
Los estrenos, los zapatos, las tiritas, el primer sol, la primera en la calle, los caballos, las palmas, el incienso, los niños, la ilusión… No habrá Amor sin Amargura, ni Amargura sin Estrella. Gracias te damos, por no perder la Esperanza, hermandad vecina de la mía… Gran Herodes, pequeño Zaqueo, y volverá a sonar Estrella Sublime, como en la mañana del Maestranza. Volverá el Subterráneo y un enorme paso para cenar. Volverá él, para cenar adobo de La Isla, y pasar conmigo esta semana.
Esther, su barrio, su Hermandad. La calle Santiago, sublime Santa Marta, alegría de San Gonzalo, toda Triana, la mitad de San Vicente. Mercedes, Aguas y Guadalupe… Y La verdadera Cruz… Ha vuelto a pasar un pintor bajo un antifaz, ayer alegría de Triana, hoy dolor llegado de San Andrés; dualidad hispalense, como su arte, como la ciudad… en la calle San Esteban todo son flores, como todos los Lunes de mi infancia, como todos los Lunes que han de llegar… Noche cerrada, misteriosa ojiva, cerrada a cal y canto, escondiendo tesoros y alegrías…
Celeste, en el suelo y en el cielo, celeste todo, celeste siempre. Alegría de barrio, que es más grande aún porque técnicamente ni es barrio. Reencuentros, hermanos, Cruz de Malta con la caña de abajo a la izquierda hasta arriba a la derecha, según la miras… Pero ese la lleva mal, es el segundo… Ventana vacía y calle llena. Es una pena perderse todo el día, no ver Santa Cruz con la muralla del Alcázar, ni la Buena Muerte, si es que esas dos palabras casan bien, es el Martes, es en un mar de ruan estudiantil. Es una pena no poder saludar al bocina del Cristo de la Sangre, no ver cuántas almas se prenden a su imagen desde la calle Feria, pero el día para mí es celeste. El segundo milagro del día, no cabe, si cabe, va a dar… no dá… Todo el cansancio del día, negra la palma del guante derecho, otro Martes en la espalda, otra entrada de su palio… Merece la pena todo, por volver a ver un año más como vuelve a casa, por derramar lágrimas viéndola regresar… los jardines y su hermana de Galiano si el cansancio lo permite, ojalá…
Otro estreno, otro palio, otro estreno, nuevas túnicas. Crucificado, crucificado, crucificado… Hasta siete veces, como Siete Palabras, como aquello de “tengo Sed”. Día taurino de San Bernardo, día taurino del Baratillo. Prendimiento y Regla, Buen Fin para esta jornada; San Pedro, Tejera, su incienso, el de mi casa…
El estreno, el mío, la mantilla, al fin… Mantilla y peina regalo de ella, que no podía ser de otra manera… bueno no, de los Reyes Magos… Pendientes de mi hermano, broche de la madrina, peinecillos y alfileres de mi tía que no es mi tía… Cielo de Jueves Santo, del color de los escapularios de Recaredo… ¿Su balcón? Puede ser… La calle Feria, que si, venga, me porto bien aunque no me guste… Pasión y su Merced, paso de plata, nazareno que casi respira, Virgen del Valle… Exaltación, duelo de Quinta Angustia, se hace tarde, es demasiado tarde ya para mantilla… me va a dar pena quitármela… Pero no hay tiempo, hay que cambiarse y volver…
Noche de Esperanza, por dos veces, noche de El que todo lo Puede, del Traspaso de mi abuela, Silencio y Calvario, Salud y Angustias. Hace frío y hace sueño, son demasiadas horas ya… Demasiadas que nunca suficientes, que se estaba acabando esto desde hace cuatro días y no lo he querido pensar… y resulta que se va… Ha pasado él con el ruan de la noche, con el cirio al cuadril, sin cántaro. Pasa él en la amanecida, sin caballo, seguramente cabreado, que vaya el retraso que se está comiendo…
Azul Viernes Santo, que lo afirmé y lo firmé, azul carretero y de Montserrat, azul grisáceo del cielo, que no pase de ahí, azul de foto, no de lluvia. La Costanilla y Triana, La Mortaja, la mía, la de siempre, la que me fascinaba y me fascina. Ni diecinueve ni diecisiete, ancestral tradición en memoria de aquellas teas… Monaguillos, libreas, campana…
El día, ese, el inigualable, el peculiar… El de La Canina y el Duelo. Tambores destemplados, Soledad Servita… Una vez, y otra… y si la puedo ver una tercera no me sobra… Trinitarios y alegorías recuperadas, y que bien va de flores, no Ella, que también, La Canina, me gusta por su sonrisa… Fuera bromas, llega ella, la que llora sola, la que contempló Fernando III, la de mi familia materna, la que llevó palio la primera, la que no lo lleva ahora… No la puedo dejar, no se puede acabar así… San Lorenzo, otra vez, otro año, una con otra se hila, saeta tras saeta… Y ella cruza el umbral, ella ha vuelto a su casa… Yo no quiero irme a la mía… Queda algo, algo habrá… una última cosa a la que agarrarse, un consuelo… Otra marcha, otra brizna de incienso, un antifaz, una gota de cera, un golpe de llamador, un clavel o una rosa, una saeta y una lágrima…
Es todo, era todo… todo lo que hay en esta Semana, en la mía… Es todo lo que cabe en ella y yo sólo he dejado aquí la quinta parte… Tal vez, a los ojos del profano es demasiado, tal vez a los ojos del jartible es poco… Pero simplemente era todo… Como la Aurora de la mañana, la que con el Día Grande nos atisba la última enseñanza… Volverá, todo volverá… Volverá la Gloria, como Él vuelve, vendrán más días, el año que viene, vendrán porque tienen que venir, porque estaremos esperando otro año más, esperando esa nada para algunos, y para otros, ese todo…
Nota: La imagen me parece una alegoría de lo que pasará, premonición barroca de esta Semana, por eso me decidí por ella.
Foto: Manolo Navarro