontar esta entrada por tercera vez… incluso pensé no poner nada. Este año parece que mi desgana al pasar la barrera del 1 de Julio aumentó… La edad, las manías, o simplemente que no es mi momento imagino que se han sumado este año que alcanzo el cuarto de siglo.
Quisiera que fuera cierto eso de que cada año se es más sabia y no más vieja, creo que ya lo dije alguna vez, pero es que cada vez siento que sé menos; o puede que últimamente esté aprendiendo tanto que el contraste es muy grande.

Siempre cumplí años cuando concluía el curso, y en cierto modo mi calendario se ajusta más a cursos que a años naturales. Esta nueva etapa traerá muchos cambios, nuevas aulas, nuevos compañeros, libros… e incluso al fin seré usuaria del metro sevillano, el cual aún ni he probado.
Espero al fin centrarme dentro de mi desorden natural, no olvidar como he llegado hasta aquí (aunque no esté muy lejos), renovar el DNI, que el hígado me acompañe, que las personas vayan, vengan y se queden, según sea mejor para ellas y para mí.

De todas formas, por poco que me guste esto, siempre me agrada seguir cumpliendo con vosotros.

El año pasado Ludwig me dijo que lo peor era a los veintiséis, cuando te das cuenta de que los treinta están cercanos… vaya tela como tenga razón….
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