viernes, 7 de febrero de 2014

Cigüeñas perdidas




  Cuentan que en el bolsillo del poeta que murió lejos del hogar, se encontró un papel doblado con este comienzo de poema: "Estos días azules y este sol de la infancia".
   Ya una vez comenté como  mi infancia transcurrió cerca del famoso huerto claro y el célebre limonero de don Antonio... Separados por los años y un  muro que aislaba el convento del palacio vecino y del mundo en general, me gusta pensar que su sol de la infancia era el mismo que el mío, ese que recorría lentamente la sombría calle Dueñas intentando alcanzar todos los recovecos con dificultad... Ese que incluso en verano acariciaba más que abrasaba, como si se volviera especialmente perezoso en esa calle de la ciudad inusualmente tranquila.
 Una  pena que no terminara ese poema... La edad o esta recta final que ante mí se abre, me están devolviendo con caprichosa frecuencia a ese remoto comienzo, a las cosas que añoro y que parece que pasaron hace un siglo, o dos... Y poniéndome algo tonta, me dá por pensar que  habría sido bello que hablara del incesante "tacatacatacatacatacatacatacatacatacataca"  de las cigüeñas que se alojaban temporalmente en la casa de los Alba, camino de África o a la vuelta de esta, nunca tuve claro el recorrido. Era un soniquete que no molestaba pero que invadía las largas horas de silencio en las aulas, ya que siendo unas niñas tan modositas como éramos ese tipo de horas se contaban a puñados.  Hace poco me he dado cuenta de que extrañaba esa insignificancia como extraño tantas otras nimiedades... La Olavide está tan lejos del huerto claro y el limonero como la Luna, y por allí parece que no acostumbran a detenerse aves trashumantes.
    Si a las semanas no muy buenas que llevo  se le suma lo poco que se prodiga el sol últimamente, todos esos recuerdos parecen más lejanos y lacerantes que nunca...  Puede que por eso mismo me alegre mucho ciertos martes de desandar algunos pasos para volver a ese rincón de la Puerta Carmona de donde en cierto modo vengo, para recordar quién soy y porqué lo soy... 
 Pero lo de volver tanto la vista atrás es peligroso, se tiende a idealizar lo remoto, se añora lo que ya no se va a tener y se pierde la perspectiva de buscar un nuevo Sol...
 Aunque, maldita sea, como dijo una vez Eres_mi_cruz merezco vivir en ese palacio, de verdad que me lo estoy ganando...  

6 comentarios:

Antonio Aranda Colubi dijo...

Escribes estas cosas en un día de tregua...mañana se espera la mundial. Sol para la vida. Sólo el que ama la lluvia disfruta con un día de sol de invierno en esta puñetera tierra...

Kisses
Antonio

La gata Roma dijo...

Joe Callejonero, que grande eres!!!!

Kiss

eres_mi_cruz dijo...

seguramente lo fuiste en otra vida, éso está claro...
tú tú tú, sí, tú...
...
...
...
cacho duquesa, que ere una cacho duquesa...

La gata Roma dijo...

Jajajjajajaja pero ¿que fui? ¿duquesa o cigüeña?

Kiss

Naranjito dijo...

!Anda! tu recuerdas las cigüeñas del Palacio de las Dueñas y mi mujer se despertaba con los maitines de las monjas del vecino convento de Santa Paula. Que cosas, yo recuerdo el jaleo de los gorriones en el patio de mi casa en el pueblo.
Un abrazo y un ronroneo del Quillo

La gata Roma dijo...

Jajajaja luego estudié en el Santa Luisa de Marillac, más cerca de Santa Paula aún... Esas mujeres de vida contemplativa, que dan para mucho.

Kiss y ración doble pal Killo

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