viernes, 31 de octubre de 2008

La bola de cera



Esta historia comienza en La Campana, tarde de Viernes Santo, tendría unos seis años. Acababa de comerme un sándwich de aquél paté tapa negra, más bueno que el pan. No sé quien sería, pero alguien me sugirió una utilidad para el papel de plata; aquella tarde comenzó mi bola de cera. Recuerdo que la primera cera que recibió fue roja, así que imagino que serían los nazarenos de La O los primeros en hacerme una aportación. Empezar una bola uno de los últimos días de Semana Santa es algo extraño, pero siempre he sido igual para todo, y la guardé con cariño hasta el año siguiente. Empezábamos el Domingo de Ramos y ya no nos separábamos en toda la semana. Si se me olvidaba era un drama, y siempre que se podía, se volvía a por ella. Rápidamente aprendí lo que deben aprender todos los niños, no pedir cera a las de negro, o alguna de las llamadas “serias”. También en alguna ocasión, trampeando un poco, intentaba aumentarla con las velas de cumpleaños; pero era muy mala, se caía y además, era un poco ridículo llevar una bola con cera rosa.
Los hermanos pequeños suelen heredar cosas de sus hermanos mayores; pero el mío heredó poco, ya que además de que es un varón, yo soy cinco años mayor, lo que complica el proceso. Pero entre las pocas cosas que heredó de mi, está la bola de cera. Él la anhelaba, porque era mucho mayor que la suya. Yo entré en esa edad en que las niñas comienzan a llevar bolso, que es todo un paso, y era ya mayor para llevar en mi bolso la bola, así que cedí el testigo. Y lo hizo mejor de lo que yo pensaba, no sólo dobló su tamaño, si no que la ha conservado hasta hoy. Yo la creía desaparecida, muerta, en cualquier lugar menos en el que estaba, en la habitación de enfrente.
La miro mientras escribo, y pienso que si la abriera por la mitad sería un corte estratigráfico de una importante parte de mi vida. Esa masa de cera sólida podría contar noches de Domingo de Ramos, viendo San Roque, muerta de sueño, pero siempre negando estar cansada. Contaría como permanecía en el bolso de mi madre mientras veíamos Veracruz, Pasión, la Mortaja en la Plaza de San Pedro. Hablaría del único día que no venía conmigo, los Martes Santo. Recordaría los generosos nazarenos de La Redención, los “No seas pesada Merceditas” de mis padres, y tantas cosas que se quedaron atrás, envueltas en el azahar e incienso de otro tiempo.
Puede parecer absurdo, pero en estos días fríos, en los que muchos vivimos una especie de “precuaresma”, a mi me ha hecho mucha ilusión encontrar mi bola de cera.

domingo, 26 de octubre de 2008

Manías de la edad



Como aquí ya he dicho muchas veces, no estoy de acuerdo con la edad cronológica, la que pone en el DNI, y la que realmente es parámetro universal, mal que me pese.
Yo debo de ser muy mayor, mucho más de lo que marca mi edad, porque vengo observando que en los últimos tiempos tengo menos aguante para ciertas cosas, o más manías, según se mire. Eso es lo triste, soy mayor para eso, creo que sólo para eso; me quedo con lo peor de “la edad”.
Mi último autodescubrimiento es que comienzan a molestarme tremendamente las frases hechas y de cortesía, entiéndase por ejemplo:
Adiós, y ten cuidado: ¿De qué? ¿de quién? Entiendo que la calle es una jungla pero no sé, ya estamos acostumbrados.
Ya nos llamamos: seguro… Yo te llamaré a ti tan rápido como tú a mi… .
Aquí tienes tu moka, que tengas un buen día: Gracias querido camarero de Starbucks, sé que te importa poco mi día, sé que casi te obligan por contrato a decirme esto, sé que nos podríamos ahorrar toda esta parafernalia…
Ya hablamos: ¿de qué? Llevamos hablando un rato, si te queda algo que decirme dilo ahora… Sería más correcto a mi entender “ya hablaremos”, y no deja de ser una obviedad en la mayoría de los casos, pero en fin.
Mejorando lo presente: lo presente, o sea, que si yo no estuviera aquí delante no mejoraba nada… que hipocresía ¿no?


Esto es una pequeña muestra, y no sé porqué ahora me ha dado por esta manía lingüística tan concreta… Debo decir en mi descarga que intento predicar con el ejemplo, y procuro evitar últimamente estos “formalismos” innecesarios, lo cual no quiere decir que lo haga siempre. A veces salen casi por defecto, están en el disco duro y saltan solos; y por supuesto, muchas veces lo digo de verdad; voy a llamarle, espero de verdad que todo le vaya bien, o debe tener cuidado porque no sé… va a ir de escalada.
Imagino que las cortesías, los convencionalismos sociales, o ciertos protocolos se nutren de cosas como estas. Tal vez me estoy convirtiendo en un ser antisocial, tal vez estoy rara en estos días porque son días raros, o simplemente, me hago vieja. Puede que me condenara cuando era muy joven, antes casi de que llegara lo que los psicodemagogos llaman la preadolescencia… En ese tiempo, uno de mis máximos placeres era ir el viernes al video club, que por cierto ¿cuántos quedarán? Alguno sobrevive, pero pocos. El caso es que fui devorando películas por rachas temáticas, y quizás, en la época de Woody Allen, condené mi existencia futura, y voy camino de ser carne de psicoanalista… O tal vez no, tal vez sea ese compendio de educación, cultura y sociedad. Todo ocurre sin que te des cuenta. Un día estás con tu madre y tus siete años en la sala de espera del Otorrinolaringólogo (me encantaba decir esto a esa edad porque sonaba a trabalenguas) y una señora mayor saca de su bolso negro (lo del negro es obvio e importante) un caramelo de la pasada Cabalgata de Reyes, y tu madre, con cierta musiquilla te pregunta eso de: ¿Qué se dice? Para que tu respondas un sentido y nada forzado: ¡Gracias! Y ojo, no estoy en contra, defiendo la educación, el respeto a los mayores y tantas otras cosas.. Sólo digo que por ahí se empieza, y que esto, sin tú saberlo te inculca que de mayor no pares de soltar cosas como las antes mencionadas.
Lo dicho, lo mismo debería dejar de hablar y escuchar unos días, a ver si me reprogramo. Tal vez simplemente tengo que apuntar todo esto para no olvidar nada cuando esté en el diván; o en el peor de los casos me voy deshaciendo de todo y acabaré siendo una versión femenina de House. Esto último suena tan terrible que empiezo a desear que sólo sea una racha o que no vaya a más y se quede en una manía como comerme los sándwiches por orden…

miércoles, 22 de octubre de 2008

26 de Octubre


Cuando J le enseña a los niños las fotos de su Harley suelen quedar alucinados ante esa preciosa moto. Aquella noche apenas había bebido. Para que su amiga no volviera sola a casa se ofreció a llevarla, no era muy lejos, a dos calles, pero estaba oscuro… Como era muy cerca y estaban en su pueblo no se puso el casco. Después de dejarla, volvía al pub dónde estaba con sus amigos. El conductor de aquél Land Rover no lo vio, y aunque no era mucha velocidad a la que circulaba, fue lo suficiente para lanzarlo por los aires y darse un mal golpe en la cabeza. Tras terminar su carrera, había hecho un master en UK, e iba a montar su propia empresa. Todo eso se truncó. Fue un milagro que despertara del coma, y fue mas milagroso aún que recuperase habilidades tales como andar o hablar. Su habla no es fluida, pero puede darse con un canto en los dientes. A pesar de todo, pagó un precio muy caro, con aquél golpe se fue su vida, se fue toda su infancia, una infancia que no paran de contarle, que él analiza en fotos y que por más que lo intenta, no logra recordar.
La historia de M no la conozco bien. Viene todas las mañanas un par de horas a rehabilitación. Está en silla de ruedas, tiene movilidad en uno de sus brazos, y andan haciendo esfuerzos para que recupere el habla. No he logrado saber quien es el chico que la trae todos los días, intuyo que es su hermano. La trata con cariño para suplir otra serie de problemas familiares que suelen darse cuando ocurren cosas de este tipo. Me conmueve como él la espera cada día. En los últimos tiempos usa un portátil con el que imagino que atiende obligaciones laborales o académicas. Se ve que son tiempos duros para él, pero se ilusiona con cada progreso, por pequeño que sea. El otro día M logró reconocerse a si misma en una foto de antes de su accidente, pero aún no reconoce a familiares o amigos.

El daño cerebral adquirido, ya sea por accidente, o por cualquier otra causa, es un golpe de efecto en la vida de una persona o en la de los que lo rodean. La mayoría suceden por accidentes de tráfico, y en un 99% de los casos, serían evitables. Por eso son importantes las charlas preventivas, dónde J enseña las fotos de su moto, y como es incapaz de recordar la ilusión que le hizo que los Reyes le trajeran aquella bici. Considero que es importante la misión de J, al igual que la de otros afectados o familiares que pueden dar testimonio y explicar en primera persona como te puede cambiar la vida por una tontería. M, y muchos otros, no han corrido la misma suerte, y pasan el día con unos profesionales entregados en cuerpo y alma a mejorar por poco que sea, su calidad de vida.
A veces me siento una intrusa entre ellos, otras me siento agradecida. Agradezco que me dejen participar de lo que hacen, de lo que consiguen. Lo más impresionante de todo, es que si descontamos el capital humano, esta gente no dispone de muchos recursos, pero gracias a Dios, esto no los ha frenado. También dan apoyo familiar, con voluntarios profesionales de la sanidad, que ayudan a los cuidadores. Ya lo he comentado antes, esto no sólo afecta a la persona, sino que suele trasformar su entorno. Generalmente, sus padres suelen separarse, muchos familiares caerán en depresiones, y tendrán que acostumbrarse a una nueva vida.
Todas las manos son pocas, y cualquier logro es un nuevo triunfo, y yo continúo asombrada de todo lo que estoy viviendo con ellos; viendo lo cerca que están estas cosas, aunque no lo creamos, aunque nos pensemos que todo esto les pasa a los demás, los otros…
El 26 de Octubre es el día del Daño Cerebral, para no olvidar lo cerca que está, y la ayuda que necesitan quienes ya lo padecen.

jueves, 16 de octubre de 2008

Señales de humo

En la calle llovía, llovía muchísimo; nosotras nos habíamos mojado, habíamos cantado bajo la lluvia, y yo me había pasado con el té verde árabe que su padre había traído de Marruecos; la bebida estaba algo amarga, como yo en aquellos días. A veces las personas somos amargas porque nos cansamos de sonreír, porque llevas muchas cosas dentro y se te acaban las poses y entonces, sólo puedes estar con ellos, con los que tú eres tú, y no necesitan la pose en la que a veces te conviertes. Tal vez por eso, y porque ella me conoce, sabía cuanto me iba a gustar el poema que había encontrado en un libro de bolsillo. Lo pillamos con una pinza de la ropa, para que no se perdiera, era antiglamouroso, pero eficaz al fin y al cabo. Una y otra vez, las letras de Benedetti me arañaban, me apuñalaban, se me quedaban dentro, a la vez que me reflejaban y dibujaban. Como me pasa siempre con los poemas que me conquistan, me vi en él. Vi a la que soy, a la que era o fui. La vi como si hubieran sido muchas, y otras, antes de que todas se unieran en una, conformando la que ahora soy. Es casi irónico el dibujo en el aire que hace el humo. Lo miras, lo haces con tu pose de “no pasó nada, no pasa nada”, y te estás engañando, y lo peor es que no te alivia hacerlo. Sólo puedes agarrarte a la última ironía del poeta, tu corazón de fuego, porque nada es nuevo y todo está inventado, y lo cantaban en una vieja zarzuela: por el humo se sabe dónde está el fuego.

SEÑALES DE HUMO

Cuando estás en el filo de lo oscuro
y le rindes honores desde tus huesos
Cuando el alma purísima del ocio
pide socorro al universo inútil
Cuando subes y bajas del dolor
mostrando cicatrices de hace tiempo
Cuando en tu ventanal está el otoño
aún no te despidas/todo es nada/
son señales de humo/apenas eso

Tu mirada de viaje o de desiertos
se vuelve un manantial indescifrable
y el silencio/tu miedo más valiente/
se va con los delfines de la noche
o con los pajaritos de la aurora/
de todo quedan huellas /pistas/trazas
muescas/indicios/signos/apariencias
pero no te preocupes/todo es nada
son señales de humo/apenas eso

No obstante en esas claves se condensa
una vieja dulzura atormentada
el vuelo de las hojas que pasaron
la nube que es de ámbar o algodón
el amor que carece de palabras
los barros del recuerdo/la lujuria/
o sea que los signos en el aire
son señales de humo/pero el humo
lleva consigo un corazón de fuego.
Mario Benedetti, Buzón de tiempo
Foto:Mauro A. Fuentes

lunes, 13 de octubre de 2008

Bombones, música militar y algunas cosas más



Noche de viernes, vuelvo a casa, el viento me empuja y me despeina; el cielo clarea, la lluvia está cerca, por eso llevo gabardina, entonces, pasando junto a un seto me tengo que parar… huele a Dama de Noche, como en mis veranos sanluqueños de la infancia. Huele a esa planta veraniega, y yo tengo la cara helada… No es caos, imagino que es el cambio climático.

El sábado Rajoy dice aquello de “Y mañana tengo el coñazo del desfile”. Manda un comunicado y rectifica. Yo no, a mi el desfile me parece un coñazo, casi subrayo esto con la canción que versionó Paco Ibáñez al castellano, y es que la música militar a mi tampoco me despierta.



La noche de ese sábado, encuentro en un escenario viejo y nuevo con Las dos Saras. Comparten con el público que las observa en su azotea su miedo a la muerte, al “que dirán”, al amor y el propio miedo al miedo…
Algo curioso de ir al teatro con mi querido Actorucho, es que luego puedes compartir alguna cerveza con las protagonistas, y conocer algunos entresijos de la obra. Después, vino, manjares blancos, fotos con las fotos de la Avenida; así de redundante y de barroco, como la modelo que luce unos pendientes de La Macarena…
Más tarde, a descubrir que la Utopía se construye de Coronitas, de recuerdos, de las correrías de Kike, de que Miguel se hace mayor, de Evaristo, el rey de la baraja…


Llegó ese cruel día, nos tenemos que separar… Y ahora cariño ¿Qué hago yo sin ti? Apareció aquél día que fue fiesta en Barcelona, en Jerez y en mi casa. Tal vez hoy en día no es la caja mas sofisticada, pero es una apuesta segura. Me encanta el chocolate, y los bombones aportan la variedad. Me he comido dos o tres cada día, para endulzar esos días rojos, o grises, o marrones, e incluso los carentes de cromatismo; pero todo tiene un fin, al menos fue bonito mientras duró.

martes, 7 de octubre de 2008

La otra, otra noche


¿Qué te cuente lo que hicimos la otra noche? ¿cuál otra? Si es la otra ya hace tiempo, pero bueno, nada del otro mundo. Nos fuimos a cenar Sur, Coko y yo. Descubrimos un sitio nuevo, una abacería en pleno Torneo, vamos el sitio no sé el tiempo que llevará ahí, nuevo era para nosotros, y para el camarero. El tipejo tenía acento aragonés o algo así, y sería su primer día o yo no sé que pasaba porque pedir no fue difícil, pero fue complicado que nos lo trajeran. Bueno, tampoco fue exactamente así, nos trajeron muchas cosas, pero ninguna la habíamos pedido. Estuvimos más de media hora fuera, sentados en la terraza, y como el otoño ha llegado, que no es que lo diga la valla publicitaria de El Corte Inglés, no, que vino de verdad y hacía un frío tremendo, pero claro, Coko no hace caso a las vallas de publicidad así que nos cambiamos de mesa y nos metimos dentro, porque la hipotermia no era descartable. Y ojo, dudamos mucho en entrar, porque el chico ya nos había traído dos cosas, una era para María, que si estaba bien, aunque sin cubiertos, y luego a Jesús le trajeron algo que no era; y eso que el chico nos había preguntado por segunda vez, porque no entendía lo que tenía apuntado. A mi me recordó a ese capítulo de 7 Vidas cuando Paco (Javier Cámara) hace de camarero, y pone un café con limón, un tinto con leche fría, o algo así; y decía aquello de “¿Sabes lo difícil que es apuntar todo de pié en una libreta así de pequeña?”. Y ya te digo, nos pensamos si cambiarnos porque lo mismo el camarero se hacia mas lío aún, pero finalmente decidimos correr ese riesgo. Le avisamos del cambio, por si no se había dado cuenta, y él de paso nos preguntó que si un pan con jamón y salmorejo era nuestro; “no, lo pidió la mesa de al lado”. Una vez dentro, a Coko le traen su comida, a Sur sus cubiertos y a mi una cosa que no era. Nos damos cuenta de que al lado, en la mesa de mi izquierda, tenemos un autóctono grupo de machos ibéricos, que han salido a celebrar algo; a fecha de hoy sigo desconociendo qué. Acompañan su celebración con gritos simiescos, canciones (la Macarena incluida, y no hablo de la de Cebrián), palmas y arengas varias. Me traen algo, y no, sigue sin ser lo que he pedido; la cosa ya es algo tipo “antes de que cante el gallo, me negarás tres veces…” Coko me cuenta una historia surreal de una amiga, amores por Internet y cosas que se me escapan al entendimiento. ¡Me traen lo mío! En ese momento le recordamos al camarero que al principio le pedimos algo para compartir, un queso de cabra a la plancha, que en fin, ya nos habíamos resignado a que fuera el postre. María se levanta a por un cuchillo y vuelve asombrada; “¿Sabéis que tienen un ordenador para controlar las mesas?” No puedo dejar de reírme, con toda la que tienen formada y resulta que hay hasta despliegue informático de por medio… Traen el queso, que pese a todo esta buenísimo, pero generalmente, no sé porqué, nunca hay tortitas de pan suficientes para untar… Estamos en estas, cuando los machos de la mesa de al lado están acabando una actuación a lo Mayumaná pero en cutre, y de pronto, unas pavas de la mesa de al lado (a mi derecha) comienzan a entonar el cumpleaños feliz… Blanco y en botella, los de la celebración se levantan, y las chicas hacen lo mismo. Como nuestra posición es mas estratégica que la de Gibraltar, en cuestión de segundos nos vemos dentro de la movida, con cara de estúpidos y comiendo queso… En fin, al final conseguimos salir de aquél sitio. Dejamos a las pavas y los machos haciéndose fotos; imagino que fue el comienzo de una hermosa amistad; había condicionantes alcohólicos suficientes para ello.
Llegó Silvia, y nos fuimos a tomar té, bueno, sólo Sur y yo, que somos las que bebemos té. Algo en la carta llamó nuestra atención “Tetera familiar”; y aunque Coko y Silvia piden otra cosa, nos tiramos a la piscina. Aquello habría sido como para seis personas, nos bebimos de ocho a diez vasos cada una… Casi morimos en el intento, pero ya era amor propio.
Pero bueno, lo pasamos bien, tanto por exceso como por defecto…
Y por cierto ¿quién eres tú que me preguntaste esto?

domingo, 5 de octubre de 2008

Y entonces me encontré…

Sur estaba aparcada de mala manera en Plaza de Cuba, mientras Dani (con su súper cámara) y yo (con un falso aire afrancesado y cuatro folios en blanco) corríamos por el Puente de San Telmo. De pronto, en seco, nos quedamos parados delante de ella. Allí estaba, en medio del puente. No sabíamos como había llegado allí, de dónde había salido, ¿porque nadie la había cogido?… Sevillanos, turistas, animales, taxis, autobuses… todos pasaban junto a ella aquél día de Junio, ignorándola. Tras reírnos y hacerle algún retratillo, volvimos a nuestro frenetismo fotográfico, el que nos había llevado a recorrer la ciudad captando el filo de la historia desde mi falso aspecto de hija de emigrantes. Ahora, siempre que paso por el puente, miro al sitio, a ver si sigue la mesita, pero ya no está, ¿Qué habrá sido de ella? Lo ignoro, aunque espero que esté bien.




En la calle Tetuán había una bulla sevillana de esas de manual; pero llegando a La Campana, el revuelo era aún mayor, gente, sirenas y de fondo un extraño ruido, era… ¿agua? No podía ser agua, allí no hay fuentes, allí... ¡Allí había un geíser! No me lo podía creer.
“¿Me dejáis pasar?” La camarera de la confitería del mismo nombre que la plaza llevaba una bandeja llena de pasteles, tazas… Se ve que a ella aquél tremendo caño de agua le importaba poco, como a los que estaban merendando; mientras, los que si nos asombrábamos hacíamos fotos. Mas tarde, los individuos de la bulla se preguntaban entre ellos lo mismo una y otra vez: “qué, ¿has visto el chorro?”






Me lo dijo hace unos días, y ha saldado rápido su deuda. Dama me ha regalado algunas fotos de los rincones del Coliseo Verdiblanco, dónde tengo un alter ego felino. Imagino que la gata se lo pasará genial los días de partido, aunque si los resultados mejoraran se lo pasaría mejor… Mil gracias a Reyes por este detalle.






Fotos: Mesita: Daniel Franca; Gata Bética: Dama de Sevillano Nombre

jueves, 2 de octubre de 2008

Respeto y memoria… a secas


Hace unas semanas, el General Du Guesclin me comentaba que había muerto el perro de una amiga, y que entre incineración y demás cuestiones, esta se había gastado unos 60 euros. Servidora no tiene perro, pero entiendo que para mucha gente no es solo una mascota, es algo más, y por eso es normal que se hagan esos desembolsos. Pero el General iba más allá, haciéndome pensar lo curioso del ser humano, los “pliegues de su moral”, su conciencia, escala de valores o lo que algunos llaman el relativismo moral. Mucha gente puede respetar e incluso sentir profundamente la muerte de un canino, pero pondrán el grito en el cielo si uno de sus congéneres, un ser humano igual que él, pide algo tan simple como saber dónde esta el cadáver de su abuelo, y en el mejor de los casos, poderlo enterrar de forma digna.
Tal vez es que soy de letras, y por eso los números causan en mí un gran asombro. Por ejemplo, es interesante el número 12.000; que así en frío no es nada, pero es la cifra aproximada de los represaliados de la Guerra Civil y Primer Franquismo que se encuentran enterrados en Sevilla y provincia. Podría afinar con otro número, el 11.678, que son los desaparecidos con nombres y apellidos. Están repartidos en 168 enterramientos comunes. Estos solían llevarse a cabo en las tapias de los cementerios, y con el lógico crecimiento de los mismos, muchos han llegado a formar parte de los camposantos. En otros casos, las fosas se encuentran en descampados o cunetas, aunque esto no se da tanto en Andalucía; si bien es más común en zonas de la España Central y del Norte. Las dos primeras cifras son ridículas si las comparamos con 32, que es el número de exhumados de dichos enterramientos. Y es que en mi opinión esto es memoria a secas, es la justicia y el derecho mas básico que se le puede dar a alguien, y por eso me parece tan cruel negárselo.
Quienes están en contra de esta “recuperación”, a veces alegan que ya ha pasado mucho tiempo. Esto es cierto, a la vez que duro. Desde luego esto tendría que haberse hecho mucho antes, pero en la España del “Vuelva usted mañana” que acuñó Larra, no es raro encontrar estas demoras atropellantes. Si pretendemos cerrar heridas, primero habría que hacer que dejen de sangrar, y que tanta gente deje de estar sepultada en un trozo de tierra anónima, en la mayoría de casos, lejos de su tierra.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Plateriyo bebía Kaskol


Llegar tarde puede ser elegante, me gustaría creérmelo porque el don de la puntualidad no me acompaña, claro que lo mismo es cuestión de llegar tarde con elegancia. Pero no hay que engañarse, el elegante es Juan, que estaba allí a tiempo, a su hora, como debe ser. Y no estaba sólo... Imagino que como mi mente perversa casi le amenaza con aquello de que su marido era algo así como la madre del de Psicosis, vino a demostrarme que existía.
Empiezan a llegar, nos agrupamos como los átomos ¿Cómo se llama la unidad que forma un grupo de átomos? No lo sé, la ciencia tampoco es un don… No importa, Alfonso X el Sabio nos acoge, a él le da igual la física ¿atómica? Por lo que he visto, el de la toga no me perdonó que no me levantara, pero él desconoce cortesías o caballerosidades de los tiempos del rey Sabio. Como en aquellos tiempos, alguien aparca el caballo en la puerta, y entra desarmado a la taberna.
El señor Andréu me lanza el guante, yo lo recojo, casi sonrío, me place el lance la verdad, pero le sentencio algo: “Si yo escribiera como a veces me gustaría, nadie me entendería, ni tú”, Y es que él anda en una nueva empresa, de esas que le gustan al abuelo batallitas. Está empeñado en demostrar la existencia del Kaskol. Por lo visto, cerca de su casa de la infancia, en la calle Sol, no habría bares, e iban a tomar pepitos a un bar en Los Palacios. Tomaban pepitos porque el señor Andréu es de ese tiempo en que a los montaditos se les llamaba así, y por lo visto se tomaban con Kaskol, al menos en aquel feudo independiente… Se compromete delante de todos, jura por su honor de caballero que escribirá a Kas, dónde le remitirán pruebas fehacientes y palpables de que tal mejunje existió en algún lugar mas allá de su imaginación. Pero entonces recordamos a Plateriyo, esa mascota, que también afirma que existió, y que absolutamente nadie recuerda. Fusiono ambos delirios de su mente con esa otra sentencia: “Plateriyo bebía Kaskol” Me divierto un rato pensando como aquel burrito podía beber semejante refresco imaginario con aquellas pezuñas que tan poco ayudan a la motricidad fina de cualquier individuo… Él me reta a esto, a hacer una entrada surreal con esto como título; pero ya lo he dicho, recojo el guante, me place la idea.
Tras una larguísima caminata de un metro, cambiamos la ubicación, las sillas y el caldo. Es una pena que no tengan zumo de naranja, ya no natural, sino de bote… Me conformo con un destornillador de refresco, menos mal que andaba largo de licor ruso… Terribles momentos fotográficos, nadie está contento, no acabamos de salir bien, las mejores fotos son las mentales, como las que debí hacerle al suelo años cuarenta, o al papel pintado de las paredes del baño que tanto le gustó a Indi. Mi idea de la fotografía conceptual no es entendida por algún ególatra, que me trata a mí de ídem. Pero Juan si lo entiende. Siguen las fotos, esta vez nos la hacen los del pub, nos dicen dónde encontrarlas en la red de redes, porque las colgarán; a lo que el actor, que hace un rato se hizo amigo de la dueña le dice con la rotundidad del propio Marlon Brando: “Tú no sabes lo que tienes aquí sentado”.
Ya son ciertas horas, aunque para mí nunca es la de irme, pero la mayoría impera. Hemos bebido, hemos arreglado el mundo, o parte de él, hemos sentado bases para organizar excursiones, hemos brindado por el juez, algunos han comido tarta, y podríamos haber hecho una pequeña construcción con las latitas de la máquina de misceláneas que acompañan al alcohol. Por hoy no ha estado mal. Las riñoneras de esa marca de ron, a la que no voy a hacer publicidad porque al final no nos regalaron nada los de Legendario, brillaron por su ausencia, pero no todo podía salirnos bien…
A un coche alemán, que no es un Mercedes se suben tres de estas; si tenemos un accidente sería un parte curioso. Comenzamos el reparto, y lo acabamos dejando al de la maza, que deberá volver a sus clases en el cole de jueces. Sé que no me lo va a perdonar, pero aquí le dejo lo que debería ser su himno personal en su carrera judicial, la banda sonora de este curso al menos… A mí de pequeña me encantaba y me parece un referente.
Después, entre raperos y sampleos, se acaba tornando al hogar.
Ya en horizontal, con el antifaz, dispuesta a encontrar a Morfeo y caer a sus pies de manera entregada, recuerdo una de las sentencias, que han sido varias, y por gente destogada, pero sentencias al fin y al cabo: “Si yo escribiera como a veces me gustaría, nadie me entendería”. Tal vez debería hacerlo, de forma mas radical que ahora, y que nadie me entienda, o solo algunos, y mandarte mensajes cifrados a ti, y a ti, y a ti no, porque lo mismo los entiendes, o no… Al fin me quedaría con la frase que Diana escribió para que Teodoro la leyera en El perro del hortelano: “Entiéndame quien pueda, yo me entiendo”. Rondando en estas cosas se me pierde el recuerdo, tal vez Morfeo me agarró de la mano para que dejara de desvariar… Lo mismo sólo es que al final hay que cruzar la frontera a ese otro mundo, dónde miles de burritos blancos, inspirados en Juan Ramón Jiménez, brindan con Kaskol.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Premio y Premio esfuerzo personal

PREMIO


A todos nos encantan los blogs, donde en la mayoría de ellos sus objetivos son mostrar las maravillas y hacer amistades; hay personas que no se interesan cuando les damos un premio y de esta manera contribuyen a cortar esos lazos. ¿Queremos que se corten o que se propaguen? Entonces, tratemos de prestar más atención a ellos. Así que este premio debemos entregarlo a ocho bloggers que a su vez deben hacer lo mismo y poner este texto.


Desde tierras catalanas, del Principio de incertidumbre de Sergio, me ha llegado este premio que como no tiene un nombre concreto le he puesto Premio a secas. Como hago siempre, he colgado el premio, he expuesto las reglas pero, en esta ocasión no lo voy a repartir, o si, en realidad este premio es para todos; para los que me visitan mucho, para los que me visitan menos, los que comentan, los que no.. Todos y cada uno me ayudan a que el caos no se apague. Espero que me comprendáis, sobre todo Sergio, al que le agradezco de corazón que se acordara de mi, pero las reglas estan para saltárselas, y hoy se ha dado así. Además, este mismo premio lo tengo por dos veces con otros nombres, así que ya sería muy reiterativo.


PREMIO ESFUERZO PERSONAL


El otro premio que me quedaba por recoger, vino de Extremadura, del Quejío flamenco de Pedro Delgado. Para quien no conozca este blog, se lo recomiendo. Además de aprender mucho de flamenco, conocerán a Pedro, un hombre extraordinario, un maestro de vocación y un magnífico abuelo. Casi me da vergüenza recoger este premio, porque me imagino que alude al hecho del esfuerzo personal que supone tener un blog. Muchos compañeros hacen verdaderas obras de arte en sus entradas, y otros realizan grandes tareas de investigación, documentación… y ese la verdad es que no es mi caso; por eso lo acepto con algo de rubor…


El premio, para rizar el rizo, trae adosado un meme, así que como manda el protocolo:



1. Se guarda el premio con el enlace correspondiente a la persona que te lo ha concedido.
2. Poner las reglas en el blog
3. Compartir seis cosas o valores importantes y seis que no.
4. Elegir a seis personas o más.
5. Avisar a los galardonados dejando un comentario en su blog.

6 Valores que me gustan.

La coherencia
La libertad, sobre todo la libertad individual.
La sinceridad.
La solidaridad bien entendida.
La lealtad, no tanto a las personas como a las ideas, los pensamientos, etc.
La amistad.

6 Contravalores

La intolerancia.
La hipocresía.
Las injusticias sociales.
La ambición mal entendida.
La envidia.
El rencor.


Bueno, pues muchas gracias a Pedro, y yo os lo entrego a todos.

A pesar de que esta entrega ha sido rara, si que como siempre, tenemos fiestecilla posterior.

Nota: Se ha procedido a la colocación en este blog de una foto de la auténtica y genuina Gata Roma, la cual falleció hace unos años por un cáncer de pulmón. Le doy las gracias a mi querido Miguel (me niego a llamarte Anmi Lamar) por dejarme la foto, dejarme el nombre, y tal vez un poquito del espíritu de esa gata pendenciera de ojos verdes.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

One year ago…


Hace un año, tal día como hoy, casi andaba estrenando mi nuevo look, un corte de pelo que simbolizaba un cambio en muchos sentidos.
Hace un año, tal día como hoy, llegué a un lugar totalmente desconocido, a un aula llena de completos extraños, bueno, más bien extrañas. Ese mismo día, me lamentaba, una vez más de lo poco original de mi nombre, de ser el mismo que el de mi madre, de que fuera fiesta en Barcelona o Jerez y aquí no. Me molestaba empezar las clases el día de mi Santo, y sin embargo, tal vez era un guiño del destino, un avance de todo lo bueno que me traería este curso, de lo bien que llegaría a pasarlo con alguna de esas extrañas, de lo que iba a aprender y de manos de quien vendría el aprendizaje.
Hace un año este blog no era ni un proyecto.
Y hace un año, para rematar el día, mini concierto acústico de Ismael Serrano, firma de discos, besos y alguna mala foto.

Miro atrás y me parece que ese día pudo ser ayer, o tal vez la semana pasada… El tiempo ha pasado deprisa y ahora ando con otras cosas en la mente, miedos distintos, alegrías que caen de otros lados, sin sabores viejos y nuevos, mas cosas en la espalda, menos en los bolsillos y me estoy volviendo a dejar el pelo largo… Y es que una de esas extrañas lo dijo un día, es complejo eso de hacer balances, pero a veces es inevitable porque te asaltan en cualquier parte…

Ya sólo me queda felicitar a Sevillana y a la que me dio el nombre a mí, que aunque no me guste, el 24 de Septiembre siempre me pareció un día bonito.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Vicky Cristina Barcelona


Bien lejos de ser crítica de cine, y sin intención de destripar mucho la película, para no fastidiar a quien quiera verla y aún no lo haya hecho, sólo, a trazos, daré mi opinión sobre el último estreno del neoyorkino.


Imagino que a cualquiera que le guste el cine de Woody Allen ya no le sorprenderán sus “luces y sombras”. Siempre he creído que es el efecto de tener una media de una película al año. A pesar de esto, la situaría a mitad del ranking, ni es la mejor ni la peor de sus creaciones.
Empezando por el final del título, la Ciudad Condal aparece retratada de forma turística, sobre todo al principio; aunque es comprensible, ya que es la visión de tres turistas, Vicky, Cristina y el propio Woody. La banda sonora acompaña a la historia en todo momento. Debo decir que en ocasiones se cae en el tópico con Paco de Lucía. No es que no me guste el guitarrista, me encanta, pero acaba siendo “guitarra para turistas”, tal vez por lo mismo que la ciudad. También acompaña en todo momento un narrador que al principio me pareció insoportable, aunque a medida que transcurría la película, era mas soportable.
Debo de reconocer que al comienzo de la película me costaba encajar en la dinámica. Pasada media hora comencé a disfrutarla.
Las actrices están muy bien; sobre todo Penélope. Sin ser la madrileña santo de mi devoción, no me duele en prenda decir que hace un papel extraordinario, dando vida a un personaje tan desquiciado y fantástico que aporta a la película grandes momentos. El papel de Bardem en mi opinión lo habría podido hacer casi cualquiera, pero es el español de moda, y desde luego, un gran actor.
La historia resulta mucho mas compleja de lo que parece en principio, con situaciones que en ocasiones llegan al surrealismo mas típico de Allen: triángulos amorosos, relaciones destructivas, vistas de Oviedo (ciudad que enamoró hace años al director) y por tener, tiene hasta un guiño a Sevilla.

Cuando tenía unos ocho años me quedé alucinada viendo “Sueños de un seductor” y desde entonces ya no me desenganché de este director. Esta última no es la mejor de sus películas, pero ya digo, las ví peores, así que recomiendo a todo el mundo que la vea; al menos a mi me alivió una de esas odiosas tardes de domingo.

viernes, 19 de septiembre de 2008

24 motivos, y alguno más


Porque huele de una forma indescriptible.
Porque me recibió en Venecia.
Porque si no tengo la obligación de sacar el paraguas, la disfruto doblemente.
Porque parece que limpia todo el mal del mundo, arrastrando todo lo malo a su paso.
Porque recuerdo tantas lluvias por Sevilla corriendo con él, y con él, y ya no están en mi vida.
Porque dar vueltas bajo ella con el coche es más barato que ir al autolavado (Homer Simpson)
Porque no faltó ni a mi Primera Comunión.
Porque es la poesía de la naturaleza.
Por la canción de Serrat.
Porque cada trueno suena como una liberación.
Porque sería aún mejor en forma de café en el campo.
Porque es la expresión exterior de mi nostalgia interior.
Porque me acompañó en Roma.
Porque de pequeña me gustaba llevar botas de agua.
Porque me gusta ver el cielo rojo.
Porque suelen aparecer amigos ofreciéndome algo para secarme la cara.
Porque me da sensación de libertad.
Por la Puerta de Rashomón.
Porque corrí como una loca bajo ella en el Real de la Jara.
Porque toda la luz del mundo se concentra en el segundo que dura un rayo.
Porque me despidió en Florencia.
Porque espero encontrármela en muchos otros rincones del mundo.
Porque sería genial cantar bajo ella.
Porque me gusta pasear bajo ella con mi gabardina negra.
Por mil cosas más que no soy capaz de recordar…




Ya ni recuerdo en que entrada fue, pero Híspalis comentó que le costaba entender mi amor por los días de lluvia, y añadió que esperaba que yo se lo explicase algún día en alguna entrada. En aquél momento pensé que nunca podría, y realmente no sé si ahora lo he logrado. Tal vez no sea la respuesta que él esperaba, pero no puedo dar otra, porque es indescriptible como se puede amar la lluvia; exceptuando la Semana que todos sabéis.



martes, 16 de septiembre de 2008

Luz



A veces pienso que la memoria del ser humano es muy insuficiente. Viéndola avanzar, entrando en la Plaza de Pilatos, me preguntaba cuando fue la primera vez que la vi. No lo recordaba, y es lógico. Imagino que la primera vez yo iría en un carrito, y lo mismo ni llegaba a los tres meses de vida. Cuando conté con unos años más, tengo recuerdos divertidos de esta procesión. Tras el verano, era como volver a Sevilla, al rachear, al incienso y a los cirios. Hoy en día, como muchas cosas en mi vida, es una mezcla de recuerdos y presente. Y tal vez futuro, tal vez la necesite a ella, presiento que en los meses que se acercan, necesitaré Luz; a ver si la Patrona del barrio me ayuda.

“Mi reino por incienso y una marcha”, pensé mientras escuchaba a Cigarreras afinando, y todo se disponía para la salida. Y es que a veces el subconsciente traiciona hasta a las republicanas, cediendo el reino que no se posee por un trocito de Semana Grande…



Quedan 201 días para el 5 de Abríl, Domingo de Ramos, y esto es otra forma de ir “pasando el mono”.




sábado, 13 de septiembre de 2008

La defensa más torpe



Creo que desde aquel día me ronda la cabeza, me viene a la mente cada vez que veo a ese hombre en la tele, hablando con una serenidad que ya quisiéramos muchos; pero para que se me entienda, mejor empezar por el principio.

Aquél día en clase parecía prometedor. En vez de dedicar la mañana a teoricismos en materia social, que luego fallan en la ejecución, íbamos a recibir una visita doble; por un lado, el director de un centro de menores, por otro, una fiscal de menores. Por cuestiones obvias no daré el nombre de ninguno, aunque me consta que son muy conocidos en sus respectivas profesiones.
Tras dos horas de exposición, con la fiscal, una cosa llevó a la otra y acabamos hablando del tema de Mari Luz. No recuerdo exactamente la pregunta que formulé, pero sé que le comenté lo increíble que me parecía el hecho de que Santiago del Valle hiciera una vida como la que estaba haciendo, teniendo sobre si una sentencia firme, cuando presuntamente, se cometió el crimen. Por cuestiones muy personales que le referí a ella, tenía constancia de la libertad de la que gozaba este señor, y de que acudía a los juzgados por otras causas, y que a pesar de todo esto, no se hubiera hecho nada para llevar a cabo la ejecución de la condena. Puedo jurar que mi intención era totalmente blanca, y no metí en la pregunta ningún dardo de los míos. Tuve todo el tacto posible, porque el tema me parecía delicado, pero puedo jurar que nunca esperaba la respuesta que oí. Me miró medio segundo y comenzó a hablar: Debes entender una cosa, aquella condena era de sólo dos años, si el juez la hubiera ejecutado, Santiago habría salido de la cárcel, y habría matado a la niña igualmente.
Me quedé sin palabras; me había parecido escuchar una barbaridad, y la estaba analizando… Estaba hablando de la muerte de una niña con una fiscal de menores, y ella hacía conjeturas filosóficas de lo que podía haber pasado, con una conclusión cercana a pensar que el destino está escrito, y por lo visto es invariable. Pero lo mejor es que no se quedó ahí. Aprovechando que me había dejado K.O., apostilló: Soy amiga personal del juez Tirado, y lo está pasando muy mal, no te puedes imaginar lo que ha adelgazado… Hacer gala del corporativismo profesional es tremendo, pero hacerlo de esa manera, roza lo indecente tratándose de un tema como este.
Ahora a este hombre le han puesto una multa irrisoria; lo mismo ha conmovido su delgadez. Tal vez por eso el abuelo de la niña pretende comenzar una huelga de hambre, para competir con sus mismas armas.
Por eso, cuando veo a Juan José Cortés en cualquier medio, hablando con tranquilidad, dispuesto a creer en la justicia, dispuesto a agotar todas las vías legales; recuerdo aquella conversación, y de verdad que se me revuelven las tripas.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Me gusta, no me gusta



Bueno, pues parece que una vez que enganchas lo de los memes no lo puedes soltar… Lo tenía hecho desde que me lo adjudicaron, pero he dilatado el colgarlo para no saturar mucho. Esta vez me llegó de parte de Dama. La verdad es que con esa dedicatoria ahora me quedo inquieta… Ella, que me lee con buenos ojos, dice que soy mágica; y ahora yo debería hacer algo deslumbrante, para cumplir sus expectativas… pero ante estas cosas, soy más simple de lo que pueda parecer, así que sin muchos conjuros me enfrento otra vez a la difícil tarea de escoger.
Como manda el protocolo, expongo las normas.

Reglas:

Poner el enlace de la persona por la que somos elegidos.
Poner las reglas en tu blog.
Compartir seis cosas que nos gusten y seis que no nos gusten.
Elegir seis personas al final y poner los enlaces.
Avisar a estas personas dejando un comentario en sus blogs.



Y ahora, al lío:

6 cosas que me gustan:

El chocolate
El olor de la tierra mojada tras la lluvia.
Mirar un paisaje tan inmenso que me haga sentir pequeña.
Dormirme con el sonido de la radio.
Que me hagan coscona (cosas en el pelo).
Perder el tiempo con cosas mías…

6 cosas que no me gustan.

Las etiquetas sociales, sobre todo cuando intentan etiquetarme a mí.
La gente que no sabe comportarse en ciertos sitios.
Llevar reloj.
Los “periodistas o chupatintas” que creen que cuando escriben o hablan sentencian.
Tener la cara mojada.
Los insectos, de cualquier tipo, no puedo con ellos…


En fin, ya lo sabéis, dejo cosas fuera y blablabla…
Ahora siguiendo con la memetización se lo mando a: Señor Oscuro, Gema L, Orleáns, Sevillana, Luz de gas y María, que me va a matar, pero se lo mando…

martes, 9 de septiembre de 2008

14 cositas


Bueno, pues me enfrento a mi primer meme. Me llega de Juan, Luz de gas, así que vamos al lío y pongo aquí las reglas.


Reglas:
Copiar las reglas.

Escribir 14 cosas que me hacen feliz.

Seleccionar 6 blogs para que sigan con el meme y avisarles.


Ahora mis catorce cosas, que con lo que me cuesta hacer estas listas, a ver que pasa.

1 Me hace tremendamente feliz despertarme un fin de semana, o cualquier día que no tengo que madrugar, poner la radio y darme la vuelta para volver a dormir.
2 Me encanta pasar tiempo con mis amigos, ya sea haciendo algo tremendamente interesante, como ir al teatro, o hacer algo de lo mas normal; tomar una cervecita por estos bares baratos, o invadirle a María su casa para cenar.
3 Soy increíblemente feliz los Martes Santos, cuando se produce el último milagro, y ella entra.
4 Mi madre me hace feliz cada vez que sin ser mi cumpleaños, ni mi santo, ni ningún día especial, me trae un regalo, aunque sea una tontería.
5 Soy feliz cada vez que recibo noticias de cualquier amigo al que le había perdido un poco la pista, ya sea una llamada, un mail, o un encuentro casual.
6 Es absurdo, pero a veces me hace feliz el camino de vuelta a casa, cuando regreso sola, pensando y repasando lo que he hecho, las personas con las que he estado…
7 Soy tremendamente feliz cuando oigo una canción que necesitaba oír, y a veces cantarla.
8 Me hace feliz el café, el olor, el sabor, la compañía o la soledad en la que lo tome.
9 Viajar, es innegable cuanto disfruto conociendo otros lugares, otro país o un pueblito, me da igual.
10 Me hace feliz ayudar a alguien, aunque sea en algo absurdo, es una sensación incomparable.
11 Como no ando buena de la cabeza, soy feliz cuando me mojo bajo una tormenta, aunque me cueste un resfriado.
12 El arte me hace feliz; es raro pero siento que me desbordo ante un cuadro que me gusta, al escuchar alguna ópera (cómo La Boheme, seguramente mi favorita), un edificio, una escultura, y creo que ante cualquier manifestación artística.
13 Soy feliz cuando hace un mal día y yo estoy en casa, viendo películas.
14 Me hace tremendamente feliz que a los míos les pasen cosas buenas, a veces me alegro más por los demás que por mí misma.

En fin, como suele pasar con estas cosas, se me quedaron cortas catorce, incluso dentro de las que he dicho habría matizado más, pero habría sido larguísimo esto.
Ahora los seis elegidos para continuarlo son: Ainoha, Miguel Andréu, Coko, Antonio (lo tiene que hacer a medias con Cisco), Zapateiro y su Señoría. Sé que hay gente que no es muy partidaria de los memes, pero por una vez… que además, por curiosidad me gustaría leerlos…
Foto: Regalo de Falserío, muchas gracias.

domingo, 7 de septiembre de 2008

El cuaderno


Hace muchos años ya, un 24 de Septiembre llamó a mi puerta, como tantas veces. Ella, mi vecina, mi compañera de juegos, mi amiga de toda la vida me traía un regalo por mi santo. Era un cuaderno, algo más grande que una cuartilla. En sus tapas azules tenía dibujado un tulipán. La verdad es que la diseñadora de él no me gusta en absoluto, por muchos motivos, pero un regalo nunca se rechaza, y ciertamente, era bonito; además, viniendo de ella no iba a hacerlo, ya que como siempre, se había preocupado en encontrarlo azul.
Siempre me ha gustado escribir, o siempre he necesitado hacerlo, y aunque no a modo de diario, comencé a garabatear mi nuevo cuaderno azul. Esa misma noche, ocurrió algo muy importante en mi vida hasta entonces. Hay páginas tristes en ese cuaderno, de esa fecha y de algunas otras de años posteriores. En sus páginas cambian las fechas, las tintas, incluso la letra. Hay un gran cambio en lo escrito, en la forma, en lo que dice… Refleja muchos momentos bajos y de transición, se ve que en los momentos buenos escribía menos.
Hace un par de días lo he vuelto a encontrar; hacía más de un año que no lo veía, y me he puesto a releerlo. Impulsada por lo más absurdo que podía hacer, me he ido hasta la última página escrita, para escribirme a mí misma, a esa adolescente que fui, que tenía cierto miedo, dudas… Y le he dicho que no se preocupe, que todo le va a ir bien, que es fuerte, que va a saber capear lo que venga, y que podrá con todo eso. Que no debe tener miedo, porque no va a estar sola, y que cuando lo esté, va a sacar fuerzas de algún lugar desconocido, porque al final no le va a ir mal. No sé si es lógico, si es sólo un bucle del tiempo en hojas a cuadros, o si en ese momento me habría gustado que me dijeran eso, pero tal vez es lo único que podía hacer.

Dedicado a Bárbara, por regalarme el cuaderno y porque sabe dónde esta mi puerta, como yo sé donde está la suya.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

La Gata Roma en Roma

AVISO LEGAL

Esta entrada es muy, muy larga. Lo es porque no podría ser de otra manera. Podría fraccionarla en partes, pero sinceramente, no me veo capaz. He echado de menos el ordenador, no tanto por Internet sino porque me he acostumbrado a escribir en él, y ahora tengo miedo de que todo se me olvide, de que este disco duro que traigo a tope, se me borre de un momento a otro.
Esta entrada tampoco sigue un orden, al menos uno sistémico; no hay secuencia cronológica, artística o histórica. El orden es el del impulso de la que escribe; a veces coincide con la lógica, y otras se aleja de ella.
Algunas cosas se me pasarán, y seguro que me quedan en el tintero cuestiones importantes. En otras ocasiones reflexiono y divago en nimiedades, cosa a la que muchos ya estarán acostumbrados. Por todo esto, y por lo que ahora obvio, pido perdón.
Sea como fuere, esta entrada será el intento de describir ocho dias que en muchos aspectos son indescriptibles por falta de imágenes y palabras. Me daría por satisfecha si fuera capaz de haceros llegar la mitad de la mitad de lo que he vivido en estos días.

EN EL AIRE

“Mata mas gente el tabaco que los aviones, y he perdido el miedo a volar”. La Cabra Mecánica empezaba así una canción, y aunque nunca me han dado miedo los aviones, me gusta recordarla de vez en cuando, para contagiar optimismo. A mí los aviones nunca me dieron miedo, como acabo de decir; a mi me da pánico la parafernalia circundante. Tengo pánico a los controles previos, a los cacheos (esta vez me he librado), a tener que llevar el brillo de labios y el corrector de ojeras en una bolsa transparente, lo cual no deja de ser humillante, porque digo yo ¿no me ven? No soy una terrorista, soy alguien que duerme poco y mal…



Me encanta aquello de que es por mi propia seguridad, y que por ella no puedo llevarme una botellita de agua, por mi propia seguridad y mi hidratación la debo pagar a precio de Rioja… Y luego están los compañeros de travesía… A la vuelta me parece que nos han metido en el avión del “Baby boom” porque nunca había viajado con tantos niños histéricos en un mismo aeroplano. En el recuerdo para siempre ya, Daniella y Lorenzo, los dos niños mas insolentes y mal criados que han abandonado la ciudad eterna; que tengan tanta salud como descanso han dejado al perderlos de vista… Pero no ha sido sólo eso. Volvía triste, nostálgica, adormecida, contenta por lo vivido, en definitiva, algo rara.



Despertando sobre la isla de Cerdeña, he pensado en que otra vez pasaba aquello que conté de la taza de café, tal vez me la había bebido pronto, pero fue intensa… La ida fue totalmente diferente. Demasiado temprano quizás, pero llena de ilusión, cargada de ganas ante la perspectiva de una semana llena de proyectos, de sorpresas, de viejos encuentros y de deudas pendientes.


DEUDAS SALDADAS Y REENCUENTROS

El primer reencuentro para mí era importante, y no se hizo esperar… El primer capuchino llegó como postre al primer almuerzo.

Han sido más de una quincena de estos, que he disfrutado, que me han revitalizado y que voy a extrañar mucho. El último fue en Fumicino, en un vaso de usar y tirar, y a pesar de eso, aún si me concentro guardo su sabor hasta el próximo que tome en esa tierra…


La última vez que estuve allí era un día lluvioso de Diciembre, cuando el tiempo nos dio una tregua justita para disfrutarla, echar un par de monedas y hacer algunas fotos. Esta vez era verano, no llovía y era de noche. Volví a echar alguna moneda, sé que se porta bien conmigo y no me va a fallar. Esa primera noche en Roma recordé la otra vez que había estado allí, en la Fontana de Trevi. Mi situación era muy diferente, en todos los sentidos, académica, personal, emocional… y hasta mi pelo y mi ropa eran diferentes. Evidentemente sigo siendo yo pero en aquél momento me di cuenta de cuantas cosas habían pasado desde las últimas monedas. Me habría encantado seguir la idea de Juan, y hacerme la foto dentro de la fuente como Audrey, pero teniendo en cuenta que los Caravinieri tienen “tomada” la ciudad, me habría metido en un lío. Me conformé con meter la mano, que también es estar dentro, y quien sabe, algún día lo mismo entro más…


Por lo pronto, me quedé con su agua en el vuelo del vestido, será cuestión de seguirse mojando.

El síndrome de querer verlo todo tiene una consecuencia brutal cuando llega al extremo, y el jueves estaba febril (como la carta de amor de un preso, que cantaba el flaco), pero tenía que reponerme, el viernes tocaba escapada a Florencia, y allí tenía una de las deudas mayores. También un reencuentro con aquella ciudad, su estación y sus calles; pero había algo, aquella calle con soportales y esa puerta que una vez encontré cerrada… Los Uffizi, aún mejor de lo que me imaginaba. Todos aquellos cuadros que sólo había visto en libros, las esculturas, Venus, el techo, todo el esplendor florentino… Tengo a mi lado el catálogo, casi con miedo de que se me escape, de que se me vaya a escapar la luz de Caravaggio, el genio de Botticelli… Soy incapaz de describir aquellas horas bajo esos techos impresionantes.
En este paréntesis que le hicimos a la ciudad eterna, también se produjo otro reencuentro con mi siempre presente Trenitalia, y si, pasó algo; bueno, varias cosas pero la mas destacable fue que se fue el aire acondicionado a la vuelta. Al final nos cambiaron de vagón y por cuestiones de espacio nos pasamos a primera clase, pero ya llevábamos más de una hora medio asfixiados. Mer quería reclamar, y no la culpo. Eso en España sería lo normal, pero quienes hayan seguido mis anteriores correrías italianas sabrán como se las gastan allí los ferrocarriles, y nos podíamos dar con un canto en los dientes de cómo nos había ido. La verdad es que me lo tomé como una cortesía, un guiño del tiempo para que me dé cuenta, de que aunque yo creo que he cambiado, hay cosas que siguen siendo iguales, para bien y para mal.

Sobre el Estadio de Domiciano se construyó la Piazza Navona; aún quedan algunas ruinas romanas en un extremo de esta, mientras el resto es un entorno maravilloso, aunque la fuente central está en restauración. Allí se solventó otra deuda, el Tartufo. Sin palabras.



LAS TRIPAS

Creo que por mas años que viva no podré olvidar el olor de Roma, el de la antigua Roma, esa que hoy esta debajo, a otro nivel del suelo, en las mismas tripas de la ciudad eterna.
La Iglesia de San Clemente es casi un corte estratigráfico de esto. Cruzando el patio se llega a la Iglesia actual, de influencia constantiniana, con unos mosaicos preciosos. Debajo de esto, en piedra, algo de mármol y restos de mosaicos, el primer templo cristiano que allí se ubicó. Es impresionante el frescor de sus muros, el olor, mezcla de humedad y de historia contenida a través de los siglos. Hay un sonido muy particular, el agua, por algún lado se escucha correr el agua; viene de algún lado y no deja de correr, lleva corriendo tanto tiempo que ha sido testigo de lo que ahora pisas. Hay más, otro nivel, debajo. Es más oscuro, más húmedo y el ruido del agua es mucho más fuerte. No hay signos cristianos, es un templo pagano, o más bien lo era. Es increíble, es tocar el pasado con las manos. Esta última visita fue algo mas corta, iba a cerrar aquello y casi nos quedamos encerrados allí abajo, junto a las cataratas subterráneas, aunque habría tenido su encanto quedarse allí.

Miles de personas van cada día a la Basílica de San Pedro, yo misma había ido antes, pero esta vez ha sido una visita totalmente diferente. Sólo queda un testigo de aquello, un testigo mudo que cambió de lugar y sabe la verdad, el Obelisco que esta situado en el centro de la plaza. En aquella colina se encontraba el circo de Calígula, que luego fue de Nerón. En el centro de este se encontraba el monumento egipcio, que luego fue reubicado. Según dicen allí murió Pedro. Fue enterrado allí mismo, cerca del circo. Aquel lugar se convirtió en un cementerio tanto de paganos como de cristianos. Sobre la tumba del apóstol se situó un monumento, un pilar de no más de metro y medio. Constantino construyó una Basílica, tomando como referencia este pilar, pero para hacerlo sepultó el cementerio romano, ya que el terreno era complejo al tratarse de una colina. Muchos siglos después comenzó la construcción del templo que vemos hoy día. El antiguo cementerio, tumba de Pedro incluida, quedó sepultado por la tierra, el mármol, los años… hasta principios del siglo XX que se recuperó parte del cementerio y hoy en día, tras muchos trámites, se puede visitar. La sensación es indescriptible. Caminar por esas calles inclinadas, ya que están sobre la colina original, los muros, las tumbas, los mosaicos recuperados, ese olor, la humedad y en ocasiones ver como hasta allí llegan algunos de los pilares del baldaquino de Bernini de la Basílica actual. Se aprecia la conversión del pueblo romano, intercalando símbolos paganos y cristianos, y la tumba de Pedro, dónde se hace literal la frase que reza en la basílica. La historia, las tradiciones, las diferentes culturas, todo esta allí, en las mismísimas tripas de aquella ciudad. En el “Muro de grafito” se pueden ver muchísimas inscripciones, en caracteres casi indescifrables, escritas entre los siglos I y V. Al recordar cosas como estas me sigo sobrecogiendo de la visita a los Escavi.


POR LOS TEJADOS

Estando en la Cúpula de San Pedro creí haber llegado al techo del mundo. La ciudad se despliega ante ti, el Coliseo, el Palatino, el río Tévere… Todo está tan cerca que crees poder tocarlo, y casi te da miedo, quizás es un sueño, tal vez te vas a despertar de un momento a otro; o es algo parecido a una burbuja de jabón, y se quebrará al tocarla. Por eso, cuando estás allí arriba se te olvidan las escaleras y el cansancio, porque con el viento en la cara te das cuenta de que merece
la pena.
Tizziano pinta de una forma tan compleja que parece sencilla, Miguel Ángel es un reflejo de su genialidad, y entre admirarlos, como a tantos más, la galería Uffizi no sólo te ofrece eso, sino que algunas obras están tras las ventanas, como es admirar desde allí Il Ponte Vechio. Y es que una felina, por muy romana que sea, no se resiste a la belleza de los tejados florentinos.




Un sueño, una premonición, un día, el cinco de agosto, ese día nevaría. Suena a locura, pero por lo visto sucedió. En el perímetro nevado se construyó una iglesia, Santa María la Mayor. Es un lugar increíble, del suelo al techo. Desde este, otra vista privilegiada de Roma.


El Coliseo no tiene tejados propiamente dichos, pero quien fuera gato allí. Tal vez porque estaba tan cansada, que al encontrar a aquel felino allí, durmiendo a sus anchas, me dio envidia. Debo de decir que fue de los primeros y últimos gatos que ví por la ciudad, lo cual se me hace raro. No sé si porque ha habido alguna limpieza, o porque han abierto demasiados restaurantes chinos… Y por cierto, por lo visto a los gatos callejeros allí los llaman gatos Sorianos, así que para ellos la Gata Roma no tiene mucho sentido. De Soria o de donde sea, ser allí un felino, entre galerías, gradas, mármoles milenarios donde poner tus pies, donde miles de personas los pusieron siglos atrás, observando el foro y el Palatino, tiene que ser una auténtica maravilla.


Casi era otra deuda pendiente, ir al castillo de San Ángelo, el mausoleo de Adriano, la fortaleza, el escenario de Tosca… Y allí, entre tantas otras maravillas, la ciudad vuelve a abrirse en una terraza. Maravillosa, llena de historia, de luz, y a lo lejos, otro tejado de excepción, visitado días atrás, y vuelves a pensar que puedes tocarlo, y que casi tienes que hacerlo para sentir que todo eso es de verdad.


TRAS EL RÍO TÉVERE

Por eso el barrio se llama así, Trastévere, por estar tras el río del mismo nombre. Cuando dejas atrás el Templo de Vesta, y cruzas el puente, es una sensación parecida a ir a Triana. El barrio es un sitio de lo mas pintoresco y encantador. Es un hervidero de gente a cualquier hora. La Iglesia que toma el nombre del barrio es una verdadera maravilla, y además tiene uno de esos retablos que para iluminarlos debes echar monedas. Son muy corrientes estos en Roma, y aunque la gente se queja, yo debo ser muy pueril, porque me encantan. Cenar allí fue de lo mejor, la comida italiana mas auténtica, regada con un chianti del que aún guardo el sabor.
Caminando por los adoquines entre la gente, se mezclaban los diferentes espectáculos callejeros. Canciones satíricas con guitarra, nos recordaba a algo, pero no lo queríamos decir, hasta que uno de los intérpretes dijo la palabra mágica, algo parecido a “shirigota”. Resultó que era eso, lo que nos pareció desde un primer momento, y es que será que el arte va por barrios.



DONDE LAS FOTOS NO LLEGAN

Aunque en este viaje llevaba a mi fiel cámara (tal vez tendría que ponerle un nombre) hay sitios y cosas que no se alcanzan con una instantánea. En muchos museos estaba prohibido hacer fotos, aunque fuera sin flash, e incluso, en la Galería Burghese nos hicieron dejar nuestras cosas en el guardarropa. Por eso es fantástico poder al menos atesorar libros. Tal vez el mejor descubrimiento fue aquella librería escondida camino de la Pace. Mer dice que ese hombre era un anticuario de los libros, y realmente así me lo parece a mi también. De hecho la librería se encuentra rodeada de anticuarios y tiendas encantadoras. Allí, entre las lámparas, la madera y las estanterías, con ese perfume que solo tienen los libros viejos, he podido encontrar algunos tesoros; aunque el sitio en si, ya era uno, donde por cierto, el señor librero, amabilísimo, si nos dejó hacer fotos.
Pero no es sólo eso, me habría encantado fotografiar el sonido de mis pasos en el mármol, las campanas al despertar, el olor de las tripas de la ciudad, la luz de todos esos lienzos pintados por maestros, la majestuosidad de la capilla Sixtina… Incluso algunas situaciones han sido merecedoras de ser captadas, como cuando cruzando un semáforo camino de San Juan de Letrán, casi nos atropella una monja que conducía un cochecillo, a lo que mi hermano gritó: “Sor Citroen, ¡que pierde los puntos!” Pero siempre lo he pensado, las mejores fotos a veces son las mentales. Tal vez por eso me gusta conservar todas las entradas, los billetes e incluso las tarjetas de embarque.


EPÍLOGO

Volvíamos de buscar cuadros en San Luis de los Franceses, San Agustín, de rebuscar en los últimos rincones y exprimir las últimas horas. Las ganas de ver por última vez El éxtasis de Santa Teresa (Bernini) se quedaron colgadas en la puerta cerrada de Santa María de la Victoria. Al pasar por Santa María de los Ángeles pensé lo mismo que había pensado hacía ocho días cuando la había contemplado por primera vez. Construida en las Termas de Diocleciano, de las cuales aún se conservan partes, esta iglesia es una perfecta combinación del ayer y el hoy; ya que además del diseño de Miguel Ángel, actualmente cuenta con obras de Igor Mitorag, puerta incluida. Y es que tal vez por eso esta ciudad es la ciudad eterna, porque sabe conservar el pasado, porque no tiene miedo de rescatarlo y porque mira al futuro.
Este tipo de cosas hacen que los viajes te dejen buen sabor de boca. Ya no me pesa el cansancio, a pesar de que estoy convencida de que lo de las Siete Colinas de Roma es una coña, porque nosotros habremos subido unas veinte… Pero lo cantó el Serrano: “ya sólo me queda la vacía pena del viajero que regresa”, Regreso como si hubiese leído treinta libros, como si cada minuto se hubiera multiplicado, y con más ganas aún de volver. Imagino que es cierto eso que escribió alguno de que ni con todas las vidas de un gato se acabaría de conocer y disfrutar a fondo esta ciudad. No son de película, no sé si se me habrá entendido, pero de cualquier manera, estas fueron mis vacaciones en Roma.

domingo, 24 de agosto de 2008

Viaje a Italia VI



Como en otras ocasiones, el día llegó con un despertador único, las campanas de una iglesia cercana. Tras un fantástico desayuno, con otro de esos capuchinos geniales que ese país te regala en cada rincón, salimos a dedicarle a Florencia en cuerpo y alma uno de nuestros últimos días por aquellas tierras.
Según una amiga italiana, Florencia le recordaba mucho a Sevilla. Siempre he pensado que las comparaciones no es que sean odiosas, es que en muchas ocasiones son incomparables; por eso yo no me atrevería a afirmar de manera rotunda aquello (que por otra parte muchos me han dicho) pero si digo que aquella ciudad tiene un “algo” muy especial.
“Florencia es una ciudad peatonal”, me habían repetido eso hasta la saciedad, y yo no estaba del todo segura como era eso, porque en aquél tiempo cogía el bus nocturno para volver a casa en la Plaza Nueva. Estaba haciéndole una foto a Muffin en el Duomo, en medio de una calle de una ciudad peatonal cuando de pronto reparé en algo. Una fila de coches venía por mi derecha… Habría sido graciosísimo morir atropellada en una ciudad peatonal, pero los residentes de allí conducían mejor que los napolitanos. La Santa Croce, la tumba de Galileo, el Ponte Vecchio, cada calle, cada rincón de aquella urbe era maravilloso. Por otra parte, si alguna vez en la vida me he sentido estúpida (bueno, lo he sentido más de una y más de dos) fue allí, en la puerta de la Galería Oficci. El viajar de aquella manera te hace olvidar todo, el espacio, el tiempo, y hasta el día en que vives; y lo del día era literal, porque aquél día era un lunes, pero yo no reparé hasta que no estábamos ante las puertas cerradas de la galería. Evidentemente, como ocurre en todos los lugares del mundo, los museos y galerías cierran los lunes, y para más INRI, yo abandonaba Italia esa madrugada. Intentando no pensar cuanto me había perdido tras mi no visita a aquel lugar, trascurrió la jornada por la ciudad. Comenzó a llover, como el día en que llegué, la verdad es que adoro la lluvia y a veces pienso que es recíproco.
No sé como se nos pudo ocurrir aquello. Tal vez fue por todos los adornos navideños, por los anuncios que habíamos visto alguna noche en la tele, por todo en general, que pensamos que un souvenir ideal era llevar panetone, con su correspondiente caja enorme; y así estábamos, con nuestras maletas, el cansancio de tantos días y nuestras cajas de panetone de chocolate, en la estación de tren. Eso no habría sido tan raro si no fuera porque, mi amadísima compañía ferroviaria italiana, Trenitalia, se había puesto en huelga… Si queridos caóticos míos, no podía ser de otro modo, hasta el último día dando la nota… La cosa fue que entre cancelaciones de trenes, jaleos, quejas y demás, nos dio tiempo a sacar una cancioncilla estúpida al máximo. Lo he estado pensando un rato y no la voy a poner aquí, porque mi imagen ya está muy deteriorada como para sumarle esto… Finalmente conseguimos coger un tren que nos devolvió a Milán. En la propia estación de tren cogíamos el bus que nos llevaba al aeropuerto. Paso por alto las horas esperando al autobús, en aquella sala de espera comiendo sándwiches de mortadela boloñesa, porque aquello era kafkiano.
Aún recuerdo mi último capuchino en tierra italiana, en el aeropuerto de Bergamo. Ese último café supera con creces cualquiera que haya podido tomar en España, porque desde aquí lo digo: ¡ponerle espuma a un café con leche no es un capuchino!
Medio ensoñada, desperté en el avión de una mini-siesta; miré a mi alrededor, nuestras cajas de panetone, los italianos hablando de España, gente dormida… Por las ventanillas de un lado era de día, mientras que por las del otro lado parecía de noche. Aquellos días habían sido tan surreales y maravillosos como ese momento. Tal vez me ocurrió como en esa canción de Ismael Serrano “los viajes que trajeron a otros vistiendo nuestros cuerpos”, pero de cualquier manera, sentí una punzada cuando tomamos tierra. Estaba contenta de volver a casa, pero algo se quedaba atrás, y quería volver.


EPÍLOGO

No sé cuantas monedas eché a aquella maravillosa fuente romana, pero alguna caería dentro… O tal vez fue Júpiter, o simplemente, iba a ser así. La verdad es que siempre lo supe, que volvería, y al fin, el lunes, muy temprano tomo un avión que me devuelve a ese país, y concretamente a Roma. Será maravilloso volver, en una época del año totalmente antagónica a la anterior, con otra gente, en un viaje totalmente diferente pero espero que igual de bueno. Para resarcirme, el destino ha querido que uno de los días visitemos Florencia, Galería Oficci incluida, entre otras cosas. Forma parte de las cuentas que tengo pendientes por allí, como el helado Tartufo y tantas cosas…

Este viaje es el broche de oro de un verano bastante bueno, y como colofón, mirando las predicciones meteorológicas ¡seguramente llueva! Lo dije antes, mi relación de amor con la lluvia es recíproca, aunque todos sabéis que hay una semana al año en que no la quiero ver aparecer…

Una vez dispuestos mis líquidos en la bolsita pertinente, y plenamente segura de que no llevo armas, como una catapulta, (a ver que hago yo sin una de estas en Roma), ya puede dar comienzo el viaje. Y lo de la catapulta no es coña, figura entre otras cosas en las instrucciones de AENA, en las que en todo momento me recuerdan que es por mi seguridad, no vaya a ser que decida asaltar el avión con el rimel en un ataque de histeria, y la liemos…


Sólo será una semana, que yo disfrutaré como si fuera un año y se pasará tan rápido como dos días, y volveré sin palabras suficientes para describirlo, con fotos que no llegarán a recoger lo que querría trasmitir, por eso imagino que cuando tome tierra en la capital hispalense, que ya será Septiembre, mi pensamiento será que debería volver en no mucho tiempo.

Ciao cari.
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